Los pueblos malditos de España: crímenes satánicos y puertas al infierno con sabor castizo

 

De Tarragona a Vaqueira, la geografía hispanica está trufada de lugares oscuros, entre el mito y la realidad.

Pueblos aislados, poblaciones fieles ancladas a tradiciones paganas, lugares considerados puertas a estancias infernales, comunidades satánicas, crímenes de hondo calado… España esconde rincones condenados por la leyenda o por fenómenos extraordinarios de difícil explicación; rincones que es mejor evitar en noches con luna menguante, pues en el país de los aquelarres norteños, las meigas y los asesinos de entrecejo fruncido toda prevención puede ser poca. A la sombra de Halloween repasamos algunas de las regiones más sombrías de la Península.

  1. Montmell-Marmellar

    El Montmell-Marmellar
    El Montmell-Marmellar

    El Montmell-Marmellar, en Tarragona, está considerado un nido de leyendas y cuentos para asustar a los niños. Considerado un pueblo grande para su zona, a pesar de estar formada por solo una quincena de edificios, Marmellar sufrió también de primera mano la despoblación de esta región a causa de los desmanes que los guerrilleros carlistas llevaron a cabo durante el siglo XIX. Grandes casas abandonadas, una gran iglesia sin culto, un recoleto cementerio… El ambiente tétrico resultaba un apetitoso reclamo para grupos ocultistas y rituales esotéricos.

    En su libro «La España Maldita» (Luciérnaga, 2016), el divulgador Lorenzo Fernández Bueno recuerda que en «lugares así la leyenda coge consistencia física y empieza a caminar, en ocasiones demasiado bien vestida». Esta consistencia física la aportó el hallazgo de un cuerpo calcinado de una joven que apareció en el verano de 1993. El cadáver apareció, precisamente, en la iglesia abandonada y se estimó que podía haber fallecido en torno a la noche de San Juan, fecha dada a todo tipo de rituales. Dentro de aquella iglesia abandonada se encontraron toda clase de pinturas satánicas y, al lado, cerca del cementerio, dos grandes hogueras que, previsiblemente, fueron usados para quemar los restos de la joven. Todavía hoy se desconoce la identidad de la asesinada, puesto que el juzgado número 4 de El Vendrell ordenó secreto de sumario.

    La guinda del pastel vendría poco después, cuando el 14 de febrero de 1996 una joven de 19 años, de nombre Ana María Marín Barba, que trabajaba como cajera en una gasolinera en la cercana población de Arbós del Penedés, fue al parecer raptada junto a una relevante cantidad de dinero que la chica llevaba de la recaudación de su trabajo. Un agricultor encontró su cadáver con heridas de incisivos, principalmente en el cuello, y con la ropa cubriendo solo la parte inferior de su cuerpo.

    Apunta Fernández Bueno: «Estas credenciales han hecho de Marmellar un enclave al que quienes acuden lo hacen durante el día, porque se asegura que se respira ese hálito maligno innato a los lugares donde se ha vertido sangre, y no siempre de animal…».

  2. Los pueblos de Vaqueira

    Confluencia del río Narcea con el Nalón en territorio praviano.
    Confluencia del río Narcea con el Nalón en territorio praviano.

    Una de las regiones más oscuras de la geografía española se encuentra en los pueblos de la comarca de Vaqueira. A lo largo de los siglos, las condiciones escarpadas del terreno han hecho a las autoridades y a los eclesiásticos desconfiar de la forma de vida de los habitantes de esta región. El padre Acosta menciona ya en el siglo XVIII a estos hombres ajenos al mundo civilizado y a la religiosidad: «Viven faltos de doctrina, en continua peregrinación por las montañas donde veranean con sus ganados, a las marinas, donde habitan en invierno, cuidando más de dar el pasto terreno a sus ganados que de recibir el espiritual de sus almas sin oír sermón ni doctrina de párrocos».

    Como explica Fernández Bueno en el libro citado, a la Iglesia le molestaba la vida disoluta y en cierto modo enraizada en los viejos cultos paganos. ¿Había razones para considerarlos paganos disfrazados de cristianos? De cierta manera fue un pueblo que transformó sus tradiciones para resultar políticamente correctas, pero que nunca quiso renunciar a sus costumbres anteriores al cristianismo. Una simbología extraña, entre otros, una estrella de cinco puntas formada por cinco triángulos, decorabaN muchos de sus objetos y habitaciones, al considerar que tenían propiedades mágicas. El uso de remedios típicos de curanderos y un ritual de enterramiento propio hacían que creciera la desconfianza hacia estos núcleos de población dedicados a la ganadería.

