La relación oculta entre Franco y la Gestapo nazi para decapitar al comunismo en España

En la Guerra Civil fueron muchos los expertos en inteligencia germanos que llegaron a nuestro país para asesorar en labores de inteligencia. Tras la contienda, el general se valió de todo lo aprendido para instaurar sus propios servicios secretos

«Franco tenía una seguridad casi perfecta y de la clandestinidad lo sabíamos casi todo». Estas fueron las palabras que, durante una entrevista celebrada en 1994, dijo Eduardo Blanco, director general de seguridad durante el franquismo. Lo cierto es que no andaba desencaminado ya que -desde que finalizó la Guerra Civil– los servicios secretos del entonces jefe del Estado lograron reprimir una buena parte de los movimientos que pretendían alzarse contra él.

Sin embargo, tan real como que estas organizaciones buscaban acabar con la subversión, es también que entrenaron a espías como Mikel Lejarza, más conocido como «El Lobo» y famoso por decapitar a la cúpula de ETA. A su vez, también es cierto que el principal servicio secreto creado por la dictadura (el CESED) organizó (a partir de la muerte de Carrero Blanco) la Transición española y favoreció el acceso del rey a la jefatura del Estado. Algo que ha corroborado, en una entrevista a este diario, el especialista en espionaje Fernando Rueda (autor, entre otras tantas obras, de «Las alcantarillas del poder» y «El regreso de “El Lobo”»).

Guerra Civil

Los dos bandos que combatieron en la Guerra Civil tuvieron, en plena contienda, sus respectivos servicios de inteligencia. En la zona republicana destacó entre otras tantas organizaciones la GPU, más conocida como la policía secreta soviética. Como sucedió en otros tantos ámbitos, desde el gobierno de Madrid dieron manga ancha a estos agentes rusos para acabar con todo aquel «enemigo interno» que consideraran oportuno. El resultado fue catastrófico solo en mayo de 1937: más de medio millar de antifascistas fallecidos. Y todo, por no seguir a pies juntillas las directrices establecidas desde Moscú y por mostrar su descontento con el Partido Comunista español.

General Mola
General Mola

En el bando franquista, por su parte, se pudieron contar hasta media docena de servicios secretos diferentes. Entre ellos destacó principalmente el «Servicio de Información de la Frontera Noroeste de España» o SIFNE. Esta organización fue creada aproximadamente en 1936 por orden del mismísimo general Mola. Aunque posteriormente sería fagocitada por otro grupo de mayor envergadura, tuvo una importancia decisiva en la Guerra Civil. ¿La razón? Que sus espías lograron contactar directamente con la Gestapo de la Alemania nazi y mantener una estrecha colaboración sus dirigentes ellos.

Esta ayuda dio sus primeros pasos en 1936, pero se materializó de forma oficial un año después cuando llegó a España un tal Paul Winzer para hacer las veces de consejero de los servicios de inteligencia franquista e interrogar a los brigadistas internacionales germanos que eran capturados. «En 1938 se firmó un pacto de colaboración que […] concretaba la visita a nuestro país de expertos de las SS y la Gestapo para asesorar a los agentes españoles en técnicas como la de interrogatorios, torturas, ficheros, campos de internamiento…» explica Juan J. Alcalde en su libro «Los servicios secretos en España».

Enemigo interior

Finalizada la Guerra Civil, los esfuerzos de los servicios secretos de Franco se centraron en acabar con el denominado «enemigo interior». Es decir, con todos aquellos grupos políticos que estuvieran en contra del Régimen y que –de una forma o de otra- buscaran expulsar al jefe del Estado de su poltrona. Con esta finalidad se creó el denominado CESIBE (Central del Servicio de Información Bis del Ejército). Un organismo militar que, como bien señala Alcalde en su obra, se dedicaba principalmente a «la investigación política» y que contaba con su «correspondiente sección de espionaje y contraespionaje».

Al menos oficialmente pues –en la práctica- el trabajo diario de investigación e información recaía en los escalafones inferiores del CESIBE: los RESIBE (Regional-Servicio de Información Bis del Ejército) y los DESIBE (Destacada-Servicio de Información Bis del Ejército).

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«Las funciones, además de la búsqueda de cualquier información que pudiera afectar a las Fuerzas Armadas o a la Seguridad y el análisis de inteligencia, serían […]: Organización de la seguridad de las dependencias militares, de las autoridades y actos, contravigilancias, búsqueda de antecedentes e información sobre sospechosos, investigación sobre robos, actos delictivos y asuntos internos, informes de valoración de personal, criminalística, etc.», explica el profesor universitario y especialista en inteligencia Francisco Viñals Carrera en «La inteligencia militar española actual».

