25 abril, 2024

Así trabajaba la red clandestina de Clara Stauffer que ocultaba a nazis en España

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La señorita Clara Stauffer ganó la travesía a nado de la laguna de Peñalara. La chica –a quien llaman Clarita– «ríe con gracia rubia, pueril, atractiva», escribe el reportero del semanario Crónica que

La señorita Clara Stauffer ganó la travesía a nado de la laguna de Peñalara. La chica –a quien llaman Clarita– «ríe con gracia rubia, pueril, atractiva», escribe el reportero del semanario Crónica que la entrevista en agosto de 1931. Clarita cuenta que es hija de alemanes, ha nacido en España y se siente «española de corazón».

alternative textEficaz propagandista. Clara Stauffer era española de origen alemán. Su padre trabajó en la Mahou y su madre era hija de Enrique Loewe. Llegó a encargarse de la propaganda de la Sección Femenina de Falange Española. Más arriba, en la imagen que abre este reportaje, con Pilar Primo de Rivera (sentada) y otros colaboradores.

Explica que es una gran aficionada al deporte: «Nado, patino, corro por verdadero sport», dice. También es campeona de esquí. Y habla cuatro idiomas: alemán y español a la perfección, y se maneja bien en francés e inglés. Ha estudiado Enfermería, sabe mucho de música clásica, es una competente ajedrecista y está muy bien relacionada. Su padre, Konrad Stauffer, vino a España como maestro cervecero en la fábrica Mahou y se casó con Julia Loewe, hija de Enrique Loewe Roessberg, el fundador de Loewe en España.

Los aliados reclamaron al Gobierno español que entregara a 104 ‘salvadores de los nazis’. Clara Stauffer era la única mujer que figuraba en la lista

Clara es culta, viajera y con buenas relaciones. Esas cualidades le fueron muy útiles después cuando se convirtió primero en una falangista poderosa y después en una de las piezas claves de las redes clandestinas que ayudaron desde España a escapar de la justicia internacional a prófugos nazis y fascistas.

Era un personaje Clara Stauffer. La escritora Almudena Grandes vio su fotografía de nadadora victoriosa en la prensa y le llamó la atención. Se documentó sobre Clarita: «A medida que iba sabiendo más de ella, más me fascinaba», explicó. La convirtió en una de las protagonistas de su novela Los pacientes del doctor García. Porque esta mujer «moderna, liberada y fascista, abnegada y muy trabajadora –dijo Almudena Grandes– se entregó en cuerpo y alma a una causa… que era el Mal».

alternative textHéroe suplantado. La familia de Clara Stauffer ha contado que un alemán se hizo pasar por el piloto de la Legión Cóndor Walter Oesau para engañarla.

A Clara Stauffer el comienzo de la Guerra Civil española la pilló en Alemania. Regresó y se puso a trabajar en Auxilio Social, de la Falange Española. Asombraba su capacidad de trabajo. Era válida y arrojada: hablaba en la radio, daba órdenes, organizaba, decidía. «En la Sección Femenina no había nadie como ella», cuenta José Luis Rodríguez Jiménez, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Rey Juan Carlos y autor de Bajo el manto del Caudillo. Nazis, fascistas y colaboracionistas en la España de Franco (Alianza Editorial), de próxima publicación.

alternative textModerna y activa. Estudió Enfermería en Alemania y durante la República española destacó en competiciones deportivas (aquí, en 1935). | Álbum.

Durante la guerra, Clarita fue jefa de Propaganda de la Falange. Y luego trabajó de manera muy activa en las redes de ayuda a nazis y fascistas fugitivos tras la Segunda Guerra Mundial. «Era una nazi convencida», afirma José Luis Rodríguez. En su despacho lucían los retratos de Franco, Mussolini, Primo de Rivera y Hitler.

