Strambotic » Las brujas que salvaron Inglaterra de los nazis

Público – Opinión

La Historia oficial cuenta que un puñado de valientes aviadores logró detener al rodillo bélico nazi en la Batalla de Inglaterra, el épico y desigual combate que frenó el inexorable avance del ejército alemán en 1940 y que, con toda certeza, hubiese supuesto el fin prematuro de la II Guerra Mundial por K.O. para el bando del Führer.

La historia secreta relata que un puñado de valientes hechiceros, magos y brujas ingleses unieron sus conjuros para derrotar en el plano astral a las huestes nazis, a su vez pertrechadas con sus propios guerreros clarividentes. La célebre frase: «Nunca tantos debieron tanto a tan pocos» (Churchill) cobra una nueva dimensión cuando se indaga en los pormenores de la Batalla Mágica de Inglaterra.

El 31 de julio de 1940, en el fragor de la batalla de Inglaterra, un grupo de hechiceros encabezados por Gerald Gardner, líder de la Hermandad Masónica de Crotonia, llevaron a cabo un ritual en la emblemática Piedra de Rufus para detener a Hitler en su intento de invadir Inglaterra. Los conjurados erigieron un ‘Cono de Poder’ que fue orientado hacia Hitler con el siguiente mandato: «No puedes cruzar el mar, no puedes venir», según relató el propio Gardner décadas después de lograr aquella pírrica victoria.

Cabe la duda razonable de si fue el Cono de Poder o si en realidad fueron los cerca de 30.000 combatientes muertos y 1.500 aviones sacrificados durante la Batalla de Inglaterra quienes evitaron que Hitler la invadiera, pero los guerreros espirituales aseguran que sendos rituales parecidos se llevaron a cabo para evitar que Napoleón invadiera Inglaterra y para detener a la Armada Invencible, de infausto recuerdo para el imperio español. Y vive Dios que funcionó.

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Alex Crowley, un poco excéntrico pero buena gente.

Las guerras las ganan (y las pierden) los hombres y las armas en el terreno físico, pero no debemos menospreciar tan apresuradamente el campo de batalla psíquico y místico. El lugarteniente de Hitler, Rudolf Hess, se lanzó en paracaídas sobre Escocia en 1941, engañado por un alambicado plan urdido por el creador de James Bond, Ian Fleming, y los servicios secretos ingleses en connivencia con varios grupos ocultistas alemanes, pues era bien conocida la debilidad del mandatario teutón por el esoterismo. Esta afición por lo misterioso era compartida por el propio Hitler, quien en las vísperas de la guerra (1938) envió una expedición al Tíbeten busca del mítico reino de Hiperbórea-Thule.

Los documentos sacados a la luz por el MI5 en 2008 demuestran que los servicios secretos ingleses jugaron la (dudosa) baza de la astrología para derrotar a Hitler.

Hess voló a Inglaterra convencido de que un supuesto Partido por la Paz estaba dispuesto a firmar el armisticio con Alemania, despejando a los británicos (hermanos arios, para Hitler) de la contienda. En lugar de eso, Hess fue capturado y encarcelado (de hecho, se pudrió en prisión, donde murió en 1987, a los 97 años de edad, convertido en un mártir de los nostálgicos del III Reich).

Si has llegado a leer hasta aquí, significa que has entrado en estado de suspensión  temporal de la incredulidad, así que ahí va una dosis postrera de guerra espiritual. La médium Dion Fortune, que aseguraba ser la reencarnación de una sacerdotisa de la Atlántida, montó un equipo de telépatas para levantar un ‘vórtice psíquico’ en el Canal de la Mancha, vórtice que, a la postre, resultó infranqueable para la Wehrmacht.

Fortune y sus brujas se sentaban a meditar en el territorio mágico de Glastonbury, invocando el espíritu del Rey Arturo, su espada Excalibur, la cruz de los Rosacruces, el mago Merlín, el Santo Grial, el Arcángel Miguel y el Sursum Corda. Solo con este dream team de fábula, las brujas inglesas consiguieron ganar en su pulso al Führer, a quien tenían por un «ocultista natural y médium altamente cualificado».

Por suerte, además del mago Merlín y compañía, del lado inglés estaba el Ejército Rojo. No está de más recordar que en la II Guerra Mundial los americanos pusieron las pelis, pero los rusos los muertos: 20 millones de los casi 60 que perecieron en la brutal contienda. Nunca tantos hicieron tanto por tantos.

Publicado originalmente en Yorokobu. Con información de Fortean Times, Libertad DigitalThe Guardian.

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