Guerra en Ucrania: Bombas y muertos en el Metro de Madrid: el terror olvidado que Kiev ha devuelto a la memoria

En la capital de Ucrania, el metro de inconfundible aroma soviético permanece abierto como refugio las 24 horas del día en una estampa aterradora que recuerda al Madrid de la Guerra Civil o al Londres de la Segunda Guerra Mundial

Las estaciones de metro y los sótanos están siendo durante los bombardeos rusos sobre Kiev la mejor vía de los ciudadanos para resguardarse del horror. Aunque el transporte público no funciona en la capital de Ucrania, el metro de inconfundible aroma soviético permanece abierto como refugio las 24 horas del día en una estampa aterradora que recuerda al Madrid de la Guerra Civil o al Londres de la Segunda Guerra Mundial.

Una ciudad bajo el suelo

Al estallido de la Guerra Civil, las incipientes redes de metro de Madrid y Barcelona sirvieron de refugio contra los ataques aéreos. El 6 de agosto del primer año de la guerra, la dirección del metro de Madrid, en manos de los sindicatos obreros, decidió la apertura de las estaciones durante la noche para que sirvieran de refugio en caso de bombardeo.

El Ministerio de la Guerra recomendó para prevenir los bombardeos:

«El Metro prestará servicio hasta las dos de la mañana. En todo caso, las entradas de las estaciones estarán abiertas toda la noche, para que puedas refugiarse los vecinos que decidan hacerlo así para preservarse de los peligros ocasionados en caso de sufrir la ciudad un ataque aéreo».

Además, andenes, vestíbulos y pasillos se transformaron en el lugar de acogida de las personas que huían de las poblaciones cercanas a la capital e incluso en Ópera se creó un centro sanitario. Conforme pasaban los meses, familias que no tenían casas a las que regresar se afincaron en los pasillos y atestaron el subsuelo madrileño hasta convertir el asunto en un problema de salud pública. En un artículo publicado el 15 de diciembre de 1936 en el ABC republicano, el Gobierno explicaba que el servicio establecido por la Delegación de Evacuación para instalar en lugares adecuados a las familias refugiadas en el Metro y otros sitios que no tienen las necesarias condiciones de salubridad, se está realizando con toda rapidez y los mejores resultados:

«Ya han quedado casi desalojadas muchas estaciones, donde se reunían centenares de personas, y es probable que dentro de muy pocos días quede terminada esta labor, en la que, junto a los agentes dé Vigilancia, colaboran con todo entusiasmo y eficacia, desempeñando un papel importantísimo, los milicianos del batallón Águilas de la Libertad. ¡Madrileños, ciudadanos! Acudid a los refugios de los partidos y de los sindicatos y a los establecidos por la Delegación de Evacuación. Las estaciones del Metro han de utilizarse únicamente en casos de ataques aéreos y mientras dure aquél; convertirlo en refugio permanente ocasiona daño a todos, principalmente a los refugiados».

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Barrio de Argüelles, bombardeado durante la Guerra Civil.
Barrio de Argüelles, bombardeado durante la Guerra Civil.

En el transcurso de tres años, Madrid fue intensamente atacada y bombardeada por la aviación franquista, ya fuese por tierra desde las posiciones nacionales ubicadas en la Casa de Campo. Los proyectiles cayeron sobre las cocheras de Cuatro Caminos; perforaron los túneles entre Sol y Sevilla, en San Bernardo y entre Atocha y Menéndez Pelayo; y causaron daños en estaciones como Chamberí, Norte, Sol o Puente de Vallecas. El Metro tenía por entonces una longitud total de 20,60 kilómetros y solo 34 estaciones. La red del metropolitano estaba vertebrada por la línea 1, de Puente de Vallecas hasta Tetuán, y la línea 2, de Cuatro Caminos hasta Ventas, con una bifurcación en Goya que conectaba con Lista y Diego de León. También contaba con el ramal, Ópera-Norte.

Un grupo de personas pasa la noche en el metro de Barcelona.
Un grupo de personas pasa la noche en el metro de Barcelona.

Por su parte, el Ejército Republicano vió el suburbano como un espacio seguro para fabricar y depositar el material bélico. En uno de estos almacenes de armamento se produjo el hecho más grave de los ocurridos en el Metro de Madrid cuando explotó el taller de carga de proyectiles situado en el túnel bajo la calle Torrijos (hoy Conde de Peñalver). La explosión accidental destrozó todo el túnel hasta la estación de Sevilla y la onda expansiva afectó a cuatro trenes que circulaban en esos momentos. Si bien la prensa de la capital no mencionó el hecho, en el ABC de Sevilla se dio una cifra de víctimas de 700 almas. No obstante, según los datos del Libro de Inhumaciones de 1938 del archivo del cementerio de La Almudena, el número de víctimas mortales ascendió a 63.

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Los horrores de Londres

La Segunda Guerra Mundial se ensañó con la población civil durante casi cinco años. La Luftwaffe alemana inició sus ataques sobre Londres el 7 de septiembre de 1940 y alargó su primera oleada durante 57 noches consecutivas. En medio del horror, la ciudad entera se refugió en el metro y en los sótanos dando lugar a un ambiente de un enorme mercado, dormitorio y barrio que, sin embargo, no siempre sirvió para salvar la vida. En octubre de 1940, las bombas alemanas mataron a 68 civiles en la estación de Balham y, en marzo de 1943, 173 personas murieron asfixiadas en una avalancha de gente que entraba en la estación de Bethnal Green.

Bounds Green, en Piccadilly Line, sufrió el 13 de octubre de 1940 la caída de una bomba que, además de destruir unas casas junto a la estación, colapsó el túnel causando 17 muertos. Días después, ABC recogió la noticia de la desolación causada en «la peor noche de la serie». «Cayeron más bombas que ninguna noche; una de ellas sobre una estación del Metro, donde dormían bastantes personas, otra en una casa de pisos, otra en un hotel, otra… El número de víctimas fué más creciente qué de costumbre. […] No advertimos grandes cambios en la vida diurna; se duerme en los refugios o en las casitas y hoteles de los alrededores y cuanto más lejos del centro, mejor. Naturalmente? la vida no es muy alegre, como pueden ustedes comprender, y el invierno que se avecina no deja de preocupar al público y a sus gobernantes», escribió Luis Calvo, corresponsal del diario madrileño en Londres.

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