El lado aún más siniestro de Lenin, el inventor del régimen de terror que inspiró a nazis y fascistas

El historiador Stéphane Courtois firma la nueva biografía de una figura mitificada y, a la muerte de Stalin, apartada interesadamente por la propaganda soviética de los episodios más oscuros del comunismo

Al acceder a la secretaría de la URSS, Nikita Jruschov tenía claro que para salvar el todo había que sacrificar una parte de la sangrienta historia comunista. Para oponer ‘al gran Lenin’ frente al ‘malvado Stalin’, la propaganda soviética inventó el ‘Lenin bueno’, de aire bondadoso y manos limpias de sangre, «el mesías de la revolución mundial en nombre de la igualdad y de la justicia», que jamás habría aprobado las sucesivas purgas de su sucesor.

La imagen positiva que hoy perdura de Lenin es aún deudora de este desligamiento imposible realizado tras la muerte de Stalin. Imposible porque, como recuerda el historiador francés Stéphane Courtois en su biografía ‘Lenin, el inventor del totalitarismo’, editada en España por la Esfera de los Libros, Vladimir Ílich Uliánov no solo fue el ideólogo de una revolución violenta seguida de una represión interminable, sino el artífice de un régimen del terror que sirvió de modelo a socialistas, fascistas y nazis de todo pelaje.

El primer líder totalitario de la historia fue un hombre que desde los 25 años se dedicó únicamente a concebir y preparar la caída del régimen zarista. Su particular personalidad, «podría decirse que rara», es el punto de partida de la biografía donde el autor del ‘Libro negro del comunismo’ se plantea desmentir los mitos que rodean a Lenin y que permiten a muchos políticos actuales invocar sus bondades impunemente.

Portada del libro.
Portada del libro.

—¿Considera usted que Lenin era un hombre culto y formado?

—Lenin nació en el seno de una familia rusa culta, su padre era inspector de escuela y pudo hacer estudios secundarios y superiores –lo que no era muy corriente en Rusia– donde siempre ocupó un primer lugar. Formado en la cultura educativa de la época, el latín y los clásicos rusos, y en la disciplina y el trabajo, manejaba perfectamente la retórica y poseía una cultura libresca muy alejada de la realidad del pueblo. Desde 1895, únicamente interpretó a Rusia a través de una interpretación marxista que nada tenía que ver con una realidad en la que los campesinos formaban entonces el 85% de la población. Esto explica en parte la ruina total de Rusia, de la que él fue responsable de 1918 a 1922.

—¿Cuándo se produjo su despertar revolucionario?

—El joven Lenin, alumno ejemplar dentro de una familia moderna e hijo de un personaje notable ennoblecido por el zar, estaba abocado a un gran futuro profesional y social. Ahora bien, desde muy joven optó por la revolución más radical. Todo por dos traumas psicológicos. Primero, a los 15 años, la muerte repentina de su padre de un ictus cerebral, muerte que dejó a la familia en una difícil situación económica. Luego, a los 17, la condena a muerte y el posterior ahorcamiento de su hermano mayor, Alexander, que mientras estudiaba en San Petersburgo siguió los pasos de los terroristas rusos y participó en un complot para asesinar al zar Alejandro III. A partir de entonces, Lenin fue rechazado socialmente como miembro de una familia regicida y se le cerró cualquier posibilidad de hacer una carrera brillante. Siente entonces un violento resentimiento contra el poder y la sociedad entera, y opta por una revolución radical que se verá legitimada por una teoría marxista a la rusa. Por esa razón, en julio de 1918, organizará, personalmente y en secreto, el asesinato de toda la familia imperial.

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—¿Por qué sigue perdurando una imagen positiva de Lenin?

—Hay varias razones que lo explican. Por una parte, Lenin sólo estuvo en el poder de noviembre de 1917 a noviembre de 1922, fecha en la que ya no estaba en condiciones de dirigir nada. Durante dicho período, fue responsable de muchos crímenes, pero que estaban ‘legitimados’ por la guerra civil y, sobre todo, que no se conocieron bien hasta que se abrieron los archivos después de 1991. En su capítulo del ‘Libro negro del comunismo’, Nicolas Werth fue el primero en demostrar que todas las iniciativas homicidas de aquel periodo emanaban directamente de Lenin. Por otra parte, éste, incluso antes de su muerte en 1924, disfrutó de un formidable culto que le presentaba como un santo, el mesías de la revolución mundial en nombre de la igualdad y de la justicia. Por último, cuando en 1956 Jruschov atacó violentamente a Stalin en su ‘informe secreto’, señalándole como el único responsable de los crímenes comunistas, tuvo al mismo tiempo que legitimar el régimen con la única figura presentable, Lenin, su fundador.

