La caza de Rudolf Höss, el sanguinario jefe de Auschwitz: «Sólo fueron 2,5 millones de asesinados» – Archivo ABC

Rudolf Höss, en el momento de su ahorcamiento en 1947
Rudolf Höss, en el momento de su ahorcamiento en 1947

Este comandante puso en marcha las ejecuciones masivas y las cámaras de gas del famoso campo de exterminio polaco, y tras la Segunda Guerra Mundial estuvo prófugo un año, hasta que fue detenido y ahorcado cerca del crematorio que él mando construir

Robert Merle (Tébessa, Argelia, 1908 – París, 2004) fue el primero en escribir sobre uno de los personajes más siniestros de la Alemania nazi: Rudolf Höss, el sanguinario comandante de Auschwitz. Lo hizo solo siete años después de la liberación del famoso campo de concentración y de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, en una novela titulada ‘La muerte es mi oficio’ (Gallimard, 1952) que ahora reedita en España la editorial Narrativa Sexto Piso.

Novela de Robert Merle sobre Höss
Novela de Robert Merle sobre Höss – ABC

El autor explicaba en 1972 que a su novela nunca le faltaron lectores, a pesar de que, cuando empezó a prepararla en 1950, ya sabía que sería un libro «a contracorriente». La razón: que los recuerdos sobre lo acontecido en «la casa de los muertos», como se refería él a Auschwitz, «molestaban a la política de Occidente y se les dejó en el olvido».

Y añadía: «La parte esencial de la vida de Höss la conocemos gracias al psicólogo estadounidense Gilbert, que lo interrogó en su celda durante los juicios de Núremberg. El breve resumen de sus entrevistas, que Gilbert me transmitió, es infinitamente más revelador que la confesión escrita por el propio Höss, un poco más tarde, en su prisión polaca».

En 2015, otro best seller internacional narró la caza y captura del jefe de Auschwitz por parte de Hanns Alexander, un judío alemán que había combatido en el Ejército británico. El autor era Thomas Harding, nieto de este, que establecía en primer lugar las enormes semejanzas entre la infancia y la juventud de Höss y Hitler. Ambos tenían un padre autoritario, aunque el del primero era militar y el del ‘Führer’, un agente de aduanas; y los dos sufrieron una profunda metamorfosis personal durante la Primera Guerra Mundial.

Afilicación al partido nazi

Höss tampoco reconoció la derrota de Alemania en la Gran Guerra, lo que le llevó a afiliarse al partido nazi con solo 22 años. La violencia extrema no tardó en aflorar, pues, con la complicidad de Martin Bormann, asesinó a un presunto traidor del Partido por la Libertad del Pueblo Alemán, formación nacionalista, anticomunista y antisemita. Fue encarcelado entre 1924 y 1928 y, después, se unió a la Liga Artaman, un movimiento agrario dedicado a la pureza de la sangre en el que conoció a Heinrich Himmler. Como él reconoció, este encuentro en 1930 le cambió la vida para siempre.

Reportaje sobre los juicios de Núremberg en el 70 aniversario
Reportaje sobre los juicios de Núremberg en el 70 aniversario – ARCHIVO ABC

En junio de 1934 se unió a las SS y, en noviembre, comenzó su carrera más siniestra en el sistema de campos de concentración nazis. Dachau fue el primero al que fue destinado, donde aprendió la filosofía desarrollada por Theodor Eicke, basada en la dureza hacia los prisioneros. Aquello era el principio, pues fue ascendido a primer asistente del comandante del campo y, poco después, fue trasladado a Sachsenhausen como jefe de la guardia.​

En abril de 1940 se le ordenó presidir una comisión para estudiar la posibilidad de crear un campo de Auschwitz. El informe fue positivo y él mismo se encargó de supervisar su construcción entre mayo y octubre de ese año, y también de dirigirlo. El ascenso fue veloz y estaba dispuesto a no defraudar a sus superiores, por lo que pronto lo transformó en un gigantesco conglomerado de muerte: implantó los trabajos en régimen de exclavitud para convertir esas instalaciones en las más eficaces de la Alemania nazi y comenzó a ejecutar a los que no eran válidos.

Un grupo de prisioneras, en Auschwitz
Un grupo de prisioneras, en Auschwitz – ABC

Campo de exterminio

El ‘Animal de Auschwitz’, como fue bautizado, dividió el campo en tres grandes zonas: una de trabajo, otra administrativa y la de exterminio. En 1941 lo llamaron desde Berlín y le confiaron de manera secreta que Hitler había ordenado poner en marcha la Solución Final. El objetivo era acabar con la vida de todos los judíos y Höss no puso ni solo pero. Al contrario, rápidamente intentó optimizar el proceso de matar a más reclusos en el menor tiempo posible..

