Banderas de los EE.UU., esvásticas y un retrato de George Washington en un mitin de la German American Bund, una organización nazi, en el Madison Square Garden de Nueva York, en febrero de 1939
Banderas de los EE.UU., esvásticas y un retrato de George Washington en un mitin de la German American Bund, una organización nazi, en el Madison Square Garden de Nueva York, en febrero de 1939

Hasta la entrada de los EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial tras el ataque japonés a Pearl Harbour, el nazismo contaba en el país con muchas más simpatías de las que

Hasta la entrada de los EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial tras el ataque japonés a Pearl Harbor, el nazismo contaba en el país con muchas más simpatías de las que la mayoría de estadounidenses están hoy dispuestos a admitir. No solo nació un grupúsculo abiertamente pro nazi, que trató de crear su franquicia buscando apoyos entre la numerosa comunidad germana; también aparecieron algunos partidos de corte fascista, el fundamentalismo cristiano copó las ondas con proclamas antisemitas y el Ku Klux Klan vivió un segundo auge.

Además, eclosionó un movimiento contrario a entrar en la Guerra que, aunque aparentaba rechazar a Adolf Hitler y el Tercer Reich, en su interior reunía toda a una amalgama de conservadores radicalizados y con ideas claramente antisemitas. Salvando las distancias -y es conveniente salvarlas-, ese no intervencionismo contaba con una base social muy parecida a la que hoy en día apoya a Donald Trump. No por casualidad ese movimiento se llamó America First Committee, exactamente el lema que utilizó el 45 presidente en la campaña de 2016. Fuera como fuera, este sí fue un movimiento de masas que logró muchas adhesiones gracias a su férrea oposición al conflicto bélico.

(Original Caption) 07/19/1937-Andover, N.J.: MILITARY PARADE AT NAZI CAMP OPENING. With American flags and Nazi Swastikas fluttering side by side, a Company of Ordnung Dienst, Nazi Military Police, is shown on parade at the opening of the Camp Norgeland at Andover,N.J.. Hitler and Il LDuce Mussolini were lauded to the skies in the speech making, while John Llewelyn Lewis, C.I.O. head, was called in effect a Communist organizer. The camp is operated by the German-American Bund.

Campo de verano Norgeland, organizado por la German American Bund, en la localidad de Andover, Nueva Jersey

Getty

Pero todo cambiaría en diciembre de 1941. La decisión de EE.UU. de entrar en la guerra convirtió a la extrema derecha estadounidense en sospechosa y estos grupos fueron perseguidos, desmantelados e incluso juzgados por alta traición. Además, los estadounidenses constataron los vínculos del no intervencionismo con ideas profascistas o antisemitas (algo en lo que empleó a fondo el presidente Franklin D. Roosevelt), lo que provocó su desprestigio y caída en el olvido en pocos meses.

Y es que EE.UU. llegó a tener en los años 30 una formación abiertamente nazi llamada German American Bund (Hermandad germano-americana). Pese a que los vínculos directos con el Tercer Reich no están claros, lo cierto es que utilizaba en sus reuniones símbolos como la esvástica, contaba con una organización duramente jerarquizada a imagen y semejanza del partido nacionalsocialista alemán y llegó a fundar una organización de corte paramilitar y a organizar campos de verano para adoctrinar a niños y jóvenes.

Los nazis buscaron adeptos entre la numerosa colonia germana que existía en los EE.UU., especialmente en el Medio Oeste

La demografía puede explicar en parte porqué en el corazón de los EE.UU. pudo desarrollarse un partido nazi. Se calcula que en torno al 25% de los estadounidenses de aquella época tenían algún tipo de ascendencia germana. Aunque la inmigración alemana en EE.UU. se remonta a la época colonial, fue durante la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del XX cuando importantes comunidades teutonas se instalaron en el país, especialmente en el medio oeste. Los nazis conocían bien estos flujos migratorios y vieron en los EE.UU. una ocasión perfecta para expandir sus ideas. Además, estaban convencidos de que debían hacerlo: su ideología fijaba que todos los germanos estaban unidos por razones de sangre.

Los primeros grupúsculos extremistas de la colonia germana nacieron en torno de los años 20. Se alimentaron de jóvenes recién llegados de Europa que buscaban una oportunidad tras la humillante derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, en EE.UU. se encontraron que las cosas no eran mucho mejores: los estadounidenses de origen alemán habían sufrido una profunda oleada antigermana durante la Guerra, lo que obligó a muchos a esconder sus orígenes. De esta doble humillación, apareció en 1924, en Detroit (Michigan), la primera organización pro nazi de los EE.UU.: la Free Society of Teutonia.

