Libros: Cinco mutaciones radiactivas que hacen del XX un siglo monstruoso. Noticias de Cultura

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Libros: Cinco mutaciones radiactivas que hacen del XX un siglo monstruoso. Noticias de Cultura. El periodista británico John Higgs publica Historia alternativa del siglo XX, una radical revisión de los hitos que convierten a la pasada centuria en la más extraña que ha conocido la Humanidad

 

¿Qué demonios le sucedió a la psique humana a comienzos del siglo XX? La pregunta encogió el corazón del periodista, ensayista y ‘showman’ inglés John Higgs una mañana de 2010 en la Tate Modern de Londres. Tras recorrer alborozado una luminosa y lúbrica muestra dedicada a Gauguin, negros nubarrones se cernieron sobre él al desembocar en la sección que la Tate dedica al siglo XX: un paisaje extraño, frío y hostil, de estructuras incomprensibles y sueños angustiosos, despoblado de formas humanas. Picasso, Dalí, Ernst y otros no atacaban con aquellas obras tanto su corazón como su cabeza. Pero ¿es que nadie se daba cuenta de lo terriblemente extraño que era todo aquello?

'Historia alternativa del siglo XX'. John Higgs. Taurus.
‘Historia alternativa del siglo XX’. John Higgs. Taurus.

Y entonces prendió la idea: bien, sabemos demasiado del siglo XX, sabemos tanto que hemos olvidado cuán diferente fue de todas las centurias que lo precedieron. El siglo alienígena. El siglo mutante. El siglo monstruoso y fascinante. ¿Y si recuperamos la capacidad de sorpresa al mirarnos en sus turbias aguas? La respuesta fue el libro ‘Historia alternativa del siglo XX. Más extraño de lo que cabe imaginar’ (Taurus), que este jueves llega a las librerías.

Las conferencias performativas de Higgs son un espectáculo -el viernes 30 de octubre lo podrán comprobar en Madrid- y sus escritos no se quedan atrás. Autor de un librazo sobre la legendaria banda británica The KLF, que quemó en público un millón de libras, y de una biografía sísmica en torno al psiconauta Timothy Leary, atraviesa en estas páginas, a puñetazos, la avenida del pasado siglo deteniéndose en cada una de las esquinas en las que estalla la novedad, donde la historia se torna transgénica mientras la normalidad se extingue. He aquí cinco de ellas.

1. La relatividad. O “la eliminación del ónfalo”

Albert Einstein en 1931.
Albert Einstein en 1931.

¿Por qué el anarquista francés Martial Bourdin intentó hacer saltar por los aires en 1894 el Observatorio Real de Greenwich logrando solo destrozarse su mano izquierda, buena parte del estómago y morir unas horas después? Conrad, que se inspiró en él para su novela ‘El agente secreto’, no lograba entenderlo. Hitchcock, que hizo lo propio más tarde en su filme ‘Sabotaje’, tampoco. ¿Por qué no el Palacio de Buckingham? La clave la tiene el ónfalo, la piedra primigenia que simbolizaba el centro del mundo para los antiguos. Y es que, en los aledaños del siglo XX, el ónfalo global del mundo era el Observatorio Real de Greenwich. Por el ojo de su simbólica aguja se enhebraba el célebre meridiano que servía de longitud cero al planeta. ¿Qué mejor sueño húmedo para un anarquista que destruirlo? Bourdin no lo consiguió pero sí un desconocido empleado de la oficina de patentes de Zúrich: Albert Einstein. Su teoría de la relatividad arrasó con la romántica idea del “punto de referencia”. Einstein desalojó la idea de un universo razonado y razonable y puso en su lugar un bestiario extravagante, fértil en agujeros negros y curvaturas imposibles, que aún siquiera empezamos a dilucidar.

2. La guerra. O “iza ese trapo”

Cola de parados en Estados Unidos en los años de la Gran Depresión.
Cola de parados en Estados Unidos en los años de la Gran Depresión.

