La loca vida de Joseph Smith, el polígamo de 48 esposas que fundó la religión nacional más grande de EE.UU.

Joseph Smith predicando a los nativos americanos.
Joseph Smith predicando a los nativos americanos.

El libro ‘Obedeceré a Dios’ (Península) relata la historia de esta fe y sus miembros más fundamentalistas a través de un crimen atroz que golpeó al país en los años ochenta

Los fundamentalistas mormones están de actualidad gracias a la serie de Disney ‘Por el mandato de Dios’, protagonizada por Andrew Garfield, y al libro de Jon Krakauer en el que se basa, reeditado en español por Península. Este true crime emplea como punto de partida el asesinato en 1984 de una mujer y su bebé por parte de dos fanáticos, convencidos de que Dios lo quería así, para internarse en el mundo desconocido de los numerosos grupos mormones que han roto con la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y han apostado, según ellos, por los principios originales con los que Joseph Smith fundó esta religión a principios del siglo XIX.

Es decir, por la poligamia, el incesto, el racismo (se prohibe cualquier interacción con otras razas) y por todo tipo de abusos en suelo americano que nada tiene que envidiar en fanatismo a los de los talibanes del otro lado del mundo.

Las ideas fundamentalistas

La religión mormona, más numerosa que la comunidad judía, es la más relevante de las nacidas en EE.UU. y tiene un crecimiento mundial inédito desde el surgimiento de las grandes religiones monoteístas como el cristianismo o el islam. Esta comunidad tiene millones de seguidores en el país donde nació, de entre los cuales unas decenas de miles son radicales que practican su vertiente más estricta y nunca han renunciado a lo que ellos denominan como matrimonio plural. Krakauer señala que aún quedan 30.000 mormones polígamos y que la cifra podría llegar a los 100.000. Este modelo alternativo de familia se construye en la gran mayoría de casos con matrimonios incestuosos, con menores y en contra de la voluntad de las mujeres implicadas.

Retrato de alrededor de Joseph Smith hacia 1842 ABC

Los fundamentalistas defienden que la iglesia oficial, que censura la poligamia ha dado la espalda a las esencias que Joseph Smith, fundador de esta religión en 1830, promulgó como innegociables. La idea la extrajo del Antiguo Testamento y, sin lugar a duda, la llevó al extremo con 48 esposas en su harén. Una de tantas extravagancias de un personaje tan revolucionario como controvertido.

Smith procedía de una familia muy religiosa y supersticiosa, donde el metodismo y el presbiterianismo estaban muy presentes y todo lo que tiene que ver con temer a Dios. Su padre era un agricultor y emprendedor arruinado que trasladó una decena de veces a su numerosa familia antes de asentarse en Palmyra, localidad al oeste de Nueva York.

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Sumida en una larga crisis económica, la nueva república norteamericana vivía un despertar religioso tras la independencia y la quiebra de los viejos valores. El apocalipsis parecía a la vuelta de la esquina. Como explica Jon Krakauer, «en ese clima religioso sobrecargado del ‘todo es posible’ fue en el que Smith puso en marcha lo que acabaría convirtiéndose en la religión nacional de mayor éxito de Estados Unidos».

Un adivino que se hizo profeta

Joseph hijo solo estuvo un puñado de años en la escuela, pero tenía una extraordinaria imaginación y el convencimiento de que no pensaba vivir con las miserias de su padre. Atlético, carismático, sociable, con labia, el joven resultaba atractivo por igual a mujeres y hombres. «Habría sido capaz de venderle un bozal a un perro», apunta Krakauer en ‘Obedeceré a Dios’ (Península). Le interesaban los grandes temas religiosos, pero también la magia popular.

En esta primera etapa de su vida, destinó muchos esfuerzos en utilizar adivinos y magia negra para encontrar tesoros enterrados. Esta búsqueda le llevó hasta Sally Chase, una muchacha que poseía una «piedra para mirar» y que le ayudó a sentir sus propias visiones. Una de estas le llevó a desenterrar su propia «piedra de ver» y a ofrecer sus talentos nigromantes a otros buscadores. Su fama traspasó las fronteras de Nueva York, pero ni en un lado ni en otro dio con minas o grandes joyas, como siempre prometía a quien contrataba sus servicios.

En 1826, el joven vidente fue denunciado por ser un impostor y desafiar las leyes que prohibían desenterrar tesoros. Esto le obligó a dejar el oficio de adivinado y a buscar una nueva salida a sus supuestos poderes. Un ángel llamado Moroni, representante de una civilización cristiana y blanca que vivía siglos antes de que llegara Colón en América, se le presentó como un enviado de Dios y le anunció que en una montaña cercana había enterrado un texto sagrado grabado en planchas de oro desde hace 1.400 años.

