4 septiembre, 2026

Vigo 1936: los fusilados de Pereiró y la represión contra la corporación republicana

Composición sobre Vigo en 1936, el cementerio de Pereiró y la represión franquista contra la corporación republicana
El cementerio de Pereiró conserva la memoria de los alcaldes, concejales y dirigentes republicanos fusilados en Vigo durante la represión franquista de 1936.

Los fusilados de Pereiró 1936 representan una de las páginas más duras de la represión franquista en Vigo. Tras el golpe militar contra la Segunda República, alcaldes, concejales, diputados y dirigentes socialistas fueron detenidos, juzgados sin garantías y ejecutados en el cementerio de Pereiró.

El 20 de julio, con la declaración del estado de guerra, Vigo quedó sometida al poder de los sublevados. La violencia se abrió paso en la ciudad y, muy pronto, los republicanos más visibles fueron detenidos, procesados y convertidos en ejemplo para escarmentar a toda una población.

La madrugada del 27 de agosto de 1936, varios representantes políticos y sindicales fueron fusilados en el cementerio de Pereiró. Entre ellos estaban Emilio Martínez Garrido, alcalde de Vigo, y José Antela Conde, alcalde de Lavadores. Junto a ellos cayeron diputados, concejales y dirigentes socialistas.

No fue una muerte casual.

Fue la eliminación de una parte de la Vigo republicana.

Vigo tras el golpe: la ciudad bajo estado de guerra

El golpe militar de julio de 1936 colocó a Vigo en una situación límite. La ciudad era un espacio obrero, portuario, industrial y políticamente activo. Había organizaciones sindicales, militancia socialista, republicanismo local y una ciudadanía movilizada en defensa de la legalidad democrática.

Cuando los militares sublevados impusieron el estado de guerra, la tensión se concentró en puntos simbólicos como Porta do Sol. Allí se produjo uno de los episodios iniciales más sangrientos, con disparos contra la multitud y una carga militar que dejó marcada la memoria de la ciudad.

A partir de ese momento, el nuevo poder no se limitó a controlar Vigo. Quiso depurarla.

Los sublevados buscaron a los responsables políticos de la ciudad, a los dirigentes socialistas, a los miembros de la corporación municipal y a quienes podían representar una continuidad con la República. La violencia militar se convirtió en violencia política organizada.

La intención era clara: desmontar el poder republicano y sembrar miedo.

La persecución de la corporación republicana

Los detenidos no eran delincuentes comunes ni hombres sorprendidos en una acción armada. Muchos de ellos formaban parte de la vida pública de Vigo: alcaldes, diputados, concejales, sindicalistas, funcionarios y dirigentes políticos.

Emilio Martínez Garrido, alcalde de Vigo, había intentado mantener el orden en la ciudad en los días críticos del golpe. José Antela Conde, alcalde de Lavadores, representaba también ese mundo municipal republicano que los sublevados no estaban dispuestos a tolerar.

La represión contra ellos fue un mensaje dirigido a toda la sociedad viguesa.

Si podían detener y fusilar a los alcaldes, nadie estaba a salvo.

La corporación republicana fue tratada como enemiga no por lo que hubiera hecho, sino por lo que simbolizaba: legalidad democrática, representación popular y continuidad de la Segunda República.

La acusación política se convirtió en condena.

El juicio irregular y las condenas a muerte

Los detenidos fueron sometidos a un procedimiento judicial marcado por la falta de garantías. El lenguaje de los vencedores intentó presentar como delito lo que, en realidad, había sido fidelidad a la República.

La paradoja fue brutal: quienes se habían sublevado contra el orden constitucional acusaban ahora a sus adversarios de traición o rebelión.

La justicia militar de los golpistas funcionó como una herramienta de castigo. No se trataba de esclarecer hechos con imparcialidad, sino de dar forma legal a una decisión política ya tomada.

Los procesados apenas tuvieron margen real de defensa. El nuevo poder necesitaba culpables, necesitaba escarmiento y necesitaba borrar de la ciudad a quienes encarnaban la democracia republicana.

La sentencia fue la muerte.

Los fusilados de Pereiró 1936

La madrugada del 27 de agosto de 1936, los condenados fueron trasladados al cementerio de Pereiró. Allí, junto a sus tapias, fueron fusilados.

El cementerio se convirtió en lugar de muerte y después en lugar de memoria.

Aquella ejecución no golpeó solo a las familias de las víctimas. Golpeó a toda la ciudad. Vigo veía caer a parte de sus representantes públicos, a hombres conocidos, a personas vinculadas a la vida municipal, sindical y política.

Entre los fusilados estaban Emilio Martínez Garrido y José Antela Conde. También Antonio Bilbatúa, Heraclio Botana, Ignacio Seoane, Apolinar Torres, Ubaldo Gil Santóstegui y Ramón González Brunet, nombres vinculados al socialismo, la UGT, la Casa del Pueblo y la representación republicana.

