El mayor misterio de la llegada a América de Cristóbal Colón, según Ferrer-Dalmau

La primera playa AUGUSTO FERRER-DALMAU
La primera playa AUGUSTO FERRER-DALMAU

La esperanza arribó en forma de grito con acento onubense: «¡Tierra!». Tras cinco semanas de salitre y privaciones, los 88 marinos que habían partido del puerto de Palos tomaron aire, aliviados. El destino estaba frente a ellos. A la mañana siguiente, 12 de octubre de 1492, el líder de la expedición pisó al fin el Nuevo Mundo. Así quedó escrito en el diario del viaje, recopilado por el fraile Bartolomé de las Casas: «Sacó el Almirante la bandera real […] y, puestos en tierra, vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras». Aquel hombre era Cristóbal Colón, y la isla en la que desembarcaron, Guanahani.

Y con Guanahani en la mente arrancó Augusto Ferrer-Dalmau su nuevo cuadro. Porque el pintor de batallas también tiene mucho de pintor de las grandes gestas de la historia de España. El catalán anhelaba recrear el instante preciso en el que Colón y sus hombres dejaban atrás la inmensidad del Atlántico para abrir las puertas de un mundo nuevo; virgen, sin explorar.

Con lo que se topó, en cambio, fue con un enigma histórico. «Existe controversia con la playa en la que desembarcaron. Quise buscar el punto exacto, pero es difícil porque hay varias teorías», afirma en declaraciones a ABC. Al final, sus pinceles dieron vida a una costa: la que él imagina. Sustentada, eso sí, en datos históricos.

Un mes después, el resultado trasciende discusiones historiográficas y controversias artificiales. ‘La primera playa‘, como se titula la obra por consejo de Arturo Pérez-Reverte –«siempre me ayuda con los títulos», afirma el pintor–, ha llegado para rellenar un hueco que se hacía cada vez más profundo: la necesidad de un cuadro figurativo y creíble que representase este momento clave para la humanidad. Un instante más determinante incluso que la llegada a la Luna, porque, en palabras de Ferrer-Dalmau, de la exploración de las Américas se benefició el mundo entero: «La exportación de algo tan simple como la patata hizo más difícil la aparición de las hambrunas europeas».

El lienzo, todavía fresco, recién salido del horno, fue presentado el lunes en el Ateneo de Madrid frente a personalidades como Antonio Pérez Henares, Carmen Posadas o Juan Eslava Galán.

Poca información existe en las crónicas sobre el lugar exacto al que arribaron la ‘Pinta’, la ‘Niña’ y la ‘Santa María’. Tan solo algunos borrones en los informes. La primera vez que se cita es en el diario de a bordo: «El día viernes llegaron a una isleta de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahani». El texto se refería a los habitantes primigenios de las Bahamas, aquellos que se asentaron en la zona en el 800 d. C. Poco después, el mismo Colón dejó sobre blanco que, tras explorar varias islas cercanas, «a esa primera le puse el nombre de San Salvador, a conmemoración de su Alta Majestad, el cual maravillosamente todo esto ha dado».

El navegante dejó escrita una descripción del lugar, aunque, por sus características, podría referirse a cualquiera de las más de siete centenares de islas que forman las Bahamas: «Es bien grande y muy llana, y de árboles muy verdes y muchas aguas, y una laguna en medio muy grande, sin ninguna montaña, y toda ella verde, que es placer mirarla».

Ferrer-Dalmau, en la inauguración de su máster sobre pintura militar ABC

La teoría más extendida es que la playa se hallaba en la actual San Salvador. Sencillamente, porque es una de las ubicadas más al este del archipiélago y porque mantendría el nombre con la que la bautizó Colón. De hecho, uno de los biógrafos destacados del marino, el almirante Samuel Eliot Morison, lo confirmó en 1942: «No hay ninguna duda, considero esta cuestión cerrada».