«Incluso antes de su muerte en 1924, disfrutó de un formidable culto que le presentaba como un santo, el mesías de la revolución mundial en nombre de la igualdad y de la justicia»

—¿Por qué el comunismo sigue resultando una opción atractiva para las clases populares en muchos rincones del mundo?

—No hay que exagerar. El prestigio y la atracción del comunismo de tipo leninista están ya bastante mermados. No se le ocurra ir a cantar sus excelencias a la Europa central y oriental porque se encontraría con serios problemas. Pero es verdad que la idea de justicia e igualdad social en la que se basaba la propaganda comunista sigue siendo todavía bastante atractiva, en particular en una época en la que las desigualdades se acentúan. Sin embargo, hay que señalar que los regímenes comunistas han mantenido a las poblaciones en una gran mediocridad económica, que los comunistas siempre han sido ‘más iguales que los otros’ y que todo eso se ha pagado con el uso del terror de masas como método de gobierno, con todas las consecuencias que ello implica para la vida social: delación y miedo generalizados, fin del Estado de derecho, extinción de los valores democráticos y del respeto por la persona humana.

—En España, un vicepresidente y varios ministros no tienen problema a la hora de proclamarse como comunistas. ¿Cómo es posible que en una democracia sobrevivan herederos de un régimen totalitario de estas características?

—Esto nos remite a las consecuencias de toda la historia del siglo XIX y del XX. Por un lado, la victoria de la URSS sobre la Alemania nazi en 1945 permitió que el comunismo gozara un formidable prestigio entre la izquierda, pero también entre la derecha, como por ejemplo en Francia entre los gaulistas, tras su lucha común en la Resistencia. Después de 1945 hay una hipermnesia de los crímenes del nazismo, cuidadosamente alimentada por los comunistas y, en cambio, una amnesia organizada de los crímenes comunistas, tenazmente ocultados hasta 1991. El ejemplo de la matanza de los oficiales polacos en Katyn en 1940 es un ejemplo excelente. Y, aún hoy en día, el poder ruso, que está liderado por un excoronel del KGB, hace todo lo que puede por ocultar los crímenes del periodo soviético. Por otra parte, en muchos países el movimiento comunista se ha unido a una fuerte tradición revolucionaria anterior considerada muy legítima por un sector de la sociedad: la Revolución francesa y la Comuna de París, la guerra civil española.

Fotografía de Stéphane Courtois.
Fotografía de Stéphane Courtois.

—¿Estos nuevos comunistas han renunciado a los métodos leninistas?

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—La ‘memoria gloriosa’ de esa tradición enmascara la ‘memoria vergonzosa’ del comunismo y permite a los intelectuales y a los políticos, adeptos al primer régimen totalitario de la historia, utilizar los viejos métodos leninistas –agitación callejera, intimidaciones, provocaciones, propaganda engañosa, infiltración en las instituciones y organizaciones sociales, disciplina revolucionaria– y seguir soñando en una conquista antidemocrática del poder.

—¿Es compatible el leninismo con un sistema democrático?

—No. El comunismo de Lenin, pero también el de Stalin y Jruschov, Mao, Pol Pot, etc., es una visión totalmente utópica de la sociedad y del ‘hombre nuevo’. Esta utopía, por definición u-topos, el lugar que no existe –se opone de entrada a la realidad social, cultural, religiosa y política del país de que se trate. Por tanto, sólo se puede imponer mediante el terror de masas como forma de gobierno, añadiendo los tres monopolios: el del partido único, convertido en partido-Estado y del líder carismático, el de la ideología, merced a la censura de todos los medios de expresión –prensa, editoriales, enseñanza, medios de comunicación, etc.– y el monopolio del partido sobre todos los medios de producción y distribución de los bienes materiales –un excelente medio de presión cotidiana sobre sobre las poblaciones. Aquí tenemos la definición del régimen totalitario inventado por Lenin entre 1917 y 1922.

