4 septiembre, 2026

Anastasio de los Reyes: el crimen olvidado que encendió Madrid en abril de 1936

Composición histórica sobre Anastasio de los Reyes y la violencia política en Madrid en abril de 1936
Anastasio de los Reyes fue asesinado en Madrid durante los actos del 14 de abril de 1936, en un clima de creciente violencia política previo a la Guerra Civil.

Anastasio de los Reyes fue asesinado en Madrid el 14 de abril de 1936, durante los actos del quinto aniversario de la Segunda República. Su muerte y los disturbios posteriores durante su entierro mostraron hasta qué punto la capital vivía instalada en una peligrosa espiral de violencia política antes de la Guerra Civil.

Antes de que los nombres de José del Castillo y José Calvo Sotelo quedaran grabados como símbolos del último tramo hacia la Guerra Civil, Madrid ya había vivido otro episodio sangriento que mostró hasta qué punto la convivencia política estaba rota. El 14 de abril de 1936, durante los actos del quinto aniversario de la proclamación de la Segunda República, el alférez de la Guardia Civil Anastasio de los Reyes fue tiroteado en pleno centro de la capital.

Su muerte no fue un hecho aislado ni una simple pelea callejera. Fue una señal. Una más, pero muy elocuente, de la tensión política, social y armada que había convertido las calles de Madrid en un escenario de provocaciones, desfiles, funerales politizados, grupos uniformados y disparos. Aquella primavera de 1936 no era todavía la guerra abierta, pero cada día se parecía más a su antesala.

La historia ha tendido a recordar con mayor fuerza los asesinatos del teniente Castillo, el 12 de julio, y de José Calvo Sotelo, el 13 de julio, como detonantes inmediatos del golpe militar y del estallido de la Guerra Civil. Pero tres meses antes, el caso de Anastasio de los Reyes ya había dejado una imagen brutal: una ciudad donde hasta un aniversario oficial de la República podía terminar convertido en campo de batalla. El episodio fue recuperado en un artículo de Israel Viana publicado en ABC, que sirve como punto de partida para revisar aquel crimen dentro del clima de violencia política de la primavera de 1936.

Madrid, 14 de abril de 1936: una fiesta con pólvora debajo

El 14 de abril debía ser una jornada de celebración republicana. Se cumplían cinco años de la proclamación de la Segunda República. Había banderas, actos oficiales, presencia de autoridades y desfiles en la capital. Madrid era, aquel día, escaparate político y simbólico del régimen.

Pero la España de 1936 ya no era la de 1931. El entusiasmo inicial de una parte del país convivía con el miedo, el odio político y la sensación de que la legalidad republicana se estaba deshaciendo entre presiones opuestas. Las elecciones de febrero habían dado la victoria al Frente Popular, mientras las derechas denunciaban desorden, persecución y violencia. En las calles, las juventudes políticas actuaban cada vez más como organizaciones de choque.

El ambiente no era solo tenso: era inflamable. En aquel Madrid, una consigna, un gesto, una bandera o un uniforme podían ser interpretados como una provocación. La política ya no se discutía únicamente en Cortes, periódicos o cafés. Se gritaba en la calle. Se respondía en grupo. Y, con demasiada frecuencia, se resolvía a golpes o a tiros.

¿Quién era Anastasio de los Reyes?

Anastasio de los Reyes era alférez de la Guardia Civil. Aquel 14 de abril se encontraba en Madrid durante el desfile conmemorativo del aniversario republicano. Según las reconstrucciones publicadas sobre el episodio, el conflicto estalló en el entorno de la Gran Vía y del paso de unidades de la Guardia Civil, en medio de abucheos, consignas cruzadas y una tensión creciente entre asistentes de distinta sensibilidad política.

La versión que más ha circulado sostiene que De los Reyes y otros compañeros, vestidos de paisano, respondieron a los insultos lanzando vivas a España. A partir de ahí, el clima se descompuso. Se produjeron disparos. El alférez fue alcanzado mortalmente y otras personas resultaron heridas. Como suele ocurrir en los episodios de violencia política extrema, cada bando reconstruyó después el suceso desde su propio relato: para unos, fue un asesinato político; para otros, una consecuencia de provocaciones y enfrentamientos en una ciudad cargada de odio.

