Un pequeño enigma en torno al testamento de Hernán Cortés – Archivo ABC

Última página del testamento de Hernán Cortes fotografiada en 1927 - Juan Barrera
Última página del testamento de Hernán Cortes fotografiada en 1927 – Juan Barrera

Fue un descubrimiento muy sonado en aquel enero de 1927. Por fin el padre Mariano Cuevas había dado con el testamento de Hernán Cortés. Por fin los investigadores podrían consultar en adelante el manuscrito original de las últimas voluntades del conquistador del imperio azteca. Su feliz hallazgo venía a resolver de un modo que no dejaba lugar a dudas la autenticidad de la copia de 1602 que existía en el Archivo Nacional de México.

El sabio jesuita había publicado dos años antes en una edición privada un libro con esta copia y las otras cuatro conocidas, así como con un buen número de cartas del vencedor de Moctezuma. Diversos especialistas y de modo especial uno del Archivo Nacional de México habían tachado de falsa la última copia hallada y se suscitaron tales discusiones que el padre Cuevas se comprometió en la prensa de la época a consagrase en la búsqueda del testamento matriz.

Con ese propósito, vino a España. Investigó primero en Valladolid, aunque sin éxito. La mayor parte de los estudiosos de la época creían que el original se habría deshecho o perdido con el paso del tiempo, pero él no desfalleció. Se trasladó a Sevilla, donde continuó su búsqueda en el Archivo de Protocolos y en los de Tomares, Castilleja de la Cuesta y otros pueblos vecinos.

Convencido de que se encontraría en el Archivo de Protocolos de Sevilla, rebuscó en otros legajos distintos a los correspondientes a los testamentos, pensando en que podría hallarse «traspapelado». Así fue como lo encontró en el protocolo del escribano Diego de Portes, legajo segundo de la notaría número 10.

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«Se halla en bastante buen estado de conservación, y en el mismo legajo ha encontrado varias cartas de donación, que ofrecen notables variantes en la interpretación de algunas cláusulas testamentarias. Ellas retratan la gran figura moral de Hernán Cortés y su carácter firme y heroico; constituye, además, una página de fervorosa piedad por sus mandas y memorias de misas, un sentido testimonio de sus vivos afectos familiares y una inequívoca demostración de su cultura poco común», escribió Pardo en ABC.

«El testamento, en suma, es una joya del tesoro documental de España; de él se harán fotocopias; se publicará en una edición a todo lujo, con estudios adjuntos a la matriz autógrafa, y ello será la más completa y rotunda respuesta a quienes en el debate tantos años mantenido negaban la existencia del documento», explicó a este periodista el padre Cuevas, académico de la Historia y miembro de la Antiquarian Society de Boston, que por entonces estaba escribiendo la «Historia de la Iglesia en México».

El testamento original estuvo en poder del escribano real García de Huerta, después del escribano público Melchor de Portes y finalmente pasó al Archivo de Protocolos de Sevilla. De él se sacaron copias autorizadas desde el siglo XVI en adelante. Ahora bien, esas reproducciones se hicieron con arreglo a las costumbres de las épocas en que se obtuvieron y con muy diversa ortografía, resolviendo solo a veces las abreviaturas de que constaba el documento. De ahí el interés de los estudiosos en conocer el original.

Un curioso pleito

El reputado hispanista Santiago Montoto contó éstos y otros detalles del testamento de Cortés. Sobre este documento se había escrito mucho, pero este estudioso reveló en ABC una historia curiosa hasta entonces inédita.

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Estando Cortés en Sevilla en 1547, probablemente en casa del conde de Castellar, entregó al escribano Melchor de Portes su testamento cerrado y sellado en presencia, entre otros testigos, de Juan de Saavedra, alguacil mayor de Sevilla. Enfermo, se trasladó después a la cercana Castilleja de la Cuesta donde, poco antes de morir, otorgó su carta de codicilo ante Tomás del Río.

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Tras la muerte de Cortés, su testamento fue abierto el 3 de diciembre de 1547 ante el escribano del Rey, García de Huerta, por mandato del licenciado Andrés Martínez de Jáuregui. Y aquí llegaba la revelación de Montoto: «No sabemos por qué causa, pero el hecho es cierto, el escribano de Su Majestad García de Huerta, retuvo en su poder el testamento».

Melchor de Portes tuvo que pedir judicialmente que se le diera el original. Los jueces de la Audiencia Real de Sevilla ordenaron en varias sentencias que García de la Huerta le entregara a Portes el original, advirtiéndole de que si no obedecía, «mandaremos dar mandamiento para os prender».

Montoto finalizó relatando que García de Huerta se apresuró esta vez a cumplir la sentencia y entregó el original del testamento a Melchor de Portes, «quien lo puso en su registro el sábado, 18 de agosto de 1548».

¿Por qué se aferró el escribano real con tanto afán al testamento de Cortes, hasta llegar el pleito a los tribunales? ¿Por qué se obstinó en mantenerlo en su poder? La revelación de Montoto dejó preguntas que aún siguen en el aire.

Origen: Un pequeño enigma en torno al testamento de Hernán Cortés – Archivo ABC

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