Ni católicos ni protestantes: así fue la retorcida ‘Iglesia nazi’ con la que Hitler jugó a ser Dios

Hitler, en un encuentro con miembros destacados de la iglesia católica alemana
Hitler, en un encuentro con miembros destacados de la iglesia católica alemana

Para el dictador, el nacionalsocialismo debía ir más allá del ámbito político y convertirse en una especie de religión basada en la raza, con la que borrar del mapa no solo a los judíos, sino también a los católicos y a los protestantes alemane

En las últimas décadas se ha hablado mucho de las relaciones entre el Tercer Reich y Pío XII. De hecho, la publicación de una parte del archivo vaticano del periodo nazi ordenada por el Papa Francisco esta semana, y un nuevo libro han reabierto una vez más el debate sobre el supuesto silencio del primer Pontífice al que siempre han reporchado que no condenara el Holocausto. Para unos fue el ‘Papa de Hitler’, tal y como le han apodado, y para otros fue un santo que hizo todo lo que pudo en la devastadora guerra que le tocó vivir.

El nuevo libro de David I. Kertzer, ‘Papa en guerra’, que se publicará en España a finales de año y que ya es un ‘best seller’ en Estados Unidos, ha levantado ampollas en el Vaticano.

Los documentos consultados por el historiador estadounidense y expuestos en su obra revelan intensas búsquedas de documentos de bautismo, listas de nombres de personas conversas entregadas por la Santa Sede al embajador alemán durante la Segunda Guerra Mundial y desesperadas llamadas de católicos al Pontífice para que encontrara a descendientes de judíos.

El ensayo de Kertzer, así como la inmediata reacción crítica del Vaticano ante sus informaciones, es una muestra más de que el estudio de las diferentes iglesias alemanas y su relación con el Tercer Reich se ha centrado, por lo general, en la figura de Pío XII. Es como si antes de su controvertido papado, iniciado solo seis meses antes del comienzo de la guerra, no hubiera habido ningún problema en lo que a las confesiones se refiere. Pero nada más lejos de la realidad. Hitler ya llevaba en el poder 12 años y el nazismo ya había expresado sus propias ideas sobre la religión en Alemania desde 1920.

En el artículo 24 de sus estatutos, publicados el 24 de febrero de ese mismo año, el partido ya cargaba contra los judíos, aunque representaran en ese momento menos del 1% de la población alemana. Y, sin embargo, mostraban respeto por las otras confesiones: «Exigimos la libertad de todos los credos religiosos en el Estado, en tanto que no pongan en peligro la existencia del Estado ni entren en conflicto con la cultura y las creencias morales de la raza germánica. El partido como tal se atiene al punto de vista de un cristianismo positivo sin atarse confesionalmente a ningún credo en particular. Combate el espíritu materialista judío a nivel nacional e internacional».

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«El nacionalsocialismo es mi evangelio»

Todo eso cambió pronto y los nazis más destacados comenzaron a hablar de crear su propio credo que trascendiera el ámbito político. Así lo explica Joseph Goebbels en su diario el 23 de julio de 1926: «El nacionalsocialismo es una religión. Solo falta el genio religioso que rompa las viejas fórmulas y cree otras nuevas. Nos falta el rito. El nacionalsocialismo se tiene que convertir en la religión oficial de los alemanes. Mi partido es mi iglesia y creo que la mejor manera de servir al Señor es cumplir su voluntad y liberar al pueblo oprimido de sus cadenas de esclavo. Este es mi evangelio».

Pío XII
Pío XII

En agosto de 1933, poco meses después de ser nombrado ministro de Propaganda, Goebbels concretó aún más el objetivo del Tercer Reich en este sentido: «Hay que ser duro contra las iglesias. Nosotros mismos nos convertiremos en una». El camino no iba a ser fácil, pues más allá de ese 1% de judíos, lo cierto es que la práctica totalidad de los 60 millones de habitantes que tenía Alemania en ese momento eran cristianos, los cuales se dividían en 20 millones de católicos y 40 de protestantes.

Dentro de los protestantes surgió el movimiento de los llamados ‘cristianos alemanes’, que abrazaron muchos de los aspectos raciales y nacionalistas de la ideología nazi. Su convicción fue tal que, cuando Hitler llegó al poder, intentaron crear una ‘Iglesia del Reich’ que difundiera una versión nazificada del cristianismo. Esta deriva no gustó nada a los protestantes que se oponían a esta retorcida versión de su religión, hasta el punto de que crearon la llamada ‘Iglesia Confesionista’, en cuyo documento fundacional, al que llamaron la ‘Profesión de Fe de Barmen’, se declaraba que la iglesia debía fidelidad a Dios y no al ‘Führer’.

Sus miembros más célebres fueron el teólogo Dietrich Bonhoeffer y el pastor Martin Niemöller, a los que Hitler se quitó de en medio rápidamente: el primero fue ejecutado bajo la acusación de haber participado en la conspiración para derrocar su régimen y el segundo se pasó siete años en varios campos de concentración. Esta represión, sin embargo, no acabó con el enfrentamiento y se desató una guerra religiosa entre estas dos facciones, con el objetivo de hacerse con el poder dentro de la Iglesia Evangélica. Y entre estas surgió una tercera corriente neutral, cuya prioridad era evitar un cisma y cualquier conflicto con el Reich.

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La encíclica de Pío XII

Aunque la preocupación de muchos de estos protestantes era que el Gobierno no se entrometiera en los asuntos religiosos, era prácticamente imposible que eso no ocurriera, a tenor de las declaraciones hechas previamente por los principales dirigentes nazis. De hecho, una de las primeras luchas del Tercer Reich fue la de establecer un culto germánico pre-cristiano en las escuelas donde se formaran los futuros cuadros directivos nazis y en las que se considerara al cristianismo como una rama judía enemiga del Estado.

Hitler
Hitler

El ‘Führer’ quería su propia Iglesia y comenzó a presionar a los diferentes credos para que se apartaran de su camino. En 1935 detuvo a setecientos pastores confesionistas que habían criticado desde sus púlpitos la deriva del Gobierno respecto a las religiones. Dos años después, cuando el Vaticano condenó abiertamente el nacionalsocialismo en la encíclica de Pío XI, ‘Con ardiente preocupación’, la Gestapo confiscó casi todas las copias. Y, una vez comenzada la Segunda Guerra Mundial, el dictador fue más allá y ordenó que se escribiera una ‘Biblia nazi’, títulada de ‘Los alemanes con Dios. Un libro de fe alemán’, que debía eliminar cualquier referencia al cristianismo y al judaísmo.

Se imprimieron 100.000 ejemplares en los que se reescribieron pasajes enteros en clave antisemita. «Se cree que la mayor parte de ellas fueron destruidas por los fieles, que preferían la versión original del Libro Sagrado. No hay que olvidar que los cristianos constituyeron un sector de resistencia pasiva al régimen nazi y que Hitler no consiguió integrarlos en su sistema totalitario, un objetivo que quizá pretendía lograr con la publicación de esta obra. Los que optaron por conservarla, probablemente se deshicieron del comprometedor texto tras la caída del Tercer Reich. En la actualidad solo se conserva una copia en una iglesia de Hamburgo», explica Jesús Hernández en ‘100 historias secretas de la Segunda Guerra Mundial’ (Tempus, 2009).

«La iglesia nacional»

En diciembre de 1939, Goebbels escribió en su diario: «Hitler sabe que no puede eludir la lucha entre el Estado y la Iglesia». En julio del año siguiente, líder nazi de la región de Baviera del Este, Fritz Wächtler, declaraba: «Después de la victoria sobre Inglaterra se hará una reordenación del Reich. Habrá cambios profundos. La Iglesia, en su forma actual, tiene que desaparecer. Entonces solo habrá una iglesia, la iglesia nacional. Para quien no se una a esta, ya le tenemos preparado un sitio».

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Martin Bormann
Martin Bormann

Un año después, cuando Alemania ya había invadido Francia, Grecia, Países Bajos y otros muchos países, el jefe del Partido Nazi en Munich expresaba la misma idea, pero con mucha más violencia y visión de futuro: «Nosotros, los que vivimos ahora, Hitler y su vieja guardia, debemos destruir la Iglesia por completo. Que no se piense que es suficiente con que la juventud de Alemania crezca sin Iglesia. El sucesor del ‘Führer’ podría ser más benigno, tener conmiseración y el foco de pus volvería a estallar. El nazismo es a las confesiones cristianas lo que el agua al fuego».

La guerra se fue complicando para el Tercer Reich y, aunque todavía encontramos declaraciones al respecto por parte de líderes tan importantes como Martin Bormann, uno de los hombres de confianza de Hitler –«nunca debemos permitir que las [otras] iglesias vuelvan a tener influencia sobre la dirección del pueblo», dijo en 1941–, este objetivo fue pasando poco a poco a un segundo o tercer plano por detrás de los problemas militares. «El golpe más duro para la humanidad es el cristianismo, el comunismo es hijo del cristianismo, son todo invenciones de los judíos», llegó a declarar el ‘Führer’ tres años después, pero su sueño de ser Dios ya se había ido apagando poco a poco.

Origen: Ni católicos ni protestantes: así fue la retorcida ‘Iglesia nazi’ con la que Hitler jugó a ser Dios

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