Fidel Castro vs Che Guevara: la verdad tras una turbia relación de falacias y traición

El 3 de octubre de 1965, el líder cubano leyó frente a miles de personas la carta de despedida del guerrillero. Fue un acto vil, pues el revolucionario -entonces en el Congo- había insistido en que no se desvelara aquel escrito hasta después de su muerte

Corría el 3 de octubre de 1965 cuando un cuarentón Fidel Castro leyó -en un estrado y frente a miles de personas- una emotiva misiva en la que su amigo, Ernesto Che Guevara, se despedía de Cuba y anunciaba que se marchaba a hacer la revolución a países lejanos. «Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos […] En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes; luchar contra el imperialismo dondequiera que esté».

Aquel fue también el día en el que se presentó el Comité Central del recién formado Partido Comunista de Cuba. Mientras de su boca salían las palabras escritas por el Che, el dictador (vestido con su clásica guerrera militar) se mostró, de cara a la palestra, apesadumbrado: «La ausencia es de quien posee todos los méritos y todas las virtudes necesarias en el grado más alto para pertenecer a él». Se mostró, en definitiva, como un amigo apesadumbrado por la marcha de un pilar fundamental de la revolución.

La realidad es bien distinta. Aquella jornada Fidel Castro no quiso rendir honores a un compañero que se había marchado. Buscaba, como bien señaló en una entrevista posterior el general Gary Prado Salmón (el artífice de su posterior captura), «cerrar la puerta» a un posible regreso del Comandante a Cuba. Y es que, por entonces se había convertido más en una molestia por sus continuos ataques hacia la Unión Soviética que en un aliado.

Castro lee la carta del Che
Castro lee la carta del Che

El militar, que contaba ochenta años cuando concedió aquellas declaraciones, insistió también en que aquella puñalada fue una «jugada maestra» por parte del barbudo. El movimiento no sentó demasiado bien a un Guevara que, como afirmó uno de los combatientes que le acompañó en el Congo –Benigno-, «tuvo un ataque de furia» cuando se enteró de lo que había ocurrido. Y es que, según sus instrucciones, solo debía leerse aquel mensaje si moría o era capturado.

Esta fue la traición que culminó un extenso proceso de desarraigo entre ambos. Un período de traicionesvenganza movimientos ocultos en el que Castro hizo todo lo posible por apartar del país al Che. Las tensiones existentes entre ambos quedaron más patentes si cabe el pasado verano, cuando la Centro de Estudios Ernesto Che Guevara hizo pública otra misiva que el comandante entregó a Fidel en secreto y en la que cargaba contra un sin fin de sus decisiones. Desde las económicas hasta las que hacían referencia a las funciones del partido. La frase con la que cerraba el extensísimo texto se explica por sí sola: «Son críticas que hago amparado en la vieja amistad y en el aprecio, la admiración y lealtad sin límites que te profeso».

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Carta de la discordia

Pero la relación entre ambos no fue siempre así. En los años 50, cuando Fidel Guevara se conocieron a través de Raúl Castro, trabaron una amistad que culminó cuando iniciaron la revolución y derrocaron a Fulgencio Batista. El líder revolucionario afirmó entonces lo siguiente del Comandante: «El Che era de aquellos por quienes todo el mundo sentía inmediatamente afecto a causa de su sencillez, de su carácter, de su naturalidad, de su espíritu de camaradería, de su personalidad, de su originalidad».

Los elogios del barbudo no se detuvieron en este punto, sino que -utilizando su don para la palabra- añadió que contaba «con un gran talento, una gran inteligencia y una gran capacidad teórica». Por su parte, el guerrillero tampoco evitó los buenos adjetivos a la hora de definir a Fidel en una misiva dirigida a sus padres: «Me impresionó como un hombre extraordinario».

Su amistad, sin embargo, se terminó en 1965. Ese año, el Comandante cargó contra la URSS durante un discurso pronunciado en la Conferencia Afroasiática celebrada en Argel. En su alocución, acusó a los soviéticos de ser «cómplices de la explotación imperial» mediante prácticas «inmorales». Para Fidel, que buscaba de forma desesperada el apoyo económico de los rusos, esto fue un verdadero tiro en el pie. Por ello, los Castro marginaron al Che de todas las decisiones políticas y, según afirmó el propio Dariel Alarcón Ramírez (Benigno) en una entrevista concedida antes de fallecer, casi le obligaron a marcharse de Cuba. Fue por ello por lo que Guevara hizo el petate y llevó su guerrilla hasta el Congo.

Facsimil de las primeras hojas de la carta
Facsimil de las primeras hojas de la carta

Con el Che dirigiéndose hacia África, Castro completó su conjura al dar a conocer la misiva que solo debía leer en el caso de que Guevara falleciera o fuese capturado por el enemigo. No ya porque en ella confirmaba que abandonaba Cuba (que también), sino porque declaraba que, «aunque dejo un pueblo que me admitió como un hijo», se marchaba «renegando de mi condición de cubano». «Hago formal renuncia de mis cargos en la dirección del Partido, de mi puesto de Ministro, de mi grado de Comandante, de mi condición de Cubano. Nada legal me ata a Cuba, sólo lazos de otra clase que no se pueden romper como los nombramientos», añadió en el texto. Para Fidel no podía ser mejor, pues evitaba el regreso de un personaje que odiaba sobremanera a los aliados del país.

