Las tropas marroquíes en la Guerra Civil: violencia, miedo y responsabilidad de los mandos

Saqueos, ejecuciones, mutilaciones y violencia sexual aparecen en testimonios y estudios sobre la actuación del Ejército de África durante la Guerra Civil española. Pero reducir aquella historia a la imagen del “moro salvaje” sería repetir uno de los grandes estereotipos de la propaganda de guerra. Detrás hubo colonialismo, reclutamiento, estrategia militar, terror y responsabilidades de mando.
Las tropas marroquíes en la Guerra Civil española desempeñaron un papel decisivo desde los primeros meses del conflicto.
Cuando en julio de 1936 fracasó el golpe militar en buena parte de España y la insurrección derivó en guerra, los sublevados contaron muy pronto con una de sus fuerzas mejor preparadas: el Ejército de África, formado principalmente por la Legión y las unidades de Regulares marroquíes.
Su intervención fue militarmente decisiva durante los primeros meses de la contienda. Las tropas procedentes del Protectorado español de Marruecos aportaron experiencia de combate, disciplina y capacidad ofensiva frente a unas milicias republicanas que, al inicio de la guerra, carecían en muchos casos de organización y entrenamiento comparables.
Pero su llegada a la Península tuvo también otra dimensión: el miedo.
Del Rif a la Guerra Civil
Para entender aquel temor hay que retroceder varios años.
España había mantenido durante décadas una conflictiva presencia colonial en Marruecos. La Guerra del Rif, Annual, Monte Arruit y otras campañas habían dejado una profunda huella en la sociedad española.
Cuando en 1936 comenzaron a desembarcar soldados marroquíes en la Península, se reactivaron imágenes y recuerdos asociados a aquellas guerras coloniales. María Rosa de Madariaga ha explicado cómo la presencia de tropas marroquíes contribuyó a reforzar una imagen negativa del “moro” ya existente en buena parte de la memoria colectiva española.
A ello se añadió la propaganda republicana, que utilizó en numerosas ocasiones una representación racializada del combatiente marroquí como extranjero, invasor o bárbaro.
Esa propaganda no surgió de la nada: existían noticias, testimonios y denuncias sobre actos de extrema violencia. Pero convertirlos en una característica inherente a todos los soldados marroquíes impide comprender una realidad mucho más compleja.
¿Quiénes eran aquellos soldados?

No existió un único perfil.
Miles de marroquíes combatieron encuadrados en unidades del Ejército español. Las investigaciones actuales advierten que su incorporación respondió a una combinación de factores: salarios, pobreza, relaciones clientelares, presión colonial, posibilidades de promoción y, en algunos casos, coerción.
Por tanto, presentarlos simplemente como mercenarios fanatizados resulta insuficiente. La investigación contemporánea ha insistido en recuperar también la capacidad de decisión —aunque limitada— de aquellos soldados y en estudiar cómo funcionaban el reclutamiento y la movilización dentro del sistema colonial.
Las estimaciones varían según las fuentes. Algunos estudios sitúan en varias decenas de miles el número de marroquíes que combatieron en las filas franquistas durante la guerra.
Tropas marroquíes en la Guerra Civil: una fuerza de choque
Los Regulares fueron empleados como tropas de primera línea. Su utilización como fuerza de choque quedó reflejada también en combates como el del puente del Pindoque, donde las tropas marroquíes tuvieron un papel destacado.
Su experiencia en las campañas africanas los había convertido en soldados especialmente útiles para operaciones de choque. Durante el avance desde Andalucía hacia Extremadura y posteriormente hacia Madrid, su presencia fue constante junto a las unidades de la Legión.
La rapidez, dureza y disciplina de estas fuerzas proporcionaron una ventaja considerable al ejército sublevado en las primeras fases de la guerra.
Y fue precisamente durante ese avance cuando comenzaron a multiplicarse testimonios de saqueos, ejecuciones de prisioneros, violencia contra civiles y agresiones sexuales.
Aquí es imprescindible hacer una distinción: que determinados hechos estén documentados no significa que puedan atribuirse automáticamente a todos los soldados marroquíes ni que cada relato transmitido por la propaganda contemporánea pueda aceptarse sin contraste.
Violencia como instrumento de guerra
La actuación de las tropas marroquíes en la Guerra Civil quedó asociada también a testimonios de saqueos, ejecuciones y violencia contra civiles.
La Guerra Civil española fue extraordinariamente violenta.
En la retaguardia republicana se produjeron asesinatos, persecuciones y violencia revolucionaria. En la zona sublevada, la represión estuvo vinculada desde muy pronto a la consolidación del nuevo poder y al objetivo de eliminar a opositores políticos y sociales.
Las tropas africanas actuaron dentro de esa maquinaria militar.
Su fama precedía muchas veces a su llegada. El miedo que generaban podía facilitar la desmoralización del adversario y provocar la huida de población civil.
La historiografía ha señalado también que la representación del soldado marroquí estuvo profundamente condicionada por estereotipos raciales heredados del colonialismo. En la propaganda republicana apareció con frecuencia como una figura especialmente brutal, mientras que la propaganda franquista lo presentó como combatiente leal y disciplinado.
La realidad fue más incómoda para ambas visiones.
Saqueos y abusos
Existen numerosos testimonios sobre saqueos perpetrados durante el avance de las columnas africanas.
Sin embargo, el saqueo no fue una práctica exclusiva de las tropas marroquíes. La guerra, el derrumbe de la autoridad civil y la tolerancia de determinados mandos facilitaron abusos cometidos por distintas unidades.
