El hombre que sobrevivió a ocho campos de concentración nazis – BBC Mundo

Cuando Ferster y sus compañeros prisioneros iban a ser fusilados, las fuerzas aliadas irrumpieron en el campamento y fueron liberados. (Foto: Archivo)

 

El hombre que sobrevivió a ocho campos de concentración nazis

“Llegamos a las 12 de la noche. Había un silencio mortal y la vista era aterradora”.

Así relata Chain Ferster las que fueron sus sensaciones al pisar por primera vez en su vida un campo de concentración.

“Podíamos ver en la distancia las llamas que emanaban de cuatro chimeneas. No me di cuenta, entonces, de que eran crematorios”.

Fueron dos días enteros de calvario, soportando terribles condiciones de trabajos forzados, malnutrición y tifus.

En el último momento

Y justo cuando él y sus compañeros prisioneros iban a ser fusilados, las fuerzas aliadas irrumpieron en el campamento e hicieron posible su liberación.

Nacido en una familia judía ortodoxa y criado en la ciudad polaca de Sosnowiec, el protagonista de esta trágica historia tenía 17 años cuando estalló la guerra en 1939.

Ahora bisabuelo, recuerda con detalle los crecientes temores de las comunidades judías, a medida que llegaban más y más noticias sobre la expansión militar de Alemania.

Chaim Ferster
Image captionA sus 93 años, Ferster vive ahora en Inglaterra. Pero sus recuerdos sobre el horror nazi que experimentó permanencen intactos en su memoria.

A sus 93 años, vive actualmente en Cheetham Hill, Mánchester, Reino Unido, donde se estableció en 1946.

“Se podían ver los aviones alemanes. Los nazis invadieron Sosnowiec muy rápidamente”, contó Ferster a la BBC.

“Recuerdo que los judíos estaban verdaderamente preocupados sobre todo lo que estaba a punto de suceder”.

Vivir con miedo

Entonces llegó el racionamiento, la hambruna generalizada y las enfermedades en los guetos.

Y, más tarde, la deportación de miles de familias de judíos a campos de concentración.

“Teníamos cartas de racionamiento y no había mucha comida en las tiendas para cumplir con esas raciones”, recuerda Ferster.

“No teníamos medicación. La gente se estaba muriendo y la vida era muy difícil. Y en un momento dado, reunieron a varios líderes de la ciudad y les dispararon. Así, sin más”.

En 1943, a la edad de 20 años, los nazis fueron a buscarlo a su casa.

En medio del caos, había logrado evitar que lo arrestaran un año antes, cuando su madre y hermana desaparecieron y su padre, Wolf, murió de neumonía.

Chaim Ferster
Image captionChaim Ferster tenía 17 años cuando estalló la guerra, en 1939. Burló a la muerte en ocho campos de concentración.

campo de Auschwitz-BirkenauDerechos de autor de la imagenNA
Image captionCerca de un millón de judíos fueron ejecutados en Auschwit, junto a gitanos, discapacitados, disidentes y muchos otros prisioneros.

“Todo el mundo sabía que la gente que era seleccionada por la Gestapo nunca volvía”, afirma Ferster.

Con esta idea en mente, un pariente le instó a aprender una habilidad que lo hiciera útil para los alemanes: arreglar máquinas de coser, convirtiéndose en un “mecánico”.

Entre 1943 y 1945, vivió en ocho campos de internamiento diferentes, en Alemania y Polonia, donde tuvo que soportar terribles condiciones que terminaron con la vida de muchos.

Ferster recuerda que lo obligaron a cambiar bloques de cemento de un carretera a temperaturas extremas.

“Hacía un frío insoportable, unos 25 o 26 grados bajo cero”, recuerda.

“Los soldados comenzaron a golpearnos, gritándonos y diciendo que no éramos lo suficientemente rápidos. Muchos de ellos no pudieron soportarlo, tenían neumonía. Y algunos murieron”.

Hacia finales 1943, durante un brote de tifus en un campo de concentración, Ferster cayó gravemente enfermo. Hubo muchos muertos.

De nuevo, logró sobrevivir.

Sin embargo, Ferster todavía conserva una horrible imagen en su memoria: “Había muchos palés con cuerpos apilados, seis de un lado y seis del otro lado, formando torres altísimas”.

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Campo de Auschwitz-Birkenau

  • Comenzó a ser construido en 1940 y llegó a ocupar 40 kilómetros cuadrados
  • Cerca de un millón de judíos fueron asesinados en ese campo de concentración
  • Otras víctimas incluían romaníes (gitanos), discapacitados, homosexuales, disidentes, polacos no judíos y prisioneros soviéticos

    auschwitz-birkenau
    Image captionSeis de los campos de concentración eran utilizados predominantemente para trabajos forzados, mientras que Auschwitz y Buchenwald eran usados para ejecuciones en masa.

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En las “duchas” de Auschwitz

Finalmente, Ferster fue deportado a Auschwitz.

Recuerda muy bien las infames “duchas” y los prisioneros que eran enviados allí.

“Nos pusieron en un grupo. A todos nosotros, en un grupo especialmente grande. A la mañana siguiente, algunos fuimos seleccionados para ir a las duchas”, cuenta.