El primer método usado fueron los fusilamientos masivos y, a continuación, el gas Zyklon B. La idea fue sugerida por uno de sus hombres, Karl Fritsz. «Desde que las víctimas morían en las cámaras de gas, la vida en el campo cambió: ya no teníamos que soportar esos terribles baños de sangre que provocaban los fusilamientos», escribió el comandante de Auschwitz. Pero a finales de 1943 fue denunciado por corrupción y por dejar embarazada a una de las detenidas, y se le destinó a tareas burocráticas en la Inspección de Campos de Concentración (Amstgruppe D) de Berlín.

En ese momento ya se había casado con Hedwig Hensel, con la que llegó a tener cinco tres hijos y dos hijas, una de las cuales llegó a ser modelo de Balenciaga. Siempre alardeó de dejar los problemas del ‘trabajo’ fuera del hogar, tal y como explicó en sus memorias: «Cuando el espectáculo del trabajo me trastornaba demasiado no podía volver a casa. Ensillaba mi caballo y, cabalgando, me esforzaba por liberarme de mi obsesión. Cuando me invadía el recuerdo de incidentes ocurridos durante el exterminio, entonces salía de casa porque no podía permanecer rodeado por mi familia».

«Matar a gente no era problema»

Permaneció poco tiempo en aquel puesto menor, pues fue rehabilitado en su cargo en el peor momento: cuando la guerra ya estaba perdida y le encargaron asesinar a 450.000 húngaros. Su ímpetu fue tal que los crematorios no daban a basto. Tuvo que apilar los cuerpos en fosas comunes. «Matar a la gente no era problema. Podíamos eliminar a dos mil por hora, pero la cremación era más lenta y trabajosa. Ese inconveniente nunca lo pudimos resolver», reconoció el jefe de Auschwitz, que fue también el encargado de poner en marcha la huida de decenas de miles de prisioneros moribundos, sin ni siquiera abrigo, que jugaban el papel de muestras de enfermedades en sus experimentos.

Liberacion de Auschwitz en 1945
Liberacion de Auschwitz en 1945 – ARCHIVO ABC

En aquel momento, Höss ya había planeando su fuga. Primero se disfrazó de miembro de la Armada de su país, luego de ciudadano común y, finalmente, de campesino. Bajo estas identidades falsas logró estar prófugo más de un año y llegó a creer que los aliados jamás le encontraría. No contaba con Hanns Alexander, un judió aleman que, hasta la llegada del nazismo al poder, había llevado una vida comoda en el seno de una familia rica de Berlín, cuya casa era visitada por personajes como Albert EinsteinRichard Strauss Marlene Dietrich.

A partir de 1939 sirvió en el Cuerpo británico de Zapadores y, en abril de 1945, fue enviado al Equipo de Investigación de Crímenes de Guerra nº 1. Hanns actuó en principio como intérprete en los interrogatorios de los miembros detenidos de las SS. Después comenzó a actuar con tanta autonomía que él solo capturó al gauleiter de Luxemburgo, Gustav Simon. Lo siguiente fue la caza de Höss, cuyo rastro siguió hasta la frontera de Dinamarca. Su obsesión por el jefe de Auschwitz fue tal que dejó de la lado la ética. En primer lugar, amenazó a la esposa del nazi con la deportación de sus hijos a Siberia y agredió a estos en la propia casa familiar para que hablaran. Pata protegerlos, la madre reveló finalmente el paradero de su marido.

Confesión y pena de muerte

Tras su arresto en Gottrupel, en la forntera note de Alemania con Dinamarca, en marzo de 1946, fue llevado a los Juicios de Nüremberg. Allí aseguró que solo cumplía órdenes de Himmler, que era un «asunto de Estado» y que él jamás había matado a nadie con sus propias manos. Sin embrago, en un momento, uno de los fiscales comentó que en Auschwitz se habían asesinado a más de 3,5 millones de personas. Höss lo interrumpió con indignación: «Sólo fueron 2,5 millones. El resto murió por enfermedades o de hambre». Y ya no tuvo nada que hacer.

Fue entregado a las autoridades polacas y compareció ante el Tribunal Nacional Supremo de Polonia entre el 11 de marzo y el 2 de abril de 1947. Las crónicas cuentan que fue un acusado modelo que respondió a todas las preguntas que le formularon y que reconoció sus actos sin fanfarronadas ni quejas, a diferencia de los otros líderes nazis en el juicio de Núremberg. Tan solo se permitió comparar, a modo de excusa, el exterminio de los judíos en su campo de concentración con los bombardeos aliados de las ciudades alemanas.

Fue condenado a muerte y ejecutado el 16 de abril de 1947, a pocos metros del crematorio de Auschwitz y de la casa en la que residió con su familia en el campo. El historiados Laurence Rees asegura que su ejecución fue pospuesta un día por la presencia de miles de antiguos prisioneron. Hoss se subió al cadalso sin decir una palabra y, al final, fue ahoracado en presencia de pocos testigos. La horca en la que murió había sido construida por orden suya unos años antes.

Origen: La caza de Rudolf Höss, el sanguinario jefe de Auschwitz: «Sólo fueron 2,5 millones de asesinados» – Archivo ABC

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