Las 7 mentiras más absurdas sobre los letales guerreros vikingos que creemos desde hace mil años

Ni llevaban cuernos, ni eran tan necios como nos cuenta la Historia. De hecho, supieron usar en su favor la leyenda negra que les acompañaba

Sanguinarios, asesinos y feroces. Los adjetivos que recuerdan a los vikingos en los libros de historia hablan de sus actos de salvajismo, sus saqueos, y la falta de moral que les llevaba a acabar con la vida de mujeres y niños durante sus continuas incursiones. No obstante, el tiempo ha tergiversado la leyenda de estos hombres del norte hasta mostrarlos como guerreros que portaban cascos con cuernos y que sólo pensaban en el pillaje. Nada más lejano a la realidad pues, entre otras cosas, la suya fue una civilización que supo usar la leyenda negra que les acompañaba para vencer a sus enemigos.

Gracias a su pésima reputación y a su barbarie, los vikingos consiguieron castigar con sangre a toda Europa a base de hacha y drakkar. De hecho, estos feroces escandinavos lograron, entre otras cosas, conquistar una gran parte de Inglaterra, desembarcar en España e, incluso, remontar el río Sena con sus navíos para invadir París -ciudad que asaltaron y que sus dueños únicamente pudieron recuperar ofreciéndoles una cuantiosa cantidad de oro-. La de los hombres del norte es, en definitiva, una historia llena de muerte, pero también de falsos mitos que el tiempo ha hecho erróneamente verdaderos.

1-Más allá de asesinar y robar

A pesar de que la tradición nórdica tiene, en ocasiones, más oscuros que claros, el inicio de la era de los vikingos (término con el que se agrupa a los diferentes pueblos ubicados en Escandinavia durante los siglos VIII al XI), tiene una fecha concreta. «El tiempo de los vikingos comenzó en junio del año 793 con el asalto al monasterio de Lindisfarne, una comunidad monástica que se encontraba en Inglaterra» afirma en declaraciones a ABC Víctor Álvarez, autor de «Los Vikingos. Crónica de una aventura» (Sílex, 2013). Aquel día, los guerreros del norte acabaron brutalmente con cientos de monjes cuya única defensa frente a las armas fue la religión. Eran las primeras víctimas de las miles que llegarían después.

Es en esa jornada cuando comienza la leyenda negra de los vikingos, un pueblo cuyos únicos objetivos eran, según Hollywood, asesinar y robar allí por dónde pisaban. «Se tiende a pensar que el movimiento vikingo se produjo debido a la búsqueda de riquezas, y no siempre era así. Los nobles nórdicos presionaban muchísimo a la población con impuestos altísimos y esto produjo que multitud de ellos se hicieran a la mar para escapar de las exigencias abusivas de sus jefes o para sentirse libres», destaca el experto.

En cambio, tampoco se puede eludir que muchos escandinavos sí se subían a sus drakkar con el hacha entre los dientes y dispuestos a reunir la mayor cantidad de oro posible. Esta práctica fue realizada durante los primeros años del siglo IX, cuando su civilización daba los primeros pasos de gigante a través de las aguas europeas. De hecho, en esa época inventaron una táctica muy innovadora que consistía en desembarcar sin previo aviso en cualquier parte de la costa enemiga para saquear sus poblados.

A continuación, ponían pies en polvorosa lo más rápidamente posible en dirección a sus veloces barcos para huir antes de que llegaran las fuerzas regulares enemigas. Esta estrategia tenía incluso su propio nombre, «strandkogg», un término que no tiene traducción en nuestro idioma.

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Tras el ataque al monasterio de Lindisfarne, los vikingos demostraron una vez tras otra su falta de moral asesinando y saqueando de la forma más brutal posible. ¿Por qué lo hacían? Álvarez lo tiene claro: «Los vikingos mataban mujeres y niños por mera publicidad. Hacían terrorismo. Como sabían que infundían miedo hacían esas barbaridades para aprovecharlo y que, cuando fueran a otro pueblo, la gente no opusiera resistencia y les tuviera pavor. Hacían propaganda».

A su vez, y en contra de la creencia popular, los vikingos contaban con una gran capacidad para la estrategia y, debido a su condición de nómadas, se esforzaban en conocer las costumbres de aquellas regiones que visitaban o asaltaban. Esta práctica les ayudó en muchos casos a doblegar a sus enemigos. «Después de algunas incursiones, aprendieron a atacar a los cristianos cuando estaban en la iglesia rezando. Esto les facilitaba mucho las cosas porque se encontraban a todos aquellos que podían hacerles frente en un mismo edificio y desarmados», añade el autor. Esta curiosa y cruel- forma de actuar ha sido representada de forma fidedigna en la popular serie «Vikingos».

Mientras que su capacidad de aprender del enemigo no ha sido una de sus virtudes representadas por la factoría Hollywood, el cine si ha acertado a la hora de dar a conocer sus armas y técnicas de combate. Y es que, los hombres del norte usaban el hacha como arma principal frente al enemigo debido a que también les servía como herramienta en su vida diaria y a que sabían forjarlas a la perfección.

2-La mentira de las drogas

Las sagas, una mezcla de historia y mitología nórdica, describen con especial ferocidad a los berseker, los protagonistas de la tercera mentira. Afirman, con devoción, que eran «aquellos a los que el hierro no puede dañar». Guerreros de élite vikingos («casi una guardia personal», según explica el reconocido investigador Manuel Velasco Laguna en «Breve historia de los vikingos») que combatían en estado de trance y demostraban una ferocidad extrema contra el enemigo. Hasta tal punto obviaban el pavor a ser traspasados por una espada que acudían a la batalla sin armadura y, enajenados por la ira, mordían sus escudos como una suerte de ritual previo al baile de los aceros. Si es que puede denominarse de esta forma a la brutalidad carente de finura y esgrima que exhibían en el campo de batalla.

¿Cómo conseguían llegar a ese trance? Hasta ahora, las investigaciones afirmaban que lo hacían ingiriendo un brebaje elaborado a base de «Amanita muscaria», un hongo conocido también como «matamoscas» o «falsa oronja» y que, además de poder producir daños intestinales y hasta la muerte, cuenta con efectos secundarios beneficiosos para el combate. «La clínica se inicia entre 20 y 180 minutos tras su consumo, con un cuadro gastrointestinal, además de mareos, vértigos, ataxia e incoordinación, convulsiones, euforia, alteraciones de la conducta, alteraciones visuales y alucinaciones», explican un compendio de expertos de farmacología y botánica en el dossier «Drogas emergentes: plantas y hongos alucinógenos».

Sin embargo, un nuevo estudio elaborado por el doctorando Karsten Fatur (etnobotánico de la facultad de farmacia de la Universidad de Ljubljana) puso el año pasado en duda la teoría de la «Amanita muscaria» al afirmar que existe otra planta cuyos efectos secundarios se ajustan mucho más a los síntomas que los berserkers habrían mostrado en batalla: el «Hyoscyamus niger» o beleño negro. El experto también señaló que las sagas exageraron la forma de combatir de estos vikingos.

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3-La falacia de las armas

«El hacha era el arma más común para los vikingos, ya que les hacía las veces de elemento de corte diario, de instrumento ofensivo y de arma arrojadiza en el combate. Pero no era la única. Como los primeros años no eran soldados entrenados para la guerra a gran escala como tal, usaban también la lanza y, en algunos casos, una espada si tenían suficiente dinero para encargarla al herrero. Como elemento defensivo usaban un escudo con una gran tachuela. Todo eso está documentado a través de enterramientos llevados a cabo por esta civilización», completa Álvarez en declaraciones a ABC.

El combate directo contra ejércitos organizados es otro de los puntos donde la leyenda ha favorecido mucho los vikingos, ya que, cuando se enfrentaban a fuerzas superiores en número y duchas en el arte de la guerra, caían a decenas debido a su reducido número -al menos durante los siglos VIII y IX-. Había por ello muchos viajes en los que, tras una gran contienda, regresaban al ansiado hogar menos de la mitad de los que habían partido.

4-El papel de la mujer

Socialmente, los hombres del norte eran una de las civilizaciones más avanzadas de la época, pues daban una gran importancia al papel de la mujer. «Los vikingos no eran muy machistas. La mujer era reconocida más allá del ámbito del hogar. En ese sentido tenían una sociedad mucho más avanzada que la que podía haber por ejemplo en Europa. La mujer podía tomar decisiones, salir de viaje solas, sabían leer, escribir, incluso podían decidir con quién casarse», añade Álvarez.

Además, tampoco era inusual que una mujer cogiera el hacha y el escudo para darse de mamporros en las tierras de ultramar. Un hecho que la serie «Vikingos» muestra a través de Latgerta -esposa de Ragnar Lodbrok, protagonista de la saga-. «Las mujeres podían acudir a la batalla, pero eso es algo que no está muy bien documentado. En algunas sagas islandesas si aparece alguna guerrera, aunque generalmente no tenían gran relevancia. Podían viajar en una expedición como combatientes si eran fuertes y sabían manejar las armas, pero lo más normal es que acudieran para colonizar después de la batalla», completa el experto español.

5-Los dichosos cascos

Con todo, de entre todas las leyendas y creencias relacionadas con los vikingos la más extendida es la que afirma que portaban unos grandes cascos rematados con cuernos que infundían pavor en los enemigos. Sin embargo, los expertos son tajantes en este punto… ¡No llevaban cornamentas!

«Ha trascendido la idea de que el casco vikingo llevaba cuernos, pero no era así. Hay varias teorías que tratan de explicar la causa de que el bulo se haya extendido tanto. Una de ellas afirma que, como la historia de los hombres del norte fue escrita por las víctimas ?los que recibían los ataques-, y estas los veían como hombres endemoniados, se les terminó representando con cuernos por asimilación con los demonios. Otra dice que la equivocación se produjo en 1820 cuando se ilustró un libro de temática vikinga con unos guerreros nórdicos con cuernos, pero esto se hizo así porque se vivía en la época del romanticismo y no se daba una imagen real de las cosas, sino idealizada», finaliza el autor.

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En este sentido, el experto recuerda que, hace relativamente poco, se encontró un casco en un enterramiento que tenía dos agujeros. «Según se publicó después, podrían haber servido para portar los cuernos, pero, realmente, no tiene lógica ir al combate con un casco tan incómodo para luchar», completa.

6-Crueles y sanguinarios

Su excesiva crueldad es otro de los enigmas históricos que existen a su alrededor. «Eran muy sanguinarios, pero la historia de sus viajes la han escrito principalmente los vencidos, que los veían como unos asesinos, así que nunca se podrá saber si eran realmente tan bárbaros o lo escrito es una exageración. A pesar de todo, hay que entender que los cristianos de entonces no comprendían como aquellos tipos podían entrar en un edificio sagrado y matar a todo el mundo. Para ellos era algo inconcebible. Los cristianos no entendían tampoco como Dios no les ponía una barrera divina ante esa barbarie», añade el experto.

En palabras del autor español, las crónicas más fiables a nivel histórico son las anglosajonas, las francas y la historia de los arzobispos de Hamburgo y Bremmen. «Estas nos muestran, por ejemplo- a una gente agresiva y pagana que cometía todo tipo de crueles tropelías.

7-Los «drakkar» y la mitología

El último de los grandes errores sobre los vikingos es el nombre de sus buques. «Se tiene la idea de que todos los barcos de los vikingos se llamaban «drakkars«, cuando había varios tipos de navíos. Había buques de cargamento, de recreo para reyes y los de guerra, que eran los famosos «drakkar«», añade.

En sus palabras, el concepto «drakkar» es una denominación francófona que proviene del francés y significa dragón. «Les llamaron así porque tenían animales en la proa. Las proas tenían una función meramente decorativa similar a la del resto de Europa, que también solían llevar animales en el buque para impresionar. No es algo característico escandinavo», finaliza.

En lo que acierta de pleno la leyenda es en que, desde que nacían, eran criados para ver la guerra de una forma muy determinada. «Su mitología es absolutamente proclive hacia la batalla. Sólo tienes que ver a Thor, que empuña un martillo de guerra. Los vikingos eran, en general, muy creyentes», añade.

Según el español, los vikingos entendían que tenían que ser como una reencarnación de los propios dioses Algo que ocurría por ejemplo con los «berserkers», unos guerreros vikingos que combatían medio desnudos y, según la creencia de la sociedad, estaban dotados de una fuerza directa entregada por los dioses que les hacía salir indemnes de la batalla. «En los enterramientos solían usar las runas, una escritura en la que ponían a grandes rasgos las hazañas del fallecido. Solían además respetar a sus muertos con más dedicación de la que tenemos nosotros», completa.

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