REPRESIÓN franquista en La Rioja en la guerra de España | RecueRda RepúBlica, DocuMento MemoRia

 

La sublevación contra el Gobierno de la República se produjo en Logroño el 19 de julio de 1936. El gobernador militar de Logroño, Víctor Carrasco Amelibia, proclamó el Estado de Guerra. Las fuerzas…

La sublevación contra el Gobierno de la República se produjo en Logroño el 19 de julio de 1936. El gobernador militar de Logroño, Víctor Carrasco Amelibia, proclamó el Estado de Guerra. Las fuerzas militares, infantería, artillería, aviación (del aeródromo de Agoncillo-Recajo), se hicieron con el control de la ciudad auxiliadas por voluntarios falangistas y los primeros requetés llegados de los pueblos cercanos de Navarra

Las calientes noches del verano de 1936 se llevaron por delante, a empujones, torturas y maltratos, a más de 2.000 personas. La compañía impuesta de falangistas, requetés o militares, les hicieron objeto de una ley sumaria, no escrita, de que los potenciales disidentes del nuevo orden, podían ser asesinados sin más. Los mas de 2 millares de asesinados, según datos del Registro Civil de Defunciones y los Cuadernos de muertos recogidos por la Cruz Roja de Logroño, residían en 103 poblaciones de la provincia, de un total de 183, aunque repartidos de manera muy desigual. En los primeros lugares de esta macabra lista están Logroño, Calahorra, Alfaro, Cervera de Río Alhama, Haro, Nájera, Villamediana, Aldeanueva de Ebro y Arnedo. El número total de Riojanos asesinados víctimas de “sacas” fue de  1910, y los Riojanos fusilados tras Consejos de Guerra, celebrados en Logroño o en otros lugares, entre 1936 y 1945, fue de 50. Los detenidos muertos en la cárcel fueron 16, y en hospitales y campos de concentración españoles o nazis, hasta 21.

Mientras en vanguardia transcurría la guerra, en la retaguardia bajo su control se dejaba campo libre para que se saciasen las bajas pasiones políticas y sociales, en una curiosa anarquía de los poderosos, que hacía o dejaba hacer, o pagaba para que otros les saldasen viejas cuentas a sus insubordinados. La declaración de Estado de Guerra, que aherrojaba en su aspiración a la nación entera, allí donde lograba dominar por la fuerza de las armas, imponía el silencio. El dominio absoluto militar no dejaba la menor duda de su conocimiento de las “sacas” masivas, de hombres y mujeres detenidos en sus domicilios, sin siquiera pasar por el entarimado de un tribunal militar.

Los 400 asesinados en La Barranca, territorio de dolor cercano a Logroño, dan fe de la voluntad de las fuerzas golpistas y sus secuaces, que no encontraron ningún parapeto a su paso. Centenares de voluntarios se sumaron a la tarea de asesinar a los rojos conocidos de su entorno. La ley preexistente no iba con ellos, hacían y les dejaban hacer e, incluso, tapaban los ojos y los oídos de los que les estaban a su alrededor, para que no les pesase la conciencia. Se impuso, en muchos casos, limitación al luto para que se aparentase normalidad, como si nada hubiese sucedido en su entorno inmediato.

El ritmo de los asesinados por meses se ajusta en todo con lo sucedido en otras provincias. Los meses más trágicos y duros fueron los tres primeros: últimos 10 días del mes de julio, agosto y septiembre. En octubre, noviembre, diciembre, y los primeros meses de 1937,  el ritmo descendió. Fueron asesinadas más de 40 mujeres. Entre ellas las principales líderes de la Federación Tabaquera de Logroño y 3 conocidas maestras. En Calahora fueron asesinadas 10 y en Logroño 8. El resto son varones, más del 45 % trabajan en el sector primario, un 25 % en el sector servicios y un 30 % en el sector industrial. La edad oscila entre un niño de 13 años y un anciano de 84. Un cuarto son menores de 25 años; otro cuarto están entre 26 y 30 años; otro cuarto entre los 31 y 40 años; y el resto por encima de los 41. Los más castigados fueron los sindicados en la CNT y la UGT, así como los líderes o los afiliados al PCE y al PSOE. También los líderes de los partidos burgueses de izquierda.

Los presos en todas las cárceles de la provincia son a primeros de marzo de 1937 aproximadamente un millar y medio de personas, exactamente, 1.487. En el otoño de 1937 aún quedaban en las cárceles 688, de los que dos tercios fueron apresados en los primeros meses de la sublevación y desde entonces están recluidos, y unos 200 nuevos detenidos durante el año 1937. A finales de enero de 1938 estaban en las listas de presos todavía 580 personas. Durante todo 1936 muy pocos fueron los excarcelados hacia la libertad, aunque muchos sí lo fueron para morir fusilados en cualquier paraje.

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