La íntima relación entre Adolf Hitler y la «señorita» Rudolf Hess que escandalizó a los nazis

Adolf Hitler y Rudolf Hess. Adolf Hitler y Rudolf Hess.
Adolf Hitler y Rudolf Hess. 

El lugarteniente, al que muchos vincularon sexualmente con el führer, cruzó toda Europa para aterrizar en Escocia e intentar pactar con los británicos.

Cuando en 1945, encerrado en su búnker de Berlín, Adolf Hitler despotricaba contra sus generales y sus hombres más leales por una aparente traición, sobrevolaba por la mente de todos ellos la figura de aquel Rudolf Hess que viajó, sin consentimiento alguno, hasta Escocia para pactar la paz con los británicos. Aquel acto, que tenía como propósito final crear una alianza anglogermana para acabar con la Unión Soviética, desarrolló en el führer el fantasma de la desconfianza para con sus más fieles seguidores.

El dictador jamás se sobrepuso de cómo su antiguo compañero, a quien había conocido en su juventud en aquella noche de verano de 1920 en la cervecería Sternecker, le había dado la espalda en una de las acciones más importantes de la Segunda Guerra Mundial. Al fin y al cabo, Rudolf Hess no era simplemente un alto cargo. El führer jamás se mostraba cariñoso delante de su público. Huía, literalmente, de las manifestaciones de calor humano. Su perrita Blondi, los niños y Hess eran los únicos que gozaban de gestos de afecto en sus apariciones públicas.

Su relación ha dado mucho de qué hablar. Tanto que incluso se ha especulado con una posible relación homosexual entre ambos. Ahora, el periodista y exasesor ministerial y exportavoz del Ministerio de Defensa francés Pierre Servent publica de la mano de La Esfera de los Libros una exhaustiva biografía de quien fuera lugarteniente del führer entre 1933 y 1941. El autor francés se basa en archivos históricos británicos y alemanes inéditos para relatar la vida y polémica muerte del último amigo de Hitler.

Rudolf Hess fotografiado con su profesor de Geopolítica, Karl Haushofer (1920).

Rudolf Hess fotografiado con su profesor de Geopolítica, Karl Haushofer (1920).

Rudolf Hess nació en Alejandría el 26 de abril de 1894. Su padre era un próspero comerciante de Baviera y visitaban asiduamente Alemania. Tras la Primera Guerra Mundial, donde Hess consiguió la Cruz de Hierro de segunda clase, se instaló en Múnich y estudió Historia y Ciencias Económicas. Allí conocería a Hitler y su vida cambiaría para siempre.

Obsesión por Hitler

A partir de ese primer encuentro, Hess tiene otro propósito en la vida. Estar lo más cerca posible de Hitler. «Rudolf Hess entrena a Hitler antes de que tome la palabra en público o antes de que se reúna con una personalidad importante a la que se trata de seducir. Corrige su gestualidad, su fraseo, su entrada en materia, su desenlace», explica Servent en su obra.

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Los rumores no tardaron en aparecer y la obsesión del segundo por el futuro führer le hicieron ganarse el sobrenombre de Fräulein Hess (Señorita Hess). Su «fanática dedicación» molestó a los primeros nacionalsocialistas, en especial al ala izquierda del partido, que no apreciaba «el tufo al culto de la personalidad de inspiración monárquica». «Algunos nazis de la primera hora estiman que el introvertido Hess es de hecho un invertido (homosexual) que ha caído desmayado ante el «sin nombre»», agrega Servent. No obstante, no había nada que hiciera recular a Hess.

A lo largo de la década de los veinte, mientras Alemania se sumía en una crisis económica sin precedentes, el alemán contrajo matrimonio con Ilse Pröhl —una compañera de estudios en la universidad— e incluso estuvo en la cárcel junto con su fiel amigo por el Putsch de la cervecería. La pasión que sentía Ilse por su esposo, empero, no era recíproca. El hecho de que tardaran diez años en tener un hijo no hizo sino aumentar los rumores sobre su homosexualidad.

Pasaron 13 años de amistad bajo la sombra de la política hasta que en 1933 Hitler fuera nombrado canciller. En abril, el führer confió en Rudolf Hess para ser su lugarteniente y ocupó cargos en departamentos como Asuntos Exteriores, Finanzas, Salud, Educación y Asuntos Jurídicos.

Rudolf Hess, segundo desde la izquierda, detrás de Heinrich Himmler.

Rudolf Hess, segundo desde la izquierda, detrás de Heinrich Himmler. Bundesarchiv

«Al tiempo romántico y fanático, pacífico y violento, místico y prosaico, tímido y estruendoso, lunático y determinado, resiliente e hipocondríaco, humanista y antisemita». Así describe Pierre Servent al hombre de confianza de Hitler, quien estaría a punto de hacer saltar por los aires el protagonismo que había conseguido dentro del Tercer Reich.