“Fuimos allí, a la misma ducha donde otras personas habían muerto gaseadas. Pero cuando entramos, cayó agua -en lugar de gas- y pudimos lavarnos”.

Auschwitz
Derechos de autor de la imagenGETTY Image captionTan sólo dos miembros de la familia de Ferster lograron sobrevivir al Holocausto.

Ferster fue uno de los pocos que sobrevivió a Auschwitz, campo cuya liberación tuvo lugar en enero de 1945.

Lee: El creciente interés por Auschwitz a 70 años de su liberación

Pero, en la primavera de ese año, a medida que Alemania perdía la guerra, los nazis comenzaron a acelerar su plan para ejecutar a los prisioneros judíos.

Como resultado, Ferster se encontró en otro grupo de prisioneros que viajaron por Alemania hasta otro famoso campo de detención, Buchenwald.

Fue allí donde Ferster creyó que moriría.

Ansiada libertad

Los prisioneros estaban siendo asesinados en masa, día tras día y, la mañana después de su llegada, Ferster estaba con un grupo de compañeros de prisión, esperando un destino similar.

Pero, justo cuando Ferster y los demás estaban siendo llamados para su ejecución, el campo fue liberado.

“De repente, llegaron los aviones estadounidenses y todos los soldados alemanes huyeron”, recuerda.

“Y, media hora o una hora después, un tanque americano atravesó las puertas de Auschwitz. Y los soldados nos decían: ‘¡Sois libres, sois libres!'”

Auschwitz,
Derechos de autor de la imagenGETTY Image captionFerster logró sobrevivir a Auschwitz, pero después fue trasladado a otro campo de detención, Buchenwald.

Más adelante descubrió que tan sólo otros dos miembros de su familia sobrevivieron al Holocausto, su hermana Manya y su prima Regina.

Entre lágrimas, Fersted añade: “No me lo podía creer. No me lo podía creer”.

Cuando emigró a Inglaterra, trabajó durante un tiempo para una empresa de reparación de máquinas de coser. Más tarde fundó su propio negocio y tuvo gran éxito.

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Historia: La increíble y olvidada historia de los judíos que lucharon en la Guerra Civil española. Noticias de Alma, Corazón, Vida

Robert Capa inmortalizó la ceremonia de despedida de las Brigadas Internacionales.
La historia de las Brigadas Internacionales es bien conocida. Casi 60.000 voluntarios extranjeros de 54 países participaron en la Guerra Civil española para luchar contra el avance del fascismo en Europa. Lo que poca gente sabe es que entre 4.000 y 8.000 judíos participaron en la guerra y, de estos, casi 200 hombres y mujeres abandonaronPalestina –un lugar al que habían llegado huyendo del creciente antisemitismo de Europa– para luchar por los ideales comunistas y detener el avance de una ideología que amenazaba su misma existencia sobre la faz de la tierra.

La participación de los judíos venidos de Palestina en la Guerra Civil –que incluso se unieron a otros hebreos en su propio batallón, la Unidad Botwin–, fue sistemáticamente ignorada tanto por sionistas, que querían retener a los jóvenes en Palestina de cara a la formación del futuro estado de Israel (el 99% de los voluntarios tenían menos de 33 años), como por comunistas, que se oponían a la ocupación judía en la región. Sólo en años recientes han visto la luz un buen puñado de cartas que los brigadistas judíos enviaron a sus seres queridos. Y éstas ofrecen una nueva perspectiva de su experiencia en España.

El doctor Raanan Rein, profesor de historia española y latinoamericana y vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv, acaba de publicar un estudio en la revista ‘European History Quaterly’, en el que, a través del testimonio de los brigadistas, narra la verdadera historia de estos voluntarios que dieron su vida por defender el orden democrático en España.

Comunistas de corazón

La mayoría de los 200 voluntarios que abandonaron su recién estrenada vida en Palestina –sólo tres de ellos habían nacido en la región– eran miembros del Partido Comunista de Palestina (PCP). Una cifra nada despreciable teniendo en cuenta que en esta época sólo había 400.000 colonos judíos en todo el actual estado de Israel.

El origen de los brigadistas era muy variado: alemanes e italianos que habían huido del fascismo, polacos que escaparon de la dictadura de Pilsudki, rumanos que abandonaron su país perseguidos por la Guardia de Hierro… Pero todos tenían algo en común: España representaba una segunda oportunidad para volver a Europa, el continente que consideraban su verdadero hogar, que el fascismo les estaba arrebatando.

Los voluntarios eran además comunistas convencidos que vieron cómo su nueva sociedad en Palestina estaba reproduciendo las mismas desigualdades de clase que habían vivido en sus antiguos hogares. Según Rein los brigadistas palestinos abandonaron el proyecto sionistaporque se sentían alienados en la floreciente sociedad judía de Palestina.

“Sólo pasé unos meses en el kibutz”, narra en una de sus cartas Dora Levin, que llegó a Palestina desde Polonia en 1933, con sólo 22 años. “No estaba preparada para la vida allí así que empecé a trabajar en todo tipo de empleos manuales: servicio doméstico, construcción… Vi como los árabes que vivían allí eran explotados. Lo que más me preocupaba es que estábamos tratando de quitarles los trabajos que tradicionalmente eran suyos. Era algo que no podía soportar”.

