La inquietante razón por la que los Homo sapiens se impusieron a los neandertales

Mientras los neardentales colaboraron en el exterminio de su propia especie, los Homo sapiens solo recurrían al canibalismo en situaciones de hambruna extrema debido a una neurosis, un miedo irracional o imaginado, que se incrustó en su cerebro: la necrofobia o miedo a los muertos

¿Quién fue el primer asesino en serie de la historia? ¿Tras matar a su bíblico hermano, continuó Caín matando a más gente? ¿Qué hace en el cerebro humano que un asesino cruce la línea de la civilización y quiera despojar la vida a otra persona? El historiador Peter Vronsky, autor de varios éxitos en ventas sobre historia criminal, ha publicado recientemente en España «Hijos de caín» (Ariel), un libro donde trata de responder a estas preguntas y seguir el rastro de los que, antes de que se acuñara el término asesino en serie, eran llamados hombres lobos, vampiros o, simplemente, monstruos.

Parte de la tesis de su libro es que hace 40.000 años los Homo sapiens necesitaron un

 cerebro programado para mantener la «agresión homicida constante» contra los otros, es decir, contra el resto de especies de homínidos con las que competían. Para poder sostener una auténtica guerra de exterminio contra los neardentales, también programados para matar sin reparos, los Homo sapiens se convirtieron durante generaciones en una especie de asesinos en serie que aplastaban a los más débiles y hasta se los comían. La supervivencia así lo exigía.

Sin embargo, según la teoría de Vronsky, la principal razón por la que los Homo sapiens se impusieron a largo plazo a una especie más fuerte, corpulenta y con un cerebro de mayor tamaño como eran los neardentales, que empleaban y fabricaban con la misma habilidad lanzas y otras armas de filo, estuvo relacionada con el crucial desarrollo de una capacidad para inhibirse a la hora de matar a los suyos. Un mecanismo para impedir la autodestrucción…

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Mientras los neardentales colaboraron en el exterminio de su propia especie, los Homo sapiens solo recurrían al canibalismo en situaciones de hambruna extrema debido a una neurosis, un miedo irracional o imaginado, que se incrustó en su cerebro: la necrofobia o miedo a los muertos. Aquella pequeña gran ventaja fue clave para su supervivencia.

Una ventaja que salvó la extinción

En palabras del historiador y psicólogo Akop Nazaretyan:

«El filósofo georgiano Mamardashvili (1990) escribió que la especie humana se originó cuando un individuo lloró la muerte de otro. Desgraciadamente los datos empíricos de la arqueología y la etnografía nos obligan a reformular este elegante aforismo. La versión reformulada no suena tan romántica: los protohumanos se originaron por el miedo a los muertos».

Se estima que esta neurosis apareció en el cerebro de los Homo sapiens en la fase final de esta «guerra» contra los neardentales. Los hallazgos arqueológicos muestran la existencia a mediados de la Edad de Piedra de «enterramientos anómalos», es decir, tumbas con unas características que hacen suponer que el objetivo era que los muertos no se levantasen a vengarse de los vivos. El empleo de grandes piedras y cuerpos decapitados o clavados al suelo hacen intuir el miedo de estos homínidos a los fallecidos y, por tanto, sus reparos a contribuir a su muerte.

La arqueología apunta a que los neardentales no mostraron tales preocupaciones. Frente a una larga tradición de métodos para evitar la fuga de los muertos (en España, fue tradicional clavar el cuerpo a la madera del ataúd) que se alarga hasta hoy, la arqueología ha encontrado escasas evidencias de que los neardentales se tomaran tantas molestias en sus enterramientos.

«La especie humana se originó cuando un individuo lloró la muerte de otro».

«La necrofobia concedió a los Homo sapiens la ventaja de vencer a los neardentales en nuestra guerra genocida contra ellos, ya que los neardentales no solo nos combatían a nosotros, sino que seguían matándose entre al mismo tiempo. También evitó que nosotros nos matásemos entre nosotros hasta la extinción una vez que habíamos triunfado sobre las demás especies de homínidos», apunta Peter Vronsky, historiador, investigador y productor de documentales.

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¿Cómo desarrollaron la necrofobia?

La necrofobia, que es justamente de lo que carecen los asesinos en serie, redujo progresivamente los instintos homicidas de los Homo sapiens y permitió a esta especie transformarse en el «rebaño de locos pensantes» que es hoy. Una especie psicópata, caníbal, violadora y asesina en serie, características que eran imprescindibles para sobrevivir a la selección natural, evolucionó así gracias a la necrofobia hacia un rebaño donde había espacio para los débiles, los impotentes, los viejos y los más incapaces de defenderse y alimentarse.

Caín asesina a Abel (pintura del siglo XV).
Caín asesina a Abel (pintura del siglo XV).

La arqueología data la aparición de estos «enterramientos anómalos» en el mismo periodo en el empiezan a surgir restos humanos de fallecidos a edades avanzadas o causa de enfermedades, lo que indica que junto a la necrofobia también llegaron la compasión, la empatía y los lazos familiares más estrechos. Las personas empezaron a vivir más y fue necesario mayor nivel de organización social. Los Homo sapiens más capacitados salían a cazar, mientras que los más débiles quedaban atrás y comenzaron a pintar sus fantasías y deseos en las paredes de las cuevas: surgió la intelectualidad y el ocio. Las pinturas rupestres más antiguas aparecieron más o menos cuando los neardentales estaban ya aniquilados. La memoria de los muertos, el legado cultural, vino de la mano.

Sobre los motivos por los que el Homo sapiens desarrolló esta neurosis que cambió su historia, Vronsky plantea en «Hijos de caín» (Ariel) que pudo tratarse de una corrección evolutiva, una corrección de la naturaleza para un animal que, sin estar dotado de mandíbulas poderosas, garras, pieles gruesas y otras armas propias de depredadores, desarrolló gracias al uso de la fabricación de herramientas una capacidad de matar para la que no estaban preparada y le estaba conduciendo, como en el caso de los neardentales, directo a la extinción.

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La guerra armamentística en las que se sumieron estas especies con acceso a tecnología mortífera condujo a todos a la extinción

Como apunta el zoólogo Konrad Lorenz en su clásica obra «Sobre la agresión», cuanto más poderosa es la capacidad de matar de una especie, más pronunciada es su inhibición instintiva a agredir a otros de su propia especie. Mientras que máquinas de matar como tiburones, águilas y tigres rara vez se atacan entre sí, lo cual provocaría su rápida extinción, las ratas, las palomas y otros animales con poca capacidad de matar son extremadamente agresivos con los de su propia especie. Los homínidos tenían, igual que las ratas o las palomas, poca capacidad de matar hasta que la fabricación de armas disparó su letalidad. La guerra armamentística en las que se sumieron estas especies con acceso a tecnología mortífera condujo a todos a la extinción, a todos salvo a los que desarrollaron la ventaja de no matarse entre ellos.

Esta teoría encaja a la perfección con la hipótesis del equilibrio tecnohumanitario, la cual defiende que cuanto más mortíferas son las armas que ha ido desarrollando la humanidad más sofisticados han sido los métodos para inhibir su uso. Del mismo modo que los acuerdos internacionales y los principios morales han limitado la proliferación de armas de destrucción masiva, la necrofobia limitó una capacidad de matar que condenaba al ser humano a la autodestrucción.

Origen: La inquietante razón por la que los Homo sapiens se impusieron a los neandertales

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