El humillante error que destruyó los dos colosos acorazados de la Royal Navy en la Segunda Guerra Mundial

HMS Prince of Wales - ABC
HMS Prince of Wales – ABC

El 10 de diciembre de 1941, los japoneses hundieron el ‘Prince of Wales’ y el ‘Repulse’ por la negligencia del almirante Thomas Phillips

Winston Churchill, que poca presentación necesita, estaba organizando unos cajones el 10 de diciembre de 1941 cuando recibió una llamada que cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial. «Era el almirante Dudley Pound. Su voz sonaba extraña. Tosió y tragó saliva. Al principio no puede oír con claridad lo que me decía, pero luego alzó la voz», escribió en sus memorias. Su interlocutor, el Primer Lord del Mar, al fin halló las palabras: «Tengo que informarle de que el ‘Prince of Wales’ y el ‘Repulse’ han sido hundidos por los japoneses». El ‘premier’ colgó con brusquedad. «Agradecí estar solo, en toda la guerra nunca recibí una noticia tan dolorosa. Implicaba que Japón era ahora el dueño del Índico y del Pacífico y que nosotros estábamos desnudos».

Las palabras del político británico valen para demostrar el duro golpe que supuso para Gran Bretaña la pérdida de estos dos navíos. Sus dos buques insignia, como bien explicaba ABC apenas una jornada después: «En el día de ayer, la noticia de mayor resonancia fue el hundimiento de dos acorazados británicos: el ‘Prince of Wales’, modernísima unidad de 35.000 toneladas, botado el 3 de mayo de 1939, y el ‘Repulse’, de 32.000, más antiguo, pero modernizado para ofrecerle mayor protección. El hecho representa una severísima pérdida de la Flota del Pacífico». Cinco ataques de la aviación nipona bastaron para acabar con ellos mientras el mundo se preparaba para celebrar la navidad. Poco más de medio centenar de aeronaves para dar al traste con la llamada ‘Fuerza Z’, la armada inglesa del sudeste asiático.

Aunque lo más doloroso para los ingleses fue saber que la culpa de aquella debacle la había tenido el almirante Thomas Phillips, al mando de la ‘Fuerza Z’. Un oficial que infravaloró la importancia de los aviones en las batallas navales y que se hizo al mar sin el apoyo necesario para rechazar a los Mitsubishi japoneses. «Este oficial cometió un grave error al subestimar la amenaza del poder aéreo sobre los barcos de guerra de gran tamaño. La pérdida se lo confirmó, igual que sirvió para poner en valor en papel de los portaaviones por su capacidad de proporcionar cobertura y atacar fuerzas hostiles a gran distancia», explica el divulgador histórico Michael Coffey en ‘Días de infamia’. Para él, así como para otros tantos expertos, la última batalla del ‘Prince of Wales’ y el ‘Repulse’ fue el inicio de una nueva era.

Su error fue reconocido por oficiales de la época como el capitán L.H. Bell, Jefe del Estado Mayor inglés. Este llegó a señalar que Phillips pecó al creer que la potencia de sus cañones antiaéreos daría buena cuenta de los aparatos japoneses en el Mar de la China Meridional: «El almirante confiaba en la velocidad y en la sorpresa del ataque de sus acorazados. Creía que nada podría frenarlos y estaba convencido de que los aviones nipones no irían armados con bombas ni torpedos. Pensaba que la ‘Fuerza Z’ solo tendría que lidiar con bombarderos de largo alcance enviados a toda velocidad desde Indochina». El fallo le costó el desastre a la ‘Royal Navy’ y la vida a él, pues murió ese 10 de diciembre, durante el ataque.

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Acongojar a Japón

La ‘Fuerza Z’ no nació de la nada. Fue la respuesta del Almirantazgo británico a la escalada de tensión con un Japón cada vez más conflictivo. Con la tensión de la guerra en el cogote, Churchill decidió enviar en octubre hasta Singapur el ‘Prince of Wales’ y el ‘Repulse’ para acongojar al gigante nipón. Así lo escribió el Primer Ministro: «La idea era ejercer ese tipo de amenaza vaga que los grandes barcos, cuyo paradero se desconoce, pueden imponer a todos las armadas hostiles. Planteamos usarlos haciendo que salieran al mar y desapareciendo entre las innumerables islas para generar confusión». Lo que obvió tanto el alto mando como Phillips es que la marina de guerra enemiga tenía más portaaviones que cualquier otro país, y que estos podían dar al traste con sus buques.

Destrucción de la 'Fuerza Z'
Destrucción de la ‘Fuerza Z’ – ABC

Tras conocer la llegada de la ‘Fuerza Z’ –formada por los dos grandes navíos británicos más cuatro destructores– los japoneses aumentaron sus ya nutridas fuerzas aéreas en Tailandia y se lanzaron a la caza. El día 7, tras el bombardeo de Pearl Harbour, el Emperador demostró al fin sus intenciones. Pocas horas después su armada ya se dirigía a Khota Bharu, en Tailandia. «Phillips decidió que la ‘Fuerza Z’ tenía que atacar a los barcos ubicados en esa posición, pero por entonces llegaron noticias de nuevos desembarcos en Singora, entre Tailandia Malaya», añade el divulgador histórico. Estos fueron considerados más serios y el almirante torció timón hacia allí. El problema es que los aeroplanos nipones habían destruido el apoyo aéreo que la RAF podía ofrecerle en la zona. Así que estaba solo. No le importó y, en lugar de regresar, continuó camino sin saber que se hallaba frente a su destino.