En la constitución de Estados Unidos como imperio que alborea con el nuevo siglo, latía una peculiaridad que acotaba orgánicamente el proyecto: el océano Pacífico. La vía de escape para salvar el límite geográfico resulta, bien mirado, sorprendente: no serían la nación más grande pero sí “la mejor”. Un imperio sin emperador, un imperio de ciudadanos. Una democracia auténtica. La oportunidad para dar cauce a semejante utopía surgió tras la Primera Guerra Mundial, cuando todos los otros imperios del mundo se desmoronaron. Aquella guerra arrancó como una más pero, a su término, la catástrofe resultaba tan descomunal como huérfana de referencias. Nació así la idea de “la guerra para acabar con todas las guerras”. Pero, como escribe Higgs, “el hecho de que la gente se atreviera a imaginar que algo tan arraigado y constante en la historia como la guerra no volvería a suceder demuestra que habíamos entrado en una nueva faseen lo que respecta a la psique de la humanidad”. Porque, al industrializarse la guerra, era una locura confiar todo el poder a un solo gobernante, a un único emperador. Al desaparecer los imperios, EEUU, el primer imperio sin emperador de la Historia, tomó las riendas.

3. El individualismo. O “haz lo que quieras”

Ayn Rand.
Ayn Rand.

Cuando al gran Chesterton le alabaron cierto personaje porque “creía en sí mismo”, el católico escritor inglés estalló: creer en uno mismo además de ser pecado expedía un billete automático, solo de ida, para el manicomio. Y sin embargo, el individualismo llevaba ya siglos, desde el Renacimiento y la Revolución inglesa, creciendo poco a poco en las sociedades occidentales para acabar por erigirse en el siglo XX en la nueva religión de éxito. Tanto que no reparamos ya en su carácter anómalo. Para recordarlo, recomienda Higgs, basta con revisar la obra alucinada de la ruso americana Ayn Rand, profeta del objetivismo y adalid de las “virtudes del egoísmo”. En 1959, Mike Wallace la entrevistó en la CBS: “Usted pretende destruir casi todos los elementos estructurales de la actual forma de vida estadounidense: la religión judeocristiana, el capitalismo regulado por el Gobierno, la ley de voluntad de la mayoría. Hay quien dice que usted desprecia todas las iglesias y el concepto de Dios. ¿Estoy en lo cierto?”. “Sí”, respondió Rand, “soy la creadora de un nuevo código moral”. Nacía así el egoísmo como nuevo gran meme de la modernidad. Su ascendiente en la política, la sociología, la economía y la ciencia del siglo es difícil de ocultar.

4. El sexo. O “la revolución se adelantó a 1963”

'Perfomance' en el Soho, Nueva York, 1970.
‘Perfomance’ en el Soho, Nueva York, 1970.

La liberación de la mujer, la más benéfica novedad del siglo XX, desató un inesperado corrimiento de tierras en la sexualidad. Ese acontecimiento tiene, por cierto, una fecha concreta datada por el poeta inglés Philip Larkin en los versos de ‘Annus Mirabilis’. Antes, el sexo solo era “una vergüenza que comenzaba a los diecisiéis / y se extendía sobre todo”. Pero todo cambió “entre el final de la censura a Chatterley / y el primer LP de los Beatles (…) Las relaciones sexuales comenzaron / en mil novecientos sesenta y tres (un poco tarde para mí)”. La década de los sesenta es la de la aparición de la píldora anticonceptiva, el amor libre, el desvelamiento de la homosexualidad. Pero esta revolución sexual activada por el pujante movimiento feminista, recuerda Higgs citando a la profesora australiana Germaine Greer, enfatizó paradójicamente la cosificación del cuerpo de la mujer, puro objeto pasivo del huracán sexual desatado. Aún nos estamos recuperando de aquella fiesta loca.

5. La red. O “un planeta de individuos”

Las primeras computadoras llenaban salas enteras
Las primeras computadoras llenaban salas enteras

A aquellos aguafiestas que se tomaron la molestia de escribir a los periódicos en los meses finales de 1991 para explicar, con razón, que el año 2000 no sería el primero del siglo XXI sino el último del XX no se les hizo ni caso. La gente tenía demasiadas ganas de celebrar y, con el permiso de esa bomba de humo que se llamó ‘efecto 2000’, así lo hicieron. Una bomba de humo que, con todo, se llevó por delante 600 millones de dólares en actualizaciones. ¿En qué momento nos habíamos vuelto tan dependientes de los ordenadores? Y, sobre todo, ¿desde cuándo andaban todos esos chismes conectados entre sí? Internet es el último presente mutante que el siglo XX le regaló al XXI, con tanta carga de libertad sin límites como mitología. Y así concluye Higgs su viaje de ida y vuelta: “La red es una deidad decapitada. Es una comunión. Ya no hace falta un ónfalo. Agarrémonos fuerte”.

Origen: Libros: Cinco mutaciones radiactivas que hacen del XX un siglo monstruoso. Noticias de Cultura

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