Cómo Churchill trató de ocultar el radar a los alemanes

Las zanahorias han sido promocionadas durante décadas por su eficacia para mejorar la vista, por lo que generaciones de niños y niñas han sido advertidos del peligro de dejarlas en el plato. Sin embargo, el verdadero mentor en la sombra del uso de este tubérculo fue ni más ni menos el aparato de contrainformación británico en la Segunda Guerra Mundial.

En plena Batalla de Inglaterra el Gobierno de Winston Churchill justificó con la dieta rica en este tubérculo la portentosa agudeza visual de sus pilotos, que supuestamente servía para rechazar a los aviones alemanes. Estos aviadores, sin embargo, no tenían superpoderes: en realidad, los ingleses querían ocultar que algunos de sus aviones estaban dotados del “Airborne Interception Radar”, un novísimo sistema de detección que permitía identificar a los bombarderos nazis antes de llegar a su destino.

John ‘Cats eyes’ Cunningham fue considerado un héroe por haber derribado 20 enemigos; la propaganda atribuyó la proeza al consumo de zanahorias

Pese a que el Ministerio del Aire de la Gran Bretaña hizo correr la voz de que las zanahorias ayudaban a los pilotos británicos a ver a los atacantes incluso con oscuridad total, todo parece indicar que los alemanes no se tragaron el bulo. La inteligencia británica no quería que los alemanes descubrieran la verdadera razón del repentino aumento de bombarderos alemanes derribados, por lo que urdió una explicación que sonara plausible, aprovechando que los bioquímicos acababan de descubrir el mecanismo por el cual el déficit en vitamina A ocasionaba ceguera nocturna.

A partir de finales de 1940, la prensa británica comenzó a publicar historias extraordinarias sobre la excepcional visión nocturna de pilotos como John Cunningham , capitán del escuadrón 604 y más conocido por el apodo de Cats Eyes (ojos de gato) por su sorprendente capacidad para abatir por la noche al enemigo. Según los archivos de la RAF, John Ojos de Gato Cunningham consiguió 20 victorias aéreas sobre pilotos de la Luftwaffe. Sin embargo, Cunningham repudió el apodo cuando se propagó la teoría de que su puntería se debía a la enorme cantidad de zanahorias que ingería.

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John Cat Eyes se convirtió en el primer hombre capaz de derribar a un avión enemigo con ayuda del radar Airborne Interception Mark IV. A pesar de que a sus 23 años Cunningham nunca había volado en misión de combate, seis meses después fue agasajado como el piloto más exitoso de la RAF gracias a su habilidad para rastrear aviones enemigos en los cielos color carbón del Reino Unido. Se transformó en una verdadera estrella.

El bulo que no funcionó con los alemanes sí fue persuasivo con los ciudadanos ingleses. Tanto, que muchos se pusieron a comer zanahorias en cantidades exageradas (aprovechando que se trataba de uno de los pocos alimentos que abundaba en Gran Bretaña durante la II Guerra Mundial) con la esperanza de ver mucho mejor durante los apagones nocturnos que precedían a los bombardeos alemanes.

Churchill quería evitar que los alemanes supieran que algunos de sus aviones iban equipados con radar y que por eso se adelantaban a los ataques germanos

Según el World Carrot Museum, una web británica consagrada a la esta hortaliza y a su importancia histórica, la imposición del racionamiento comportó una grave escasez de víveres, lo que obligó al Reino Unido a buscar alternativas. El Ministerio de Alimentación (Food Ministry) británico elaboró abundante información sobre las bonanzas de la zanahoria para restar presión a otros alimentos que era imposible obtener durante la contienda.

La guerra motivó que viandas básicas como las manzanas, el queso y las cebollas, por ejemplo, fueran cada vez más difíciles de conseguir. En cambio, siguió habiendo abundancia de muchas hortalizas como las zanahorias, lo que llevó a las autoridades a intentar sacar partido de la situación.

