Los últimos secretos del Templo de Debod

Desde detalles de su traslado y reconstrucción que se publican por primera vez, pasando por la traducción integral de sus jeroglíficos o el hallazgo de relieves inéditos, el santuario egipcio celebra medio siglo en Madrid desvelando su pasado

El 20 de julio de 1972, dentro de las inauguraciones conmemorativas del 18, día clave para el franquismo, abría por fin sus puertas al público en Madrid el Templo de Debod. Una triunfal coronación tras años de arduas labores de reconstrucción y gestiones que lograron que España luzca el templo egipcio más grande fuera de Egipto. Medio siglo después, la fascinación que ejerce permanece intacta y los misterios que encierran sus muros comienzan a desvelarse. Desde detalles de su traslado y reconstrucción que se publican por primera vez, pasando por la traducción integral de sus jeroglíficos en español o el hallazgo de relieves inéditos, su historia está más viva que nunca.

Ese día estuvo presente Antonio Almagro, un recién licenciado en arquitectura que se había encargado de supervisar el «remontaje» de los sillares. Su padre, Martín Almagro Basch, había dirigido la misión arqueológica española de rescate de monumentos de Nubia, amenazados por la construcción de la Gran Presa de Asuán. También se había empeñado en conseguir el Templo de Debod para nuestro país. Las autoridades egipcias habían ofrecido como recompensa una serie de edificios a los países que más colaboraron en la campaña. Estados Unidos se quedó con el Templo de Dendur; Italia, con el de Ellesiya; los Países Bajos, con el de de Taffa, y Alemania, con la Puerta de Kalabscha. España no era la que más dinero había puesto y se desató una competencia atroz, pero Almagro apostó fuerte por la joya de la corona.

«Mi padre era una persona con mucho tesón, eso es indudable», explica a ABC Antonio Almagro, que recopila su experiencia y recuerdos por primera vez con motivo del citado aniversario en ‘El Templo de Debod, de Nubia a Madrid’ (Planeta). El inicio de la campaña le pilló haciendo Bachillerato. «Era casi un niño, pero recuerdo que durante las misiones de salvamento de los monumentos se iban con un barco que les dejaba y no volvía a pasar hasta una semana después. Pero, por más recónditos que estuvieran, España fue a todos los sitios que se le pidieron e incluso a alguno que otros países habían rechazado», rememora este investigador del CSIC ahora retirado. Además de esa seriedad en el trabajo, el autor apunta dos factores más que inclinaron la balanza a nuestro favor: su padre insistió en que todas las excavaciones españolas se publicaran y, en aquellos momentos, la política exterior de nuestro país apoyaba a los árabes en general y a Egipto en particular.

La visita de Champollion

En el momento de su adjudicación, el santuario ya había sido desmontado para salvarlo de las aguas de la Primera Presa y fue trasladado a la isla de Elefantina en 1.359 cajas que contenían 1.724 bloques de piedra. Antes de que llegaran al solar del Cuartel de la Montaña en junio de 1970, el padre de Almagro le encargó los planos para poder ver sus dimensiones y ubicarlo en el parque público que se estaba levantando al mismo tiempo. «Era un estudiante de arquitectura a punto de terminar y para mí eso fue, desde luego, el comienzo de una aventura inolvidable», explica el académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Expansión del imperio egipcio

Carchemish

Citium

Biblos

Kadesh

Sidón

Mar Mediterráneo

Damasco

Tiro

Gaza

Tanis

CLAVE

Avaris

Imperio Antiguo

2755-2255 a.C.

Heliópolis

Menfis

SINAÍ

Imperio Medio

2134-1784 a.C.

Heracleópolis

Imperio Nuevo

1570-1070 a.C.

Abydos

Reino de Kush

TEBAS

EGIPTO

Asuán

Mar Rojo

Elefantina

Abú Simbel

Templo

de Debod

Reino

de Kush

Napata

Cronología del Antiguo Egipto

Inicio

2686 a.C

IMPERIO ANTIGUO

Periodo de estabilidad

Grandes pirámides

Invasiones

2160-2050 a.C

IMPERIO MEDIO

Guerras e invasiones

Invasiones

1650-1550 a.C

IMPERIO NUEVO

Expansión territorial

(Ramsés III)

Proclamación del monoteísmo

(Amenofis IV)

1069 a.C

Invasiones

ÉPOCA TARDÍA

684 a.C

Siglo IV a.C.

