22 junio, 2024

El extraño caso del único diputado del PSOE al que Franco conmutó la pena de muerte

Francisco del Toro Cuevas, diputado del PSOE durante la Segunda República FPI
Francisco del Toro Cuevas, diputado del PSOE durante la Segunda República FPI

Uno de los episodios más destacados e insólitos de los rescatados por Miguel Platón en su libro ‘La represión en la posguerra’ es el de Francisco del Toro Cuevas, a quién el Caudillo perdonó la vida en contra de la opinión de sus jurídicos militares

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Hace unos días les contábamos el primer mensaje de Nochevieja pronunciado por Franco, desde el palacio de El Pardo, tras ganar la Guerra Civil: «Un imperativo de justicia impone no dejar sin sanción los horrendos asesinatos cometidos, cuyo número rebasa los cien mil, como sin corrección a quienes, sin ser ejecutores materiales, armaron los brazos e instigaron al crimen. Se nos crea así el deber de enfrentarnos con el problema de una elevada población penal ligada con vínculos familiares a un gran sector de nuestra nación».

En ese mismo discurso, el dictador dejó claro que no llevaría a cabo ninguna amnistía: «Necesitamos una España unida. Es preciso liquidar los odios y las pasiones de nuestra pasada guerra, pero no al estilo liberal con sus monstruosas y suicidas amnistías, que encierran más de estafa que de perdón». En realidad, Franco no solo quería aplicar su nueva y dura legislación a los criminales violentos, como sugirió en alguna ocasión, sino también a los «responsables políticos». Uno de ellos fue Francisco del Toro Cuevas, que con 39 años se convirtió en el único diputado del PSOE al que el nuevo jefe de Estados decidió conmutarle la pena de muerte, en contra de la opinión de los asesores jurídicos del Ejército que le asesoraban.

Su historia la cuenta Miguel Plantón en su libro ‘La represión de la posguerra. Penas de muerte por hechos cometidos durante la Guerra Civil’ (Actas, 2013). La descubrió en uno de los 22.337 expedientes que se encontraban perdidos y olvidados en unos armarios del Cuartel General del Ejército, ubicado en la calle Alcalá de Madrid. Su hallazgo fortuito le ha permitido sacar a la luz, por primera vez, la información de la Asesoría Jurídica sobre las condenas a muerte remitidas a Franco, entre 1939 y 1975, para que decidiese si se ejecutaba o no a los presos republicanos o sospechosos de haber ayudado a la República.

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«Se hallaron en 2010 de pura casualidad», aseguraba a ABC hace dos semanas. El investigador explica que, «con buen criterio», se envió toda la documentación al Archivo General Militar de Ávila. Una vez allí, los archiveros efectuaron un primer trabajo de clasificación, colocando cada expediente en una carpeta, con sus nombres correspondientes, e introduciéndolos en cajas con la numeración original. Plantón supo de su existencia en 2015 y allí descubrió, entre otras muchas, la historia de nuestro protagonista, cuya biografía aparece también reseñada en el archivo de la Fundación Pablo Iglesias.

Sindicalista

Francisco del Toro nació en Mazarrón (Murcia) el 5 de mayo de 1900. Comenzó a trabajar con nueve años en una mina de plomo. Por las noches acudía a las clases nocturnas de la Juventud Republicana Radical, a cuya organización se incorporó en 1915. Tres años después se trasladó con su familia a Madrid, donde trabajó como metalúrgico y se afilió al Sindicato Metalúrgico ‘El Baluarte’. En 1922 ingresó en las Juventudes Socialista de Madrid y, al año siguiente, comenzó a trabajar en la Compañía Ferroviaria Madrid-Zaragoza-Alicante, pasando entonces al Sindicato Nacional Ferroviario, del cual fue elegido secretario general en 1934, en la Segunda República.

Su carrera sindical siguió en ascensor y pocos meses después representó a este sindicato en el Comité Nacional de la UGT. Convertido en un miembro destacado de la izquierda en su sector, acabó siendo elegido diputado del PSOE por Granada en las elecciones generales celebradas en febrero y marzo de 1936. Según la Fundación Pablo Iglesias, formó parte de varias comisiones parlamentarias hasta el comienzo de la Guerra Civil, donde asumió todavía más responsabilidades como comisario político del Parque Central de Intendencia de Madrid y, desde mayo de 1937, jefe de la delegación de la Junta de Compras de Material del Ministerio de Defensa. Por eso resulta cuanto menos extraño que Franco le conmutara la pena de muerte, algo que no ocurrió con ninguno de los otros diputados socialistas detenidos.

