La grabación perdida del asesinato de Kennedy: los tesoros ocultos que la historia olvidó

El coche presidencial, minutos antes de que Kennedy fuera asesinado en Dallas el 22 de noviembre de 1963 - ABC
El coche presidencial, minutos antes de que Kennedy fuera asesinado en Dallas el 22 de noviembre de 1963 – ABC

Los sorprendentes hallazgos del cazatesoros Nathan Raab, muchos de ellos ocultos por los diferentes gobiernos implicados, son recopilados ahora en el nuevo libro de Nathan Raab

Ya hace años que se puso a disposición del público las conversaciones privadas mantenidas por la tripulación del Air Force One, durante el traslado del cuerpo de John Fitzgerald Kennedy, el 22 de noviembre de 1963, hasta Washington. El presidente de Estados Unidos acababa de ser asesinado en Dallas y el país entero estaba todavía en shock. Se trataba de un audio de 30 minutos donde, sin embargo, hace no mucho descubrimos que en la cinta no estabas todas las conversaciones, sino simplemente un extracto seleccionado por el Gobierno de manera oficial. El resto fue omitido.

Steven Raab, un cazatesoros que lleva años buscando dentro y fuera de Estados Unidos todo tipo de documentos relacionados con momentos importantes de la historia del país, o con sus celebridades culturales y políticas, llamó en 2011 desde una pequeña casa de subastas de Filadelfia a su hijo y socio, Nathan, para informarle de que tenía una colección de material de JFK que había perteneció al general Chester Clifton Jr., principal asesor militar del Kennedy. Aunque este había muerto en 1991, había viajado a bordo del Air Force One tras el asesinato del presidente.

Entre este material había un cuaderno de bitácora con las actividades diarias en Kennedy y la primera dama, Jackie; una carta escrita por el presidente en la que sugería bautizar a los submarinos Polaris en honor a los héroes de la Segunda Guerra Mundial Douglas MacArthur Chester Nimitz. Pero entre todo esto, el verdadero hallazgo fue una caja de cintas de audio que padre e hijo no esperaban encontrar. Dos de ellas, fechadas el 22 de noviembre de 1963, llevaban pegadas sendas etiquetas que decían: «Tráfico a bordo de la Fuerza Aérea-1» y «Tráfico de radio de AF-1 en vuelo desde Dallas, Texas, a Andrews», respectivamente.

La autopsia

En total, dos horas y 22 minutos cada una con todas las conversaciones desconocidas hasta ese momento a bordo del avión presidencial, que se produjeron solo dos horas después de que el presidente hubiera sido disparado en la cabeza. En ellas participan los miembros del Gobierno y los colaboradores más de Kennedy, además de Chester. Por ejemplo, Jerry Behn, el jefe del Servicio Secreto, que debatía sobre lo que deberían hacer con el cadáver del presidente y cómo actuar con la viuda. Incluía también las transmisiones entre el Air Force One y la sala de emergencias de la Casa Blanca, así como con otros lugares importantes del protocolo en los momentos inmediatamente posteriores al magnicidio, además de la discusión sobre la autopsia.

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Estas dos cintas fueron creadas antes de que la versión oficial y muy editada fuera hecha pública y depositada en la Biblioteca LBJ de Austin en 1968, cinco años después del crimen más famoso del siglo XX. Una versión muy corta si tenemos en cuenta que el vuelo duró cuatro horas. «Sabía que nos habíamos topado con algo que cambiaría la historia», explica a «Daily Mail» Nathan Raab, vicepresidente de Raab Collection, la casa especializada en documentos históricos creada por padre e hijo que compró la cintas.

Tal era su valor histórico que llegaron a valorarlas en nada menos que medio millón de dólares, debido a las «noticias explosivas que incluían, sobre un episodio que ha fascinado enormemente los entusiastas de las teorías de la conspiración, a los historiadores y al público en general». «Mientras que los estadounidenses buscaban respuestas al asesinato de Kennedy, en algún granero todavía existían estas cintas, que son un descubrimiento crucial de la historia de Estados Unidos», comentaba Nathan ya en 2001. Y, de hecho, en ellas se habla del destino original para el cuerpo de JFK, el Hospital Walter Reed, y no donde fue llevado finalmente: el Hospital Naval Bethesda. Y también las conversaciones inéditas de, por ejemplo, Curtis LeMay, jefe del Estado Mayor de Defensa y uno de los adversarios políticos más importantes de Kennedy. ¿Por qué su nombre fue borrado de las grabaciones oficiales que se hicieron públicas en 1968?