—¿Falta conocer más los crímenes comunistas?

—Desde la caída del muro de Berlín y la de la URSS en 1989-1991 y la apertura, incluso parcial, de los archivos soviéticos que ha provocado una revolución documental, los historiadores rusos y extranjeros han avanzado de forma espectacular en este terreno. ‘El libro negro del comunismo’, dio en 1997 una primera síntesis mundial que se perfila todos los días, aunque Vladimir Putin haga todo lo que puede por detener dicho movimiento. En Europa central y oriental, cada vez se conocen mejor los nombres de los verdugos y los miembros de las policías políticas. También en Camboya se han llevado casos ante un tribunal internacional. Pero el poder chino mantiene totalmente cerrados sus archivos, incluso sobre un acontecimiento reciente como la matanza de la plaza de Tiannanmen, cuando los mayores crímenes –¡unos 60-70 millones de víctimas!– se cometieron bajo Mao.

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—Usted recuerda que el régimen inventado por Lenin sirvió de modelo para fascistas y nazis. ¿Es equiparable comunismo y nazismo?

—Por supuesto, la estrategia y la táctica de conquista del poder que inauguró Lenin, y la posterior instalación del primer régimen totalitario, han sido copiadas inmediatamente en 1922-1934 por Mussolini que, no lo olvidemos, fue hasta 1914 uno de los líderes más radicales del socialismo italiano. Después Mussolini sirvió de modelo a Hitler. En cuanto a la comparación se impone al nivel de los tres monopolios: el partico único omnipotente, el líder carismático, la ideología del hombre nuevo (aunque una sea «de clase» y la otra «de raza») y el control de la sociedad –aún cuando Mussolini e Hitler se apoyaran sobre los capitalistas en lugar de destruirlos. Pero todos impusieron el terror de masas como método de gobierno. Además, la magnitud de los crímenes nazis se puede comparar con facilidad con la de la de los crímenes comunistas, tanto en cantidad como en métodos de ejecución mediante verdugos profesionales (NKVD, SS).

Lenin presentando sus Tesis de abril de 1917 ante el Sóviet de Petrogrado.
Lenin presentando sus Tesis de abril de 1917 ante el Sóviet de Petrogrado.

—Usted dice que Lenin «atacaba constantemente a sus rivales para instaurar una cultura de violencia y sumisión». ¿Percibes en los movimientos populistas actuales, VOX y Podemos en España, Trump en Estados Unidos, intentos similares?

—Sí, en sus escritos y sus discursos, Lenin siempre fue extremadamente agresivo con los que no estaban de acuerdo con él, desde los partidarios del régimen zarista hasta todos los socialistas rusos y europeos. Una vez en el poder, de esta agresividad pasó a la acción, con el exterminio puro y simple. Hoy en día, las cosas son diferentes. Es verdad que en Europa y en los Estados Unidos muchos grupos, movimientos y partidos mantienen discursos violentos, en mayor o menor medida, pero dentro de unas instituciones democráticas que, por el momento, siguen siendo sólidas. También hay que distinguir entre los grupos «endógenos» y los que se benefician de apoyos externos, en particular financieros –como todos los partidos comunistas que fueron apoyados económicamente por el Komintern y la URSS durante décadas–, sin los que no podrían sobrevivir.

—¿Le preocupa la situación al otro lado del charco?

—Es verdad que con Trump y el asalto al Capitolio, en el país más poderoso del mundo, donde las armas circulan masivamente y donde los odios están exacerbados, la situación es preocupante. Sobre todo, cuando suben o se fortalecen algunos poderes revolucionarios y/o totalitarios que refutan radicalmente los valores de democracia y el respeto a los seres humanos, como en China, en Rusia, en Irán o en Turquía. La Unión Europea sigue siendo por el momento un espacio donde esos valores están preservados y hay que defenderlos a cualquier precio.

*La traducción del libro y de esta entrevista la ha realizado Julia Escobar.

Origen: El lado aún más siniestro de Lenin, el inventor del régimen de terror que inspiró a nazis y fascistas

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