En su caso, salió de Madrid el 28 de marzo de 1939, cuando faltaban solo cuatro días para que se leyera el último parte de guerra y el bando franquista anunciara su victoria. Nada más llegar a Alicante, con la intención supuestamente de partir hacia el exilio, fue detenido en el mismo puerto. Tras pasar por los campos de concentración de Los Almendros y Albatera fue trasladado a Madrid, donde ingresó en la prisión de Santa Rita. «La principal acusación que pesó sobre él fue que depuró a los empleados derechistas, a los que dejó sin documentación, y parte de los cuales fueron obligados a ingresar en el Ejército Popular», asegura Plantón.

Según cuenta el historiador en su ensayo, un auditor franquista emitió un informe desfavorable y lo mismo hicieron, por unanimidad, los auditores del Ministerio de Ejército, a pesar de que antes se había entregado un informe muy positivo de la Dirección General de Seguridad. Este decía: La conducta de [Francisco del Toro] observada durante el mando de los rojos ha sido, tanto en lo político como en lo social, la propia de su ideología socialista, aunque se sabe que era persona de orden y enemiga de todos los desmanes en la vecindad, que estaba formada por personas de orden y de derechas. Goza de buena conducta y reputación, habiendo favorecido a algunas de estas personas. No se tiene noticias de que tomara parte en acciones de sangre».

A pesar de ello, en un consejo de guerra celebrado el 7 de febrero de 1940 fue condenado a muerte, sin duda, «por su condición de dirigente». La propuesta fue respaldada por el asesor jefe. «De más de 16.000 expedientes que he analizado con condenas a muerte en la posguerra, Franco únicamente modificó 26. En diez de ellos para decidir la ejecución y en los otros 16, para decidir la conmutación de la pena capital. Esa es la historia verdadera. ¿Y a quién salvó más? Pues a militares republicanos y únicamente a un diputado socialista. Fue el único diputado del PSOE al que el jefe de Estado decidió librar de una ejecución. Fue una decisión absolutamente personal. ¿Por qué la tomó? Pues no se sabe realmente, porque el Ministerio del Ejército había recomendado ejecutarlo, pero Franco actuó por una vez en contra de esa opinión», explica Plantón a ABC.

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«Es más –añade el historiador–, De Toro no llegó a estar en la cárcel ni cinco años». Efectivamente, la pena de muerte se conmutó, en principio, por una pena a 30 años de cárcel. Posteriormente fue reducida a 20 años. En septiembre de 1940 fue trasladado a la prisión de Palencia donde permaneció hasta enero de 1943. En ese momento pasó a la de Totana, en Murcia, y en octubre de ese mismo año a la de Hellín, en Albacete. Salió en libertad vigilada a finales de enero de 1944. Lejos de distanciarse de la política, pasó a formar parte de la Primera Comisión Ejecutiva del PSOE en el interior, según la Fundación Pablo Iglesias.

Otras detenciones

Fue detenido de nuevo en mayo de 1944, aunque otra vez fue puesto en libertad al día siguiente. En esta ocasión, sí que decidió tomar distancia de la organización socialista por temor a estar siendo vigilado. No quería poner en riesgo al resto de sus compañeros. Eso no evitó que volviera a ser arrestado a finales de enero de 1945, cuando se produjo la desarticulación de la Primera Comisión Ejecutiva del PSOE, que seguía operando en la clandestinidad. Fue condenado en un consejo de guerra celebrado en febrero de 1946, en Alcalá de Henares, a 10 años de prisión. Tras pasar por las prisiones de Carabanchel, Alcalá de Henares, Ocaña y Guadalajara, salió en libertad condicional a comienzos de diciembre de 1950.

Aunque no encontremos una explicación acorde a las prácticas del Gobierno en la posguerra, lo cierto es que volvió a ser detenido en marzo de 1952 y puesto en libertad, una vez más, a los pocos días sin llegar a ser procesado. Permanentemente vigilado por la policía abandonó la política activa aunque no perdió del todo el contacto con las organizaciones socialistas. Falleció en Madrid, el 22 de febrero de 1980, con Franco ya muerto y la democracia instaurada.

Origen: El extraño caso del único diputado del PSOE al que Franco conmutó la pena de muerte

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