El plan secreto (o no tanto) de la CIA para establecer una España federal tras el Franquismo

Un trabajador limpia el suelo con el escudo de la CIA en su sede central de Langley. - EPA
Un trabajador limpia el suelo con el escudo de la CIA en su sede central de Langley. – EPA

Iván Vélez, arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno, publica «Nuestro hombre en la CIA» (Ediciones Encuentro), una investigación sobre la actividad del comité español del Congreso por la Libertad de la Cultura

Si alguien afirmara que la CIA financió durante décadas a intelectuales españoles de la talla de Gonzalo Torrente Ballester, Julián Marías, Dionisio Ridruejo, José Luis López Aranguren, Pedro Laín, Buero Vallejo y hasta a Camilo José Cela, por mencionar unos cuantos nombres, para crear una oposición liberal al Franquismo sonaría más al argumento de una novela que a historia. Lo mismo sucede si esa persona dijera que fue la inteligencia estadounidense la que impulsó desde las sombras el europeísmo y el federalismo (en forma de autonomías) que han configurado la España actual. Y si rematara con la afirmación de que figuras clave de la izquierda española como Tierno Galván o José Luis Sampedro, el filósofo de los indignados, pasaron por

 las filas de este grupo cultural, lo más seguro es que al desdichado le pusieran un gorrito de aluminio o una camisa de fuerza, pero igualmente estaría diciendo la verdad.

Iván Vélez (Cuenca, 1972), arquitecto e investigador asociado de la Fundación Gustavo Bueno, lleva años tras la pista de este grupo cultural que dio forma a las líneas ideológicas de buena parte de la izquierda española no marxista. En su nuevo libro, «Nuestro hombre en la CIA» (Ediciones Encuentro), el conquense aparca por un tiempo sus trabajos sobre la conquista de México y se sumerge en el mundo del espionaje durante la Guerra Fría. Su larga investigación no deja lugar a dudas sobre la intensa actividad de lo que se denominó como el comité español del Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC).

A través de la Fundación Rockefeller y la Fundación Ford, distintos agente de la CIA pusieron en marcha a lo largo de la década de los sesenta un comité formado por un amplio espectro político de intelectuales desencantados con el Franquismo. El objetivo era sentar unas bases ideológicas sobre lo que debería ser España cuando se marchara el dictador, así como celebrar una serie de encuentros privados e iniciativas públicas, muchas de ellas recogidas por el diario ABC como muestra del escaso secretismo que las rodeaba, para desarrollar planteamientos críticos con el régimen.

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«De la misma manera que EE.UU. llevaba a cabo estrategias de carácter militar y económica para influir en el futuro de España, también lo hacía en el plano cultural. Para ello, se escogió a un grupo de literatos e intelectuales que estaba en una línea divergente, aunque no enfrentada, al Franquismo. Frente a la alternativa comunista que era real, ellos apostaron por una alternativa socialdemócrata liberal y europeísta que, además, sentó las bases ideológicas para las comunidades autónomas», asegura Vélez, autor de «Nuestro hombre en la CIA»(Ediciones Encuentro).

A través de la Fundación Rockefeller y la Fundación Ford, distintos agente de la CIA pusieron en marcha a lo largo de la década de los sesenta un comité formado por un amplio espectro político de intelectuales desencantados con el franquismo

La CIA tenía en la cabeza un proyecto de EE.UU. a escala europea, de ahí su insistencia por el federalismo, lo que en España fue entendido por muchos de estos intelectuales en clave de una fragmentación aún mayor. Lejos de la idea de que el nacionalismo excluyente invernó durante todo el Franquismo, Iván Vélez recuerda que en fechas tan tempranas como 1964 el Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC), en consonancia con el PNV y con Jordi Pujol, ya manejaba términos tan vigentes como derecho de autodeterminación, balanzas comerciales entre territorios, comunidades diferenciadas, federación de naciones…

«EE.UU, en todo caso, veía en esa idea de las comunidades un buen plan para dividir los apoyos comunistas, que creía mayoritarios, en unas futuras elecciones tras Franco. Pensaban que el sistema autonómico impediría que todo el poder cayera en manos comunistas», afirma Vélez.

