La verdad tras el avión nazi estrellado en La Concha en 1945: «Hitler viajaba en él, no ha muerto»

El avión de Degrelle, luciendo su esvástica, poco después de estrellarse en La Concha, el 8 de mayo de 1945, con la noticia aparecida en este diario - Vicente Martín / ABC
El avión de Degrelle, luciendo su esvástica, poco después de estrellarse en La Concha, el 8 de mayo de 1945, con la noticia aparecida en este diario – Vicente Martín / ABC

Justo el día que se anunció la rendición del Tercer Reich en la Segunda Guerra Mundial, el comandante belga e «hijo adoptivo» del Führer, Lèon Degrelle, iniciaba su huida para evitar ser apresado por los aliados y ser condenado a muerte, pero tuvo que realizar un amerizaje de emergencia en la playa de San Sebastián que sobrecogió a todos los vecinos

Solo un día antes de que un avión sorprendiera a los vecinos de San Sebastián, con su esvástica bien visible sobre el empenaje de cola, estrellándose en la playa de La Concha, Alfred Jodl llegaba a Reims (Francia) para negociar la rendición del Tercer Reich en la Segunda Guerra Mundial. «El pueblo alemán y su ejército están en sus manos. Solo puedo expresar el deseo de que el vencedor nos trate con generosidad», comentó el general germano al delegado de Ike Eisenhower, Walter Bedell Smith.

Berlín ya había sido conquistada, Hitler se había suicidado una semana antes y los Aliados aplastaban a las escasas fuerzas alemanas que intentaban resistir. En España se seguían todas esas noticias desde la neutralidad marcada por Franco, hasta que el 8 de mayo de 1945, el mismo día en que los nazis firmaban la rendición, un avión se estrellaba contra las aguas de San Sebastián.

«A las seis de la mañana de ayer, un avión caza alemán, marca Heinkel, se precipitó en las aguas de la bahía de La Concha, en el balneario, por la parte más cerca de la orilla. En aquellos momentos la marea no alcanzaba su plenitud. El avión siniestrado dio dos vueltas de campana y se hundió en el mar cerca de la orilla», podía leerse al día siguiente en ABC, uno de los pocos periódicos que informó en España sobre aquel suceso en época de censura. «En los primeros momentos se extendió por la ciudad el rumor de que en el avión viajaba nada menos que Hitler, el cual, según los informadores de la calle, no había muerto. Y que, a pesar de mostrarse desfigurado, había sido identificado por las autoridades», añadía.

El alto el fuego

Ese mismo día, este diario también anunciaba que, «un minuto después de medianoche, ha sido dada la orden de alto el fuego». Así rezaba el titular de nuestra edición madrileña, mientras en la sevillana se anunciaba: «Ha terminado la guerra en Europa». En el subtítulo explicaba: «Las fuerzas alemanas de tierra, mar y aire se rindieron al ejército expedicionario Aliado y, simultáneamente, al mando soviético». Era el famoso Día de la Victoria, aunque que en el Pacífico los enfrentamientos continuaran hasta agosto con las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

Retrato de Degrelle, durante la Segunda Guerra Mundial
Retrato de Degrelle, durante la Segunda Guerra Mundial – ABC

El acta de rendición firmada por Jodl en el cuartel general de Dwight D. Eisenhower, comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa, fue refrendada por el mariscal Wilhelm Keitel ante los representantes de la URSS en Berlín. Mientras se producía la histórica rúbrica, un grupo de vecinos de San Sebastián que caminaba tranquilamente por la playa de La Concha ajeno a la noticia del final de la guerra escuchó el gran estruendo en el cielo. Al levantar la cabeza, vieron a un avión haciendo maniobras arriesgadas hasta precipitarse en la orilla. En la cola, la esvástica nazi, como puede verse en la imagen tomada por el fotógrafo donostiarra Vicente Martín.

La noticia de la muerte de Hitler ya había dado la vuelta al mundo una semana antes. ABC la publicó el día 2 de mayo de 1945, pero durante aquel día 8 toda la ciudad de San Sebastián creyó que todavía continuaba vivo, que no se había suicidado realmente y que huía desesperadamente tras su derrota. No era así, aunque uno de los pasajeros del Heinkel-111 de la Luftwaffe que se estrelló en La Concha no era precisamente un desconocido: «El avión llegó a nuestra ciudad –continuaba– falto de gasolina, efectuando un aterrizaje forzoso. De él fueron extraídas hasta seis personas con uniformes militares alemanes. Una de ellas ostentaba alta graduación con distintivo de coronel y lucía en su pecho la Cruz de Hierro. Se trata del conocido rexista, jefe del partido belga, Léon Degrelle. Sus acompañantes eran soldados de inferior graduación».