Un grupo de pioneros judíos construye una carretera en 1921.
Un grupo de pioneros judíos construye una carretera en 1921.

Desde finales de los años veinte, los líderes sionistas de Palestina establecieron la política de que “un judío solo daba trabajo a un judío”, destinada a dar empleo a la creciente población semita de la zona y, poco a poco, ir expulsando a los árabes de los territorios colonizados. Esta decisión entró en conflicto directo con los ideales del PCP, al que pertenecían la mayoría de brigadistas.

Por si estos jóvenes comunistas tuvieran pocos conflictos ideológicos, en 1934 el militante árabe Radwan al-Hilu fue elegido presidente del PCP y estableció como prioridad del partido luchar contra el imperialismo británico y sionista, lo que dejó a los militantes judíos en una posición comprometida.

Cuando dejaron Palestina la mayoría de los voluntarios no tenían ni idea de lo que en realidad estaba ocurriendo en España

Como explicó en una entrevista otro de los brigadistas, Arie Lev, era muy difícil pensar en dividir el partido, así que España se convirtió en una opción atractiva: “Podríamos luchar allí y, al mismo tiempo, escapar del lío que teníamos en casa”. Además, no era muy difícil alcanzar la Península Ibérica.

Desde 1923 las autoridades británicas de Palestina podían deportar a cualquier persona acusada de comunista. A partir de 1936 los ingleses, conscientes de que muchos judíos comunistas estaban interesados en luchar en la Guerra Civil española, comenzaron a deportarles de buena gana a Francia. Y la gran mayoría de los brigadistas se dejaron “atrapar”: el Gobierno de su Majestad pagaba los costes del viaje.

Francia, paraíso de la libertad

Cuando dejaron Palestina la mayoría de los voluntarios no tenían ni idea de lo que en realidad estaba ocurriendo en España y, menos aún, de que papel iban a jugar ellos en “la lucha contra el fascismo”. Fue en París donde entraron en contacto con otros voluntarios de las Brigadas Internacionales y fue allí donde, por vez primera, gozaron de algo parecido a la libertad.

“Me dijiste que volvería [a Palestina] en unos años”, comenta el brigadista Luba Mamut en una carta que envío a su hermana al poco de llegar a Francia. “Dices que los judíos son oprimidos en todo el mundo, la URSS incluida. Bien, no tengo que decir mucho sobre el asunto porque no me he sentido oprimido en ningún sentido. El único sitio en el que me sentía oprimido era en Palestina, donde trabajaba durante horas mientras mi supervisor estaba todo el rato en la cafetería gastando el dinero que había ganado conmigo”.

Sentimientos similares se encuentran en una misiva que envío a su familia Pinchas Cheifetz, uno de los pocos brigadistas que había nacido en Palestina: “Como sabes, aquí hay un gobierno del Frente Popular. No es un régimen capitalista clásico, pero queda un largo camino por recorrer para que podamos llamarlo un régimen proletario. Los trabajadores siguen siendo explotados y las diferencias de clase son evidentes. Pero la única cosa de la que todo el mundo disfruta aquí es la libertad. Alguien como yo, que he sido encarcelado y he tenido que ocultar mis verdaderas opiniones, nada más bajar del barco en Marsella quería correr por las calles y gritar: ‘Soy comunista y no le tengo miedo a nadie’”.

Visto lo visto, los voluntarios vivieron sus días más felices en la capital francesa. Al llegar a España tuvieron que enfrentarse a la cruda realidad.

Imagen de un grupo de brigadistas comunistas.
Imagen de un grupo de brigadistas comunistas.

“¿Dónde están los fascistas?”

Como explica el historiador Michael Jackson en su libro ‘Fallen Sparrows’, uno de los principales objetivos de las Brigadas Internacionales era proveer al ejército Republicano un modelo de eficacia militar. Pero la realidad es que la gran mayoría de los voluntarios no había cogido un arma en su vida y no fueron más que carne de cañon. En los tres primeros meses de actividad, murieron 400 de los 600 voluntarios de habla inglesa. En las tres semanas que duró la batalla del Jarama murieron 750 de los 1000 voluntarios alemanes. El destino de los palestinos no fue muy distinto.

Cualesquiera fueran las habilidades militares de los brigadistas judíos, estás las adquirieron en España. “Cuando empecé con el entrenamiento las balas alcazaban la diana sólo por pura suerte”, reconoce Shmulik Segal. “Pero aún así decidieron que iba a convertirme en francotirador”.

El idealismo de los voluntarios se fue mitigando al ver que gran parte de los conflictos nada tenían que ver con la política

Lo cierto es que el ejército republicano mandó a los entusiastas soldados de las Brigadas Internacionales a los peores destinos. David Karon resumió muy bien la situación de la mayoría de brigadistas: “Eramos voluntarios así que, en principio, podían mandarnos donde hubiera un agujero que llenar, donde se necesitara ayuda, donde hubiera un problema y un vacío… En cualquier sitio donde la gente tuviera que morir”.

Los brigadistas se enfrentaron con crudeza a los horrores de la guerra y descubrieron, además, que en la lucha fratricida en la que habían decidido participar nadie era tan idealista como ellos. Los voluntarios andaban buscando al “enemigo fascista”, pero eran incapaces de distinguirlo entre la población española.

