Con 33 intervenciones cerebrales y secuelas: “El descontrol era total” | comunidad-valenciana/alicante | EL MUNDO

Katia Michel ingresó en 1995 en el Hospital de Alicante con un ataque epiléptico provocado por una malformación arteriovenosa de nacimiento. Tras atenderla, el doctor Juan Carlos Vázquez le propuso someterla a cateterismos para tratar de reducir lo máximo posible ese nudo de arterias inflamadas y evitar el flujo sanguíneo. Según le explicó, era el procedimiento habitual y previo con el que reducir la malformación para que un neurocirujano pudiera extirparla posteriormente.

«O te operas o te mueres», fue la frase que, según Katia, le convenció para someterse a las ocho primeras embolizaciones en el Hospital General Universitario de Alicante. «Allí todo fue correcto: tenía mi anestesista en cada operación, mis imágenes y mi documentación cuando acababa», explica.

Según ella, los problemas empezaron cuando Vázquez decidió derivarla –dentro del plan de choque de la Sanidad pública valenciana– a unas instalaciones arrendadas en la clínica privada Medimar de Alicante.

Desde enero de 2006, Katia pasó por una operación mensual, «a veces incluso me incluía dos en el mismo mes», asegura. «El médico me decía que la malformación ya se había reducido de seis centímetros a uno y yo pensaba: Ya queda menos».

Sin embargo, el 22 de abril de 2009, todo estalló. «Estábamos viendo la televisión y me empezaron a temblar las piernas. Llamé a mi marido y supe que algo iba mal». Ingresó en el Hospital de Alicante en coma inducido. Despertó días después, aunque con secuelas de por vida.

Tanto Katia como su marido, Antonio, sostienen que existieron irregularidadesdurante todo el procedimiento. Por ejemplo, las siete horas que los médicos se demoraron para poder evacuar la sangre del derrame cerebral. La causa, añaden, es que los facultativos que la atendieron carecían de imágenes que les indicaran la localización exacta de la malformación, para así no tocarla. «Tengo la cabeza llena de cráteres porque el cirujano iba a ciegas», explica Katia.

Según explican, el doctor Vázquez no había remitido copias al Hospital de Alicante y cuando desde allí las pidieron a la Clínica Medimar, tampoco las encontraron. La respuesta fue que el doctor borraba las imágenes y la documentación «por falta de espacio en el disco duro del ordenador».

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Cuando obtuvieron los resultados de las angiografías que el Hospital encargó para poder operar a Katia, estos revelaron que su malformación no medía un centímetro, -como afirmaba el doctor Vázquez-, sino 5,4 centímetros. «Comprobamos atónitos que, en todos estos años y tras todas esas operaciones, apenas se había reducido unos milímetros. ¿Qué es lo que había estado haciendo entonces el doctor Vázquez?», pregunta Antonio, entre la rabia y la tristeza.

Afortunadamente, Katia «resucitó» tras la intervención del neurocirujano pero con «secuelas estructurales e irreversibles». Y tras una larga y complicada recuperación, empezó a preparar junto a su marido la denuncia por lo Penal contra el médico que, en opinión de la afectada, «me ha truncado la vida».

En la vista preliminar aportaron la declaración de seis doctores, quienes ratificaron su versión. Por ejemplo, el neurocirujano que operó a Katia testificó que «[el testigo] no es radiólogo pero que le parece que el número de embolizaciones es elevado», una conclusión a la que también llegó el entonces subdirector médico del Hospital de Alicante, Luis Mena (hoy director médico) quien consideró que el número de intervenciones «no era el normal ni el descrito en la literatura médica», según su declaración.

Además, en el informe que el juzgado encargó al forense, éste apuntaba que «probablemente esta paciente, dadas las características de la lesión, no era buena candidata a ser introducida en el plan de choque y derivada a un centro privado, con la consiguiente desconexión del resto del equipo multidisciplinar». Y sobre el borrado de imágenes, el forense escribía: «de ser cierto este extremo, esta conducta podría considerarse una actitud imprudente, ya que borra información valiosa». Pese a todas estas pruebas, el juez decidió sobreseer la causa.