    Hoy en día, en esta comarca asturiana queda poco de aquellos asombrosos ganaderos, enclavados en la superstición durante siglos, «a excepción de la marginación a la que fue sometido este pueblo».

  3. El Escorial

    El Monasterio de El Escorial, desde el monte Abantos
    El Monasterio de El Escorial, desde el monte Abantos

    Felipe II construyó el Real Monasterio de El Escorial con dos finalidades muy concretas: conmemorar la victoria en la batalla de San Quintín frente a los franceses y crear un monumento funerario a la altura de la dinastía de los Habsburgo. No en vano, el Real Monasterio de El Escorial es, sobre todo, el sueño de juventud de un Monarca aficionado a la arquitectura y a la teología en todos sus aspectos. Además de por un tema climatológico –la zona es fresca en verano– y por la cercanía de los materiales necesarios para la obra, han apuntado algunos historiadores una posible causa de índole esotérica para elegir el Escorial.

    Según una leyenda medieval, Lucifer vivió en una cueva situada a los pies del Monte Abantos (Sierra de Guadarrama), justo los días entre la expulsión de las cortes celestiales y su destierro al infierno. En esos días, el ángel rebelde comenzó su andadura por toda la tierra donde creó siete puertas para acceder a las tinieblas. Una de ellas estaría en San Lorenzo de El Escorial.

    Al parecer Felipe II no era ajeno a esta leyenda. Siguiendo el relato del cronista oficial del edificio, el padre Jerónimo fray José de Sigüenza , el Rey convocó a una comisión de expertos para decidir el lugar más propicio para la construcción. El secretario real Pedro del Hoyo –principal responsable del interés de Felipe II por la alquimia y otras ciencias de dudosa base– se desplazó al lugar para la decisión definitiva el 14 de noviembre de 1561. Según la crónica del padre Sigüenza, el grupo de expertos fue asaltado por un fuerte viento, casi huracanado, que «no les dejaba llegar hasta el sitio, y arrancó las bardas de la pared de una viñuela que fueron directos hacia sus rostros». Un fenómeno que, interpretaba el fraile, era una respuesta de origen demoníaco con la intención de persuadir al Rey de que situara allí una estructura religiosa.

    En cualquier caso, no existe documentación por parte de Felipe II –siempre pródigo en cartas escritas de su puño y letra– donde se recoja su inquietud por los fenómenos descritos por Sigüenza. El Rey comenzó la construcción del palacio-monasterio en 1562 y encomendó las tierras a los monjes jerónimos. Durante esas obras, que se alargaron cerca de 21 años, se extendió entre los peones la leyenda de que un misterioso perro negro acechaba por las noches obstaculizando las obras. Y si hacemos caso a esta historia entre el mito y la realidad, el perro fue finalmente capturado y se ordenó que se le ahorcase en una de las torres del monasterio, donde permaneció meses.

  4. El Teruel desconocido

    Túnel en Valdealgorfa
    Túnel en Valdealgorfa

    En el siglo XVIII el padre Faci dejó mención en su obra «Aragón Reyno de Christo» de la larga lista de fenómenos meteorológicos extraordinarios que se producían ya entonces en algunas zonas de Teruel. La gran cantidad de granizadas, tempestades, sequías y lluvias torrenciales fueron asociados a milagros y a la práctica de toda suerte de brujería que se realizaba en la región. Y ciertamente fue una zona con gran actividad de la Inquisición y de aquelarres, amparados en los aislado de algunos pueblos.

    En la mañana del 19 de enero de 1787 se vieron sobre Caspe, hoy en la provincia de Zaragoza, tres soles sorprendentemente iguales, que los habitantes locales vincularon a la Santísima Trinidad y que probablemente obedecía al fenómeno conocido como parhelio. Pocos años antes, en 1748, Valdealgorfa y alrededores fueron arrasadas por un huracán de fuego y aire.

    El mismo padre Faci recogió en su libro otro suceso extraordinario en la región. «Elevé la vista al horizonte y quedé sorprendido al ver una campana de unas ocho arrobas de peso suspendida en la atmósfera, teniendo en su cuerpo tres agujas completamente redondos de unas doce pulgadas de circunferencia. Absorto contemplaba tamaño fenómeno, admirando cómo se mantenía en el aire, cuando principia a voltear como hacen las de los campanarios en días festivos, pero sin dejarse oír sonido alguno; y pasados unos dos minutos, fue elevándose hasta desaparecer, dejándome aterrado», relata sobre un misterioso suceso en esta región.

  5. La Musara

    Estanque e iglesia de La Musara
    Estanque e iglesia de La Musara

    En la provincia de Tarragona se esconde un pueblo abandonado completamente en 1956, llamado La Musara, que cuenta con la fama de tierra maldita y dada a fenómenos de toda clase. Según la tradicional oral, en este paraje aislado del monte tarraconense se producen fenómenos de transportación a otros puntos geográficos. Sin ir más lejos, asegura la leyenda que todo aquel que salta a una piedra voluminosa junto a una masía cercana va a parar a Villa del Seis, un pueblo que supuestamente no pertenece a esta dimensión.

    Claro está que, en base a estas supersticiones, han crecido desde que fue abandonado el pueblo los testimonios de personas que se han perdido en sus cercanías o que directamente han acabado al otro lado de la provincia. Recoge en el mencionado libro Fernández Bueno el caso de un ingeniero alemán que trabajaba en la central nuclear de Vall d’Uxó y desapareció por tiempo de tres horas, reapareciendo en un lugar desconocido para él sin mediar explicación racional. El investigador Carles Estaller sufrió por aquellas fechas un episodio similar: «Estuvimos perdidos por Los Castillejos [camino a La Musara] una hora con el coche. Íbamos por las curvas para arriba, para abajo…».

    Del pueblo original hoy quedan las ruinas de la vieja iglesia y las piedras caídas de ocho casas cubiertas de verde.

  6. Ribadelago

    Embalse de Vega de Tera (presa rota).
    Embalse de Vega de Tera (presa rota).

    El desastre visitó el lago de Sanabria el 9 de enero de 1959, cuando la rotura de su presa arrojó el agua furioso hacia las aldeas de Ribadelago. El apocalípsis en miniatura duró diez minutos, pero fueron suficientes para borrar todo a su paso. «Las gentes que pueden abandonan sus hogares desnudas, semidesnudas y sin pertenencias; y aterrorizadas huyen de la muerte buscando el campanario, los tejados, las copas de los árboles y la altura de los peñascos que, por suerte, abundan por doquier en Ribadelago. En uno y otro barrio los supervivientes se desgañitan gritando a los demás que se salven; al tiempo que sienten cómo se derrumban o desaparecen tras de sí; o en torno a ellos, viviendas y edificios», narra García Díez en «Tragedia de Vega de Tera».

    144 personas desaparecieron aquel día. Una catástrofe natural que las supersticiones locales quisieron relacionar con la visita de un misterioso personaje años antes. Según una leyenda antiquísima, en la víspera de una noche de San Juan una fuerte tormenta obligó a los habitantes de Villaverde de Lucerna, hoy donde las aguas que cubren el pantano, a refugiarse en sus casas. Un peregrino de poblada barba y largos cabellos apareció en medio de la lluvia, temblando de frío, y suplicó que alguien le diera cobijo. Al ser rechazado por todos, salvo por una niña que le ofreció un trozo de pan, el misterioso hombre lanzó una maldición al pueblo: «Aquí clavo mi bastón, mi bastón de peregrino. ¡Malhaya el pueblo que tiene las entrañas de granito, y al mendigo extraviado cierra sus puertas altivo…! ¡Será fiero mi castigo!».

    El pueblo de Villaverde de Lucerna desapareció con el tiempo bajo las aguas del pantano, aunque obviamente la historia del peregrino es una fábula. No en vano, cada vez que el pantana ha dado otro susto parecido los pueblos cercanos hayan recordado, y temido, la maldición de Lucerna. La zona ha estado siempre rodeada, además, de cierto tenebrismo. «Incluso hay testigos que aseguran que las campanas de la vieja iglesia, sumergidas por la catástrofe, lanzan su lastimoso tañer en esa fecha tan señalada. Si estas historias, sean o no ciertas, sirven para recordar algo que jamás debería volver a ocurrir, bienvenidas sean», afirma Fernández Bueno en «La España maldita».

Origen: Los pueblos malditos de España: crímenes satánicos y puertas al infierno con sabor castizo

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