“Siempre me preguntaba a mi mismo ‘¿dónde están los fascistas?”, reconocía Segal en una carta. “Sabía que no crecían de la nada, pero la gente era siempre muy amistosa. En un pueblo, por ejemplo, nos dijeron que el dentista era monárquico. Pero él y su familia eran encantadores.No podía creerme que fueran fascistas”.

El idealismo de los voluntarios se fue mitigando al ver que gran parte de los conflictos de la guerra nada tenían que ver con la política, sino con la toma del poder económico y político en una comunidad dada. Y el conflicto en el seno del ejército republicano tampoco ayudaba. Los brigadistas alucinaban con la falta de conciencia política de los españoles, algo que, pensaban, se debía a una falta de formación. Lo que no alcanzaban a entender es que gran parte de los republicanos no se identificaban con el comunismo y, menos aún, con la posición del Comintern. Los republicanos troskistas, anarquistas y liberales apreciaban la ayuda militar de las Brigadas Internacionales, pero no aprobaban su rígida doctrina.

Los brigadistas judíos Jack Shawy y Joe Garber en un encuentro de brigadistas celebrado en Israel en 1996.
Los brigadistas judíos Jack Shawy y Joe Garber en un encuentro de brigadistas celebrado en Israel en 1996.

Orgullosos de ser judíos y marxistas

Aunque para la mayoría de los brigadistas era mucho más importante su condición de comunista y obrero que su procedencia hebrea, muchos de los voluntarios quisieron lavar en las Brigadas Internacionales la mala fama que, incluso en muchos círculos izquierdistas, tenía el pueblo judío.

Como ha explicado el doctor Rein a El Confidendial, “los voluntarios judíos que lucharon en las Brigadas Internacionales fueron a defender una serie de valores e ideales, con la intención de frenar la ola fascistaque amenazaba a toda Europa. Pero al mismo tiempo, eran bien conscientes de la historia y les era importante mostrar la valentía judiaen tierras ibéricas”.

Según reveló en una carta uno de los brigadistas, Shmuel Stamler, la mayoría de los soldados españoles tenían ideas antisemitas: “Un soldado español que servía en mi unidad me dijo que antes de la guerra pensaba que todos los judíos eran mercaderes y ladrones. Y ahora que ha visto a los voluntarios judíos luchar por la libertad hombro con hombro con los soldados españoles está orgulloso de ser nuestro compañero”.

Los brigadistas que lograron huir a la URSS alimentaron sospechas acerca de su posible contaminación por conceptos liberales o capitalistas

Muchos de los voluntarios también eran conscientes de la penosa historia de los judios en nuestro país pero, como cuenta el autor de la investigación, tenían sentiemientos encontrados: “La actitud de muchos judíos hacia España en los siglos XIX y XX se caracterizaba por la ambigüedad. Por un lado existía un rechazo hacia el país que los había expulsado y donde había imperado la odiada Inquisición; por otro lado existía también una cierta nostalgia colectiva hacia un periodo de esplendor, prosperidad y creatividad judía durante la España medieval”.

Por desgracia, ser judío y comunista en aquella época era una doble identidad que acarreaba un sinfín de dificultades. Como ha explicado el autor de la investigación a El Condidencial, la suerte que corrieron muchos de los brigadistas judíos dependió de distintos factores: “Algunos siguieron la lucha antifascista durante la Segunda Guerra Mundial y murieron en los campos de batalla o en campos de concentración; otros pudieron volver a sus países de origen, donde durante la Guerra Fría a menudo fueron considerados como traidores comunistas; varios se fueron a la Union Soviética, donde su imagen heroica cambió a los pocos años y su experiencia en España a menudo levantó sospechas acerca de su posible contaminación por conceptos liberales o capitalistas; y varios encontraron el camino hacia el Estado de Israel por distintas razones”.

La historia de estos luchadores, explica el doctor Rein, aporta hoy una importante lección: “fue una expresión de solidaridad transnacionalque nos alimenta de una esperanza para un futuro mejor”.

Autor:MIGUEL AYUSO

 

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Cada día que usted se despierta, se levanta de su cama y comienza su día a día, junto a usted yacen millones y millones de seres con vida y usted ni siquiera los puede ver, búsquelos y trate de encontrarlos a su alrededor, comience por su almohada, por las cobijas de su cama, por el suelo, por los pasillos de su casa o por donde usted camine… son millones de millones, ¿debería ser fácil de encontrarlos verdad? pero no los ve. ¿Dónde están?… aunque usted no lo crea, están allí, definitivamente. Vaya por un café y siéntese a leer este artículo que le abrirá la mente a algo que los humanos no quieren entender y que han descartado por siglos simplemente por cuestión del “ego”.

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Desvelan la verdad del «faraón hereje»: pudo usar a niños para construir la ciudad «maldita»

Amenofis IV

 

Amenofis IV no fue un Faraón más de esos cuyo nombre es olvidado en un inmenso eje cronológico. Sus políticas hicieron que se estremecieran las arenas de Egipto desde el mismo momento en el que su padre (Amenofis III) pasó al más allá. Decidido e innovador, entendió que el politeísmo era una farsa promovida por sacerdotes interesados y proclamó el monoteísmo. Para él, la verdadera y única deidad a la que debía lealtad era Atón, el dios que representaba al disco solar en el firmamento. Por ello, se hizo llamar a partir de entonces Akhenatón, cuyo amalgama de significados abarca desde «Atón está satisfecho», a «Espíritu eficaz de Atón» (esta última traducción, según explica el famoso egiptólogo Cyril Aldred en sus diferentes y amplios escritos).

Akhenatón también fue uno de los primeros líderes de su tiempo que aparecía regularmente en público. Una práctica que llevaba a cabo acompañado de Nefertiti y de sus hijas. O que, incluso, realizaba junto a «las mujeres más bellas de Egipto», según determina el investigador Jorge Dulitzky en su libro «Akhenatón el faraón olvidado». Y eso, a pesar de que la leyenda decía de él que era «asexuado o andrógino».

Sin embargo, no fueron sus tendencias sexuales las que le permitieron ganarse un hueco privilegiado en nuestra historia. Fue su decisión de llevarse la capital del reino (por entonces en Tebas) hasta una nueva ciudad la que le hizo famoso y odiado por igual entre sus seguidores.

Ya no solo porque arrebató la importancia a una urbe hasta ese momento determinante, sino porque su nuevo centro neurálgico fue Akhetatón (la actual Amarna), una villa fundada por él mismo que hubo que levantar desde los cimientos. Pero, como diría aquel, al César lo que es del César (o, en este caso, al Faraón lo que es del Faraón). Sumisos, sus ingenieros cedieron a sus caprichos e idearon un sistema que favoreció la construcción de la ciudad a la velocidad del rayo. En tan solo una década, la urbe se alzó -desafiante e imponente- ante los ojos del mundo.

¿Cómo pudo el Faraón crear de la nada una ciudad en un período de tiempo tan breve? Desde hace algún tiempo, los expertos afirman que las nuevas técnicas de construcción fueron las que permitieron este milagro. Sin embargo, una investigación desvelada a principios de junio por el diario anglosajón «The Guardian» ha incidido sobre una teoría alternativa que lleva décadas barruntándose. En palabras de la arqueóloga Mary Shepperson (colaboradora habitual del mencionado periódico y en las excavaciones de Amarna) Akhenatón podría haber utilizado a niños esclavos para construir su nueva capital.

A pesar de que todavía serán necesarios muchos análisis para confirmar esta idea, la experta cree que la hipótesis es más que plausible debido a la ingente cantidad de pequeños esqueletos que han sido hallados en el denominado «Cementerio del Norte» de la urbe. Una buena parte de ellos con lesiones traumáticas y enfermedades degenerativas que aparecen, habitualmente, en aquellos que trabajan con cargas pesadas durante un tiempo considerable. «La explicación más obvia no es agradable: estos niños y adolescentes podrían haber sido utilizados como mano de obra y podrían haber sido obligados a realizar frecuentemente trabajos pesados», añade la experta.

¿Se gesta un loco?

El egiptólogo y escritor Christian Jacq explica en su extensa y documentada obra «Nefertiti y Akhenatón» que «el futuro Akhenatón nació probablemente en el palacio de Malgatta, en la orilla oeste de Tebas». Con todo, destaca que se ve obligado a afirmar «probablemente» debido a que a los cronistas no les interesaba el momento en que eran alumbrados los hijos de los faraones, sino solo el tiempo en el que eran coronados. Durante su infancia, el pequeño egipcio vivió en un país en su máximo esplendor económico y social. La paz era lo habitual por entonces, en contra de lo que habían vivido otros líderes como Tutmosis III (conocido como el «Faraón guerrero» por causas obvias).

La tranquilidad de su padre, Amenofis III, solo se veía turbada por el paulatino aumento de poder de la civilización hitita, a la que el Faraón infravaloró durante toda su vida. La serenidad y la gloriosa sombra de un progenitor al que poco le faltaba para ser el amo del Nilo fueron los pilares de la educación del futuro Akhenatón. «Hacia 1380 a. de C., Egipto posee un Imperio que se extiende desde las costas sirias hasta el Oronte y desde Nubia hasta la tercera catarata. Las buenas relaciones con Mitanni y Babilonia se mantienen», añade el experto.

Momia de la Reina Tiye, madre delfaraón Akenatón y abuela de Tutankamón
Momia de la Reina Tiye, madre delfaraón Akenatón y abuela de Tutankamón– EPA

Todos esos extensos territorios eran regidos desde la capital: Tebas. Una ciudad cosmopolita (y dedicada principalmente al dios Amón) en la que el politeísmo a diferentes divinidades era la base de un culto dominado por una poderosísima casta de sacerdotes.

La misma que, poco a poco, había ganado un gigantesco poder en Egipto hasta el punto de influir directamente en la política. Y la misma que contaba con un auténtico entramado económico que le permitía ubicarse en la cima del poder social. No en vano, y como afirma la historiadora francesa Violaine Vanoyeke en «Más allá del Egipto faraónico», «tenían a su servicio numerosos funcionarios de menor rango encargados del tesoro, responsables de las obras, jefes de rebaños, contables, mayordomos, chambelanes, jefes de flota…».