El contexto mundial les era favorable para crecer. Durante la etapa de entreguerras, el antisemitismo fue ganado adeptos en los EE.UU. a imitación del auge de los fascismos en Europa. Los años 20 son los de la popularidad del periódico el The Dearborn Independent, propiedad del magnate de la automoción Henry Ford. Fue un diario de una enorme tirada cuya línea editorial no disimuló nunca su aversión a los judíos. La influencia de Ford jugó un papel clave en el desarrollo de las ideas de corte fascista en los EE.UU. de los años 30.

Con la llegada de Hitler al poder, el interés de los nazis en potenciar su franquicia estadounidense fue en aumento y, en 1933, promovieron directamente la fusión de todas las asociaciones de la colonia germana en una única organización: la Friends of New Germany (Amigos de la Nueva Alemania). Fue el mismo Rudolf Hess, entonces mano derecha del Führer, el que hizo el encargo a Heinz Spanknöbel, un alemán recién inmigrado a los EE.UU.

La German American Bund tuvo su auge en 1939, con un mitin en Nueva York al que asistieron unas 22.000 personas

Lo cierto es que esta primera organización apenas tuvo recorrido, ya que la línea directa con el nazismo no gustó nada a las autoridades estadounidenses. Además, la colonia alemana era muy heterogénea y, en aquellos años, ya comenzaban a llegar muchos alemanes expulsados del Reich que resultaron ser, claro, la primera oposición al nazismo estadounidense. Fueron los propios alemanes los que, por motivos diplomáticos -mantener buenas relaciones con EE.UU.-, fueron retirando su apoyo a la organización, que acabó por disolverse en 1935.

Pero pronto tendría una sucesora. Y una sucesora que, en poco tiempo, viviría un enorme crecimiento, lo que a muchos historiadores les hace pensar que el cordón umbilical con Europa nunca se cortó del todo. En 1936, nació la German American Bund, que estableció su sede en Nueva York. Tomó las riendas del nuevo organismo Fritz Kuhn, un veterano de la Primera Guerra Mundial que nazificó sin disimulo la nueva organización. Sus miembros vestían con uniforme militar, se estableció una estricta disciplina, se adoptaron nuevos símbolos y se organizaron los campamentos de verano para jóvenes. El Bund se fue expandiendo por todo el país, aunque su principal fuerza siempre se encontró en el Medio Oeste.

También cambiaron un poco la estrategia y sus discursos adoptaron un patriotismo estadounidense exagerado, evitando hablar de la situación de Europa, y centrando sus esfuerzos en crear vínculos entre ambas naciones. Veían a los EE.UU. como otra patria de la raza aria e idolatraban a George Washington por su condición de implacable líder militar.

1939 fue el año del gran auge de la German American Bund, pero también el primero de su caída en desgracia. En febrero, celebró un gran mitin en el Madison Square Garden de Nueva York, al que acudieron unas 22.000 personas. Con un enorme retrato de Washington detrás, Kuhn acusó a Roosevelt de ser parte de una conspiración bolchevique-judía, mientras fuera del recinto se producían disturbios entre comunistas que querían boicotear el acto, miembros militarizados del Bund y la policía.

El antisemitismo tuvo muchos adeptos en los años 30, especialmente gracias al predicador católico Charles Coughlin, quien utilizó la radio para llevar sus mensajes de odio

Estos primeros destellos de violencia volvieron a poner en alerta al FBI, que empezó a vigilar las actividades de la organización comenzando por su propio líder, al que pronto acusaría y condenaría a prisión por desvío de fondos. Ya con el país en guerra, la German American Bund fue directamente prohibida y sus líderes perseguidos tanto por las autoridades policiales como por el Comité de Actividades Antiamericanas del Congreso. El propio Kuhn fue deportado a Alemania una vez acabado el conflicto.

Esta organización nazi estadounidense solo llegó a alcanzar los 25.000 militantes, pero las simpatías por las ideas que representaba Hitler tuvieron muchas más expresiones. De hecho, el Bund solo fue uno de los partidos y grupos que conformaban la extrema derecha del momento. Cabe mencionar algunos: el Partido Cristiano y su brazo militar, la Legión de Plata, liderados por el siniestro ocultista William Dudley Pelley; los Defensores de la Fe Cristiana, del evangelista Gerald Burton Winrod, o el Frente Cristiano, una formación que contó con el apoyo del influyente sacerdote católico Charles Coughlin. Este personaje tuvo un papel muy destacado, sobre todo porque gozó de una enorme popularidad al contar con el novedoso altavoz de la radio para hacer llegar sus proclamas antisemitas y anticomunistas. Contaba con una audiencia de más de 30 millones de personas.