Provincia persa

339 a.C.

Conquista de Alejandro Magno

60-39 a.C.

Provincia romana

30 a.C

Final

Además de su testimonio, Almagro incluye en el libro esa planimetría y una amplia recopilación traducida al español de las descripciones y análisis realizados por viajeros y grandes investigadores que conocieron el santuario en su lugar de origen. El marino danés Frederick Lewis Norden en 1737, el arquitecto alemán Franz Christian Gau en 1819, o el eminente egiptólogo Jean-Françoise Champollion en 1828 fueron algunos de ellos. «Gracias a todos ellos fue factible volver a reconstruirlo, porque lo que se desmontó en Nubia y se trajo aquí era una ruina, tal y como atestiguan las fotografías del siglo XIX», afirma el autor.

1.724bloques de piedra

El santuario desmontado para salvarlo de las aguas fue trasladado a la isla de Elefantina en 1.359 cajas

Almagro insiste en que aquello fue el condicionante de la solución final que se dio a su remontaje en Madrid, la reconstrucción de su estado primitivo: «Trasladar una ruina tenía poco sentido, pero tener la obra de arquitectura mostraba cómo es un templo egipcio. El espacio vivido, sumergirse dentro de un edificio, es la experiencia que mejor te hace entender».

Para conseguirlo, tenían la documentación que le entregaron las autoridades egipcias que, a pesar de lo que se suele creer, Almagro no duda en tildar de efectiva. Los técnicos que desmontaron Debod lo hicieron con mucha prisa porque las aguas de la Primera Presa ya suponían un peligro inminente. «Elaboraron unos croquis de cómo iban sigladas las piedras. En los paramentos anotaban la signatura que se daba a cada piedra, que luego era grabada y repasada con pintura. El sistema era bastante lógico e intuitivo, con lo cual prácticamente viendo la signatura sabías dónde tenía que ir la piedra». Aún así, el santuario estuvo casi diez años en la isla de Elefantina almacenado, y algunas siglas se habían borrado. «Pero se identificaron con las fotografías antiguas. De mil y pico, a lo mejor hubo una o dos que no se llegaron a localizar correctamente», recuerda el especialista.

Reubicado en Egipto

Fortaleza y ciudad de Qasr Ibrim

Permanece en

su lugar de origen

Reubicado fuera de Egipto

Templo

de Hathor

Abu Simbel

Templo de Debod

Madrid (España)

Quiosco de Kertassi

Templo

de Ellesiya

Turín (Italia)

Templo

de Ramsés II

Abu Simbel

Templos

de Jnum y Satis

Templo de

Kalabsha

Es el mayor templo exento reubicado

Templo

de Amada

Templo

de Taffa

Leiden

(Países Bajos)

Templo

de El Derr

Es el único

del lado derecho del Nilo

Templo

de Dendur

Nueva York (EE.UU.)

Templo de Osiris

Templo

de Isis

Templo

de Es Sebua

Templo de

Gerf Husein

Templo

de Dakka

Templo de

Maharraqa

Dibujo sobre la maqueta expuesta en el templo de Debod (Madrid)

El auténtico problema fue que esa documentación era escasa. «Nos faltó tener un plano muy preciso de la planta para poder arrancar, sobre todo porque, por la premura, y seguramente también por falta de medios económicos, no se desmontaron las piedras del cimiento» aclara Almagro. Aquello tenía las claves de sus verdaderas dimensiones porque a los paramentos del templo les faltaba un trozo de unos diez centímetros.