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Un poster de la campaña en favor de que los británicos cultivaran sus propias verduras durante la guerra: 'Cava por la victoria'

Un poster de la campaña en favor de que los británicos cultivaran sus propias verduras durante la guerra: ‘Cava por la victoria’ (Science & Society Picture Librar / Getty)

El Ministerio de Agricultura británico utilizó todos los métodos a su alcance para sacar el máximo partido culinario a los pocos alimentos disponibles, ofreciendo todo tipo de ideas para ayudar a que las comidas fueran más interesantes. Fruto de ello se editaron libros como El ABC de la cocina que reivindicaban volver a lo básico. Parte de estos menús pudieron contemplarse en la exposición que tuvo lugar en marzo de 2010 en el Museo Imperial de la Guerra de Londres, con motivo del 70 aniversario de la introducción del racionamiento.

Entre los carteles que se exhibieron entonces, figuraba uno del Doctor Carrot y su compañero Potato Pete, dos de las creaciones más populares del Ministerio de Alimentación británico durante la II Guerra Mundial. El citado cartel reproducía a un doctor con cara de zanahoria que portaba en una mano un sombrero de copa y en la otra un maletín médico en el que podría leerse en letras mayúsculas “VIT-A”. El texto no inducía al equívoco: “Doctor Zanahoria. El mejor amigo de los niños”. Tan famosos se hicieron el Doctor Carrot y Potato Pete que hasta Betty Driver, una cantante que entretenía a las tropas, les dedicó una canción…

Aviones alemanes sobrevuelan Londres en uno de sus ataques

Aviones alemanes sobrevuelan Londres en uno de sus ataques (IWM/Getty Images / Getty)

Igual de heroicos cabe considerar a quienes cocinaron y comieron el pastel de Woolton (Woolton Pie), que tenía la zanahoria como ingrediente principal. El pastel tomó su nombre en honor del ministro de Alimentación británico, Frederick James Marquis, más conocido como lord Woolton, y fue descrito como “un pastel de carne, pero sin la carne”.

Debido a la escasez, el plato por el que siempre será recordado Woolton fue el pastel vegetariano cuya base eran, cómo no, las zanahorias. Aunque cada británico hizo su propia interpretación del pastel, la receta oficial se publicó en The Times en 1941 e incluía coliflor, tres o cuatro cebolletas, una cucharadita de extracto vegetal y otra de avena, así como perejil picado, entre otros ingredientes.

En tiempos de racionamiento, las autoridades británicas fomentaron el cultivo de hortalizas por parte de las familias

Aunque seguramente la visión nocturna de los británicos no mejoró en demasía, es posible que el aporte de pro-vitaminas vegetales favoreciera su salud física y psíquica. Tan de moda se pusieron las zanahorias, según Thomas Moore, director del Laboratorio de Higiene Alimentaria de Cambridge, que algunas mujeres llegaron a consumir entre dos y tres kilos semanales.

La realidad del mito de los superpoderes de la zanahoria es que la vitamina A o retinol, una vez se absorbe tiene, entre otros destinos, la retina, donde, por explicarlo sencillamente, se combina con una proteína denominada opsina, formando la rodopsina, que es un pigmento sensible a la luz responsable de la visión nocturna. Pero no por comer muchas zanahorias se ve mejor por la noche, ya que, una vez el cuerpo obtiene la cantidad de vitamina A que precisa para ejercer correctamente su cometido, almacena el resto en el hígado para cuando haga falta. El déficit en vitamina A se manifiesta en ceguera nocturna, pero su exceso no premia, en cambio, con visión nocturna.

Churchill pasa revista a soldados británicos en 1942

Churchill pasa revista a soldados británicos en 1942 (Universal History Archive / Getty)

Es decir, pese a aportar beta-caroteno, fibra, potasio, manganeso, vitamina B6, ácido fólico y niacina, el consumo de zanahorias no mejora la vida amorosa –como creían los romanos– ni otorga el superpoder de ver en plena oscuridad.

Algo así respondió Anton Chéjov , el formidable escritor ruso, al ser interpelado en una ocasión: “¿Me preguntan qué es la vida? Es como si me preguntaran qué es una zanahoria. Una zanahoria es una zanahoria, y punto”, dijo. Una frase que recuerda a la que pronunció un coetáneo suyo, Sigmund Freud, con indudable sentido del humor: “A veces un puro es solamente un puro”.

Origen: Cómo Churchill trató de ocultar el radar a los alemanes

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