Tuttlingen, la desconocida batalla que desmiente el mito del ocaso de los Tercios de Flandes

Cuadro de los Tercios de Flandes, por Ferre-Clauzel. ABC
Cuadro de los Tercios de Flandes, por Ferre-Clauzel. ABC

Los 4.000 españoles, muchos de ellos veteranos de Rocroi, demostraron ser una infantería altamente flexible y todavía calibrada con sus tiempos

Una afirmación repetida una y otra vez por la historiografía tradicional es que la batalla de Rocroi marcó el ocaso de la infantería española que dominó durante siglo y medio los campos europeos y supuso la muerte del grueso de veteranos de los Tercios. Sin embargo, un análisis moderno del combate junto a la frontera con Flandes muestra que, más bien, se trató de un episodio más dentro de una guerra interminable entre España y Francia.

Cierto que los españoles se dejaron sobre el campo de Rocroi a unos 1.000 veteranos muertos, 2.000 heridos y 3826 prisioneros (2.000 fueron repatriados al año), pero los franceses tuvieron 2.000 muertos y 2.500 heridos. Además, España se impuso con una superioridad aplastante a los franceses solo un año después en la batalla de Tuttlingen. Este poco conocido combate ocurrió en la región alemana entre las fuerzas francesas y alemanas dirigidas por el mariscal Josias von Rantzau y el ejército del Emperador y del Imperio español al mando de Franz von Mercy y Johann von Werth, compuesto por imperiales, españoles, bávaros y tropas del Ducado de Lorena.

Los 4.000 españoles, muchos de ellos veteranos de Rocroi procedentes de la Alsacia, demostraron ser una infantería altamente flexible y todavía calibrada con sus tiempos. Entrada la noche del día 24 de noviembre, el ejército católico marchó hacia Tuttlingen, bajo el control francés, para asaltar por sorpresa la ciudad en un rápido movimiento donde la nieve frenó el avance, pero la noche escondió el movimiento.

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Se tomó con facilidad el cementerio, donde se encontraba la artillería enemiga, y el castillo, pero el resto de la ciudad se mostró un hueso duro de roer. Iba a hacer falta un cerco en condiciones. Como explica Alberto Raúl Esteban Ribas en su obra ‘La batalla de Tuttlingen 1643’ (Almena, 2014), la operación para bloquear la ciudad por ambas riberas del Danubio se realizó a la perfección y pronto se evidenció que Rantzau había cometido un grave error al dispersar tanto sus tropas por toda la región. Franz von Mercy barrió los alrededores de franceses e impidió que se pudiera formar una fuerza de rescate.

Camino de Möhringer otro ejército francés fue fulminado por los imperiales. Los supervivientes de esta fuerza se hicieron fuertes en Möhringer, tanto que fue necesario traer desde Tuttlingen los cañones capturados en el cementerio y también a la infantería española. Cuenta Lope de Zancada que el ánimo de los españoles era bueno «porque ansiámos combatir, y pronto llegamos al pueblecito de Möhringen, plaza bastante flaca y con poca tropa nos pareció, pero esta gente no combate como nosotros en Flandes ni tiene la plática de los castillos nuestros ni de los holandeses». Los Tercios de Flandes contaban con una experiencia en asedios muy lejos de las posibilidades de cualquier otro ejército. Su mera presencia causaba temor entre los defensores.

Tuttlingen en 1643, con el castillo de Honberg en el fondo ABC

Los defensores de Tuttlingen confiaban en que las fuerzas de Möhringer o Mühlheim fueron en su ayuda, pero pronto comprendieron que la situación allí era aún más desesperada. El día 25, Rantzau accedió a rendir sus tropas a cambio de salvar sus banderas y los oficiales las espadas. Esto liberó efectivos para recrudecer los ataques sobre Möhringer. «Al alba volvimos a formar después de haber pasado noche al raso, y con varios muertos por el tremendo frío que teníamos en los huesos, la poca comida y la mucha hambre», describe Zancada. Tras horas de bombardeo, también estos defensores accedieron a entregarse.

Los restos del ejército de Rantzau se retiraron a través del río Rin hacia Alsacia. Además de Rantzau, los imperiales capturaron a otros siete generales, nueve coroneles, diez cañones, todo el equipaje y siete mil soldados franceses. 4000 soldados resultaron bajas. El ejército de Sajonia-Weimar quedó paralizado de cara al resto de la campaña alemana, enmarcada en la fase final de la Guerra de los Treinta años. Un ejército veterano de Francia había sido destrozado por los imperiales cuando la historia parecía vaticinar una indiscutible hegemonía militar de los galos. «Fue tal la magnitud de la derrota del ejército francés, que tal hecho fue deliberadamente ocultado por su historiografía, mucho más interesada en propagar la historia de su victoria en Rocroi y de un supuesto fin de la supremacía de los Tercios españoles», sentencia Esteban Ribas en su libro.

Los Tercios de España seguían vivos y coleando. Para encontrar síntomas de haberse quedado desfasados a nivel táctico y tecnológico hay que irse hasta la batalla de las Dunas (1658) o, hablando en términos ibéricos, la batalla de Villaviciosa (1665). En definitiva, como señala el historiador Peter H. Wilson, autor del monumental libro ‘La guerra de los Treinta Años’ (editado en dos volúmenes en castellano por Desperta Ferro Ediciones), «Rocroi debe su lugar en la historia militar a la propaganda francesa» y Tuttlingen es la prueba.

Origen: Tuttlingen, la desconocida batalla que desmiente el mito del ocaso de los Tercios de Flandes

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