No eran una lista abstracta. Eran parte del tejido político y social de Vigo.

Su muerte buscaba decapitar ese mundo.

Emilio Martínez Garrido: el alcalde de Vigo

Emilio Martínez Garrido fue alcalde de Vigo durante la Segunda República. Industrial y socialista, representaba una ciudad que había entrado en la política moderna a través del municipalismo, el trabajo organizado y la esperanza republicana.

En los días del golpe, intentó evitar que Vigo se hundiera en un enfrentamiento abierto. Esa prudencia no lo salvó. Para los sublevados, su cargo, su militancia y su significado político bastaban.

Fue detenido, procesado y fusilado en Pereiró.

Su nombre se convirtió en uno de los símbolos de la represión franquista en Vigo. Recordarlo no es solo hablar de una víctima. Es recordar que el golpe no atacó únicamente a personas concretas, sino a instituciones democráticas enteras.

Cuando fusilaron al alcalde, también quisieron fusilar la legitimidad republicana que representaba.

José Antela Conde: Lavadores también fue castigado

José Antela Conde era el alcalde de Lavadores, municipio que años después sería anexionado a Vigo. Su presencia entre los fusilados recuerda que la represión no afectó solo al centro urbano vigués, sino también a los espacios obreros y populares del entorno.

Lavadores tenía una fuerte tradición social y política. En ese contexto, Antela Conde representaba una autoridad municipal vinculada al republicanismo y al mundo democrático que los sublevados querían destruir.

Su asesinato fue también un castigo contra Lavadores.

El mensaje era el mismo que en Vigo: toda autoridad republicana debía ser borrada, toda organización obrera debía ser desarticulada y toda memoria democrática debía quedar sometida al silencio.

Los otros nombres del 27 de agosto

Junto a los alcaldes fueron fusilados otros dirigentes y representantes públicos.

Antonio Bilbatúa, Heraclio Botana e Ignacio Seoane eran diputados socialistas. Apolinar Torres estaba vinculado a la Casa del Pueblo, al socialismo y a la UGT. Ubaldo Gil Santóstegui fue edil socialista. Ramón González Brunet también formaba parte de ese mundo sindical y socialista que el franquismo quiso aniquilar.

Cada nombre cuenta una parte de la misma historia.

No se trató de un castigo improvisado. Fue una operación contra la estructura política, sindical y republicana de Vigo. El objetivo era romper la red que había sostenido la vida democrática de la ciudad durante la República.

Los fusilamientos de Pereiró fueron, por tanto, una matanza política.

No solo mataron hombres. Mataron representación, militancia, municipalismo y futuro.

Vigo recoge el homenaje institucional en Pereiró a los alcaldes Emilio Martínez Garrido y José Antela Conde, fusilados en la madrugada del 27 de agosto de 1936 junto a Antonio Bilbatúa, Heraclio Botana, Ignacio Seoane, Apolinar Torres, Ubaldo Gil Santóstegui y Ramón González Brunet.

Enrique Blein Budiño: otro alcalde republicano asesinado

La memoria institucional de Vigo también ha recordado a Enrique Blein Budiño, primer alcalde de Vigo durante la Segunda República y vinculado al republicanismo local. Fue asesinado en diciembre de 1936.

Su caso amplía el mapa de la represión más allá de la madrugada del 27 de agosto.

El franquismo no se conformó con una sola saca ni con una sola ejecución. La represión continuó durante meses y años, castigando a quienes habían tenido protagonismo político durante la República.

Blein Budiño recuerda que la violencia no fue un episodio cerrado. Fue un proceso.

Una depuración larga, dirigida contra la memoria republicana de Vigo.

Pereiró como lugar de memoria

El cementerio de Pereiró conserva una carga simbólica enorme. Allí fueron fusilados aquellos representantes y allí se han celebrado homenajes institucionales para recordar a los alcaldes y políticos asesinados.

Homenaje en el cementerio de Pereiró a los alcaldes y políticos fusilados por el franquismo en Vigo en 1936
Homenaje en el cementerio de Pereiró a los alcaldes y representantes republicanos fusilados en Vigo en 1936. Foto: Alba Villar.

Durante décadas, muchas memorias familiares y políticas tuvieron que sobrevivir en voz baja. La dictadura impuso silencio. La democracia tardó en devolver plena dignidad pública a todas las víctimas.

Los homenajes en Pereiró son importantes porque hacen visible lo que durante mucho tiempo fue ocultado: que Vigo perdió a una parte esencial de su representación democrática por la violencia del golpe y la represión franquista.

Nombrar a los fusilados no cambia lo ocurrido, pero impide que el olvido termine el trabajo que empezó el miedo.

Como en la matanza de Torre Alháquime en 1936, las fosas, los cementerios y los lugares de memoria recuerdan que la represión franquista no fue una abstracción, sino una violencia concreta contra personas y comunidades.