La advertencia de Roosevelt

Antes de que empezaran a llegar a España oleadas de prófugos nazis, el presidente Roosevelt había alertado (en 1942) a los países neutrales de que no debían dar cobijo a criminales de guerra y a nazis y fascistas huidos. Cuando cambió el flujo de fugitivos en los Pirineos y en vez de judíos y víctimas del nazismo comenzaron a colarse en España (sobre todo a partir de 1944) colaboracionistas del régimen de Vichy, soldados de la Wehrmacht, miembros de las SS, participantes de la temible Ustacha (organización nacionalista croata) o rumanos nazis, el Gobierno de Franco adopta una postura compleja. «Entrega a una parte de los fugitivos, pero a otros no. Dentro del Gobierno, todos tienen sus protegidos e interceden por ellos; no siempre lo consiguen, pero a veces sí. A Léon Degrelle (colaboracionista belga), por ejemplo, le dieron una nueva identidad», explica José Luis Rodríguez Jiménez.

alternative textDeportista. Clara Stauffer cuando ganó la travesía a nado de la Laguna de Peñalara, en 1931. La ganó también en 1974, con 70 años, en la categoría de veteranos.

Para ayudar a los prófugos nazis se ponen en marcha las ratlines, ‘líneas de rata’, organizaciones clandestinas que les proporcionan cobijo, trabajo, una nueva identidad y la integración o la huida a otros países. Odessa fue una de ellas. La novela de Frederick Forsyth con el mismo nombre y la película posterior publicitaron estas organizaciones. «Odessa es la versión novelesca y exagerada de Forsyth de las ratlines. No se trataba de una organización gigante y bien jerarquizada, sino de organizaciones clandestinas sin jerarquías ni reglamentos por escrito y que fueron efectivas», cuenta Pablo del Hierro, profesor de Historia Global en la Universidad de Maastricht y autor de Madrid, metrópolis (neo)fascista (Editorial Crítica).

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En estas redes trabajó Clara Stauffer. Organizó colectas, intercedió ante las autoridades españolas por los que estaban recluidos en los campos de Nanclares de Oca y Miranda de Ebro, hizo de intérprete para ellos, escribió cartas en su favor, los protegió y ayudó a encontrarles cobijo, trabajo y documentación.

Enamorada y engañada por un nazi

En su piso de Madrid, en la calle Galileo, 14, los recibía y les daba ropa. No siempre fue bien correspondida: uno de ellos la conquistó y le sacó el dinero. Según contó en 2013 su sobrino Enrique Mahou Stauffer: «Del canalla que engañó y hundió a mi tía Clarita solo recuerdo que se hacía pasar por un héroe de la aviación alemana que se llamaba Kurt Oesau». Parece que un timador la convenció para que le entregara sus ahorros y viajó a Argentina a organizar allí una nueva vida juntos; pero una vez allí se esfumó con el dinero. No hay muchos datos sobre sus amores, pero José Luis Rodríguez cree que mantuvo una relación amorosa con Léon Degrelle: «Clara Stauffer tuvo mucha, mucha, mucha relación con Léon Degrelle. Fueron muy amigos y es posible que vivieran un romance. Se conocieron en 1939 cuando él visitó España. En 1945 retomaron la relación que fue prolongada e intermitente», explica.

alternative textRomance con Degrelle. El colaboracionista Léon Degrelle vivió en España con una nueva identidad y se cree que tuvo una relación amorosa con Clara Stauffer.

Los aliados reclamaron a Degrelle, sin éxito. También pidieron a Clara. En 1947, el Consejo de Control Aliado requirió su entrega al Gobierno español (la única mujer de los 104 reclamados). España no accedió: Clarita tenía buenos contactos. Luego vino la Guerra Fría y pasó el tiempo.

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Se calcula que las ratlines en las que Clara Stauffer participó ayudaron a 800 fugitivos de la Justicia internacional. A muchos les consiguieron papeles para que se asentaran en Argentina, Uruguay, el norte de África e incluso Estados Unidos. Y algunos murieron en España, como Léon Degrelle; Otto Skorzeny, el coronel de las SS que rescató a Mussolini en 1943; y los croatas Ante Pavelic, líder de la Ustacha, y Vjekoslav Luburic, acusado de crímenes contra la humanidad que fue asesinado en Carcagente (Valencia) en 1962 por un agente de los servicios secretos yugoslavos.

Por entonces, Clara Stauffer seguía con su vida madrileña. En 1974, con 70 años, ganó de nuevo (en la categoría de veteranos) la travesía a nado de la laguna de Peñalara. Murió en 1984 en Madrid. Tranquila.

Origen: Así trabajaba la red clandestina de Clara Stauffer que ocultaba a nazis en España

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