El Estado Islámico cambia de estrategia ante sus derrotas

Del embrión de un stado, anunciado a los cuatro vientos, al regreso a la época menos lúcida de la insurgencia y la clandestinidad. Los prebostes del autodenominado Estado Islámico han comenzado a ejecutar una mudanza que amenaza con multiplicar los ataques terroristas lejos de los confines de un califato que se desmorona. Las derrotas en el campo de batalla, tras un periodo de victorias que construyeron su fachada de organización invencible y temida por sus enemigos, han forzado el cambio de estrategia.

A lo largo de 2015 los adláteres de Abu Bakr al Bagdadi perdieron un 14% del territorio conquistado. En los primeros seis meses de 2016, se retiraron de otro12%. Según un reciente informe de la firma de análisis IHS, el califato se extiende actualmente por unos 68.300 kilómetros cuadrados a caballo de Siria e Irak, una superficie algo menor de la que ocupa Castilla-La Mancha. Sus ingresos también se han resentido obligando a sus gestores a abrazar una austeridad que, entre otras medidas, ha recortado drásticamente los sueldos de los combatientes. El pasado marzo, según estimaciones de la citada compañía, sus arcas ingresaron alrededor de 56 millones de dólares, lejos de los 80 millones que contabilizaron un año antes.

“El IS [Estado Islámico, por sus siglas en inglés] está ajustando su narrativa,resaltando su alcance exterior, el abrumador poder aéreo de sus enemigos y la capacidad del Islam para sobrevivir a la muerte de los individuos. Está preparando a sus seguidores para nuevas pérdidas territoriales”, señala a EL MUNDO Firas Abi Ali, analista de IHS. La propaganda que una vez cantó las bondades de emigrar al califato o pregonó entre grandes alharacas el nacimiento de un nuevo Estado planifica ahora el día que sucederá al fracaso. Una de las muestras más evidentes de este volantazo se publicó el mes pasado en las páginas de Al Naba, el semanario del IS en árabe. “Los cruzados y sus aliados apóstatas viven con la ilusión de que serán capaces de eliminar todas las provincias del Estado Islámico de un plumazo, como si pudieran erradicarlo por completo y borrar cualquier rastro. (…) No podrán aunque destruyan algunas ciudades o asedien otras y maten a un soldado, un gobernador o un imán”, esbozó el editorial de aquel número.

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“Se está anticipando a retrocesos más significativos, ya sea por la pérdida de enclaves como Mosul y Raqqa [las capitales del IS en Irak y Siria respectivamente] o el fallecimiento de sus principales líderes como Al Bagdadi”, argumenta el analista Omar al Dulimi en conversación con este diario. “Se halla -agrega- bajo una creciente presión militar en Siria e Irak por organizaciones rivales como las fuerzas de seguridad iraquíes y las Fuerzas Democráticas Sirias. Ha tenido que adoptar una postura defensiva y está empleando su tiempo en reforzar sus trincheras en lugar de urdir ataques. A través de los discursos de sus dirigentes y sus publicaciones, el IS está rebajando las expectativas de sus militantes y advirtiéndoles de que se avecinan tiempos difíciles“.

Un reconocimiento de debilidad que viene marcado por una nueva táctica: responder a cada derrota con embestidas allende sus dominios, en ataques perpetrados directamente por sus células y sucursales o ejecutados por simpatizantes autónomos inspirados en sus llamadas a actuar allá donde residen. “Si quieren lograr la victoria definitiva -no lo harán, si Alá quiere-, tendrán que esperar mucho tiempo hasta que una generación entera de musulmanes que fue testigo del establecimiento del Estado Islámico y el regreso del califato haya sido liquidada”, aventuró el citado editorial.

El aviso de un horizonte henchido de recurrentes atentados que la inteligencia occidental ya admite abiertamente. “Todos somos conscientes de que habrá una‘diáspora terrorista’ fuera del califato cuando las fuerzas militares lo aplasten”, ha declarado el jueves el director del FBI James Comey. “Nuestro trabajo -ha señalado- es identificar a todos esos militantes y detenerlos antes de que lleguen a EEUU”.

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A juicio de Al Dulimi, “las derrotas en Irak, Siria y Libia han llevado al IS a acelerar su estrategia global en los últimos dos meses poniendo especial énfasis en motivar a sus partidarios en el exterior para que cometan ataques”. Para Raffaello Pantucci, director de estudios de seguridad internacional del Royal United Services Institute de Londres, existe el riesgo de que, antes de que el califato se despeñe, su violencia se traslade a otros escenarios. “El truco es anticiparse a su expansión y estar seguros de si, en realidad, el grupo se está expandiendo o son individuos locales que toman su nombre. En el primer supuesto, habría que interrumpir y detener las conexiones mientras que en el segundo existe la necesidad de comprometerse con los problemas locales que originan la ira”.

 

Origen: ELMUNDO

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