Vigo y la Ruta de la Memoria

La memoria de la represión en Vigo no se limita a Pereiró. La ciudad conserva distintos espacios vinculados al golpe, la cárcel, los fusilamientos y la represión franquista.

En los últimos años, la memoria democrática ha ido ganando presencia pública a través de homenajes, monumentos y rutas que conectan lugares marcados por la violencia. Entre ellos aparecen referencias a Martínez Garrido, Lavadores, Teis, Monte do Castro y la isla de San Simón, antigua prisión del régimen en la ría.

Esos espacios permiten leer la ciudad de otra manera.

Cada placa, cada monolito y cada homenaje señalan que bajo la Vigo actual existe otra Vigo: la de quienes defendieron la democracia y fueron perseguidos por ello.

La memoria no es una carga. Es una forma de mirar la ciudad con verdad.

Por qué recordar Pereiró sigue siendo necesario

Hay quien cree que hablar de fusilados, alcaldes asesinados y represión franquista es remover un pasado cerrado.

Pero el pasado no está cerrado cuando durante décadas se impuso silencio sobre las víctimas. No está cerrado cuando la versión de los vencedores ocupó archivos, calles, escuelas y discursos públicos. No está cerrado mientras haya familias que heredaron miedo y ausencia.

Recordar Pereiró no significa alimentar odio. Significa reconocer hechos.

El 27 de agosto de 1936 fueron fusilados representantes públicos y dirigentes sociales de Vigo. Fueron asesinados porque encarnaban una legalidad y una esperanza política que los sublevados querían destruir.

Una democracia madura no debe temer a esa memoria.

Debe asumirla.

La represión franquista contra representantes republicanos, sindicalistas y vecinos señalados tuvo episodios similares en otras ciudades, como ocurrió en la matanza de Huesca en 1936, donde la tapia del cementerio quedó marcada por una de las jornadas más duras de Aragón.


Conclusión: la ciudad que perdió a sus representantes

La matanza de Pereiró en 1936 fue uno de los episodios más duros de la represión franquista en Vigo. En aquella madrugada fueron fusilados alcaldes, diputados, concejales y dirigentes vinculados al socialismo, la UGT y el republicanismo local.

Emilio Martínez Garrido y José Antela Conde simbolizan la destrucción de la representación municipal republicana. Antonio Bilbatúa, Heraclio Botana, Ignacio Seoane, Apolinar Torres, Ubaldo Gil Santóstegui y Ramón González Brunet recuerdan la persecución contra el mundo político y sindical de la ciudad.

El franquismo quiso convertirlos en advertencia.

La memoria democrática los ha devuelto como nombres.

Pereiró no es solo un cementerio. Es un lugar donde Vigo puede mirar de frente una parte oscura de su historia. Allí se cruzan muerte, silencio, dignidad y recuerdo.

Y mientras esos nombres sigan siendo pronunciados, la intención de los verdugos habrá fracasado.

Preguntas frecuentes sobre los fusilados de Pereiró en 1936

¿Qué ocurrió en Pereiró el 27 de agosto de 1936?

La madrugada del 27 de agosto de 1936 fueron fusilados en el cementerio de Pereiró varios representantes políticos y sindicales de Vigo y Lavadores, entre ellos los alcaldes Emilio Martínez Garrido y José Antela Conde.

¿Quién fue Emilio Martínez Garrido?

Emilio Martínez Garrido fue alcalde de Vigo durante la Segunda República. Fue detenido tras el golpe militar de julio de 1936, sometido a un procedimiento militar y fusilado en Pereiró el 27 de agosto.

¿Quién fue José Antela Conde?

José Antela Conde fue alcalde de Lavadores, municipio posteriormente anexionado a Vigo. Fue fusilado junto a otros representantes republicanos y socialistas en Pereiró.

¿Qué otros nombres fueron fusilados aquella noche?

Entre los fusilados figuran Antonio Bilbatúa, Heraclio Botana, Ignacio Seoane, Apolinar Torres, Ubaldo Gil Santóstegui y Ramón González Brunet, vinculados al socialismo, la UGT, la Casa del Pueblo y la vida política republicana.

¿Por qué Pereiró es un lugar de memoria?

Porque en el cementerio de Pereiró fueron fusilados representantes públicos y dirigentes sociales durante la represión franquista. Allí se han celebrado homenajes institucionales para recuperar su memoria y dignidad.

Fuentes consultadas

VigoÉ, noticias sobre los homenajes institucionales a los alcaldes y políticos fusilados en Pereiró en 1936.

Atlántico Diario, información sobre los actos de memoria histórica en Pereiró.

Cadena SER / Radio Vigo, información sobre la Ruta de la Memoria, los espacios de represión franquista en Vigo y la memoria democrática local.

Material histórico y memorialista sobre la represión franquista en Vigo, el cementerio de Pereiró, Emilio Martínez Garrido, José Antela Conde y los representantes republicanos fusilados en 1936.

Vigo 1936: los fusilados de Pereiró y la represión contra la corporación republicana

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