El lado más oscuro de Magallanes: el sangriento motín en San Julián

Muerte de Magallanes en la batalla de Mactán
Muerte de Magallanes en la batalla de Mactán

Que Fernando de Magallanes tenía también un lado oscuro, un reverso de acero, lo demostró precisamente cuando la expedición alcanzó San Julián y se revolvieron contra él tres de los cinco barcos

Entre finales de marzo y principios de abril de 1520, justo hace quinientos años, la expedición de Fernando de Magallanes arribaba en el paraje que llamaron Puerto de San Julián, a solo unos días de la Antártida, para pasar el invierno. Las provisiones se agotaban, los días se hacían más cortos y los hombres temblaban de frío. La gran aventura del siglo XVI vivió sus horas más sangrientas en aquella bahía.

El primer viaje alrededor del mundo resulta incomprensible visto desde la óptica actual dadas las imperfecciones de aquellos instrumentos náuticos y la construcción defectuosa de las carabelas. Solo se entiende la victoria de Sebastián Elcano por la fortaleza de los hombres conducidos inicialmente por Fernando de Magallanes, un marino portugués que, tras enemistarse con el Rey de Portugal, se desnaturalizó de este reino y ofreció al español Carlos I una empresa única.

Junto con el astrónomo Ruiz Falero, planteó al monarca hispánico una ruta alternativa para comerciar con Asia sin necesidad de emplear las ya establecidas por la corona portuguesa. El Habsburgo aceptó y permitió que en septiembre de 1519 partieran de Sanlúcar de Barrameda cinco bajeles, la Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago, con un total de 239 personas a bordo.

Un invierno rojo

Que Fernando de Magallanes tenía también un lado oscuro, un reverso de acero, lo demostró precisamente cuando la expedición alcanzó San Julián. Según Pigafetta: «Llegamos (31.03.1520) a los 49º y medio de latitud meridional donde encontramos un buen puerto, y como el invierno se aproximaba, juzgamos a propósito pasar allí la mala estación». Frente al frío extremo y la escasez de víveres tras seis meses de travesía, Magallanes decidió a finales de marzo reducir las raciones de comida en la tripulación y construir en tierra almacenes para las provisiones. Con pesca y caza en la zona costera esperaba obtener suficientes alimentos para retornar pronto la travesía.

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Monte Cristo, en San Julián, donde Magallanes mandó erigir una cruz
Monte Cristo, en San Julián, donde Magallanes mandó erigir una cruz

Fondeados en San Julián, varios oficiales y representantes del Rey exigieron a su capitán que cesara en su avance al considerar fracasada la expedición e imposible en esas condiciones encontrar el paso al Mar del Sur. En este grupo de opositores se encontraba Gaspar de Quesada, capitán de la nao Concepción, Luis de Mendoza, capitán de la nao Victoria, Antonio de Coca, contador de la armada, y Juan de Cartagena, veedor al que el Rey había puesto al mismo nivel de mando que Magallanes, además de Juan Sebastián Elcano, todo un desconocido que durante el posterior motín se hizo con la capitanía de la nao San Antonio.

Magallanes invitó a todos los capitanes, oficiales y pilotos a oír misa en un altar improvisado en tierra y luego a comer, ninguno de los oficiales reales fue

Magallanes hizo oídos sordos a las reclamaciones de este grupo que ya desde la salida de España se habían quejado del hermetismo y el espíritu poco dialogante del capitán naturalizado castellano. Se quejaban, entre otras cosas, de que Magallanes había incumplido el artículo 3º de la Instrucción recibida del Emperador y ni entregó a sus subordinados las cartas hechas para el viaje, ni les mostró la derrota a seguir.

El domingo de Ramos, 1 de abril de 1520, Magallanes invitó a todos los capitanes, oficiales y pilotos a oír misa en un altar improvisado en tierra y luego a comer. Solo el contador Coca y Álvaro de la Mezquita, sobrino de Magallanes y capitán del San Antonio, asistieron a la celebración litúrgica. El resto de oficiales estaban demasiado ocupados ultimando un motín.

