El ‘Carnicero de Badajoz’ arrepentido: los mil suicidios del general Yagüe en la Guerra Civil

Juan Yagüe, en 1939 JALÓN ÁNGEL
Juan Yagüe, en 1939 JALÓN ÁNGEL

Fue uno de los bulos que más difundió la prensa durante el conflicto, desde el que decía que alguien le dejó una pistola en su celda al que aseguraba que se disparó en la cabeza después de matar a tres compañeros franquistas

La edición republicana de ABC, con sede en Madrid, fue el primer periódico que se hizo eco del rumor el 1 de agosto de 1936. Solo habían pasado dos semanas desde que se produjo el golpe de Estado que dio paso a la Guerra Civil, cuando un titular de este diario anunciaba: ‘Dos versiones sobre lo sucedido a Juan Yagüe’. A continuación, explicaba cada uno de ellos con todo lujo de detalles:

«Según afirman soldados evadidos de Córdoba, el miércoles por la noche hubo graves tumultos en parte de las fuerzas rebeldes, cambiándose numerosos disparos entre los que querían rendirse y los fascistas que se negaban a ello, al suponer que serían condenados a muerte. El coronel Yagüe procuró convencer a los soldados fascistas respecto a la conveniencia de abrirse paso hacia Sevilla. Cuando el faccioso estaba en lo mejor de su perorata, un cabo le descerrajó un tiro en la cabeza y dejó muerto al cabecilla.

La segunda versión de los desertores dice que Yagüe increpó desesperado a los facciosos que se tiroteaban entre sí, acusándolos de olvidar que, a corta distancia, tenían a las fuerzas que la República había mandado para castigarles. Con ello cesaron las descargas y, entonces, el jefe quiso arrancar a la tropa la promesa de intentar una salida hacía algún sitio ocupado por los rebeldes, pero esta permaneció silenciosa. Entonces Yagüe les increpó de nuevo, dirigiéndoles palabras injuriosas. Al ver que seguían impasibles, echó mano a la pistola, descargó tres tiros sobre los individuos que estaban junto á él y, en seguida, se dio un balazo en la sien».

Fue la primera vez que se habló del suicidio del «amigo íntimo de Franco y jefe de la rebelión en Córdoba», tal y como le definía este mismo diario, pero no la última. Hasta 1939, periódicos como ‘La Voz’, ‘Ahora’, ‘La Libertad’ o ‘Solidaridad Obrera’, todos republicanos, publicaron artículos cada cierto tiempo en los que se informaba sobre algún nuevo dato de paradero y su supuesto suicidio en diferentes lugares de la geografía española. Se trata de uno de los grandes bulos de la Guerra Civil recogidos por Federico Ayala y Mónica Arrizabalaga en su libro ‘La gaceta olvidada’ (Libros.com, 2022), junto a otros como las muertes de Franco, Jacinto Benavente, Joaquín Álvarez Quintero o el portero de la selección española de fútbol Ricardo Zamora.

El de Yagüe, sin embargo, fue el bulo más recurrente. Es como si el coronel soriano hubiera muerto y resucitado varias veces a lo largo del conflicto, tanto en sus enfrentamientos contra José Miaja como contra otros generales republicanos en su avance desde África hasta Madrid. Es curioso, porque llegó a Badajoz cuando ya se le había dado por muerto. Y allí protagonizó, junto a los tres mil soldados de su columna, una de las más cruentas batallas de la guerra. En las mismas fechas del ‘primer suicidio’, en la capital pacense resistían tres mil soldados repúblicanos con los que no tuvo ninguna piedad.

El 14 de agosto ordenó el asalto contra las murallas de la ciudad, en la que consiguió entrar y desencadenar una brutal represión que le valió el calificativo del ‘Carnicero de Badajoz’. Se dice que ejecutó a entre 2.000 y 4.000 civiles. Cuando el corresponsal del ‘New York Herald Tribune’ en la guerra, John T. Whitaker, le preguntó al respecto de lo sucedido allí, respondió: «Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Que iba a llevar cuatro mil prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contra reloj? ¿O que iba a soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez?».

Es imposible que el coronel hubiera perpetrado semejante escabechina si se hubiera suicidado dos semanas antes. Sin embargo, la cosa no quedó ahí. El mismo 1 de agosto, el periódico ‘Ahora’ recogía de nuevo la noticia del suicidio. El encabezado anunciaba: ‘Se asegura que el jefe faccioso coronel Yagüe ha puesto fin a su vida y que los rebeldes huyen de Córdoba’. En el artículo contaba también que, pocos minutos antes, les habría ordenado a sus hombres que se pusieran a salvo como pudieran, porque él ya no encontraba otra escapatoria. Al día siguiente, aportaba nuevos datos sobre el hecho.