Benjamin Franklin y Abraham Lincoln

Este y otros descubrimientos son ahora revelados en el libro «The Hunt for History, On the Trail of the World Lost Treasures» (La caza de la historia, en busca de los tesoros perdidos), publicado en la editorial Scribner. Raab incluye también en sus páginas una carta de amor escrita por Martin Luther King Jr. desde la cárcel de Georgia a un amor misterioso. Otra de nada menos que Benjamin Franklin, uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, en la que se lamenta de su abuso del opio.

Benjamin Franklin
Benjamin Franklin

Según informa «Daily Mail», personas de todo el mundo contactan con Raab con la esperanza de saber si un artículo o documento histórico que poseen es realmente valioso y cómo venderlo, en el caso de que no sea un simple falsificación. «Todos los días reviso docenas de documentos en busca de alguna joya histórica. Algunos son realmente valiosos, aunque la mayoría no lo son», comenta al diario británico.

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En 2012, Raab Collection también puso a la venta por 900.000 dólares (700.000 euros) la declaración de la Guerra Civil de Estados Unidos por parte del presidente Abraham Lincoln, el 19 de abril de 1861, una semana después del inicio del conflicto armado que enfrentó a los estados a favor y en contra de la esclavitud. Un documento en el que el conocido como «Gran Emancipador» ordenó el bloqueo de los puertos de las tropas confederadas.

Ronald Reagan

Según el dictamen del Tribunal Supremo de Estados Unidos, dicha proclamación marcó el inicio de la Guerra Civil, que concluyó en 1865 y es considerada hoy una de las más sangrientas en la historia del país. Había perteneció a un ciudadano privado que ha pedido el anonimato, al igual que muchos de los tesoros encontrados y vendidos por Raab Collection en la última década. Por ejemplo, otra carta de su primer presidente, George Washington, durante su estancia en Valley Forge (Pensilvania), donde acampó con sus tropas para planear futuros ataques contra los británicos.

Ronald Reagan y su hija Patti
Ronald Reagan y su hija Patti

También vendió un documento en el que Napoleón Bonaparte «dio la orden para invadir la Península Ibérica», según comentó Nathan Raab. Y encontramos también en su libro varias cartas personales del también presidente Ronald Reagan. Una de ellas a su hija, Patti Davis, en la que pedía reconciliarse con ella cuando se enteró de que esta iba a publicar sus memorias. «Patti, estás lastimando a tus padres, pero sobre todo te estás lastimando a ti misma. No éramos una familia disfuncional. Tengo recuerdos de una niña acurrucada en la silla conmigo pidiéndome que me casara con ella […]. Por favor, no nos robes los recuerdos de la hija a la que realmente amamos y a quien extrañamos. Con amor, papá», le suplicaba. Pero al final las publicó igualmente en 1992.

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También había otras misivas del presidente republicano para su viejo amigo de Hollywood, George Murphy. Estas últimas fueron encontradas en una joyería cerca de Chicago y en ellas llamaba al senador Ted Kennedy el «playboy de Massachusetts», lamentaba el veneno diario difundido por el “New York Times” y el “Washington Post”» y se quejaba de que el exvicepresidente Walter Mondale «mentía con la boca pequeña» cuando aseguró que este quería cortar el Seguro Social.

«Queda mucho por explorar. Escondidos en áticos y sótanos, colgados en las paredes, archivados en los armarios… en todo el mundo hay tesoros que todavía tenemos que encontrar. Sueño con algún gran hallazgo histórico, algo que nadie más haya visto en eones, un vasto tesoro de documentos, cartas u objetos importantes. Un hallazgo que cambie nuestra visión de la historia misma», comenta el autor.

Origen: La grabación perdida del asesinato de Kennedy: los tesoros ocultos que la historia olvidó

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