Lo importante, sin embargo, no es reducir el crimen a una frase o a una consigna. Anastasio de los Reyes murió porque Madrid estaba convertido en un espacio donde la violencia ya no era excepcional. El disparo que lo mató no nació de la nada. Venía de semanas, meses y años de radicalización, de milicias informales, de discursos incendiarios, de miedo acumulado y de una autoridad pública incapaz de imponer orden sin parecer cómplice de uno u otro bando.

La calle como trinchera antes de la guerra

Uno de los errores más frecuentes al mirar 1936 es imaginar que España pasó de la normalidad a la guerra de un día para otro. No fue así. La guerra no estalló en un vacío. Llegó después de un deterioro profundo de la convivencia, de una crisis de autoridad y de una violencia política que fue colonizando la vida pública.

En Madrid, la calle se había convertido en territorio de disputa. Las organizaciones juveniles de izquierda y derecha competían por presencia, estética, disciplina y capacidad de intimidación. Uniformes, himnos, saludos, mítines y entierros eran parte de una política cada vez más militarizada. No todos los militantes eran pistoleros, ni toda movilización era violenta, pero el clima empujaba a los sectores más radicales a ocupar el centro de la escena.

Un estudio académico publicado en Culture & History Digital Journal, revista del CSIC, analiza la violencia política y el control del orden público en Madrid durante la Segunda República. El trabajo destaca que en la primavera de 1936 confluyeron fenómenos como la politización de los funerales, la movilización de la extrema derecha, la insubordinación militar y los tiroteos provocados por agentes o grupos que buscaban elevar la tensión. En ese marco sitúa precisamente los hechos relacionados con Anastasio de los Reyes y su entierro.

Aquello no significa que todos fueran igual de responsables ni que toda violencia tuviera el mismo origen. Significa algo más incómodo: el Estado había perdido capacidad para contener la escalada. Y cuando un Estado pierde el monopolio efectivo del orden público, la calle deja de ser espacio ciudadano y se convierte en una frontera de guerra.

Esquela de Anastasio de los Reyes López, fallecido víctima de un atentado en Madrid en abril de 1936
Esquela de Anastasio de los Reyes López, publicada tras su muerte y antes del entierro celebrado en Madrid el 16 de abril de 1936.

Un estudio publicado en Culture & History Digital Journal, revista del CSIC, sitúa los sucesos del entierro de Anastasio de los Reyes dentro de un clima de funerales politizados, movilización de extrema derecha, insubordinación militar y tiroteos en la primavera de 1936.

El control de las calles: la represión policial de las protestas y la violencia política en Madrid 

El entierro que agravó la herida

La muerte de Anastasio de los Reyes ya era grave. Pero lo que ocurrió después convirtió el caso en un símbolo aún más peligroso. Su entierro, celebrado el 16 de abril de 1936, derivó en nuevos enfrentamientos y disparos. La comitiva fúnebre se transformó en una demostración política contra el Gobierno y en un nuevo escenario de violencia.

Intercambio de disparos durante el entierro de Anastasio de los Reyes en Madrid en abril de 1936
Momento del intercambio de disparos durante el entierro de Anastasio de los Reyes en Madrid. Se observan guardias civiles, otros militares y varias personas tumbadas y agachadas en plena escena de violencia.

Las fotografías conservadas por la Biblioteca Nacional de España sobre el entierro del alférez muestran la dimensión pública del cortejo y documentan que fue atacado a tiros durante el recorrido por Madrid, incluido el entorno del Ministerio de Fomento y otros puntos de la ciudad.

Ese dato es clave. La España de 1936 no solo mataba vivos: también disputaba a los muertos. Los funerales se habían convertido en actos políticos de primer orden. Cada entierro podía ser usado como demostración de fuerza, como denuncia, como provocación o como llamada a la movilización. La muerte ya no cerraba el conflicto; lo alimentaba.

