La historia de cómo miles de niños judíos sobrevivieron al horror de la Segunda Guerra Mundial – Historia – culturacolectiva.com

 

 

Las guerras y conflictos bélicos nos han mostrado el poco nivel de empatía y tolerancia que tiene el ser humano; muchas son las muestras de la falta de escrúpulos e insensibilidad del hombre.
La Segunda Guerra Mundial es un ejemplo de cómo las personas pueden llegar a cometer crímenes atroces por defender una ideología que ignora cualquier tipo de diálogo o inclusión.
La actualidad no está exenta de este tipo de conflictos, se ha vuelto común ver en los medios de comunicación noticias sobre atentados, asesinatos, violencia y crímenes de odio, que son un claro ejemplo de la deshumanización que estamos viviendo.

A lo largo de estas últimas siete décadas, desde que aquel conflicto mundial, feroz y sangriento, llegara a su fin, las historias de personas que decidieron armarse de valentía y coraje para salvar de un oscuro futuro a tantas otras no dejaron de asombrarnos y hacernos  pensar sobre los miles de héroes anónimos que hay en el mundo. En este caso, pondremos nuestra atención en Irena Sendler, quien supo ser un ángel en la tierra, como fue llamada por muchos.

Nacida en Polonia como Irena Krzyżanowski, en el seno de una familia católica, pudo haber sido una joven más en el mundo, pero el destino marcaría dirección hacia otra parte. Su relación con la comunidad judía comenzó desde temprana edad, pero ésta se afianzaría debido a un hecho trágico en su vida. Su padre, médico de profesión,  falleció al contraer tifus después de atender pacientes rechazados por sus colegas; la mayoría de ellos eran judíos.
Su personalidad fue marcada por valores humanitarios y de apoyo a los demás, como ella misma afirmó: “Una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o nacionalidad”.

Los líderes de la comunidad judía se ofrecieron a pagar sus estudios en la Universidad de Varsovia,  misma de la que fue suspendida por dos años, al rechazar el sistema discriminatorio establecido. Pasado este tiempo y al convertirse en adulta, Irena se dedicó a la enfermería y trabajo social.

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Era 1939 cuando Alemania invadió Polonia y la guerra comenzó. Debido a esto decidió unirse al Departamento de Bienestar Social de Varsovia, donde puso un esfuerzo ayudando a niños, ancianos y enfermos. Su labor era proporcionarles comida, medicamentos y ropa, para ayudar a que sus condiciones de vida fueran un poco mejores.

En 1942 la guerra se había extendido a otros países y no parecía que se acercara el fin. Hacía ya dos años de la creación del Gueto en Varsovia, lugar donde se confinaban a los judíos para después ser enviados a los diferentes campos de concentración, principalmente al de Treblinka; la escasez de comida era demasiada y las epidemias no se hicieron esperar. Por esta causa Irena, junto a un equipo de colaboradores, comenzó a asistir de distintas maneras a la población y a solidarizarse con ellos en diferentes actos, por ejemplo, usaron la Estrella de David como símbolo de apoyo.

Después de presenciar la situación que vivían cientos de personas ahí dentro y el futuro incierto que les esperaba, decidió actuar, llevándose a niños y bebés cuando se retiraba de sus labores.  Gracias a esto le salvó la vida a miles de infantes y les dio una nueva esperanza. Muchos padres no dudaron en dar a sus hijos a la joven enfermera que les ofrecía una alternativa para los pequeños, pero otros no lo consideraron ni un momento y fueron trasladados junto con ellos a los campos de concentración.

Cada niño era sacado de distinta manera, a algunos los hacia pasar por enfermos y los trasladaba en ambulancia, otros eran transportados en botes de basura, en cajas de herramientas, en canastos y hasta en ataúdes, después eran entregados a una familia católica, quienes ponían en riesgo su vida si llegaban a ser descubiertos. Para completar esta acción, Irena anotaba los datos del infante rescatado, lo guardaba en un frasco de vidrio y lo enterraba en el patio de un vecino; guardar la mayor información sobre el pequeño era sumamente importante, ya que su propósito era reunirlos con sus padres una vez finalizada la guerra.

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Desafortunadamente muchos niños quedaron huérfanos al perder a sus familias en los campos de concentración y otros no pudieron ser rescatados, pues cuando Irena volvía para hacer otro intento de convencer a los padres de que era lo más seguro, todos los miembros habían sido deportados.

Un año después, en 1943, fue traicionada y detenida por la Gestapo, quienes la trasladaron a prisión. A pesar de las terribles torturas no declaró quiénes habían sido sus colaboradores ni los nombres o direcciones de los niños rescatados, que hasta ese momento eran 2 mil 500. Por no dar ningún tipo de información fue condenada a muerte.

Cuando iba a ser ejecutada  fue apartada por un soldado alemán con la excusa de un “último interrogatorio”, después de estar alejada del grupo de personas que serían asesinadas el hombre le dio la orden de correr, dándole así su libertad. Después se enteró que la policía alemana recibió sobornos por parte de los Miembros del Consejo para la Ayuda de judíos.

Al finalizar la guerra nada volvió a ser como antes, y la búsqueda de los familiares de los niños que habían sido salvados comenzó. Como último acto, Irena entrego los frascos que contenían el nombre de 2 mil 500 niños al Comité de Supervivientes Judíos.

Irena continuó con su vida y se casó con Stefan Zgrzembski, con quien tuvo 3 hijos; pasó los siguientes 30 años en total anonimato, hasta que una fotografía de ella en el periódico ayudó a que muchos niños que habían recibido su ayuda la reconocieran.

 

Después de que la sociedad conociera su historia fue decretada como Ciudadana Honoraria de Israel, junto al título de Justa entre Naciones; también se le nombró Dama de la Orden del Águila Blanca, pero su mayor distinción fue una candidatura al Premio Nobel de la Paz

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En el 2008, a los 98 años de edad, Irena Sendler, quien fue conocida como el Ángel del Gueto de Varsovia, falleció.

Este tipo de historias nos hacen reflexionar y cuestionar sobre el mundo en el que vivimos, qué hubiéramos hecho en una situación similar o qué podemos o podríamos hacer para producir nuestro propio milagro. Nuestra existencia puede estar justificada, como ella dijo:

Cada niño salvado con mi ayuda es la justificación de mi existencia en esta tierra y no un título de gloria”.

Esta mujer cambió el destino de muchas personas, e incluso de la historia, sin ella y otras mujeres, este mundo sería un lugar peor para vivir, conoce sus nombres y su historia.

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