El «Faraón hereje»

A pesar de que Amenofis III fue uno de los primeros faraones en combatir indirectamente el poder de los sacerdotes, durante la infancia del futuro Akhenatón no se vivió ninguna ruptura religiosa. De hecho, y tras su ascenso al poder, al entonces Amenofis IV se le seguía representando rodeado de deidades (ejemplo de ello son las inscripciones del templo de Sesebi, en Sudán) y como «el elegido de Amón».

¿Cuándo logró sentarse en la poltrona nuestro protagonista? Esta pregunta sigue generando polémica a día de hoy, al igual que la posibilidad de que él y su padre mantuvieran una corregencia en vida. «Las fechas del reinado continúan siendo objeto de controversia: de 1377 a 1360 según Redford, de 1364 a 1347 según Trigger y sus colaboradores, autores de una reciente historia social del antiguo Egipto, y de alrededor de 1353 a alrededor de 1336 para Yoyotte y Vernus en su trabajo de síntesis sobre los faraones… Y eso que me limito a citar tres hipótesis», añade Jacq.

En todo caso, fue entre los años 1 y 3 de su reinado cuando el todavía Amenofis IV decidió adoptar la figura de Atón (el disco solar) como la de su deidad principal. Todo ello, en detrimento de Amón. Algo considerablemente revolucionario para la época.

Estatua de Akhenaton en forma del dios Osiris
Estatua de Akhenaton en forma del dios Osiris– Ignacio Gil

«El Faraón adoptó al Sol, bajo su forma de disco, como único dios», explican en «Textos para la historia del Próximo Oriente antiguo» los catedráticos Francisco Marco Simón y Narciso Santos Yanguas. Los expertos afirman, a su vez, que esta figura no fue creada por nuestro protagonista, sino que ya existía con mucha anterioridad. Sin embargo, sí fue él quien le ofreció un puesto más que predominante en la sociedad. Esta idea la comparte también Jacq: «Atón no es una divinidad inédita en la religión egipcia. Desde la época de Tutmés I, se le considera como una potencia creadora».

Sin embargo, Jacq discrepa con los españoles (así como con otras decenas de expertos) en la idea de que aquel primigenio Akhenatón era partidario de una única deidad. Así pues, mientras que Marco y Santos definen la sociedad creada por el Faraón como claramente monoteísta, él anglosajón es partidario de que, aunque relegó al resto de divinidades, no cargó contra ellas frontalmente. Con todo, una buena parte de los egiptólogos son partidarios de que Amenofis IV se planteó como objetivo la eliminación de las deidades tradicionales.

«Pretendía destruir el anterior politeísmo egipcio y que se llegara a repudiar el culto de Amón. De esta forma trataba de repudiar la vieja religión mortuoria vinculada a Osiris», añaden los autores de «Textos para la historia del Próximo Oriente antiguo» en su obra.

«Akhenatón abolió el ritual dedicado a Amón y a otros dioses menores que se celebraba todos los días»

El historiador Jorge Dulitzky es partidario también de esta idea en su obra «Akhenatón, el Faraón olvidado»: «Akhenatón abolió el ritual dedicado a Amón y a otros dioses menores que se celebraba todos los días, pues era una ceremonia costosa llevada a cabo por una legión de sacerdotes que despertaban a los dioses, los limpiaban, vestían, alimentaban y les hacían reverencias como si fueran reyes». En palabras de este autor, con el tiempo Akhenatón fue destruyendo los clásicos ritos a las deidades egipcias y sustituyéndolos por otros totalmente nuevos.

Lo que sí está claro es que, de la mano de su esposa Nefertiti, Amenofis IV se elevó a la categoría de gran sacerdote de Atón en los primeros años de su reinado.

Tal fue su convencimiento de que esta divinidad debía ser la preponderante, que se cambió el nombre a Akhenatón (cuyo significado ha sido discutido a lo largo de los siglos, pero que vendría a significar «Siervo de Atón»). De esta forma, marcó el comienzo de lo que autores como Dulitzky han calificado de «revolución»: «Hay que destacar dos características particulares de la revolución de Akhenatón: fue una de las primeras impulsadas desde el poder, y […] todas sus reformas fueron hechas en nombre de la religión». El autor, incluso, afirma que a partir de entonces el Faraón creó de cero una nueva religión. O más bien «su nueva religión».

Este culto que vino acompañado de una serie de nuevas costumbres que narra, de forma pormenorizada, la profesora de Historia Antigua Ana María Vázquez Hoys en su dossier «Akhenatón el Hereje»: «El nuevo Faraón prohíbe a su pueblo que se arrodille y se humille ante él. Recorre los campos con su esposa, confraterniza y se mezcla con los fellahs, los anima en su tarea, él mismo abandona toda pompa en sus vestidos. Establece el matrimonio monógamo. Elimina todo tipo de ceremonial tanto en la Corte como en la religión. Prohíbe el fasto y los costosos desfiles. Una de sus frases que ha llegado hasta nosotros es: “Viviendo recta y honradamente es como se honra a Dios”. Da orden de abolir la esclavitud y exhorta a los pobres, siervos y desvalidos a luchar por Atón cuya victoria significa la desaparición de la injusticia. Aconseja a las mujeres que sólo parieran dos hijos y se concentrasen en su cuidado. Se convierte en el primer ecologista del mundo y protector de los animales, prohibiendo la caza masiva».