Father Charles Coughlin delivers a radio speech, circa 1930s. (Photo by Fotosearch/Getty Images).

El reverendo Charles Coughlin, durante un discurso radiofónico en torno a 1939. Coughlin fue un popular agitador antisemita

Getty

Lejos de estos apoyos más explícitos, un movimiento de masas unió a toda la derecha conservadora: el America First Committee. Fue en esta organización donde se concentró la mayoría de estadounidenses que se sentían próximos a las ideas extremistas -especialmente les unía un furibundo anticomunismo- pero que prefirieron ocultar sus preferencias por los alemanes y se focalizaron en un solo objetivo: que los EE.UU. no se implicaran en la guerra europea.

El aislacionismo estaba profundamente arraigado entre los norteamericanos, especialmente después de la Primera Guerra Mundial. De hecho, EE.UU. se mantuvo al margen de casi todos los conflictos de entreguerras -incluida la Guerra Civil Española-, cumpliendo a rajatabla una serie de leyes autoimpuestas de neutralidad. Así, los movimientos no intervencionistas eran inicialmente de carácter muy heterogéneo: una mezcla de patriotismo y de pacifismo bastante sui generis. Incluso los comunistas eran, al principio, contrarios a la intervención.

Admirador del Tercer Reich, el célebre aviador Charles Lindbergh fue la cara más conocida del America First Committee, el principal lobby anti-intervencionista

Sin embargo, al empezar la guerra en 1939, se organizó una plataforma mucho más agresiva contra el presidente Roosevelt, que defendía abiertamente a franceses y británicos. Fue un grupo de estudiantes de Yale quien fundó en verano de 1940 el America First Committee, que contó con ilustres apoyos como el del mencionado Ford, la hija de Theodore Roosevelt, Alice Roosevelt Longworth, Walt Disney o el arquitecto Frank Lloyd Wright.

NEW YORK, NY - OCTOBER 30: Charles Lindbergh (1902-1974) the spokesperson of the America First Committee (AFC) speaks during the rally on October 30, 1941 at Madison Square Garden in New York, New York. The AFC was the pressure group against the Americans joining World War II. (Photo by Irving Haberman/IH Images/Getty Images) (AMF-64)

Charles Lindbergh, portavoz del America First Committee, durante una intervención en el mitin de octubre de 1941 en el Madison Square Garden de Nueva York

Getty

El comité creció en poco tiempo de forma exponencial: llegó a tener 800.000 miembros y 450 sedes por todo el país. El apoyo del predicador Coughlin contribuyó a su rápido ascenso. Su principal portavoz fue el aviador más querido por los estadounidenses: Charles Lindbergh, el primer hombre que en 1927 cruzó el Atlántico en un vuelo sin escalas. Amigo de Ford, Lindbergh pudo conocer de cerca el funcionamiento de la Luftwaffe en Alemania -invitado por los nazis- y no ocultaba su admiración por los logros tecnológicos del Tercer Reich.

De hecho, consideraba que EE.UU. debía permanecer neutral para que Alemania luchara contra las “hordas asiáticas”. En 1941, apenas tres meses antes de la declaración de guerra a Japón, llegó a declarar, en un mitin en Des Moines (Iowa), que “el pueblo judío” tenía demasiada influencia en los medios y la administración Roosevelt, y que eran “agitadores de guerra”.

La entrada en la guerra lo cambió todo: los grupúsculos nazis fueron perseguidos por las autoridades y el movimiento aislacionista se disolvió de la noche a la mañana

Fue el principio del fin para el comité. Los medios comenzaron a tachar a Lindbergh de antisemita e incluso de antiamericano, y su popularidad decayó al momento. En un mitin del America First de octubre del mismo año, otra vez en el Madison Square Garden, muchos de sus asistentes expresaron abiertamente sus simpatías por los nazis.

Pearl Harbor lo cambió todo y los que habían criticado la intervención, pronto se pasaron al otro para ayudar a la economía de guerra. El propio Lindbergh colaboró, aunque como civil, con las maniobras del ejército en el Pacífico. En 1944, un seguidor de la Legión de Plata de Pelley trató de presentarse a las elecciones presidenciales con un partido llamado America First -nada que ver ya con el comité-, pero su aventura no tuvo ningún recorrido. Fueron los últimos amigos estadounidenses de Hitler, quien por aquel entonces ya estaba perdiendo la guerra.

Origen: Los amigos estadounidenses de Hitler

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