Durante la noche, la ‘Fuerza Z’ navegó en solitario. Para Phillips, la fuerza combinada de su armada la convertía en indestructible. El ‘Prince of Wales’, el ‘Repulse’, el ‘Electra’, el ‘Express’, el ‘Tenedos’ y el ‘Vampire’ hacían las veces de una gigantesca fortaleza sobre las aguas. Parecía imposible que alguien pudiera acabar con aquellos colosos marinos. A su favor, o eso creía el almirante, contaban con una potencia de fuego estremecedora y una defensa antiaérea envidiable formada por los famosos cañones de 2 libras, apodados ‘Pom-pom’ por el característico sonido que hacían al disparar. El 10 de diciembre los buques insignia navegaban a la par, mientras que el resto había tomado posiciones para detectar las posibles amenazas submarinas enviadas por los nipones.

Adiós a la ‘Fuerza Z’

De buena mañana empezó a sonar el réquiem. Había una brisa agradable. El cielo estaba despejado. Un día maravilloso… que iba a terminar en desastre. A las diez, el ‘Tenedos’, que se había separado un poco de la fuerza principal, informó de que había sido bombardeado y de la presencia de aviones hostiles. Phillips tocó a zafarrancho. «A las 10:15, el comandante en jefe ordenó preparar los cañones antiaéreos en ángulo alto», explicó, en un informe enviado el 14 de diciembre de 1941, el capitán del ‘Repulse’, William Tennant. Hizo bien. Poco más de media hora después, un avión japonés entró en escena. El enemigo les había encontrado.

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De inmediato, partieron de Tailandia 34 bombarderos con base en tierra y 51 torpederos hacia la ‘Fuerza Z’. La potencia aérea nipona que arribó a la zona fue estremecedora y sus aviadores iniciaron una sinfonía de hasta cinco ataques sobre el ‘Prince of Wales’ y el ‘Repulse’, sus objetivos principales. «El primero se desarrolló poco después de las 11. Nueve aviones lanzaron bombas con gran precisión sobre el ‘Repulse’. Quedó dañada la torreta de estribor y el hangar de babor estalló», confirmó el oficial en su informe. Pronto estaba cristalino que las defensas antiaéreas no podrían detener la debacle. Tras veinte minutos llegó la segunda oleada. «El ataque se centró en los dos grandes navíos y fue realizado por aviones torpederos. No sé cuántos eran, pero parecían máquinas similares a los Mitsubishi 86 u 88», añadió el oficial.

La situación escalaba en tensión. En el mar, los colosos ingleses oscurecieron las nubes con el humo del fuego antiaéreo. Desde el puente del ‘Repulse’ –el más afectado de los dos– los oficiales hicieron esfuerzos por señalar a los bombarderos enemigos e intentar esquivar sus proyectiles. Eran un blanco fácil debido a que los daños en el timón les habían obligado a navegar en círculos. Al ‘Prince of Wales’ le sucedía otro tanto. Los impactos recibidos le obligaron a reducir la velocidad y le convirtieron en una boya sobre la que los nipones descargaron sus bombas y su furia. En esas se desarrolló el tercer ataque, tras el que Tennant le preguntó a su superior por las averías en el acorazado. No obtuvo respuesta: «Parecía estar muy dañado por babor. Reduje la velocidad para valorar su situación, pero entonces golpearon de nuevo».

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Hundimiento de ambos buques el 10 de diciembre de 1941
Hundimiento de ambos buques el 10 de diciembre de 1941 – ABC

El penúltimo asalto fue protagonizado por una decena de aeronaves. «Todos los ataques enemigos se llevaron a cabo de forma magnífica. Los bombarderos de alto nivel mantuvieron una formación apretada. Los torpedos que disparaban siguieron una trayectoria perfecta hacia nosotros. Eran muy fácil ver cómo llegaban hasta los barcos en aquellas aguas tranquilas», explicó el militar. Es curioso, pero en su informe repitió una y otra vez la angustia que le generó ver cómo los explosivos caían desde el cielo, tocaban el mar y se dirigían lentamente hacia el ‘Repulse’ y el ‘Prince of Wales’ sin que ellos pudieran hacer nada por evitarlo. Para entonces, Phillips intentaba mantener a flote su acorazado, que ya había comenzado a hundirse. Una tarea imposible.

El último ataque se produjo después del medio día y fue la puntilla. El vicealmirante Sir Geoffrey Layton, al frente de la Flota del Este, lo describió así en un informe elaborado días después: «Los bombarderos atacaron al ‘Prince of Wales’. Una bomba impactó de lleno en la cubierta. El buque volcó a babor y se hundió a las 13.20. Al final, había sido alcanzado por cuatro o cinco torpedos y aquella bomba». El ‘Repulse’ se dio más prisa y desapareció bajo las aguas a las 12.33 a causa de los impactos. Lo hizo poco después de que Tennant diese una sentida arenga a sus hombres. «Les dije desde el puente lo bien que habían luchado y les deseé buena suerte. El barco se mantuvo a flote durante un minuto y medio, luego volcó y se hundió», describió el oficial.

El desastre se había materializado y había costado un mínimo de 840 vidas. Todas, de marineros británicos del ‘Prince of Wales’ y el ‘Repulse’. También se marchó de este mundo por culpa de las bombas el almirante Phillips, el mismo que había condenado con sus errores a la ‘Fuerza Z’. «Quedó demostrado el fallo que había supuesto la creencia de que los barcos podían operar en un medio hostil sin cobertura aérea. La tragedia también demostró que el poder de la aviación había pasado a ser decisivo en la guerra en el mar. El portaaviones, y no el acorazado, era ahora la principal arma de superficie, como lo descubrirían los mismos japoneses en la batalla de Midway», afirma el divulgador

Origen: El humillante error que destruyó los dos colosos acorazados de la Royal Navy en la Segunda Guerra Mundial

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