Expediente

No obstante, la Conselleria de Sanidad, a través del Hospital de Alicante sí decidió actuar y -tras una investigación pericial- abrió un expediente administrativo «por el caso de Katia Michel y otros independientes» (en total, una veintena, según han podido saber los afectados). Consultado por este diario a través de su departamento de prensa, el director médico del HGUA, Luis Mena se limitó a apuntar que «el doctor Vázquez fue expedientado y ya no forma parte de la plantilla de este hospital».

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Con los años, Katia Michel y su marido Antonio han ido conociendo otros casos similares al suyo y han recopilado información con la que pretenden reabrir el caso por lo Penal. De forma paralela, han presentado un expediente de Responsabilidad Patrimonial a la Conselleria de Sanidad, que en estos momentos se está tramitando.

La paciente alega «el descontrol en el tratamiento del paciente y por la injustificable violación del deber de custodia de los documentos, lo que provocó un retraso en la intervención quirúrgica que ha generado unos daños irreversibles».

UN INFORME CUESTIONA EL NÚMERO ‘INUSUAL’ DE EMBOLIZACIONES

El Grupo Español de Neurorradiología Intervencionista cree que el tratamiento realizado no estaba justificado
Un informe pericial del Grupo Español de Neurorradiología Intervencionista, avalado por seis profesionales colegiados y basado en la documentación aportada por esta paciente alicantina, «con información aplicable de forma objetiva», subraya que aunque «el número de sesiones de embolización es variable según los casos, la literatura disponible establece una media situada entre 1,67 y 3 sesiones», muy alejadas de las más de treinta a las que se sometió Katia Michel. Tras estudiar la periodicidad con la que se aplicaron las intervenciones y el hecho de que se inyectara un sólo pedículo por sesión, los peritos consultados consideran «que representa un esquema inusual de práctica en esta patología, como así mismo lo es el elevado número de procedimientos realizados, sin que la información aportada encontemos un argumento justificativo de esta práctica». El informe pericial concluye que la paciente Katia Michel fue diagnosticada correctamente de su malformación arteriovenosa cerebral y también muestran su acuerdo con la decisión inicial de proponerle un tratamiento endovascular. Subrayan que este tipo de intervenciones suelen llevarse a cabo de forma previa a una intervención quirúrgica, con el objetivo de reducir el tamaño de la Malformación Arteriovenosa (MAV). No obstante, matizan que «en cualquier caso, es imprescindible ponderar de forma individualizada la relación riesgo/beneficio de estos procedimientos, porque no existe evidencia de que el tratamiento parcial de una MAV cerebral mejore el riesgo hemorrágico a largo plazo. Incluso existe alguna evidencia de que tratamientos parciales pueden empeorar el curso clínico del paciente comparado con una lesión no tratada». En este caso en particular, (siempre matizando que su valoración pivota sobre los informes aportados) este grupo pone en duda el método de tratamiento, con el que solo pueden «mostrar acuerdo […] en lo referente alas primeras embolizaciones, si la finalidad era paa reducir el tamaño (de la malformación) con vistas a cirugía complementaria o se planteó en un ámbito paliativo para controlar síntomas, aunque no consta esta argumentación ni otra que justifique el tratamiento realizado». El informe, firmado por Fernando Fortea, presidenta del Grupo Español de Neurorradiología Intervencionista, destaca que el tratamiento de una malformación de este tipo debe ser una «decisión multidisciplinar», en la que estén involucrados todos los profesionales implicados, desde neurólogos, neurocirujanos, neurorradiólogos intervencionistas o radiocirujanos, que aporten criterios de indicación de tratamiento en función de las características de cada lesión, su forma de presentación, su previsible repercusión sobre la clínica del paciente por riesgo hemorrágico (como finalmente ocurrió con esta paciente), el no control de las crisis epilépticas o el desarrollo de déficit neurológico focal secundario e isquemia. Este acercamiento multidisciplinar no se produjo, al menos en lo que respecta a esta paciente.
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