Soldados alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, en una celebración con bebidas y tabaco Corbis via Getty Images
Soldados alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, en una celebración con bebidas y tabaco Corbis via Getty Images

Los nacionalsocialistas persiguieron el consumo de cigarrillos porque creían que era un peligro para la ‘raza’

En 1964, un informe publicado en EE.UU. que vinculaba la relación entre el tabaco y el cáncer de pulmón, daría el pie para el debate en contra de su consumo. Recién en la década del 70, se empezó a plantear que el tabaco podía ser nocivo durante el embarazo y el gobierno estadounidense creó una agencia estatal para luchar contra el tabaquismo. Sin embargo, la primera campaña masiva en su contra se había gestado en realidad mucho antes, aunque motivada por las razones equivocadas.

Entre los años 30 y principios de los 40, en la Alemania nazi se gestó el primer movimiento antitabaco moderno y se establecieron las primeras medidas para frenar su consumo. “A nivel científico fue muy importante. Los nazis fueron los primeros en demostrar que el tabaco causa cáncer de pulmón”, explica a La Vanguardia Robert Proctor, profesor de la Universidad de Stanford y autor de los libros The Nazi War on Cancer y Golden Holocaust: Origins of the Cigarette Catastrophe and the Case for Abolition.

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Eva Braun en Munich junto a un amigo no identificado, en los años 30

Getty Images

Sin embargo, el objetivo, al igual que el de todos los programas de salud pública impulsados por el régimen nazi -como la eutanasia o la esterilización forzosa-, estaba al servicio de lograr la pureza racial. “Los nazis querían crear una especie de utopía racial por lo que querían eliminar lo que veían como peligros para la raza”, dice Proctor y explica que “Esos peligros eran los judíos, los comunistas, los homosexuales, pero también el tabaco, ya que consideraban que hacía infértiles a las mujeres, que provocaba abortos -lo cual era cierto- y que dañaba la fuerza de los alemanes. Emprendían una guerra contra todo lo que consideraban que dañaba a la raza alemana. Por eso atacaban no sólo al tabaco, sino también a la radiación, los colorantes alimentarios e incluso el pan blanco”.

“La justificación de esa campaña era evitar que ‘ese veneno genético propiciase la degeneración de la raza aria’, como se podía leer en los panfletos nazis”, coincide el historiador, periodista y autor de numerosos libros sobre la Segunda Guerra Mundial, Jesús Hernández, y agrega: “La lucha contra el tabaco se encuadraba en la ‘limpieza racial’ que ya se estaba ejecutando, comenzando por la eliminación de las personas que mostraban defectos físicos o mentales y que culminaría con el exterminio de los judíos”.

Aunque respondían a esta siniestra agenda política, lo cierto es que los estudios científicos de los efectos del tabaco alemanes eran los más avanzados del mundo para esta época. En 1942, se fundó en Jena un Instituto Universitario con la misión de luchar contra el tabaco, bajo un presupuesto considerable. Müller en 1939 y después Schairer y Schöniger en 1943 demostraron no sólo la relación entre el cáncer de pulmón -y, en menor medida, las fallas cardíacas- y el consumo de tabaco, sino que también introdujeron la figura del “fumador pasivo”, señalando los efectos nocivos de inhalar el humo de segunda mano.

Bajo estos fundamentos científicos, se llevó adelante una campaña masiva en contra del tabaco, que incluyó prohibiciones para su publicidad y su consumo en espacios públicos y edificios gubernamentales, restricciones para los policías, militares y aviadores de la Luftwaffe mientras estuvieran en servicio, también para las mujeres -sobre todo las embarazadas- y los menores de 18 años.

Los nazis fueron los primeros que vincularon consumo de tabaco y cáncer de pulmón, según el historiador de Stanford Robert Proctor

La campaña fue especialmente efectiva en las mujeres. “No querían que las mujeres alemanas fumaran, pensaban que era un peligro para la reproducción, que causaba abortos -lo cual era cierto-, pensaban que las hacía feas. Tenían un eslogan que decía ‘Las mujeres alemanas no fuman’. Y eso realmente salvó vidas, evitó que muchas mujeres fumaran. La campaña antitabaco fue mucho más eficaz para evitar que las mujeres fumaran que los hombres.”, explica Proctor.

“No se podía fumar en edificios públicos, trenes, autobuses e incluso en el coche particular, ya que, en caso de provocar un accidente mientras fumaban, los conductores eran acusados de negligencia criminal. La publicidad del tabaco se restringió y se abrió el debate sobre si los fumadores tenían derecho a recibir los mismos cuidados sanitarios que el resto”, señala Hernández, y agrega que “La cajetilla se gravó con más impuestos para aumentar el precio y disuadir su consumo”.

Campanya nazi contra el tabac

Una ilustración de una campaña contra el tabaco en época del nazismo

wikimedia

Tal como indica Proctor en un artículo, “Una ordenanza del 3 de noviembre de 1941 elevó los impuestos sobre el tabaco a un nivel superior al que tenían hasta entonces (80-95% del precio de venta al público). Los impuestos sobre el tabaco no volverían a subir tanto hasta más de un cuarto de siglo después de la derrota de Hitler”.