Vista general del Templo de Debod en Madrid ABC

También supuso un desafío simultanear el remontaje con las obras del parque. «Las piedras fueron depositadas en el propio solar del Cuartel de la Montaña y se decidió que la mejor manera de almacenarlas era montarlas en su sitio. Eso trajo complicaciones. Hubo que hacer traslados parciales porque se necesitaba el sitio donde estaban y todavía no se podían montar. Aunque se intentara llevar un orden, al final siempre se producía cierto descontrol, y los que estábamos trabajando en eso a veces nos volvíamos un poco locos buscándolas», evoca el investigador.

Gracias a esa entrega y profesionalidad todo se fue solucionando. «Para mí fue un aprendizaje de cómo hacer las cosas para luego no tener problemas, y también, que los problemas con dedicación y trabajo se resuelven», concluye Almagro. El templo quedó listo para contar su historia a los madrileños y visitantes. Los relieves, inscripciones y jeroglíficos que han llegado hasta nuestros días la revelan.

El corazón del templo

Fue Adijalamani, rey de Meroe, el que ordenó hace 2.200 años levantar la capilla que hoy se considera el corazón del templo. Los dominios del monarca se extendían por la Baja Nubia y Debod se encontraba en un punto estratégico, muy cerca de la frontera con Egipto. Adijalamani no era faraón, pero se consideraba el legítimo heredero de la Dinastía XXV, que había conseguido reunificar Egipto en el 715 a.C., y, por tanto, descendiente de Amón.

ETAPA MEROÍTA

El monarca nubio Adijalamani de Meroe hizo erigir una capilla dedicada a los dioses Amón e Isis que se construyó a inicios del siglo II a.C. Con la creación de esta, el rey invocaba la legitimidad de los dioses para volver a conquistar la tierra de sus ancestros. Adijalamani tenía la intención de invadir Egipto en auxilio de los rebeldes que se habían alzado contra los reyes ptolomeos en Tebas, en Karnak.

ETAPA PTOLEMAICA

Durante los años 175 a 51 a.C. los reyes de Egipto ordenaron levantar el templo alrededor de la capilla de Adijalamani. Se añadieron a esta un vestíbulo columnado y numerosas capillas, además de una terraza.

ETAPA ROMANA / Emperador Augusto

Durante el período en el que los romanos ocuparon Egipto y bajo el mandato de este emperador se construyó una sala adherida al lado izquierdo del vestíbulo, se cerró la fachada interior y se decoró la principal. Parece ser que el pilono más próximo -y desaparecido- es de este tiempo.

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Con la creación de la capilla, el monarca invocaba la legitimidad de los dioses para volver a conquistar la tierra de sus ancestros. «Adijalamani tenía la intención de invadir Egipto en auxilio de los rebeldes que se habían alzado contra los reyes ptolomeos en Tebas, en Karnak. Aunque al final no llegó a entrar, lo que hace aquí básicamente es reivindicarse como hijo del dios Amón y de Isis. El pueblo egipcio tenía una cosmovisión en la cual estaban los dioses y el faraón, como hijo de los dioses, el heredero que tenía que garantizar el orden en la tierra: la crecida del Nilo, la salida del sol…», explica Franciso Martín Valentín, director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto.

Adijalamani dividió la capilla en dos con un eje imaginario y dedicó la mitad norte al dios Amón y la sur, a la diosa Isis de Filé. El santuario formaba parte de la ruta sagrada hacia el gran Templo de Isis en la cercana isla de Filé, donde, según la religión egipcia, habría dado a luz a Horus; en Debod habría sentido los dolores del parto. Actualmente subsisten 27 de las 36 escenas que jalonaban los muros de la capilla. «Los dioses que están en cada una de las dos mitades se corresponden con el ciclo mítico del dios correspondiente y luego las escenas se relacionan entre sí de un lado a otro. Si en una está el esposo de Isis, en el otro está la esposa de Amón», aclara Miguel Molinero Polo, profesor titular de Egiptología de la Universidad de La Laguna.

EXTERIOR

El templo permaneció casi intacto mucho tiempo. El terremoto de 1868 y la primera presa de Asuán (1097) le afectaron en gran medida. La inundación casi constante del templo provocó la pérdida de la policromía, daños de algunos de sus relieves y la erosión de su piedra arenisca. Sin estos daños el templo hubiera lucido así.

