La leyenda de la muerte de Felipe II: ¿destruyeron unos simples piojos al rey español?

Después de dos meses enfermo, el rey español contrajo piojos y terminó derivando en una pediculosis.

El reinado de Felipe II se caracterizó por la expansión territorial en el vasto Pacífico y Atlántico y dio continuación al Imperio español que su padre Carlos I había iniciado junto a su mujer Isabel de Portugal. El hijo de aquel matrimonio era, además, rey de Inglaterra e Irlanda por su matrimonio con María I de Inglaterra entre 1554 y 1558.

Durante los largos años que reinó se destacó su ansia de poder y su sed de sangre, lo cual le sirvió para conseguir un territorio jamás contemplado hasta el momento. El Prudente, pues así se le conocía al monarca, no solo era minucioso y ordenado en el área militar y político. Era un obsesivo compulsivo que le convirtió a su vez en un maniático de la limpieza e higiene personal.

No obstante, su éxito monárquico contrastaba con su delicado estado de salud, pues era asiduo que el rey enfermara pese a llegar a vivir 71 años. Desde los 36 años padecía de gota, lo cual le impedía caminar debido a los dolores. Tenía una silla especial fabricada para él cuando tenía que ser transportado por obligaciones de Estado.

Agónico final

Durante sus últimos años de reinado sufrió varias derrotas tanto personales como bélicas que terminaron por destrozar anímicamente al rey que lo había conseguido todo. En 1597 su hija Catalina Micaela de Austria falleció tras una complicación en el parto y 10 años antes la Armada Invencible había cosechado la peor catástrofe del Imperio español en aguas británicas.

Su salud empeoró y hasta perdió la movilidad en su mano derecha. De hecho, comulgó por última vez el 8 de septiembre de 1598, ya que los médicos se lo prohibieron a partir de ese momento por miedo a ahogarse al tragar la hostia. La hidropesía y la incapacidad de ingerir sólidos generaban en el rey una agonía que duró dos meses.

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Felipe II.

Felipe II. Sofonisba Anguissola

En este estado, las obsesiones de Felipe II quedaron en un segundo plano; las llagas y la incontinencia del rey emanaban un hedor indescriptible. Finalmente, el rey murió en una alcoba de El Escorial con su hijo como testigo. Tal y como se menciona en libros históricos la muerte se debió a una pediculosis, infección que produce una irritación cutánea. Sin embargo, es más probable que las llagas y el deterioro del cansado cuerpo terminaran con la vida de Felipe II entre los dolores y gritos que resonaban en los muros de El Escorial y que se silenciaron tras la madrugada del 13 de septiembre.

“Hijo mío, he querido que os halléis presente en esta hora para que veáis en qué paran las monarquías de este mundo”, le confesó en un último suspiro el rey que había expandido la hegemonía hispánica a todos los rincones del globo a su hijo y heredero Felipe III, quien por entonces tenía 20 años.

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