«Los servicios de información tenían como principal misión el garantizar que nada ni nadie pudiera poner en peligro la vida de su ídolo. No importaban los gastos, la pérdida de vidas ajenas, ni los medios a utilizar»

Esta retahíla era acompañada de una máxima: la protección de Francisco Franco ante cualquier atentado o peligro. «Los servicios de información tenían como principal misión el garantizar que nada ni nadie pudiera poner en peligro la vida de su ídolo. No importaban los gastos, la pérdida de vidas ajenas, ni los medios a utilizar», determina Alcalde. Para ello, también se intentó infiltrar agentes en grupos comunistas ubicados fuera de España.

Para llevar a cabo sus diferentes tareas de inteligencia, el CESIBE (así como sus ramificaciones inferiores) se nutrían de todo tipo de informadores. Entre los mismos se encontraban los servicios secretos autónomos de los tres ejércitos españoles, los grupos FET de las JONS (Falange), la CNS (los sindicatos) y los «chivatos». Así lo explica Alcalde en su obra, donde también señala que, para evitar la subversión en el interior de España, este organismo contaba con «sus propias “escuelas ideológicas” para formar a sus agentes en las ideas que se combatían: las comunistas, las anarquistas, las socialistas, las masonas…».

Todo ello, ayudados por la Gestapo hasta los últimos retazos de la Segunda Guerra Mundial. La mentalidad de este grupo quedó clara en 1994 cuando, durante una entrevista para las cámaras, Enrique Bretaños (miembro del servicio secreto español durante la época que nos ocupa) declaró lo siguiente: «El que se atrevía a enfrentarse al Régimen sabía que no podía llegar ni al juzgado».

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Nueva etapa

Año va, año viene, llegaron los 60 a España. Y con ellos, se replicaron en nuestro país los anhelos de libertad contagiados por los movimientos obreros de media Europa. Casi de la noche a la mañana, se empezó a respirar en los campus universitarios el espíritu de las revueltas que se habían vivido en Francia allá por mayo de 1968.

Una serie de protestas contra la sociedad capitalista que habían logrado paralizar el país galo. Aquello preocupó sobremanera a Francisco Franco, quien tuvo la idea de que, para evitar disgustos, lo mejor que se podía hacer era crear un servicio de información que tuviera controlados a los principales líderes estudiantiles y a sus respectivos grupos sediciosos.

Y así fue como –por mediación del Subsecretario de Educación Alberto Monreal Luque– se creó el enésimo servicio de información diferente en España: la Organización Contrasubversiva Nacional. La diferencia es que, en este caso, se acababa de dar forma al grupo que, posteriormente y con el paso de las décadas, se convertiría en el futuro CESID. El mando le fue dado en sus inicios a José Ignacio San Martín y se determinó que, a pesar de depender extraoficialmente de la organización militar, a nivel oficial sería independiente.

Carrero Blanco
Carrero Blanco

No les debió ir mal en su lucha contra la sedición estudiantil pues –en 1971- los responsables de la Organización Contrasubversiva Nacional recibieron dos nuevos cometidos. Ambos, explicados por Alcalde en su obra: «Se crearon dos nuevas secciones. Una dedicada al mundo laboral cuya misión principal era la infiltración y manipulación de los movimientos sindicales inspirados por la iglesia católica […] así como en las organizaciones históricas del movimiento obrero español: la UGT y la CNT».

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A la segunda, por su parte, se le encargó investigar a los grupos independentistas vascos y catalanes. Poco a poco, los «espías» de este grupo lograron adquirir una ingente cantidad de contactos, lo que se tradujo en un aumento del poder de la organización.

Lobo
Lobo

La existencia de la Organización Contrasubversiva Nacional se extendió oficialmente hasta 1972. Y es que, fue ese año cuando se le cambió el nombre por Servicio Central de Documentación. «En marzo, Carrero Blanco crea el SECED, e1 el nuevo departamento de información vinculado a la Presidencia del Gobierno. Su nacimiento [busca combatir] los movimientos sindicalistas y obreros, principalmente, aunque el almirante aprovecha e incluye entre sus otros objetivos a los detractores del interior del Régimen. A los enemigos políticos del franquismo que le plantan cara», explica el Manuel Cerdán en su obra «Matar a Carrero. La conspiración».

A nivel práctico, el grupo siguió funcionando de forma similar a la Organización Contrasubversiva Nacional, aunque con mayores responsabilidades. Entre ellas destacaba –por ejemplo- investigar a los enemigos del estado o enfrentarse a la parte más progresista de la iglesia. A su vez, sus agentes también pusieron todos los esfuerzos posible en acabar con ETA. De hecho, fue un espía vasco del CESED (Mikel Lejarza) quien logró infiltrarse en esta banda terrorista y desarticular, desde dentro, la cúpula del grupo. Su golpe de mano fue tan determinante que, tras acabar con la misión, se cambió el rostro en el quirófano para evitar ser reconocido.

En todo caso, el CESED fue el antecedente directo de los servicios secretos actuales en España. «El primer servicio secreto español quedó constituido por doscientas personas de plantilla y unos cinco mil colaboradores, de ellos unos dos mil directos y quinientos informadores», añade el español.

Origen: La relación oculta entre Franco y la Gestapo nazi para decapitar al comunismo en España

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