El funeral de Anastasio de los Reyes reunió a guardias civiles, militares, falangistas y sectores de la derecha que vieron en su asesinato una prueba del desorden republicano. En distintos puntos del recorrido se produjeron ataques, respuestas armadas, registros y detenciones. La ciudad asistió a una escena que parecía anticipar el lenguaje de la guerra: cortejos, pistolas, muertos, heridos, consignas y enemigos señalados.

No era solo dolor. Era poder. Cada bando quería imponer su interpretación del crimen. Cada muerto entraba en la contabilidad moral de la España rota.

La prensa como campo de batalla

La prensa de la época no se limitaba a informar. También construía clima. Los periódicos eran instrumentos de orientación política, altavoces de partido, trincheras ideológicas y, en ocasiones, fábricas de indignación.

El caso de Anastasio de los Reyes fue leído desde posiciones enfrentadas. Para la derecha, representaba la impunidad de la violencia revolucionaria y la incapacidad del Gobierno para garantizar la vida de quienes no pertenecían al bloque dominante. Para sectores de izquierda, en cambio, el relato podía quedar atravesado por la idea de provocación, reacción o confrontación entre grupos armados y uniformados.

El problema es que ambas lecturas, cuando se cerraban sobre sí mismas, contribuían a lo mismo: reforzar la convicción de que el adversario político ya no era un rival legítimo, sino un enemigo. Y cuando el adversario deja de ser adversario para convertirse en enemigo absoluto, la democracia entra en zona de derrumbe.

Por eso el crimen de Anastasio de los Reyes importa. No porque por sí solo explique la Guerra Civil, sino porque permite observar cómo funcionaba la espiral: un acto público, una provocación, un disparo, un muerto, un funeral, nuevos disparos, más muertos, más propaganda, más miedo y más deseo de revancha.

De Anastasio de los Reyes a Castillo y Calvo Sotelo

La memoria histórica del verano de 1936 suele concentrarse en dos nombres: José del Castillo y José Calvo Sotelo. El asesinato del teniente Castillo, vinculado a la izquierda republicana y socialista, y la posterior muerte de Calvo Sotelo, dirigente monárquico y figura destacada de la derecha, fueron acontecimientos decisivos en la aceleración final hacia el golpe militar.

Pero abril ya había avisado. El caso de Anastasio de los Reyes mostraba que la violencia política no era un accidente ocasional, sino una dinámica instalada. Madrid no esperaba serenamente el desastre. Caminaba hacia él entre choques, rumores, amenazas, entierros convertidos en manifestaciones y grupos dispuestos a responder a la violencia con más violencia.

Decir que Anastasio de los Reyes “hizo estallar” la Guerra Civil sería simplificar demasiado. La Guerra Civil tuvo causas profundas: crisis social, polarización ideológica, debilidad institucional, miedo revolucionario, conspiración militar, reacción antirrepublicana, conflicto agrario, violencia política y fractura cultural. Pero negar la importancia de episodios como el suyo sería igualmente injusto.

Su asesinato fue una de esas señales que, vistas con distancia, permiten entender que el país ya estaba en un punto de enorme deterioro. No fue la chispa definitiva, pero sí una llamarada visible en un paisaje lleno de gasolina.

Tres meses después, el asesinato de José Calvo Sotelo aceleraría todavía más la crisis final de la Segunda República y el camino hacia el golpe de julio de 1936.

José Calvo Sotelo y julio de 1936: la muerte que aceleró el golpe

Un crimen incómodo para todas las memorias

El caso de Anastasio de los Reyes resulta incómodo porque obliga a escapar de los relatos cómodos. No encaja bien en una memoria que presenta la primavera de 1936 como una normalidad democrática sin fisuras. Tampoco debe usarse como coartada para justificar el golpe militar ni la represión posterior. La historia no necesita propaganda de signo contrario para corregir una propaganda previa.

Lo que necesita es precisión.

Anastasio de los Reyes fue asesinado en un contexto de violencia política creciente. Su entierro acabó convertido en otro episodio sangriento. La calle madrileña se había transformado en un espacio donde el Estado tenía cada vez más dificultades para imponer orden sin agravar el conflicto. Y la muerte de un guardia civil podía ser leída inmediatamente como munición política por unos y otros.

