El infame asesinato de periodistas en la batalla de Teruel: el misterio nunca resuelto de la Guerra Civil

Kim Philby herido tras la bomba de Caudés (derecha) el 31 de diciembre de 1937, sobre la noticia de ABC sobre el ataque - ARCHIVO ABC
Kim Philby herido tras la bomba de Caudés (derecha) el 31 de diciembre de 1937, sobre la noticia de ABC sobre el ataque – ARCHIVO ABC

Durante la Nochevieja de 1937, el coche en el que viajaban cuatro importantes corresponsales que cubrían la batalla de Teruel fue bombardeado. Tres de ellos murieron y uno, Kim Philby, resultó sorprendemente ileso, en el que es todavía uno de los incidentes más oscuros del conflicto español

La batalla de Teruel es el enfrentamiento que más interés mediático despertó de la Guerra Civil. Los sublevados habían conseguido dominar la ciudad aragonesa sin apenas resistencia pocos días después del golpe de Estado, pero a finales de 1937 los republicanos la convirtieron en un objetivo estratégico para desviar el previsible ataque de Franco sobre Madrid. La lucha se libró en condiciones extremas, con temperaturas que alcanzaron los -25 °C, y estuvo rodeada de episodios extraños como el que vamos a contarle sobre un grupo de periodistas extranjeros.

El interés que rodeó al enfrentamiento de Teruel fue tan grande que los corresponsales extranjeros más prestigiosos acudieron a cubrirlo. Gracias a ello, la ciudad aragonesa fue portada de los periódicos más importantes del mundo durante dos meses. Con el bando republicano fueron Ernest Hemingway, Herbert L. Matthews, Ilya Ehrenburg, André Malraux, Henry Buckley, Sefton Tom Delmer, Jay Allen y Mathieu Corman, además de los fotógrafos Harry Randall, Kati Horna, Walter Reuter y Robert Capa. Con los sublevados, los protagonistas de nuestra historia, acudieron Harold Cardozo, William Carney, Peter Kemp, Edward NeilBradish JohnsonErnest Sheepshanks y el famoso Harold Kim Philby.

El segundo grupo se había instalado en el Gran Hotel de Zaragoza, el 29 de diciembre de 1937, junto a sus amantes, novias y esposas. El último día del año, el mando sublevado quiso trasladarlos lo más cerca posible del frente para que informaran de la reconquista de Teruel, ya que estaban convencidos de que sería un éxito. Neil (agencia Associated Press), Johnson (‘Newsweek’ y ‘Spur’), Sheepshanks (agencia Reuters) y Philby (‘The Times’) descansaban en la cercana localidad de Caudé cuando un proyectil impactó en el coche en el que se habían refugiado para combatir el frío mientras comentaban los últimos avances del frente.

Johnson murió en el acto. Neil falleció unos días después por la gangrena en un hospital de Zaragoza, con más de treinta heridas en las piernas y el abdomen. Sheepshanks pereció más tarde en un hospital de Monreal, a unos 50 kilómetros al norte. Tenía 34 años. Philby, sin embargo, resultó prácticamente ileso, con solo un pequeño rasguño en la cabeza como consecuencia de una esquirla de metralla. ¿Quién había disparado aquel obús contra los corresponsales? ¿Por qué a ellos y no a los otros periodistas? ¿Querían matarlos o fueron víctimas colaterales de la guerra? Desde ese día, la confusión entorno a este episodio creció tanto que acabó convirtiéndose en uno de los grandes misterios de la Guerra Civil.

La noticia en ABC

El 2 de enero, el ABC republicano, con sede en Madrid, informaba del suceso y se defendía de las previsibles acusaciones ante la tragedia:

«Creyó el mando rebelde que la intensa actuación de su artillería había acallado el fuego republicano y, convencido de que los periodistas no iban a recibir la menor impresión de la heroica lucha que sostiene nuestro ejército, ordenó que se dejara pasar a la caravana de la prensa extranjera a la carretera de Daroca a Teruel […]. En Caudé, un obús del siete y medio cayó sobre uno de los automóviles y quedó totalmente destrozado. Los oficiales de prensa de los traidores quedaron aterrorizados ante la responsabilidad contraída por haber cometido tan enorme imprudencia […]. El resultado de esta trágica excursión ha producido gran sensación en los periódicos de Francia e Inglaterra por el desprecio con que los rebeldes juegan con la vida de las personas».