La guerra por el futuro político

El Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC) mantenía bajo su órbita a un gran número de intelectuales a través de tres formas de invertir el dinero: bolsas de viaje, bolsas de libros que encajaban con sus objetivos y la organización de congresos. La lista de las personalidades que se cruzaron algún momento por las actividades del comité prácticamente incluye a todos los literatos opositores al Franquismo que no ocupaban postulados marxistas.

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«No eran ideas tan revolucionarias como para perseguirlas. Aunque hoy en día se quiera ver el Franquismo como un periodo monolítico, hay que recordar que el paisaje ideológica fue mucho más diverso de lo que puede parecer desde fuera. Convivieron muchas sensibilidades ideológicas… Desde falangistas que se hicieron antifranquistas, liberales que eran anticomunistas pero también antifranquistas, hasta elementos eclesiásticos que discrepaban del nacional catolicismo. Se ha simplificado todo en exceso», señala este arquitecto de Cuenca, quien pone como ejemplo de complejidad el caso de Ridruejo, uno de los falangistas fundadores que sirvió en la División Azul y más tarde se alejó del franquismo oficial hasta el extremo de volverse catalanista.

Fotografía de Iván Vélez
Fotografía de Iván Vélez

La batalla por el futuro de España estuvo enclavada en la lucha de bloques que caracterizó a la Guerra Fría. «El trabajo de la CIA era muy sutil y no eran los únicos extranjeros que luchaban por configurar el futuro político de España. Más allá del PCE teledirigido por la URSS, hay que recordar que el PSOE de Felipe González fue impulsado por la República Federal alemana, otro poder extranjero detrás del cual también estaba EE.UU.», apunta en una entrevista con ABC el autor de libros tan populares como «El mito de Cortés: de héroe universal a icono de la leyenda negra» o «Sobre la leyenda Negra».

Los miembros españoles del CLC se mantuvieron fieles al grupo, prácticamente en su totalidad, incluso cuando en 1966 el «New York Times» desveló la tutela que la Agencia realizaba sobre estos comités. El comité español se reconfiguró y se redujeron las partidas económicas durante un tiempo, pero ni siquiera una bomba informativa de ese calibre provocó su disolución. «La noticia no afectó casi en nada al comité. Tal vez lo de que fuera directamente la CIA causó algo de sorpresa, pero desde el principio se había hablado de que los estadounidenses estaban detrás. Es algo que incluso dijo Camilo José Cela, que como tenía cierta carrera literaria pudo ir por libre y no estuvo mucho tiempo en la órbita del CLC», considera el conquense.

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Fotografía de archivo de José Luis Sampedro,
Fotografía de archivo de José Luis Sampedro, – Gonzalo Cruz

El éxito del Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC) resultó evidente en el terreno ideológico, sirviendo muchos de sus ideas para redactar la Constitución del 78, no así en lo estrictamente político. Vélez destaca que «el grupo sobrevivió más allá del Franquismo, pero no fueron los triunfadores políticos de la Transición. Algunos fueron designados senadores por designación real, otros se integraron en las filas catalanistas y Tierno alcanzó la alcaldía de Madrid pidiendo que se colocara la gente. Sin embargo, sería el PSOE y otras fuerzas políticas de ese espectro quienes se repartieron el poder en los siguientes años. Digamos que esta gente llegó ya muy agotada, con muchos años, a la recta final del Franquismo».

Uno de los casos más paradójicos es el de José Luis Sampedro, considerado aún hoy el filósofo de referencia del 15-M, que perteneció a este comité sufragado por la CIA. «Si se mira su trayectoria no fue el rebelde que quieren algunos imaginar, sino una persona inserta en las estructuras del Franquismo con una evolución y una divergencia ya posterior. Tuvo una carrera literaria exitosa que ocultó al funcionario franquista que fue y le presentó con los años como un sabio, un gurú de la izquierda. Es una buena muestra de cómo las biografías se ajustan a los contextos ideológicos», concluye Vélez.

Origen: El plan secreto (o no tanto) de la CIA para establecer una España federal tras el Franquismo

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