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«Haciendo un recuento de mi vida pasada creo haber trabajado con suficiente honradez y dedicación para consolidar el triunfo revolucionario. Mi única falta de alguna gravedad es no haber confiado más en tí desde los primeros momentos de la Sierra Maestra y no haber comprendido con suficiente claridad tus cualidades de conductor y de revolucionario. He vivido días magníficos y sentí a tu lado el orgullo de pertenecer a nuestro pueblo en los días luminosos y tristes de la crisis del Caribe. Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días, me enorgullezco también de haberte seguido sin vacilaciones, identificado con tu manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios».

Incomunicado

Aunque no regresó oficialmente a Cuba, el Che se introdujo de incógnito en el país después de salir derrotado de su aventura africana. Desde allí viajó a Bolivia con el objetivo de dirigir un comando guerrillero que acabara con el poder local. Arribó a la zona el 5 de noviembre de 1966 con la promesa de recibir periódicamente ayuda de Fidel. Sin embargo, y tal y como señala Prado en la entrevista, el líder prefirió olvidarse de él y dejarle morir. De hecho, la frase que más escuchó Guevara a partir de entonces fue «Sin contactos de Manila». Y Manila era, por entonces, el nombre en clave con el que denominaban a Cuba.

Sin ayuda, el revolucionario y sus hombres se vieron obligados a sufrir las penurias del hambre extrema mientras vagaban perdidos por la selva. «Era una guerrilla sin sentido y debilitada», señala Prado.

El general afirma incluso que, tras recabar datos, está seguro de que el grupo «no tenía contacto con Cuba» y que, durante su periplo, no recibió tampoco órdenes a las que atenerse desde la capital. Según señala, esta información la ha obtenido de Humberto Vázquez Viaña, muy cercano a Guevara por haber sido uno de sus compañeros de colegio. A su vez, ha determinado que el gobierno castrista ordenó a los agentes que apoyaban a los guerrilleros en Bolivia desaparecer del teatro de operaciones. Uno de ellos fue Ariel. «Esa salida de escena de Ariel es otra instrucción», añade.

Guevara y Castro
Guevara y Castro

La teoría del veterano coincide con expertos como el periodista cubano Alberto Müller. Este autor ha afirmado en repetidas ocasiones (una de las últimas, en una entrevista concedida en 2015) que el Che fue «traicionado» y «abandonado» en Bolivia por Castro: «La posición del Che corría en contra de los intereses de Fidel. Se convirtió en un apestado para la revolución cubana, una piedra en el zapato».

Este autor es partidario también de que, al volver del Congo, el Comandante quería viajar hasta Argentina para «liberarla», pero que «en La Habana le inventaron Bolivia» a pesar de que allí «no tenía condiciones para la guerrilla».

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Muerte en Bolivia

Mientras el Che viajaba hambriento y sin un objetivo concreto por la selva, los Estados Unidos enviaron a varios Boinas Verdes a Latinoamérica para entrenar a un grupo de soldados bolivianos en la contraguerrilla. Los futuros «Rangers».

Estos hombres fueron precisamente los que, el domingo 8 de octubre, cercaron y dieron un buen escarmiento a los guerrilleros en la posición de la quebrada del Churo. Y lo hicieron bajo las órdenes (entre otros) de Gary Prado Salmón. Tras varias horas de lucha, Guevara fue capturado cuando intentaba escapar junto a uno de sus compañeros. Sus palabras al ser «cazado» pasarían a la historia: «No disparen. Yo soy el Che Guevara. Valgo más vivo que muerto».

Guevara, capturado
Guevara, capturado

«En el momento de su captura, era un hombre derrotado, que veía el fin de sus sueños. Estaba desmoralizado. Eso en las tres primeras horas bajo mi custodia. Le di agua, café, cigarrillos… vio que lo tratábamos bien, con respeto porque no había necesidad de hacerle nada ni de preguntarle nada. Entonces ahí empezó a cambiar, al ver el buen trato, al ver que estaba tranquilo, seguramente empezó a sentir alguna esperanza porque ya empezó a hablar con un poco más de tranquilidad», explicó posteriormente el general en una entrevista concedida al diario «Los Tiempos».

Prado le explicó al Che que iba a ser juzgado. Pero eso nunca ocurrió. Posteriormente, el guerrillero fue entregado a Félix Ismael Rodríguez, el agente de la CIA que había trabajado durante meses en su captura. El 9 de octubre el espía recibió un mensaje en el que se le ordenaba acabar con el prisionero. Una muerte que se sucedió poco después. En palabras de Müller, Fidel podría haber evitado que el «Comandante» fuese acribillado, pero prefirió que muriera. Y es que, de esta guisa, eliminaba a un enemigo político y ganaba un mártir. Fue su última traición a un hombre que, antes de su última batalla, instó a sus soldados a morir recordando las bondades de la Cuba dirigida por Castro.

Origen: Fidel Castro vs Che Guevara: la verdad tras una turbia relación de falacias y traición

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