Pero no se había dado el portazo definitivo al misterio. En 1986, la revista especializada ‘National Geographic’ agitó de nuevo las aguas de la historia después de haber estudiado durante cinco años la influencia de las corrientes y el abatimiento –el ligero cambio de rumbo de un navío debido a la presión del viento contra el casco– de los buques de Colón.

Tras introducir estas variables, y atendiendo a los problemas de orientación de la época, determinaron que era imposible que hubiesen llegado a San Salvador. «Para ello hubiera tenido que viajar por una línea casi recta, trazada en el fondo del mar, entre la partida y la recalada», confirmaron. A cambio, proponían que la playa estaría en realidad en Cayo Samaná, al sureste.

Pero Ferrer-Dalmau se aleja de controversias. Él, confirma, ha alumbrado una playa paradisíaca de las Bahamas con la mayor fidelidad histórica. Y lo ha hecho desde un enfoque diferente: «Hasta ahora, los cuadros clásicos representaban a la tripulación de frente. He cambiado la perspectiva, les muestro de lado, empujando las barcas con el agua por los tobillos». Es una instantánea de la época; menos hierática e idealizada que las representaciones de hace siglos. «Quiero realismo. Acercarme lo más posible a aquel entonces. Antes, los artistas intentaban mostrar la grandeza porque sus obras solían ser encargos de los reyes. Ahora, la pintura histórica huye de eso», sentencia.

Al otro lado del teléfono, el pintor de batallas se confiesa. Recalca que, aunque el peso de parte del cuadro lo sustenta un Colón «realista y vestido con un traje sin muchas galas», la playa es la verdadera protagonista. Con algo de nostalgia añade que contaba con ‘as’ en la manga que le ha permitido imprimir velocidad al trabajo: «Empecé como paisajista, haciendo escenas de barcos, playas catalanas… Eso me ha permitido plasmar la costa sin problemas».

Su nueva obra le ha hecho volver a la juventud. Orgulloso de su obra, desvela ese detalle que adora: el tono de las olas. Aunque tampoco se olvida de la bandera que porta un marinero: «La he cambiado. En principio puse la de los Reyes Católicos, pero algunos historiadores me comentaron que las fuentes no aclaran si era esa o no. Al final he puesto la capitana, que desembarcó seguro».

Lo dice orgulloso, pues él lleva su propia bandera: la de la fidelidad histórica. Un día de trabajo más no escuece si un gorro o una armadura son exactos. Más cuando, como él mismo explica, tenía una deuda moral con este personaje: «Es inaudito que me dedique a pintar la historia de España y nunca haya pintado a Colón hasta ahora». Ya le tocaba, sentencia. Y una vez más, lo ha bordado.

¿Ha sido especialmente difícil este cuadro?

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Ha sido un cuadro fácil. He sido paisajista y he pintado muchas veces el mar. La playa no me resultó complicada.

La nao aparece en el cuadro…

Sí. He puesto la nao relativamente cerca. Eran barcos con poco calado y es muy probable que entraran hasta la bahía. Además, estéticamente he querido ponerlo cerca para que se viesen las banderas.

¿Tocaba dar una nueva versión sobre este evento?

Hay que renovar. Los cuadros que han hecho son muy limpios, demasiado bien puestos. Quería dar una perspectiva más real del primer momento en el que pisó el Nuevo Mundo; pintar ese momento, cuando se baja de la barca y pisa el suelo. Es el equivalente a cuando el hombre puso un pie en la Luna.

¿Qué opina del debate sobre la playa?

Lo bonito es que la gente se vuelque e investigue. Es muy gratificante el debate que se puede generar alrededor de un cuadro. Eso quiere decir que hay interés.

¿Y de la eterna controversia sobre el descubrimiento?

Abrimos un mundo nuevo y desarrollamos ese territorio. Lo que llegó a aportar el Descubrimiento de América no lo podemos imaginar. Gracias a Colón Estados Unidos existe.

Origen: El mayor misterio de la llegada a América de Cristóbal Colón, según Ferrer-Dalmau

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