Destrozando a Amón

En sus siguientes años de reinado, Akhenatón entró en conflicto con los sacerdotes que rendían al culto al resto de dioses al relegarles a un segundo plano. El más damnificado fue el clero de Amón, que fue puesto al mismo nivel que el resto de religiosos y cuyo papel preponderante se esfumó. Junto a su importancia se marcharon también, y poco a poco, sus riquezas. Y es que, a partir de entonces el Faraón estableció que todas las nuevas ofrendas pasarían a engrosar los tesoros de los templos dedicados a Atón.

«El rey lesionó forzosamente intereses individuales. Y si es cierto que prestó oído a “malas palabras”, lo hizo sin duda a conciencia, relegando a la sombra a signatarios a los que juzgaba incapaces de cumplir sus funciones religiosas», añade Jacq.

Excavación alemana en Amarna. Objeto en primer plano: El busto hecho pedazos de Akhenatón
Excavación alemana en Amarna. Objeto en primer plano: El busto hecho pedazos de Akhenatón– ABC

Por si esto fuera poco, en el año 9 de su reinado cargó frontalmente (más si cabe) contra Amón y sus seguidores al ordenar eliminar el nombre de este dios de todos los templos. Así define este suceso el egiptólogo francés Georges Legrain en una de sus obras: «Por todas partes se proscriben o destruyen por orden real las imágenes de Amón. Pocos monumentos, tumbas, estatuas, estatuillas, incluso objetos menudos escaparon a las mutilaciones… Se llega a escalar hasta lo más alto de los obeliscos y a descender al fondo de las tumbas para destruir los nombres y las Imágenes de los dioses». Aunque otros expertos como Jacq califican sus palabras de exageradas, lo cierto es que el impacto social si fue destacable.

¿Qué buscaba Akhenatón con esta «herejía»? Su objetivo era terminar con su influencia y lograr, de una vez por todas, que Atón reinara en solitario, como única y verdadera deidad. La decisión, con todo, no le salió barata. Y es que –como especifica Jacq- ha sido tildado a día de hoy de «loco, fanático, sectario, epiléptico, verdugo, demente empeñado en vengarse de un clero que le odiaba» y otras tantas cosas más por ello.

La nueva capital

Poco antes de comenzar su revolución, y cuando apenas sumaba cuatro años al frente de Egipto, Akhenatón tomó una de las decisiones más arriesgadas de su reinado. La misma que, a día de hoy, nos obliga a escribir estas líneas: estableció que abandonaría Tebas y trasladaría la capital del imperio hasta una nueva ciudad. Lo curioso es que esta urbe no estaba siquiera edificada, sino que tendría que ser levantada de la nada y, según su decisión, a más de 350 kilómetros de la su habitual residencia. Según afirmó, el mismo Atón le dijo que alzara sobre aquellas vírgenes llanuras ubicadas entre montañas una metrópoli digna.

Lo cierto es que su decisión bien podría ser terrenal pues –casualmente- el emplazamiento se hallaba a medio camino entre Menfis (capital del Imperio Antiguo) y Tebas (capital del Imperio Nuevo).

Con todo, e independientemente de si tomó esta determinación de forma consciente o no, Akhenatón se empeñó en que su megalópolis debía estar edificada cuanto antes. Así fue como se inició una batalla contra el reloj para construir la metrópoli de Akhetatón, la actual Amarna. A día de hoy, un recuerdo perceptible únicamente gracias a las ruinas que han sobrevivido al paso del tiempo, y a las paredes de piedra que marcaba sus límites. Las mismas en las que el Faraón ordenó tallar (y así dejar constancia) de la urbe.

Recreación en detalle de la ciudad de Amarna
Recreación en detalle de la ciudad de Amarna– ABC

La ansiedad de Akhenatón hizo que Amarna fuera edificada en poco menos de una década mediante nuevas técnicas de construcción. El ejemplo más claro es que los arquitectos apostaron por usar bloques más pequeños y manejables (principalmente de adobe) en lugar de los tradicionales, más grandes y resistentes. Otro tanto pasó con las estatuas: los escultores se vieron obligadas a elaborarlas por módulos (y mediante materiales de menor calidad) para ganar su particular carrera al tiempo.

Estas novedades permitieron que la urbe naciera en poco menos que un suspiro (las estructuras básicas estuvieron edificadas sumamente rápido) y que pudiera ser «fabricada» por mano de obra inexperta, pero la condenó a perderse con el paso de los años ante las inclemencias del desierto. «Fueron muchos los artesanos de Tebas que vinieron a instalarse a Akhetatón, pero tuvieron que luchar contra un enemigo poderoso: el tiempo. Como hemos dicho, Akhenatón tenía prisa. Por lo tanto, el conjunto de las paredes maestras sufrió a veces las consecuencias de la rapidez de los trabajos», añade Jacq en su obra.

Con todo, la premura no impidió que Amarna se convirtiera en una de las ciudades más bellas de Egipto. Al menos mientras estuvo en pie. Tal solo cuatro años después de que comenzaran las obras ya había habitantes allí. Y ya en el sexto año de su reinado, Akhenatón se trasladó junto a su gigantesca corte a ella. Junto a él se marcharon artesanos, funcionarios, militares y un larguísimo etc. que, por descontado, redujeron considerablemente la población y la riqueza de Tebas. La otrora capital se vio obligada además a ver como el comercio más destacado (así como los ingresos y ayudas principales del Faraón) se marchaban con él hacia Akhetatón.