Lo relevante, desde una perspectiva histórica, es preguntarse qué permitían los mandos y qué castigos aplicaban cuando se producían estos hechos.
Porque incluso cuando el autor material de una atrocidad era un soldado concreto, la responsabilidad no desaparecía en la cadena de mando.
Violencia sexual
La violencia sexual constituye uno de los aspectos más difíciles de investigar.
Muchas víctimas nunca denunciaron los hechos, y buena parte de la documentación disponible procede de memorias, testimonios periodísticos o relatos posteriores.
Uno de los episodios más citados está relacionado con el general Mohamed Mizzian y el periodista estadounidense John T. Whitaker. Whitaker afirmó haber presenciado una situación en la que dos mujeres fueron entregadas a soldados marroquíes tras ser capturadas.
El episodio ha sido reproducido en numerosos estudios y obras posteriores, pero debe presentarse por lo que es: un testimonio periodístico, no un expediente judicial contemporáneo que permita reconstruir todos los detalles de forma independiente.
Ese matiz no elimina su importancia. Simplemente distingue entre testimonio y hecho probado documentalmente.
Badajoz: hechos, testimonios y cifras
Uno de los episodios más conocidos del avance franquista fue la toma de Badajoz en agosto de 1936. Ese avance estuvo estrechamente ligado a la actuación de la llamada Columna de la Muerte dirigida por Juan Yagüe.
Tras la conquista de la ciudad se produjo una represión masiva.
Periodistas extranjeros como Jay Allen y Mário Neves transmitieron relatos estremecedores sobre ejecuciones y cadáveres en la ciudad. Sus crónicas contribuyeron enormemente a que Badajoz se convirtiera en uno de los grandes símbolos internacionales de la violencia franquista.
La existencia de la represión está ampliamente documentada.
Más compleja es la cuestión de cuántas personas murieron exactamente. Las cifras publicadas durante la guerra y las estimaciones de investigaciones posteriores no siempre coinciden.
Por ello, un artículo histórico riguroso no necesita escoger la cifra más elevada o la más baja: necesita explicar que existió una matanza y que la cuantificación exacta continúa siendo objeto de investigación y debate historiográfico.
El peso del mando
Aquí está uno de los puntos fundamentales.
Resultaría demasiado sencillo atribuir toda aquella violencia a soldados marroquíes y cerrar la historia con una explicación racial o cultural.
Los Regulares formaban parte del Ejército español.
Combatían bajo oficiales españoles y dentro de una estructura militar dirigida por los mandos de la sublevación.
Por tanto, cualquier análisis sobre abusos, represalias o terror debe preguntarse no solo quién ejecutó materialmente un acto, sino también quién dio las órdenes, quién lo toleró y quién tenía capacidad para impedirlo.
Ese enfoque cambia profundamente la lectura.
El problema deja de ser “qué hicieron los moros” y pasa a ser cómo utilizó el ejército sublevado unas tropas coloniales dentro de una guerra civil y qué responsabilidades tuvieron sus mandos.
El hombre convertido en estereotipo
Durante décadas, la memoria de aquellas tropas quedó atrapada entre dos relatos.
Para una parte del franquismo fueron soldados fieles que habían ayudado a salvar España.
Para una parte del imaginario republicano quedaron convertidos en símbolo de terror, violación y barbarie. El Centro Documental de la Memoria Histórica ha estudiado precisamente cómo se construyó esa imagen del combatiente marroquí durante la Guerra Civil.
Ambas imágenes ocultaron a menudo a los propios marroquíes.
Muchos eran hombres procedentes de una sociedad empobrecida bajo dominio colonial que fueron enviados a combatir en una guerra española.
Algunos cometieron crímenes.
Otros murieron en combate.
Otros regresaron a Marruecos.
Y muchos desaparecieron de la memoria española una vez dejaron de ser militarmente necesarios.
Una historia que exige precisión
Estudiar a las tropas marroquíes en la Guerra Civil exige separar los hechos documentados de la propaganda y los estereotipos.
Hablar de esta cuestión no significa minimizar las atrocidades documentadas.
Significa precisamente lo contrario: documentarlas mejor.
Cuando una acusación se sostiene en un testimonio, debe decirse.
Cuando existen cifras discutidas, deben presentarse como tales.
Cuando una práctica aparece suficientemente documentada, puede afirmarse.
Y cuando la propaganda introdujo exageraciones, prejuicios raciales o simplificaciones, también hay que explicarlo.
La Guerra Civil española produjo una violencia enorme y dejó cicatrices todavía visibles.
Las tropas marroquíes participaron activamente en ese conflicto y existen testimonios muy graves sobre su actuación.
Pero estudiarlas únicamente bajo la palabra “moros” sería repetir la misma mirada colonial que durante décadas impidió comprender quiénes eran realmente aquellos hombres y quiénes dirigían la guerra en la que combatieron.
Fuentes consultadas
Entre las obras fundamentales para profundizar en esta cuestión destaca María Rosa de Madariaga, Los moros que trajo Franco. La intervención de tropas coloniales en la Guerra Civil española, uno de los estudios de referencia sobre el Ejército de África y la utilización de soldados marroquíes en el conflicto.
También resulta de especial interés Mustapha El Merroun, Las tropas marroquíes en la Guerra Civil Española, 1936-1939, centrado específicamente en estas unidades y su participación militar.
Los trabajos más recientes de Ali Al Tuma han aportado una mirada menos simplificadora sobre las motivaciones y experiencias individuales de los combatientes marroquíes.
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