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Por su parte, el ABC de Sevilladefensor de la causa franquista, dedicaba a los corresponsales muertos un artículo firmado por Manuel Sánchez del Arco, donde el autor hablaba de «un accidente desgraciado, un episodio más de la guerra». Y a continuación justificaba:

«Los periodistas extranjeros vieron la guerra desde el primer día. Nosotros no teníamos nada que ocultar. El Caudillo únicamente pedía lealtad a los informadores, y la verdad. Es terriblemente dura la misión del corresponsal en la guerra. Corren un riesgo personal sin límites si la misión se cumple con la honradez suficiente para que la verdad sea servida. Nuestro campo de batalla no tiene puertas y el acceso es libre. Las batallas que libra el Caudillo pueden ser vistas y descritas libremente, por eso Neil, Johnson, Sheepshanks y Philby pudieron acompañar a las columnas».

Hasta hace cuatro años, la Biblioteca Nacional (BNE) guardó entre sus fondos dos sobres con cuarenta fotografías que nunca se publicaron de los actos conmemorativos en Zaragoza por los tres corresponsales. En un principio se iba a celebrar el entierro, que incluso fue anunciado por los periódicos, pero los embajadores estadounidense y británico decidieron cancelarlo en el último momento y trasladar los cuerpos a Hendaya para que fueran repatriados desde allí. Los doctores Cenzano y Oliver embalsamaron a toda prisa los tres cadáveres, que fueron velados por la noche por sus compañeros, incluido Sánchez del Arco.

A la mañana siguiente, el general Moscardó, jefe del Cuerpo de Ejército de Aragón, presidió los actos. Los féretros fueron depositados en carrozas mortuorias y llevados hasta Portillo, desde donde viajaron en furgoneta hasta Hendaya acompañados por una banda militar. En ese momento, los diarios ya habían difundido varias hipótesis de lo ocurrido, las cuales solo diferían en pequeños detalles: que si el vehículo había sido alcanzado por un obús soviético o por dos, y que si los corresponsales se encontraban dentro del coche o merendando junto a él al aire libre.

Las sospechas sobre Philby

Sin embargo, hubo un detalle que sembró las dudas acerca de lo ocurrido en Caudé, sobre todo después de que se descubriera que Kim Philby era en realidad un espía de la URSS. ¿Por qué murieron tres de los periodistas y él salió ileso? La familia de Sheepshanks, uno de cuyos miembros es el historiador Hugh Thomas, siempre defendió que el corresponsal de ‘The Times’ asesinó a sus compañeros porque le habían descubierto.

Así lo contaba el prestigioso hispanista en una Tercera de ABC, en 2010, en referencia a un seminario en Cambridge al que acababa de asistir invitado para escuchar una charla de Philby a los dirigentes del KGB que había sido grabada en Moscú en 1977:

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«Al final le pregunté al funcionario estadounidense que había organizado la sesión si podía arrojar algo de luz sobre el accidente ocurrido en Caudé, pero se mostró escéptico. Opinaba que el coche había sido destruido por un proyectil de artillería y que el propio Philby había escapado de la muerte por los pelos. Esto es lo que el corresponsal contó a ‘The Times’, pero la historia probablemente tenga otra cara. Un secretario de la Embajada británica en Salamanca, cuyo nombre era Dupree, afirmaba que Sheepshanks le había dicho que Philby les había pasado a los rusos información sobre la posición estratégica de las tropas de Franco. Tom Burns, el destacado periodista católico inglés, parece que pensaba lo mismo, como relata su hijo en su fascinante libro ‘Papá espía’ […]. Philby iba en un sedán de dos puertas. Se había apeado del coche justo antes del bombardeo, quizás para orinar. Justo cuando volvía a él, el coche estalló en pedazos. En su crónica para ‘The Times’, del 3 de enero de 1938, Philby dice que él también estaba en el coche y describió más tarde su ‘buena suerte’».