«Los testimonios conservados tienden a demostrar que la ciudad de Atón era bella y acogedora, con amplias avenidas»

«Los testimonios conservados tienden a demostrar que la ciudad de Atón era bella y acogedora, con amplias avenidas, espacios verdes y barrios muy bien concebidos. La corte encontró una capital atrayente, en la que podía latir el corazón de Egipto», determina Jacq.

Los autores de la obra colectiva «Egipto: 7000 años de arte e historia» son de la misma opinión: «La ciudad se extendía a lo largo de casi 15 kilómetros, como una gran faja que bordeaba la margen oriental del Nilo. En las montañas rocosas que se levantaban a espalda de la gran ciudad se fue creando la gran necrópolis». Sin embargo, lo que más llamaba la atención de la nueva metrópolis es que disponía de un gigantesco templo sin techo (abierto al sol) con cientos de mesas de ofrendas.

La ciudad continuó siendo el centro de Egipto hasta la muerte del Faraón en el 1332 a.C. Entonces fue totalmente abandonada. Con Akhenatón también se marchó su monoteísmo y su particular culto único a Atón. El sueño del revolucionario líder, así pues, se apagó. Después de que el grueso de los pobladores de Amarna regresaran a Tebas, la nueva urbe se fue descomponiendo hasta quedar oculta por la arena. Casi como una ciudad maldita.

¿Niños esclavos?

Ahora, más de 3.000 años después del abandono de Amarna -y siempre según afirma la arqueóloga del «The Guardian»- nuevos restos humanos avalan la idea de que Akhenatón pudo usar a niños y a adolescentes para edificar su ciudad de los sueños. Una teoría, por cierto, que ya venía barruntándose desde hacía décadas. Los huesos de la discordia corresponden a más de un centenar de individuos que fueron hallados en uno de las varias necrópolis populares (que nada tienen que ver con las «lujosas» tumbas de la familia real y los cortesanos) de la vieja Akhetatón: el Cementerio Norte.

El Cementerio Norte (llamado así por hallarse al norte de Amarna) empezó a ser excavado en 2015. De tumbas sencillas –se inhumó con solo una estera a los fallecidos bajo la misma tierra-, de esta necrópolis se han extraído desde entonces los restos de 105 individuos que han sido analizados por la doctora Gretchen Dabbs. Las características de los huesos no pueden ser más espeluznantes: el 90% se corresponden con huesos de seres humanos de entre 7 y 25 años. De hecho, la mayoría pertenecen a jóvenes con apenas 15 veranos a sus espaldas.

El rango de edad de los fallecidos no puede ser más extraño para la época. Y es que, por entonces se correspondía con el arco en el que los seres humanos más resistentes eran a las enfermedades. ¿Cómo es posible? Dabbs cree tener la respuesta: una gran cantidad de los restos encontrados denotan que los chicos fallecidos contaban con algún tipo de lesión traumática. El 10%, sin ir más lejos, osteoartritis (la cual puede aparecer tras haber realizado trabajos forzados). Por si fuera poco, un 16% de los menores de 15 años hallados también padecían dichas dolencias junto a otra serie de problemas óseos. Todos ellos, asociados con portar objetos pesados durante mucho tiempo.

Restos hallados en Amarna
Restos hallados en Amarna– T.G.

La explicación más obvia, según el «The Guardian», es la menos agradable: los restos hallados se corresponden con los de niños y jóvenes que podrían haber sido utilizados como mano de obra para levantar la ciudad de Amarna. A su vez, la arqueóloga es partidaria de que es posible que los huesos pertenezcan a esclavos debido a que en los enterramientos del Cementerio Norte se elaboraron sin ningún tipo de cuidado. Algo raro en una sociedad como la egipcia, donde la familia del fallecido solía ofrecerle una inhumación digna.

Esta teoría se ve reforzada por «casualidades» (o no) como que el 43% de las tumbas contengan a más de un individuo. Una cifra mucho más alta que la que se ha obtenido analizando el resto de necrópolis de Amarna. De hecho, en el Cementerio Norte fueron encontrados hasta 5 0 6 esqueletos juntos. «Los hoyos tienen el mismo tamaño, así que es probable que fueran excavados sin saber cuántas personas se acabarían metiendo en su interior», añade la experta.

Por otro lado, y siempre en palabras de «The Guardian», el Cementerio Norte se haya ubicado entre las principales canteras de usadas en la construcción de la urbe. Otro hecho que avalaría esta macabra teoría. A partir de aquí, las posibilidades son infinitas. La experta habla incluso de que podrían haber sido esclavos traídos desde el exterior para trabajar. Idea que también ronda la mente de muchos egiptólogos desde hace años, y que Jacq refleja en su obra: «Ciertos egiptólogos han escrito que los constructores fueron criminales enviados a las canteras para purgar sus penas. Akhenatón, dicen, encontró entre ellos lo esencial de sus fieles, “recuperando” a una banda de ladrones y asesinos».

MANUEL P. VILLATORO ABC_Historia

Origen: Desvelan la verdad del «faraón hereje»: pudo usar a niños para construir la ciudad «maldita»

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