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VESTÍBULO

Se cierra y se decora en época de Augusto. A lo largo del siglo XIX una gran parte del vestíbulo quedó destruida pero, con los restos hallados, se pudo averiguar datos a cerca de su decoración. Los emperadores romanos Augusto y Tiberio aparecen en relieves realizando ofrendas a los dioses.

CAPILLA DE ADIJALAMANI

Esta capilla, conocida como el corazón del Templo de Debod, tenía los relieves policromados en los que aparece el rey realizando ofrendas a diversos dioses, en especial a Amón de Debod e Isis de Filé.

CAPILLA DE NAOS

Siendo la más sagrada del templo permanecía cerrada todo el día excepto por las mañanas, cuando se llevaba a cabo el culto.

CAPILLA OSIRÍACA

Una sala rectangular sin decoración que servía para los rituales de vida, muerte y resurrección del dios Osiris.

MAMMISI

La palabra mammisi, de origen copto, significa lugar de nacimiento. Hace alusión a la sala donde la diosa venerada en el templo daba a luz, celebrándose el misterio del nacimiento divino.

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Los jeroglíficos

El primer obstáculo con el que se toparon los investigadores a la hora de intentar descifrar los jeroglíficos que acompañan a esos relieves es el estado en el que se encuentran. Antes de ser entregado a España, las crecidas que llegaban a la Primera Presa de Asuán lo mantuvieron bajo las aguas nueve meses al año durante medio siglo. Y eso ha pasado factura a la piedra arenisca, borrando gran parte de este legado.Como ocurría en la reconstrucción del templo, la clave para recuperarlo estaba en la extensa documentación que dejaron viajeros y estudiosos a lo largo de su historia. Uno de los más destacados en este campo es el mencionado Champollion, que consiguió descifrar la escritura jeroglífica gracias al estudio de la piedra de Rosetta, hallada el 15 de julio del año 1799. «Durante su viaje a Egipto en el primer tercio del siglo XIX, visita el lugar y toma anotaciones de algunas inscripciones y las traduce. Después, con la expedición prusiana de 1843, el lingüista Karl Richard Lepsius también copia textos y los publica», señala Martín Valentín.

A ellos hay que sumar la obra del alemán Günther Roeder, autor de la primera publicación integral que se hizo de los textos y parte de su traducción (muchos de ellos eran incomprensibles en aquel momento). El egiptólogo la acompañó con una detallada documentación fotográfica antes de que el templo se sumergiera con la Primera Presa en 1911. También previo a su trasladarlo a Elefantina, la Unesco encargó el trabajo de copiar todas sus inscripciones a los egiptólogos François Daumas y Philippe Derchain para que quedaran preservados.

Ilustración de Champollion en la que el faraón ofrece Maat (sabiduría) a los dioses publicada en ‘Monuments de l’Egypte et de la Nubie’ JEAN FRANÇOISE CHAMPOLLION

El lenguaje de Debod

A todos ellos ha recurrido Martín Valentín que, coincidiendo con el cincuenta aniversario de la apertura al público del santuario, publica ‘Las inscripciones jeroglíficas del Templo de Debod’, un nuevo libro que recopila todos los textos y su traducción completa. «Es una puesta al día del cien por cien con el templo ya reconstruido. La labor más relevante que había que hacer aquí era comprobar todas las inscripciones, compararlas con todo lo que se había copiado anteriormente, completar las lagunas que han desaparecido con propuestas de otros templos paralelos que encajan perfectamente, como el de Dakka, y hacer un estudio epigráfico muy detallado por observación de las columnas. Solo así se ve hasta un pequeño trazo de un relieve que nos puede indicar un jeroglífico y con él, el grupo que conforma la palabra», detalla el director del Proyecto Visir Amenhotep Huy junto a Teresa Bedman.

El arqueólogo añade una dificultad más a este trabajo de restauración documentada: la existencia de un lenguaje específico de Debod. En ese período, los sacerdotes elaboraban para cada templo una expresión escrita de la lengua especial. La finalidad era preservar el secreto de los rituales cultuales. En caso contrario, cualquiera podía entrar, leer todo lo allí recogido y obtener el poder que la divinidad otorgaba con el culto. Para desentrañar ese código, «son de gran utilidad, por ejemplo, las inscripciones del Templo de Isis de Filé porque la escuela de Debod dependía de sus sacerdotes».

Así era el rito de purificación

Martín Valentín ha elaborado 44 fichas que recopilan las inscripciones jeroglíficas que han llegado hasta nuestros días y también las que han desaparecido. Seguir su rastro permite identificar las distintas etapas constructivas por las que pasó el santuario. El arqueólogo ha reconstituido varios en la capilla del rey meroíta Adijalamani. Entre ellos destacan las inscripciones de los relieves de la purificación de la entrada: «Había un personaje que estaba echando agua con una jarra para el oficiante al que purificaba. Es el dios Horus con cabeza de halcón y detrás está Im-Hotep divinizado».

Estos jeroglíficos recogen cánticos de adoración mientras se le presentaban al dios las ofrendas en los altares. «¡[Despierten] tu espalda con tus dos manos. Despierte tu cuerpo espléndido hecho por El-de-bello-rostro Ptah! ¡Despierte tu parte trasera! ¿Que tú puedas sentarte confortablemente [en tu barca] ¡haces lo que amas en las Dos Tierras conforme a tu deseo!», ejemplifica el libro de Valentín (los corchetes señalan las partes que no están actualmente).

Cleopatra y Ptolomeo

Tras la caída de los reyes de Meroe, fueron los faraones ptolomeos los que extendieron su dominio por la Baja Nubia y emprendieron obras de ampliación en sus santuarios. La capilla original dio paso a un pequeño, pero completo templo egipcio gracias a las intervenciones de Ptolomeo VI -junto a su hermana y esposa Cleopatra II-, Ptolomeo VII y Ptolomeo XII.

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Levantaron un segundo pilono y dos naos (las salas más sagradas, destinadas a alojar la estatua del dios), uno dedicado a Isis hoy desaparecido y otro al dios Amón, que es el que ha llegado a nuestros días. Su sagrario está jalonado con jeroglíficos que guardan la huella de Ptolomeo XII. «El Horus Toro poderoso, el hijo de Ra, el señor de las coronas ‘Ptolomeo, eternamente viviente, amado de Ptah y de Isis’, amado de su divina hermana. Él ha hecho esa capilla para Amón de Debod… [dotado de vida]», traduce Martín Valentín.

Augusto, el emperador faraón

La última etapa vino detrás de la derrota de Cleopatra VII y Marco Antonio. En el 31 a.C. Egipto se incorporó al Imperio romano y en el templo dejaron su impronta dos emperadores, Augusto y Tiberio. Solo el primero aparece en los relieves en el vestíbulo y la fachada. En ellos hace ofrendas ante los dioses Amón de Debod e Isis, junto con Osiris y Mahesa, entre otros. «Se hace representar como faraón, a pesar de que tenemos constancia de que rechazó los cultos egipcios. Lo hace porque es el icono del pueblo y los gobernadores ordenaron que se le representara haciendo ritos importantes», aclara el autor.

Uno de los más relevantes se encuentra en el pronaos. En ese relieve Augusto hace ofrenda de Maat, la diosa de la justicia, en un cuenco a Amón e Isis. En uno de los jeroglíficos que jalonan la escena se lee: «El Rey del Alto y del Bajo Egipto, el Señor (de las Dos Tierras) ‘Autocrator’; el Señor de las Coronas ‘César’, eternamente viviente, amado de Ptah y de Isis».

Los grafiti tenían la clave

A lo largo de los más de 2.200 años de historia del templo, muchos son también los visitantes que quisieron dejar constancia de su estancia en las piedras. Se trata de los denominados grafiti, entre los que se encuentran caravanas de dromedarios, una gacela, una barca, cruces, dos expresiones en griego, palabras coptas (escritura de la última etapa del egipcio antiguo), quince frases en árabe y unas treinta firmas de viajeros británicos, italianos y franceses.

Imagen principal - Diversas imágenes del proyecto Tajut que ha estudiado los relieves y grafitis históricos en las paredes del templo relativos a caravanas y visitas de viajeros en la época clásica hasta el siglo XIX
Imagen secundaria 1 - Diversas imágenes del proyecto Tajut que ha estudiado los relieves y grafitis históricos en las paredes del templo relativos a caravanas y visitas de viajeros en la época clásica hasta el siglo XIX
Imagen secundaria 2 - Diversas imágenes del proyecto Tajut que ha estudiado los relieves y grafitis históricos en las paredes del templo relativos a caravanas y visitas de viajeros en la época clásica hasta el siglo XIX
LAS CLAVES DE LOS GRAFITIS Diversas imágenes del proyecto Tajut que ha estudiado los relieves y grafitis históricos en las paredes del templo relativos a caravanas y visitas de viajeros en la época clásica hasta el siglo XIX PROYECTO TAHUT

En 2003 nacía el Proyecto Tahut con el fin de documentarlos, copiarlos y digitalizarlos para su preservación. Apoyado por el Museo de San Isidro de Madrid y la Universidad de La Laguna, comenzó con un afán didáctico, «de aprendizaje de métodos de epigrafía digital. Se trabaja sin tocar nada, solo a través de fotografías», explica Molinero Polo, director del proyecto. «Empezamos con los grafiti. Una vez que estaban dibujados, documentados e identificados, pasamos a por los relieves y ahora estamos estudiando la paleografía de los signos jeroglíficos, que ya están copiados y ahora se encuentran en la fase de corrección, de manera que ya estaríamos al final del proceso», especifica el arqueólogo, que añade que el objetivo es publicar todo el conjunto en próximas fechas.

El Proyecto Tahut no solo incluye el estudio de esas inscripciones, también análisis complementarios y una contextualización histórica. «De esta forma, vemos de qué manera los grafiti ayudan a entender la historia del edificio y también de qué manera la historia del edificio ayuda a entender los grafitis. No solo estudiamos qué inscripciones son, si no cómo se imbrican en la historia del Templo de Debod y en su yacimiento», asevera Molinero. Esa concienzuda investigación tuvo premio.

A principios del siglo XIX, la dinastía de Mehmet Alí logró modernizar el país, lo que favoreció que los occidentales empezaran a viajar a Egipto. «Los primeros que alcanzaron el extremo sur, la Primera Catarata, se sentían muy orgullosos de haber llegado donde otros no habían podido y muchos de ellos se hacían acompañar de dibujantes, que son los que firmaban los grafiti. Comprender eso, que los dibujantes eran contratados por otras personas, nos puso sobre la pista. Buscamos con quién viajaban los firmantes y eso nos permitió localizar algunos archivos de documentación sobre ellos», señala el científico.

GALERÍA. Trabajos de reconstrucción del Templo de Debod en Madrid MANUEL SANZ BERMEJO

Así es cómo han realizado un notable hallazgo. «Hemos encontrado calcos y dibujos que complementan los relieves desaparecidos, con lo que incluso virtualmente podríamos reconstruir cuál era la decoración completa», asevera Molinero.

Se trata de inscripciones nuevas, que no han sido publicadas hasta ahora y que recrean, por ejemplo, todos los relieves que había en las cuatro paredes del vestíbulo, de las que solo ha llegado hasta nuestros días un frente. «Hay muchos más dibujos que no están mencionados que hemos ido encontrando y que vamos a ir presentando paulatinamente. Nuestra idea sería crear una reconstrucción digital en la que incluyamos también los que no se conservan ahí pero hemos identificado en otros lugares», aclara el director del proyecto.

Ese objetivo de documentar lo que se ha preservado y también lo que se ha perdido hace que el proceso vaya un poco más lento. Cuando se culmine, lo darán todo a conocer a través de publicaciones académicas y después de una forma más divulgativa, a través de exposiciones.

Con más de dos milenios a sus espaldas, la historia del Templo de Debod no se agota. Bajo la forma de testimonios, de nuevas traducciones o de hallazgos, el pasado guardado entre sus muros tiene todavía mucho futuro por delante.

Origen: Los últimos secretos del Templo de Debod

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