Thomas continuaba después:

«Sin embargo, Dupree pensaba que, en realidad, Philby había puesto una granada en el maletero del coche en aquel momento, algo muy sencillo puesto que siempre llevaba ese dispositivo explosivo consigo para usarlo en caso de que le tendieran una emboscada […]. Mi impresión es que Philby asesinó a Sheepshanks y a sus dos compañeros en la carretera de Teruel. ¿El motivo? Que no lo desenmascarasen como agente de la Unión Soviética. Debería erigirse un monumento en Caudé y contar la verdadera historia. Cualquier clase de monumento sería un beneficio para el pueblo».

Matar a Franco

A Philby se le relacionó después con uno de los planes que Stalin puso en marcha para asesinar al futuro dictador. En su primer viaje a España, el corresponsal permaneció en nuestro país tres meses con una carta de recomendación del ministro de Exteriores nazi, Joachim von Ribbentrop. Al regresar, logró que ‘The Times’ le publicara un reportaje titulado ‘En la España de Franco’, el cual le abrió las puertas de su corresponsalía permanente en el bando sublevado y que él aprovecharía, supuestamente, para desarrollar su carrera como espía. Durante su cobertura, llegó a ser galardonado con la Cruz Roja al Mérito Militar por el mismo Caudillo.

Fue después de aquello cuando la bomba acabó con la vida de sus compañeros en Caudé, sin que se hayan encontrado pruebas concluyentes sobre quién fue el autor del ataque y cuál era la labor exacta de Philby como informante de Stalin. Durante años se puso en duda que este hubiera podido ser elegido por el dictador comunista para acabar con Franco, pues no le consideraban con agallas suficientes como para llevar a cabo semejante plan. Según los archivos desclasificados del Servicio de Seguridad británico (MI5), sin embargo, un general ruso que desertó a Gran Bretaña en 1940 reveló la existencia de dicha misión; y aseguraba que había sido encargada a un «joven inglés que era periodista».

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En el archivo personal de Nikolai Yezhov, líder del NKVD, seencontró otro informe con la confesión del general Walter Krivitsky después de que hubiera huido a Estados Unidos en 1938. Este decía: «A principios de 1937, la OGPU (policía secreta) recibió órdenes de Stalin para preparar el asesinato de Franco. El oficial Hardt fue instruido por Yezhov para reclutar a un inglés. Este lo contactó y lo envió a España. Era un periodista joven de buena familia, un idealista y fanático anti nazi. Antes de que el plan madurara, el propio Hardt fue llamado a Moscú y desapareció». Lo curioso es que, según ‘The Guardian’, en los márgenes de este documento había escrito «prob Philby» («probablemente Philby»).

La huida de Philby

Otro suceso que sembró las dudas sobre la responsabilidad de Philby es que, tras la bomba, regresó al Gran Hotel de Zaragoza a recoger a su pareja de entonces, Frances, y se marchó a Salamanca y Biarritz. El corresponsal de ‘The Times’ se esfumó del cortejo fúnebre sin razón aparente, a diferencia del resto de sus compañeros que permanecieron allí para redirles el homenaje pertinente. Un episodio sobre el que Enrique Bocanegra, autor de ‘Un espía en la trinchera’ (Tusquets, 2017), pasó de puntillas a pesar de repasar meticulosamente el paso del periodista por España.

La batalla de Teruel continuó hasta el 22 de febrero de 1938 y este episodio cayó en el olvido. El balance final fue de 54.000 soldados republicanos muertos y 43.000 sublevados. Allí Robert Capa escribió su única crónica de la Guerra Civil, publicada en el diario francés ‘Ce Soir’, en la que describía un panorama dantesco contaba:

«Fue un espectáculo horrible, más trágico de todo lo que habíamos visto hasta entonces. Más de cincuenta personas, mujeres y niños, en su mayoría cegados por la luz, nos mostraron sus rostros cadavéricos, manchados de sangre y mugre. Llevaban 15 días en el subsuelo, viviendo en un terror continuo, alimentados de restos de comidas de la guarnición y de algunas sardinas que les tiraban diariamente. Muy pocos tuvieron fuerzas para levantarse: hubo que ayudarlos a salir. Es imposible describir una escena tan penosa».

Origen: El infame asesinato de periodistas en la batalla de Teruel: el misterio nunca resuelto de la Guerra Civil

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