Yagüe, en el centro, entrando con sus tropa en Barcelona, en 1939 ABC

El telegrama de Yagüe

Antes de que nadie pudiera confirmarlo, el bulo llegó a oídos de Yagüe, que en ese momento todavía se encontraba en Ceuta. Para evitar que se difundiera, días más tarde mandó un telegrama a Radio Tetuán en el que desmintió la falsa noticia. «Ni se había suicidado ni pensaba hacerlo. Para el ‘Diario de Burgos’ [en manos de los franquistas], este infundio era una prueba concluyente de la desorientación que reinaba en Madrid», apuntan Arrizabalaga y Ayala en su libro.

La idea del suicidio de coronel golpista volvió a resurgir todavía con más fuerza en 1938. En esta ocasión fue ‘Solidaridad Obrera’, que sembraba la duda con el siguiente titular en su edición del 10 de mayo: ‘¿Se ha suicidado Yagüe?’. El artículo afirmaba: «Se sabe de una fuente muy segura que el general faccioso ha sido detenido y encarcelado en Zaragoza con motivo del discurso que pronunció, recientemente, en el que vertió conceptos contra la invasión extranjera y los crímenes que se han cometido en la retaguardia de la zona rebelde. Circula también con insistencia el rumor de que el general Yagüe se ha suicidado».

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El 15 del mismo mes, el mismo diario profundizaba en el asunto: «Las noticias confirman la exposición verbal y patriótica de Yagüe y la subsiguiente prisión del orador. De su suicidio nada se sabe con certeza». El 24 aportó datos más precisos que habían sido «publicados por los mismos facciosos», según decía, para dar credibilidad. Y luego contaba: «Telegrafían de Gibraltar que el general Yagüe, recientemente detenido por haber pronunciado un discurso anti-italiano [el 19 de abril de 1938], se ha suicidado. Según esta Información, el revólver con el cual se quitó la vida fue colocado por una mano extraña en la habitación en que estaba arrestado». Un extremo que fue sostenido también por ‘La Libertad’, mientras ‘Solidaridad Obrera’ aseguraba que los falangistas ya le «estaban preparando unos funerales pomposos y sangrientos».

Yagüe, en 1936, al inicio de la Guerra Civil ABC

Muchas dudas, ninguna certeza

Durante las jornadas siguientes, este y otros periódicos siguieron informando al respecto, sin dar jamás la noticia por confirmada. Aportaban más dudas que certezas, rodeando al supuesto suicidio de Yagüe de un misterio sin igual en otros bulos de la guerra. Lo cierto es que, a finales de marzo, las fuerzas del coronel habían entrado en Cataluña. En un principio se dirigieron hacia Lérida, donde se encontraron con la dura resistencia de la 46 División de Valentín González ‘El Campesino’. El 15 de abril, la zona republicana quedó partida en dos con la conquista de Vinaroz y la consiguiente llegada al mar por parte de los republicanos.

Estos se encontraban en tan mal estado que los Ejércitos franquistas podrían haber invadido Cataluña sin demasiado esfuerzo, pero Franco decidió detener su avance en el Ebro y desviarse hacia Valencia para disgusto de Yagüe, que le había aconsejado justo lo contrario. El coronel censuró en privado esta decisión, lo que le valió una suspensión temporal del mando. Esa fue la razón de que los periódicos comenzaron entonces a preguntarse qué había sido de él, ya que empezó a desaparecer de la vida pública, aunque no estaba muerto.

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‘El ausente número dos’, titulaba ‘La Libertad’ el 5 de julio, en un largo artículo que seguía conjeturando con la muerte nuestro protagonista:

«Resulta de verdadero interés la triste odisea que arranca de una traición, la odisea de un militar destacado que cayó en desgracia entre sus mismos compañeros. Se dijo que Yagüe había pronunciado un discurso violento, como arrancado del dolor que le amargaba la conciencia, del dolor de contemplar el suelo nacional invadido, profanado y escarnecido por ejércitos extranjeros [en referencia a la Italia de Mussolini y a la Alemania de Hitler]. El discurso fue comentado por la prensa de aquí, de allá y de todas partes. Estaba dirigido a la cara de bermellón a manchas del generalísimo mil veces traidor. Tras él, comenzaron las suposiciones: ‘Lo han encerrado’, ‘lo han fusilado’, ‘se suicidó’, ‘lo tienen secuestrado’. La verdad, realmente, no la conocemos, pero nos importa bien poco lo que le suceda, le haya sucedido o le pueda suceder a tal capitoste arrepentido. Lo que sí aseguramos es que pronto será el ‘ausente’ segundo. Siga, pues, la racha. Que se les vayan ausentando rápidamente a los facciosos las principales figuras del drama».

Yagüe, efectivamente, no había muerto. Tras la guerra fue nombrado ministro del Aire por Franco, aunque no estuvo en el cargo ni un año. Posteriormente fue capitán general de la VI Región Militar, en Burgos, y durante la Segunda Guerra Mundial llegó, incluso, a tener relación con Hermann Göring. A pesar de su posición, participó en varias conspiraciones contra el dictador para restaurar la Monarquía. Murió en Burgos en 1952.

Origen: El ‘Carnicero de Badajoz’ arrepentido: los mil suicidios del general Yagüe en la Guerra Civil

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