Historia: Por Hitler y por Alá: la insólita alianza entre los nazis y el islam

El muftí Amin al-Husayni y Adolf Hitler, en la Cancillería del Reich, en Berlín, el 28 de noviembre de 1941.
El muftí Amin al-Husayni y Adolf Hitler, en la Cancillería del Reich, en Berlín, el 28 de noviembre de 1941.

El historiador de la London School of Economics David Motadel publica ‘Los musulmanes en la guerra de la Alemania nazi’, un libro impactante reconocido ya con varios galardones

En 1938 el propagandista nacionalsocialista Paul Schmitz escribía: «Bajo el liderazgo de Adolf Hitler, nosotros los alemanes hemos entendido el papel del bolchevismo y lo hemos desenmascarado ante el mundo, como también conocemos la importancia del mundo islámico en la lucha contra el Komintern. De ahí proceden los lazos de amistad que nos unen a los pueblos islámicos». En 1942, el jefe de las SS Heinrich Himmler afirmaba: «Tuvimos dos oportunidades de evitar las guerras religiosas entre católicos y protestantes pero las dejamos escapar. La primera surgió cuando los árabes invadieron desde el oeste, desde Andalucía, y la segunda cuando los otomanos invadieron desde el este. Lamentablemente los alemanes jugamos un papel importante en la derrota de estas dos invasiones y privamos a Europa de la floreciente luz espiritual de la civilización del Islam«. Poco después, el mismísimo Führer, elogiaba la fe de Mahoma como «una religión de hombres» y añadía: «Ya ven que nuestra desgracia ha sido tener la religión equivocada. La mahometana habría sido mucho más compatible con nosotros que la cristiana, mansa y débil».

No es un hecho desconocido pero hasta ahora no había sido objeto de un estudio tan sistemático e impactante: la Alemania nazi buscó con ahínco durante la II Guerra Mundial la alianza del mundo musulmán, animó al Islam a unirse al Eje en la lucha final contra el comunismo, el judaísmo y la democracia occidental, y reclutó a lo largo de la contienda tropas árabes cada vez más numerosas. El racismo de Hitler que, por supuesto, consideraba a la raza aria superior, no fue un impedimento para admirar la religión del Profeta y, más pragmáticamente, para desencadenar un levantamiento islámico en las colonias de los Aliados, su «talón de Aquiles». La respuesta general del Islam a estas iniciativas fue en general positiva aunque con reticencias y, en ocasiones, entusiasta.

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Ha sido el historiador David Motadel -nacido en Alemania en 1981 y profesor de la London School of Economics- el que ha iluminado todos los fascinantes detalles de esta asociación fatal en ‘Los musulmanes en la guerra de la Alemania nazi’ (Alianza), traducido ahora al español por Miguel Ángel Pérez.

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‘Los musulmanes en la guerra de la Alemania nazi’ (Alianza)

«Fue entre 1941 y 1942», explica Motadel, «cuando Berlín comenzó a promover una alianza con el mundo musulmán contra sus supuestos enemigos comunes, en particular contra el Imperio Británico, la Unión Soviética y los judíos. En las zonas musulmanas en guerra -el norte de África, Oriente Próximo, Crimea, el Cáucaso y los Balcanes- los alemanes se presentaron como amigos de los musulmanes y defensores de la su fe. Al mismo tiempo empezaron a reclutar a decenas de miles de musulmanes para la Wehrmacht y las SS».

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Encuentro en Berlín

No se esperaba un recibimiento tan caluroso. El 28 de noviembre de 1941 el ostentoso y vanidoso muftí de Jerusalén Amin al-Husayni era recibido en la Nueva Cancillería del Reich en Berlín por una banda militar y una guardia de honor de 200 soldados alemanes. Aquel día anotó en su diario: «Allí me saludó el jefe de protocolo, que al poco me condujo a la habitación especial del Führer. Hitler me dio una calurosa bienvenida con expresión alegre, ojos expresivos y evidente dicha«. El líder palestino se instalaría en Berlín a sueldo de los alemanes que se servirían de él a efectos propagandísticos sobre el mundo musulmán a cambio de vagas promesas frente a sus demandas de independencia árabe y la paralización de la emigración judía a Palestina.

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«La religión mahometana está totalmente en contra del ateísmo bolchevique»

Desde la capital alemana irradiaría desde entonces una tenaz propaganda islamista que identificaba a los enemigos compartidos: judíos, bolcheviques y las colonialistas potencias occidentales. Tales ideas viajarían con los soldados alemanes en sus conquistas en tierras musulmanas donde integrarían a sus habitantes en sus Legiones Orientales. Un memorándum germano resaltaba aquel año la importancia del Islam en la guerra y aseguraba que el hecho de que el Tercer Reich se convirtiera en «protector del Islam» conllevaría «grandes éxitos políticos». Otro informe destacaba que «en la Rusia soviética, la propaganda comunista no ha sido capaz de debilitar al Islam» puesto que «la religión mahometana está totalmente en contra de los puntos de vista filosóficos del bolchevismo y sus dogmas ateos».

Caso especial fue el de las SS que se implicó en la causa islámica a partir de 1943 con su característico fanatismo hasta el punto de llegar a inquietar al propio ministerio alemán de Asuntos Exteriores. En los Balcanes o en la URSS activaron una política promusulmana radical que llegaría hasta el punto de constituir unidades de las SS íntegramente formadas por musulmanes y que incorporaban mulás castrenses formados en Dresde.

A vueltas con las razas

Había un problema en todo esto, claro, a fin de cuentas árabes y judíos provienen del mismo tronco semítico. ¿Cómo exterminar con pródiga eficacia a unos mientras apoyas e incluso armas a sus primos? Los rocambolescos «análisis raciales nazis» no incluyeron en las leyes de Núremberg a turcos y persas (el sha de Persia acababa de cambiar el nombre de su país por el de Irán o «tierra de los arios») pero aquello resultaba más arduo con los originarios de la Península Arábiga. Consientes del problema la propaganda del régimen nazi dio instrucciones para evitar el término «antisemita» y usar en su lugar el de «antijudío»: «la teoría racial nacionalsocialista reconoce de hecho a los árabes como miembros de una raza superior cuya historia es gloriosa y heroica». Medio en broma, medio en serio, llegaría a acuñarse un nuevo término: «muselgermanos».

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«La teoría nacionalsocialista ve a los árabes como miembros de una raza superior»

Concluye David Motadel su fascinante libro: «Los intentos de los nazis de usar el Islam en la Segunda Guerra Mundial pueden entenderse como un episodio de la larga historia del empleo estratégico del Islam por parte de las grandes potencias no musulmanas en la era moderna. En comparación con otras campañas para lograr la movilización islámica, la de Alemania fue una de las más cortas y de las más improvisadas. En alcance geográfico e intensidad, no obstante, fue uno de los intentos más enérgicos de politizar e instrumentalizar el Islam de la historia moderna«.

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