Ese es el punto central. La violencia de 1936 no puede entenderse como una simple suma de crímenes aislados. Funcionaba como una cadena. Cada episodio alimentaba el siguiente. Cada víctima era incorporada a un relato de agravio. Cada funeral podía ser una demostración. Cada periódico aumentaba la presión. Cada partido señalaba culpables. Cada grupo armado se sentía legitimado para prepararse mejor.

La tragedia estaba en marcha antes de que se oyera el primer parte de guerra.

Cuando España empezó a vivir como si la guerra ya hubiera comenzado

La muerte de Anastasio de los Reyes enseña algo fundamental sobre la primavera de 1936: la Guerra Civil no apareció de repente, como un rayo en cielo despejado. Antes hubo un proceso de degradación, una pérdida progresiva de confianza en la legalidad y una normalización de la violencia como herramienta política.

En abril de 1936, Madrid ya era una ciudad de nervios rotos. Las calles estaban tomadas por símbolos enfrentados. Las organizaciones juveniles se comportaban con disciplina casi militar. Las fuerzas de seguridad eran vistas con sospecha por unos y como último muro de contención por otros. Los funerales podían terminar a tiros. La prensa amplificaba el miedo. Y la política parlamentaria parecía incapaz de cerrar la hemorragia.

Anastasio de los Reyes no fue el único muerto de aquella España convulsa. Tampoco fue el más recordado. Pero su caso ayuda a entender el clima moral y político de aquellos meses. Una sociedad no llega a una guerra civil solo porque existan diferencias ideológicas. Llega cuando esas diferencias se convierten en identidades irreconciliables y cuando matar al otro empieza a parecer, para algunos, una forma aceptable de hacer política.

Ese fue el abismo.

La Guerra Civil dejaría después miles de historias personales marcadas por la muerte, el miedo y las despedidas, como refleja esta carta escrita por un condenado desde la cárcel de Lorca.

La carta a su familia de un condenado en la Guerra Civil

Conclusión: el crimen que anunció el derrumbe

El asesinato de Anastasio de los Reyes no explica por sí solo la Guerra Civil. Ningún crimen aislado puede cargar con una tragedia de esa magnitud. Pero sí permite mirar de frente la España de abril de 1936: una España crispada, armada, dividida, incapaz de llorar a sus muertos sin convertirlos en bandera.

Su muerte y los disturbios de su entierro mostraron que el país estaba perdiendo los últimos frenos. Antes de Castillo y Calvo Sotelo, antes del 18 de julio, antes de los frentes y las retaguardias, ya había una violencia que atravesaba la vida pública y contaminaba todo lo que tocaba.

Recordar a Anastasio de los Reyes no significa convertirlo en arma política. Significa rescatar una pieza incómoda de aquel rompecabezas. Una pieza que recuerda que las guerras civiles no empiezan solo cuando hablan los fusiles. Empiezan antes, cuando una sociedad acepta que el adversario merece ser eliminado, cuando la calle sustituye a la ley y cuando los muertos dejan de ser personas para convertirse en munición.

Abril de 1936 no fue todavía la Guerra Civil. Pero Madrid ya olía a pólvora.


Fuentes consultadas

Israel Viana, ABC: artículo sobre el asesinato de Anastasio de los Reyes y los incidentes posteriores en Madrid.
Sergio Vaquero Martínez, Ruling the streets: the policing of protest and political violence in Madrid during the Second Republic, 1931-1936, Culture & History Digital Journal, CSIC.
Registro fotográfico del entierro del alférez Anastasio de los Reyes conservado por la Biblioteca Nacional de España, descrito en ArchiveGrid/OCLC.

Anastasio de los Reyes: el crimen olvidado que encendió Madrid en abril de 1936

¿Quieres recibir La Voz News?

Artículos y contenidos de La Voz News directamente en tu correo.
Sin ruido. Sin spam.

.

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.


Descubre más desde LA VOZ NEWS

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde LA VOZ NEWS

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo