Nazismo: Hitler ha muerto. Blogs de Tribuna

Nazismo: Hitler ha muerto. Blogs de Tribuna. Con esa simple frase se abría un futuro cargado de interrogantes. Los derrotados tenían que limpiar las ruinas y reconstruir un país devastado

 

Hay titulares estáticos y titulares dinámicos. Hay titulares estáticos, pobres. Por ejemplo: Pepe ha muerto. No nos dice nada. No sabemos quién es Pepe, hay muchos Pepes. Muy diferente sería por ejemplo: Pepe, devorado por la marabunta. Esto suscita más interés, no ya la persona, sino el hecho.

En estos días de sopor estival, con la gente soñando con meterse en las aguas de los Caños de Meca, por ejemplo, con temperaturas en rojo y una corrupción de sonrojo absoluto, es muy difícil encontrar un tema o un titular que enganche. Así que he pensado en el loco criminal del ridículo bigotito, que siempre suscita una atracción morbosa.

Vamos al título. ¿Pero, cómo que Hitler ha muerto?, se puede preguntar alguien. Claro, no es noticia, se suicidó hace 62 años, el 30 de abril de 1945. Pero ponerlo como titular tiene tirón. Seguro que más de uno intentará saber si hay algo nuevo, si se han descubierto nuevos datos.

Afirmar que Hitler ha muerto o que murió, creerlo, es una cuestión de fe en los rusos, que fueron los que entraron en la semidestruída Cancillería de Berlín, vieron los restos de un cadáver calcinado y certificaron su identidad un tiempo después. Las teorías conspiranoicas, hoy tan en boga en todos los campos, han hechos muchos chistes a lo largo de la historia reciente, apuntando que Hitler y su fiel secretario, Martin Bormann, se podían haber refugiado tras la guerra, como decenas de nazis, en algún lugar de Argentina o Paraguay y que se partirían de risa a distancia con lo de la muerte y posterior incineración de cadáver.

Hagamos un poco de teoría. Supongamos que los aliados hubieran lanzado sobre las ciudades alemanas octavillas, simplemente con este titular, en 1943. La historia dice que lo que intentaban los aliados con sus bombardeos masivos con los terribles Lancaster, dirigidos por el comandante Sir Arthur Bomber Harris, el que arrasó Dresde con bombas de fósforo y tiene un monumento en Westminster, era minar el ánimo de la población civil, conseguir que se levantara contra Hitler para que firmara un armisticio. De hecho, los bombardeos iban dirigidos sobre todo contra la población, objetivos civiles y zonas residenciales, el centro de Colonia, salvando la catedral, el centro de Berlín, Mitte, salvando la catedral. Quedaron intactos amplios núcleos industriales, la corona industrial de Colonia, el gigantesco complejo Siemens de Berlín, la fábrica AEG de Wedding, donde tuve una oficina en los años 90, la imponente factoría de Volkswagen en Wolfsburg, levantada por Hitler en 1938, de donde salieron millones de escarabajos, primero, y Golf, después, etc., etc.

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Con medios menos dañinos, con las simples octavillas de propaganda, de información falsa, o de postverdad como diríamos ahora, seguro que habría surgido una enorme confusión en la población civil y en los mandos militares. Inmediatamente, Hitler se habría apresurado a desmentirlo, por radio. Pero ya existía el magnetofón de alambre en esa época y nadie podía asegurar que la alocución no estuviera grabada. La confusión se habría extendido por el Reich con un simple titular. Hitler también podría haber salido a las calles en coche para confirmar que seguía vivo, pero también podría haberlo hecho un doble.

El verdadero Hitler, el de 1933, podría haber muerto y haber sido reemplazado por un sosias, porque el patético anciano de 56 años recién cumplidos de la últimas imágenes a las puertas de la cancillería saludando a los Hitlerjunge, los adolescentes que acudieron al frente en los últimos meses de la guerra, era una persona súbitamente envejecida, que estaba fuera de la realidad y dictaba órdenes incomprensibles. En cualquier caso, no era el Hitler victorioso sobre Francia de 1940.

Hay titulares dinámicos y titulares estáticos, repito. Hoy ya han perdido fuerza los famosos ‘Las playas más bellas de España‘ o ‘Los pueblos más románticos de Europa’, repetidos hasta la saciedad por todos los digitales y que eran lo más visto. Habría que ir a cosas más atrayentes, con más garra, como: ‘Las playas fluviales más relajantes de Albacete’, o’ Los hayedos más frondosos de los Monegro’s. Todo es cuestión de echarle imaginación. Y poner a Hitler en un titular siempre tiene fuerza, insisto.

Volvamos al titular, al real, ‘Hitler Dead’, que se publicó el 2 de mayo del 45, una vez “confirmada” por los soviéticos la desaparición de su enemigo. Se cerraban entonces, de manera dramática para los alemanes, doce años de ascenso y euforia, seguidos de sufrimiento y derrumbe. Con esa simple frase se abría un futuro cargado de interrogantes. Los derrotados tenían que limpiar las ruinas y reconstruir un país devastado, inundado además con los millones de alemanes expulsados del Este, la nueva Polonia, o los Sudetes. Para los aliados era también el fin de una pesadilla; se acabaron los sufrimientos. Había que rehacer el alma alemana con cuidado, enseñarles la vida democrática, no cometer los errores del pasado. Y los rudos muchachos, los privates llegados de los maizales de Kansas para combatir en Normandía, en las Ardenas o en Remagen, tenían que rehacer sus vidas como civiles.

Todo, todo, a costa de un hecho, recogido en una simple frase. Era el fin de una época de rivalidades, de las guerras más sangrientas que había visto el mundo, del fin de la hostilidad franco-germana, de Napoleón y Prusia, de la consolidación del Segundo Imperio Alemán en la Galería de los Espejos de Versalles en 1871 para vergüenza de los franceses. De la firma, para Alemania humillante, del Tratado en la misma sala, (tras el armisticio de 1918, del alto el fuego, aceptaron una derrota) que, en parte, llevaría a la revancha teutona y a la Segunda Guerra Mundial.

Con ese titular, ‘Hitler ha muerto’, nació el ‘Nunca más guerra’, ‘Nie wieder Krieg’. Arrancaban las tres décadas gloriosas, el desarrollo en la Europa Occidental como no se había conocido hasta entonces, basado en el comercio, en el diálogo, en la cooperación, en sentarse en las aburridísimas mesas de negociación del Mercado Común, de la CEE, de la CE, de la UE, en vez enfrentarse, de masacrarse sin sentido, en el Somme o en Verdún.

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El espíritu fundacional, aquello no debe repetirse, se ha olvidado en los últimos años, marcados por los egoísmos nacionales y los populismos. Los dirigentes contemporáneos, unos y otros, unas y otras, sin mitificar a los de los años 50, no tienen memoria de aquella catástrofe. Peor aún, no tienen categoría. Hoy, los jóvenes de 30 años no saben quién fue el recientemente fallecido Helmut Kohl, artífice de la reunificación alemana. Pocos saben quiénes fueron Churchill, De Gaulle, Konrad Adenauer, el padre de la nueva Alemania Federal o Ludwig Erhard, que hizo la reforma monetaria alemana, el fundamento del milagro alemán. Para muchos, son tan lejanos como Julio César, los Godos o Napoleón. Pero esa gente sentó las bases para una Europa del diálogo, un espíritu que se ha perdido.

La muerte de Hitler, el fin de la segunda guerra mundial en Europa, fue una de esas grandes cesuras del siglo XX, como la caída el muro de Berlín en 1989, el fin del llamado socialismo real, de los sueños revolucionarios de los siglos XIX y XX. Solo quedaba el capitalismo, que desde entonces nos arrolla.

Las cadenas de TV, como Odyssey o National Geographic, nos sirven todas las noches uno, dos, o tres programas que se podría titular Hitler ha muerto, donde nos explican, una y otra vez, con todo tipo de detalles, las maldades del régimen nazi. Vemos, repetidamente, sus armas, sus V1 y V2, Normandía, el búnker de Berlín, la Guarida del Lobo, el Nido de las Águilas, la campaña de Rusia, las Ardenas, todos los hechos dramáticos de aquella terrible docena de años.

Una explicación posible ante esa avalancha de reportajes monotemáticos es que ya no hay Guerra Fría, no se puede asustar a las masas con la amenaza de la extinción nuclear, no hay un peligro que se deba combatir, como el de la URSS. Pero hay que insistir en que “nosotros” somos los buenos, los que derrotamos a la fiera nazi. Estamos del lado del Bien. Dios bendice nuestras acciones.

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En Alemania, las cadenas de TV hacen lo mismo. Raro es el fin de semana que, haciendo ‘zapping’, no te encuentres con dos, tres, o cuatro reportajes sobre Hitler y su era, en este caso con intención profiláctica: que aquello no se vuelva a repetir. Un masaje mental que funciona. Hace unas semanas vimos en la ciudad del régimen, Núremberg, la que acogió el mítico Congreso del Partido inmortalizado por Leni Riefenstahl, jóvenes, que en los años 30 habrían saludado brazo en alto al dictador, pero que ahora se plantaban en medio de la calle, bloqueando los coches de la policía, para evitar la expulsión de un refugiado afgano. La tan criticada Alemaniasaturada de refugiadoses solidaria, muy solidaria; ha absorbido sin problemas al más de un millón llegado en la avalancha de hace dos años, no como otros países o ciudades que, de manera panfletaria, saludan a los refugiados aunque no hayan acogido ni uno.

Tras la muerte de Hitler, años después, la República Democrática dinamitó los restos de la imponente Cancillería erigida por Albert Speer en la Vosstrasse, unos cientos de metros al sur de la puerta de Brandemburgo. En 1992, tras la caída del muro, en la tierra de nadie que separaba los dos Berlines, se encontró el búnker donde el dictador pasó las últimas semanas, lanzando órdenes alocadas. Se visitó el tétrico lugar, se filmó y se decidió bloquear el acceso. Está allí, a 14 metros bajo tierra para que la Historia decida que hacer con esa terrible catacumba. No se abrió al público por temor a que convirtiera en un centro de peregrinación para nostálgicos, que los hay. Grupos de descerebrados siguen celebrando cada 20 de abril, fiesta nacional en la Alemania nazi, el cumpleaños del austríaco, como si estuviera vivo, cuando en realidad, Hitler ha muerto, o murió. Y gritan aquello brutal, salvaje, intraducible, de ¡Sieg Heil!

Si el desarrollo de esta meditación no ha sido de su de su interés se habrá debido a la falta de pericia del redactor. Porque me tendrán que reconocer que el titular atrae mucho. Es bueno, muy bueno.

Autor: DANIEL PERAL

Origen: Nazismo: Hitler ha muerto. Blogs de Tribuna

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