Avión de Degrelle, tras estrellarse en La Concha, con cientos de vecinos de San Sebastián observando la escena
Avión de Degrelle, tras estrellarse en La Concha, con cientos de vecinos de San Sebastián observando la escena – Vicento Martín

Degrelle fue un oficial de la Legión Valonia, una unidad extranjera adscrita a las SS alemanas en la que destacó como uno de sus mandos durante la Segunda Guerra Mundial. Había sido también el fundador del rexismo, una rama del fascismo en Bélgica que alcanzó gran notoriedad en Europa entre 1939 y 1945. Pero cuando los alemanes vieron que los Aliados ya les habían derrotado y que Hitler estaba muerto, el ministro de Exteriores del Tercer Reich, Joachim von Ribbentrop, convenció al belga para que huyese. En ese momento se encontraba en Oslo, a donde había llegado desde Copenhague. En la capital noruega se apropió, junto a cinco oficiales, del avión del arquitecto y Ministro de Armamento nazi Albert Speer y emprendió el vuelo de noche.

Cuando se estrelló en San Sebastián tras volar 2.150 kilómetros, tenía 39 años. Él mismo contó el viaje en sus memorias: «Volábamos sin luces huyendo del fuego antiaéreo francés. Cuando divisábamos Irún, a solo unos minutos de aviación, vimos la muerte segura. Yo conocía aquella zona porque de pequeño había veraneado en Lourdes con mis padres algunos años y en dos ocasiones visitamos Guipúzcoa. Pero faltaban algunos minutos y el avión ya no tenía combustible. Aterrizar en suelo francés significaba la guerra. Así que el piloto, para demostrar su pericia, puso el avión vertical, aprovechó las últimas gotas y llegamos hasta San Sebastián. La Vírgen de Lourdes me salvaba en el último momento».

El aparato chocó con unas rocas en un extremo de la playa, lo que provocó que se desviase contra las aguas y quedara varado, según explicaba después. «Llevaban a bordo gran cantidad de mantequilla, varios termos y píldoras vitamínicas. Carecían de tabaco, que pidieron con ansiedad al llegar a tierra», contó ABC. La noticia se publicaba el mismo día que miles de ciudadanos salían a festejar por las calles de París, Nueva York y Londres el final de la guerra. El primer ministro británico, Winston Churchill, saludaba a la muchedumbre congregada en Whitehall haciendo el signo de la victoria. En el País Vasco y España la euforia era menor. La gente hizo vida más o menos normal.

«Varios termos y píldoras vitamínicas»

Lèon Degrelle no era un líder cualquiera. La cruz de la que hablaba el redactor de ABC se la había impuesto el «Führer» personalmente en febrero de 1944, poco más de un año antes de su amerizaje en La Concha. En agosto de ese año también le otorgó la Cruz de Caballero con Hojas de Roble, una distinción concedida a solo 883 militares en toda la guerra. En la ceremonia de entrega, el mismo Hitler le dijo: «Si tuviese un hijo, me gustaría que fuese como usted». Aquellas palabras eran un reconocimiento aún mayor que la distinción militar, ya que reflejaban la gran confianza y la complicidad que tuvo el líder nazi con él. Esa fue la razón de que en el futuro se le conociera como «el hijo adoptivo de Hitler».

Crónica del accidente de Degrelle
Crónica del accidente de Degrelle – ABC

Los donostiarras que presenciaron el suceso se quedaron perplejos. Pronto el avión fue rodeado por los vecinos de La Concha, muchos de los cuales se despertaron con el ruido del choque del avión contra el agua y la arena. Algunos, en pijama, se acercaron hasta la orilla para ayudar a los desconocidos pasajeros. A lo largo del día cientos de personas se acercaron a ver el Heinkel-111. Ahí fue donde se extendió el rumor de que dentro iba Hitler. Algo a lo que sin duda ayudó la enorme esvástica visible en la cola. Algunos niños, incluso, arrancaron algunos pedazos del avión de Degrelle, cuyos restos fueron finalmente trasladados a Logroño.

Degrelle resultó gravemente herido y estuvo ingresado durante dieciocho meses en el Hospital Mola, de San Sebastián, aunque en un primer momento ABC solo detallaba que sufría «la fractura del omoplato y la posible fractura de un tobillo». El beslga, sin embarga, lo explicaba así en sus memorias: «Mis heridas, en realidad, me salvaron, porque Franco quiso devolverme a Alemania. Ví las cosas tan mal que un día le escribí una carta en la que le decía: “Qué poco vale para usted la sangre de un cristiano”. Franco se indignó, según supe». Eran los primeros momentos de una estancia en España que se prolongó hasta 1994 entre Madrid y Málaga.

Origen: La verdad tras el avión nazi estrellado en La Concha en 1945: «Hitler viajaba en él, no ha muerto»

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