Cien años sin Buffalo Bill, el «héroe romántico» del Lejano Oeste

William F. Cody, universalmente conocido por el apodo que se labró cazando búfalos, falleció el 10 de enero de 1917

«Ha fallecido el coronel William Cody que en el mundo de las aventuras era universalmente conocido por el nombre de Buffalo Bill», anunciaba ABC hace un siglo. El hombre que asombró al mundo con su rifle y su caballo murió de una enfermedad renal el día 10 de enero de 1917, durante una visita a la casa de su hermana en Denver. Hacía solo ocho días que el doctor Crook le había dicho en Glenwood Springs, donde disfrutaba de las aguas curativas, que sólo le quedaban unos pocos días de vida. Tenía 70 años.

A pesar de las reclamaciones de los ciudadanos de Cody, la ciudad que él mismo fundó en Wyoming, Buffalo Bill (1846-1917) fue enterrado en junio de aquel año en la montaña Lookout, muy cerca de la capital del Estado de Colorado. Era el lugar que él mismo había elegido, según su esposa Louisa, con espectaculares vistas a esas montañas y llanuras donde pasó los momentos más felices de su vida. Hoy la disputada tumba de este mito del lejano Oeste es uno de los principales destinos turísticos de Denver. Su maestría en suscitar la admiración e imaginación de la gente pervive.

Nacido en Iowa en 1846, William F. Cody vivió la conquista del Oeste americano de primera mano. Siendo un niño su familia se trasladó a Kansas donde Cody, huérfano de padre a los 11 años, trabajó cuidando del ganado y como controlador en un vagón de tren, cruzando las Grandes Llanuras. Seducido por la fiebre del oro, probó suerte como buscador pero con 15 años se unió al servicio de correos a caballo Pony Express hasta que se alistó en el 7º Regimiento de Caballería de Kansas para combatir del lado de la Unión durante la Guerra Civil. Se cuenta que su apodo de Buffalo Bill se debe a que le fue encargado en 1867 el avituallamiento de los obreros que contruían el Kansas Pacific Rallway y cazó para ellos en 18 meses más de 4.000 búfalos. Al término de la contienda, Cody se convirtió en explorador civil y guía para el Quinto de Caballería y en 1872 se le concedió la Medalla del Congreso de Estados Unidos de honor por su valor (se le retiró la Medalla del Congreso por ser inelegible para ella, aunque se le restableció en 1989).

Sus aventuras, en muchos casos exageradas, ya eran objeto de leyendas y novelas de diez centavos cuando Buffalo Bill descubrió su faceta de showman. «Conocedor del prestigio que tienen sobre las muchedumbres los ejercicios físicos, el aparato bélico, los tiros de fusil, y los caballos al galope, decidió un día presentar ante el mundo civilizado su banda de cowboys. Eran hombres de todas las razas y de todos los colores: blancos, negros, pieles rojas, chinos, árabes; pero todos ágiles, fuertes, jinetes incomparables, tiradores estupendos, que arrebataban a los públicos enlazando potros, galopando a cargas fantásticas y haciendo con el rifle blanocs maravillosos. Y destacándose entre los más hábiles y dominando a todos aquellos aventureros, el coronel Buffalo Bill, con su rostro simpático, su figura gallarda y su aire resuelto de hombre valiente y aguerrido», describía Blanco y Negro en 1917.

Con su espectáculo del Lejano Oeste, para el que llegó a contar con el legendario jefe de los sioux Toro Sentado, recorrió Estados Unidos durante 20 años y viajó en varias ocasiones a Europa, donde actuó en Londres ante la Reina Victoria y triunfó en la Exposición Universal de París de 1904. En Barcelona exhibió sus habilidades durante tres semanas de funciones en las Navidades de 1889. Según el diario La Época, su comitiva estaba compuesta por 200 indios y otros tantos vaqueros, así como de 200 animales, entre caballos, búfalos y bisontes.

A comienzos del siglo XX, Buffalo Bill era una celebridad en todo el mundo. No había presidente que no le consultara sobre asuntos que afectaran al oeste de EE.UU., contaba entre sus amigos con artistas y escritores como Mark Twain, era admirado por los militares, agasajado por los magnates de los negocios y honrado por la realeza, pero su fama no pudo salvarle de la quiebra. En 1913 se vio obligado a subastar hasta a su querido caballo blanco Isham. La Correspondencia relató cómo Cody no pudo contener las lágrimas cuando se enteró de que quien compró el animal se lo iba a restituir.

Cuatro años después, Buffalo Bill fallecía alejado ya de los escenarios. Según Annie Oakley «era el más simple de los hombres, tan cómodo entre vaqueros como entre reyes».

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