El ángel le mostró la ubicación, pero le pidió que no desenterrara aún las tablillas o intentara lucrarse con ellas. Él no le hizo caso. Al día siguiente fue a buscarlas, tras lo cual, cuando las tenía en sus manos, se esfumaron y se vio lanzado contra el suelo. La codicia había movido su cuerpo y le habían condenado.

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Moroni, sin embargo, le ordenó que volviera un año después al cerro para recibir nuevas instrucciones. Hasta en cuatro ocasiones, el ángel se negó a entregarle las tablas. Usando su piedra de ver, Smith se convenció de que para recibirlas debía acudir casado con una muchacha llamada Emma Hale, cuyo padre se negaba a que su hija se enlazara con un hombre acusado de estafa. Smith convenció a su enamorara de que se escapara con él y fueran juntos al cerro en la fecha señalada.

Esta vez sí logró llevarse las tablillas a casa, donde varios testigos juraron haberlas visto. Los textos estaban escritos en una especie de antiguo egipcio, por lo que Moroni le dio unas gafas mágicas y otros objetos para traducirlas.

«Esta vez el fundador de la religión mormona recurrió a una piedra en forma de huevo color chocolate para ir traduciendo el texto con un sombrero colocado boca arriba»

Smith fue dictando hasta 116 páginas a un vecino suyo, Martin Harris, que se las mostró a su escéptica mujer. Y entonces ocurrió el desastre, las páginas se perdieron. «La tesis predominante es que su mujer la tenía furiosa que Harris se hubiese metido en un disparate como aquel que robó las páginas y las destruyó», señala el autor de ‘Obedeceré a Dios’ (Península). Sin embargo, Moroni volvió a entregarle las planchas para que empezara de cero la traducción. Esta vez el fundador de la religión mormona recurrió a una piedra en forma de huevo color chocolate para ir traduciendo el texto usando un sombrero colocado boca arriba. Él miraba con su piedra dentro del sombrero e iba dictando su contenido.

El fundador, linchado

Según la versión oficial de esta iglesia, Harris, cuya esposa se había decidido divorciar tras las chifladuras de su marido, recibió la orden de Dios de enmendar el daño causado en el pasado pagando la impresión de 5.000 ejemplares del nuevo texto sagrado. Para ello, Harris vendió su granja y dejó cualquier esperanza terrenal a un lado.

El llamado ‘Libro del Mormón’ describe la existencia y andar histórico de una civilización cristiana en América que recibió la visita de Cristo después de su resurrección. El libro toma su nombre de Mormón, quien de acuerdo al texto sería uno de los últimos profetas que escribieron en él, alrededor del año 390 d.C. El testamento da a entender que cualquier persona puede escuchar la voz de Dios dándole nuevas instrucciones, lo que dio lugar a una espiral desde entonces de nuevos profetas que han escindido a los mormones en mil facciones.

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Poco después de que el libro saliera a la venta con un precio de 1,25 dólares (el doble de lo que ganaban al día la mayoría de asalariados locales), Smith fundó la religión que hoy se conoce como la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. En 1830, se autoproclamó como profeta y presidente de su iglesia. En esos años no dejó de ganar adeptos y popularidad, tanta que algunos lo señalaban como serio candidato a presidir el país. No solo empezó a evangelizar y practicar la poligamia, incluyendo en su harén desde señoras de 56 años a niñas de 14, pasando por mujeres que ya habían contraído matrimonio con anterioridad, sino que se negó a aceptar negros entre sus fieles y abogó por recuperar muchas constumbres narradas en el Antiguo Testamento que estaban superadas socialmente.

Pronto emigró a Ohio, Pensilvania, Missouri e Illinois, para establecerse finalmente en Utah, donde erigió su primer templo y puso las bases de la actual iglesia mormona. Acabó en la cárcel al ser acusado por Thomas Ford, gobernador de Illinois, de autocrático y polígamo. Murió en 1844 a manos de una muchedumbre que le linchó junto a un hermano y varios seguidores cuando se encontraban presos en una celda.

Un centenar de hombres armados con mosquetes, algunos a la bayoneta, palos y pistolas, con sus caras cubiertas de pintura negra, asaltaron la prisión donde Joseph Smith estaba con su hermano y otros detenidos. El fundador mormón se defendió con un pistola escondida entre la ropa y luego se lanzó por la ventana al vacío exclamando: «¡Oh Señor, Dios mío!».

Origen: La loca vida de Joseph Smith, el polígamo de 48 esposas que fundó la religión nacional más grande de EE.UU.

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