Una guerra desigual

Juan de Cartagena no asistió a las celebraciones y en la madrugada si­guiente prendió la sedición. Amparados en la oscuridad, Cartagena y Quesada pasaron con treinta hombres de la Concepción a la San Antonio para prender a Mezquita. Juan de Elorriaga, maestre de dicho barco, recibió cuatro puñaladas en un brazo y murió por salir en defensa de su capitán. Los amotinados se hicieron con el poder en tres de los cinco barcos y enviaron un mensaje a Magallanes para requerirle el cumplimiento de las provisiones del Rey.

Retrato de Fernando de Magallanes
Retrato de Fernando de Magallanes

Antonio de Coca requisó las armas de los partidarios de Magallanes en la San Antonio y otorgó el mando de la nave al desconocido Juan Sebastián Elcano. A pesar de lo grave de su situación, Magallanes logró mantener la calma. Aprovechando que sus enemigos no podían salir a alta mar y, viendo que solamente contaba con la Trinidad, donde estaba embarcado, y el Santiago, envió un esquife, con cinco hombres armados a entregar una supuesta carta de rendición a Mendoza

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La Victoria, capitaneada por Mendoza, estaba fondeada en lo más interior de la bahía. Eso daba una oportunidad de oro a Magallanes. Cuando Mendoza se encontraban leyendo la misiva, los mensajeros del esquife cosieron a puñaladas al castellano y ayudaron a otro bote a asaltar el barco. La Concepción, de Gaspar de Quesada, cayó en la trampa, sin saber que Mendoza estaba muerto, de seguir el rumbo de la Victoria. Demasiado tarde se dio cuenta de que estaba en medio de un combate de tres contra dos.

Quesada avanzó contra los tres barcos fieles a Magallanes, fondeados aguas abajo de su posición, y recibió de golpe todo su fuego artillero. A pesar de que sus hombres juraron resistir con «hasta la muerte», la Concepción fue tomada con facilidad y la San Antonio se rindió más tarde al verse en inferioridad.

Una represión imcompatible con la aventura

La venganza de Magallanes fue desproporcionada y comprometió el futuro de una expedición ya bastante diezmada: 40 hombres fueron condenados a muerte sin proceso alguno (desde luego si lo hubo no ha quedado constancia documental) y gran parte de los mandos principales fueron sustituidos por portugueses y familiares de Magallanes. No obstante, la condena fue perdonada, incluida la que pesaba sobre Elcano, salvo en el caso de los cabecillas.

Grabado de los años 50 del siglo xix donde se muestra al marino Juan Sebastián Elcano
Grabado de los años 50 del siglo xix donde se muestra al marino Juan Sebastián Elcano

Luis de Mendoza y Gaspar de Quesada fueron descabezados y descuartizado. Sus cuerpos fueron puestos en una horca para pudrirse los cinco meses que esperaron en el sur de Argentina a que pasara el invierno austral para recordar constantemente que nadie podía desafiar a Magallanes. Que aquellos fueran oficiales designados directamente por el Rey plantea la cuestión de que, en caso de haber sobrevivido a la epopeya, probablemente Magallanes habría tenido que enfrentarse a una investigación en España.

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El clérigo Pedro Sánchez de la Reina y Juan de Cartagena fueron condenados al destierro el 7 de abril de 1520 y abandonados en las costas de la Patagonia. Su condición de grande de España salvó a Cartagena de la ejecución, si bien fue abandonado en un islote «con sendas taleguitas de bizcochos e sendas botellas de vino», lo que equivalía a una condena a muerte lenta e inmisericorde.

La condena fue perdonada, incluida la que pesaba sobre Elcano, salvo en el caso de los cabecillas.

A pesar del mal ambiente, Magallanes decidió permanecer en el Puerto de San Julián durante 147 días. Durante este período se produjo la pérdida de la nao Santiago, que había sido enviada a explorar algo más al Sur mientras los demás permanecían en el Puerto de San Julián. Dos supervivientes del barco encallado realizaron un penoso camino desde Puerto de Santa Cruz, donde se fue a pique la Santiago, hasta el puerto español, de manera que al menos los enseres y la mayor parte de la tripulación salvaron la vida.

Origen: El lado más oscuro de Magallanes: el sangriento motín en San Julián

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