Hernández asegura que Hitler también tenía pensado después de la guerra obligar a que las cajetillas incluyesen una advertencia de los efectos nocivos del tabaco para la salud. “La medida antitabaco más sorprendente, al avanzar una decisión que se tomaría medio siglo más tarde, era la propuesta del propio Hitler de incluir esos mensajes en los paquetes. En una ocasión, aseguró a Gretl Brau, una de las hermanas de Eva: ‘Antes de que me retire, voy a ordenar que todos los paquetes de cigarrillos que se vendan en mi Europa lleven bien marcada la inscripción: Peligro, el humo del tabaco mata’”. De la misma Eva Braun, sin embargo, se conservan imágenes fumando como la que se muestra más arriba.

La persecución contra el tabaco obedecía más a motivos raciales que estrictamente a razones de salud pública

La principal figura de la campaña era el propio Hitler. Se lo mostraba en portadas bajo el lema “Nuestro Führer no fuma” o en panfletos que apuntaban: “Hermano nacionalsocialista, ¿Sabes que tu Führer está en contra del hábito de fumar y piensa que cada alemán es responsable de sus actos y misiones frente a todas las personas, y que no tiene el derecho de dañar su cuerpo con drogas?”.

Hitler servía además como ejemplo para dejar el cigarrillo, ya que él lo había hecho durante su juventud, e incluso llegó a asegurar que el nazismo podría no haber triunfado si no hubiera dejado de fumar. Hernández explica que, en su caso, habría sido por motivos económicos, ya que notaba que el dinero que perdía en el tabaco podía servirle para comprar entradas de teatro. Según explicaba él mismo: “estaba yo en el puente que cruza el Danubio y me dije: Hay que terminar con esto. Entonces arrojé el cigarrillo a las aguas del río. Desde entonces, jamás volví a fumar”.

(Original Caption) Nazi smoking a cigarette. Undated photograph.

Un soldado encendiéndose un cigarrillo

Bettmann Archive

“Hitler era antitabaco y solía decir que los nazis ganarían la guerra porque Hitler, Franco y Mussolini no fumaban mientras que Roosevelt, Churchill y Stalin eran grandes fumadores. Pensaba que el liderazgo de las potencias aliadas se debilitaría y permitiría a las potencias del Eje salir victoriosas”, apunta Proctor. De ahí la preocupación por que los militares dejaran de fumar. “Los militares no debían fumar. Hitler en un momento dado dice que pueden perder la guerra por no impedir que los militares fumen”, dice el profesor de Stanford.

Si bien los índices de tabaquismo en Alemania aumentaron drásticamente en los primeros seis años de gobierno nazi, lo cual podía sugerir que los esfuerzos habían sido ineficaces, las políticas antitabaco se endurecieron hacia finales de los 30’ y para los primeros años de la guerra el consumo había empezado a disminuir. En los militares, por ejemplo, aunque había aumentado la cantidad de fumadores, se había logrado disminuir la cantidad total que fumaban. La pobreza de la posguerra redujo el consumo todavía más, y no fue hasta mediados de los 50 que se recuperaron los niveles de consumo previos a la guerra.

Proctor indica que “muchas de las políticas fueron efectivas, pero la industria del tabaco era muy poderosa y sobrevivió, incluso floreció. Gran parte de la técnica para negar la ciencia fue desarrollada por la industria del tabaco en la Alemania nazi. Durante los siguientes 50 años después de la guerra, la industria tabacalera negó que los cigarrillos causaran cáncer utilizando las mismas técnicas diabólicas desarrolladas por primera vez en el período nazi. Fue una guerra entre los nazis y la industria del tabaco. Y a la larga, cuando Hitler fue derrotado, la industria ganó”.

Proctor explica que “La destrucción de los nazis realmente perjudicó al movimiento antitabaco porque muchos de los líderes antitabaco eran nazis. Cuando el músculo político de los nazis fue destruido realmente se llevó el viento de gran parte del movimiento antitabaco”. Tal fue el caso del director del Instituto Jena contra el tabaco Karl Aster, que se suicidó en 1945. Un parecido desenlace tuvieron otros médicos y referentes del antitabaquismo como, por ejemplo, el jefe de la oficina de salud del Reich, Hans Reiter, quien había calificado al tabaco como “el peor enemigo de la salud de la gente”.

La vinculación entre nazismo y movimiento antitabaco lastró la políticas de salud pública contra el consumo de cigarrillos tras la Segunda Guerra Mundial

Después de la guerra, el antitabaquismo impulsado por el nazismo estaría atado al mismo destino que el de todas las principales políticas llevadas a cabo por el régimen. “La vinculación de la lucha contra el tabaco con el nazimo permitió a la industria del tabaco decir que estar en contra de los cigarrillos era pro-nazi, por lo que realmente perjudicó al movimiento anti-cigarrillo”, explica Proctor.

Hernandez coincide en que “Por desgracia, esa política antitabaco implantada en Alemania no tendría continuidad tras la guerra, quizás al estar vinculada al régimen nazi, y no sería hasta varias décadas después que los distintos países tomarían conciencia de los peligros del tabaco para la salud”.

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