Vuelo a Escocia

La guerra lo cambió todo. Hess no compartía el entusiasmo de los nacionalsocialistas por iniciar la Operación Barbarroja. Aquel movimiento supondría la creación de un segundo frente en el este, y al lugarteniente le preocupaba que Alemania desgastara excesivamente sus recursos.

Fue así como, sin que siquiera su familia lo supiera, ideó un plan para terminar con aquel dilema. Rudolf Hess pretendía pactar con los británicos y combatir el peor de los males habidos y por haber: el comunismo. Según Hess, «el ejército alemán y la flota inglesa dominarían el mundo«.

Tras varios intentos por contactar con las autoridades británicas, decidió viajar él mismo en su caza bimotor Messerschmitt Bf 110 el 10 de mayo de 1941. «Antes del despegue, nadie de entre el personal de la base ha notado el menor nerviosismo por parte de este hombre que se va a jugar la vida en las próximas horas. A sus 47, no es ya ningún joven para ser capitán», narra el escritor. «Antes de partir le ha entregado a su ordenanza un sobre sellado. Son un poco más de las seis de la tarde, hora alemana».

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Hess no pensaba que estuviera traicionando a Hitler, a su amigo, pero entendía que este se enfureciera con él. Había escrito una carta para que esta fuera leída una vez el lugarteniente se encontrara lejos de suelo alemán. «Mi Führer, cuando reciba esta carta estaré en Inglaterra…». A continuación detallaba en el papel todo lo que no se había atrevido a decirle en persona. «Y si este plan —que, lo admito, no presenta sino una débil posibilidad de éxito— termina con un fracaso y la suerte me es adversa, ni usted ni Alemania tendrán que padecerlo: siempre os será posible declinar toda responsabilidad. Dígase simplemente que he perdido la razón«.

Inmediatamente, a Hitler se le echa el mundo encima. Ruge de rabia. «Hess es antes que nada un desertor, y si llego a atraparle pagará caro esta abyecta traición», comentó el führer. Las crónicas y los testigos de la época apuntan que nunca habían visto a un Hitler tan abatido. Era el acontecimiento que más le impactó desde la muerte de su sobrina Geli Raubal.

Asimismo, el secretario de Goebbels, Rudolf Semmler, afirmó que su patrón le habría dicho que Hitler «derramó lágrimas» por la traición de Hess y que parecía haber envejecido 10 años.

¿Qué fue de Rudolf Hess?

Como era de esperar, desde el Tercer Reich jugaron la baza de la locura. «El camarada Rudolf Hess, que sufre una enfermedad desde hace varios años, y al que le estaba formalmente prohibido volar, ha podido, contrariamente a esa prohibición, tomar posesión de un avión (…) Una carta dejada por él muestra señales características de desorden mental, y se teme que haya sido víctima de alucinaciones (…) En estas condiciones, todo lleva a creer que el miembro del partido Hess ha saltado de su avión o que ha sido víctima de un accidente», anunciaron en un comunicado.

Mientras tanto, Rudolf Hess se encontraba en Reino Unido. Los británicos, perplejos, no sabían si se trataba de un espía o de un loco, tal y como señalaban desde la Alemania nazi. Lo cierto es que una vez dejó Alemania, el poder de Hess se había desvanecido. No era quién para pactar con los ingleses y estos, liderados por Churchill, no tenían intención de sentarse a negociar con nazis.

Rudolf Hess en la Prisión de Landsberg.

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Rudolf Hess en la Prisión de Landsberg. Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos

El exlugarteniente permaneció en prisión hasta la caída del Tercer Reich. Para los juicios de Nuremberg, lo trasladaron hasta allí, instalándole en la Prisión de Landsberg. Una vez más, nada salió favorable para el nazi que intentó conseguir la paz para luchar contra los soviéticos. Mientras que Albert Speer, «un fiel a Hitler hasta los últimos días del Reich, culpable de la esclavitud industrial de millones de hombres y mujeres, fuera condenado solamente a veinte años de prisión», Rudolf Hess fue condenado a cadena perpetua.

Permaneció en la Prisión de Spandau hasta el final de sus días. Solitario y reflexivo, no vio a su familia hasta diciembre de 1969 e intentó quitarse la vida en más de una ocasión. Al final lo consiguió. El 17 de agosto de 1987, a la edad de 93 años, tomó un cable de extensión de una de las lámparas, la colgó sobre el pestillo de una ventana y se ahorcó.

Detrás de su muerte existen numerosas leyendas que el autor desacredita en su libro. Una de las hipótesis más mencionadas a lo largo de la década de los noventa fue que el antiguo miembro nazi fue asesinado por los ingleses por el temor de que revelara algún secreto que manchara la imagen del Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial.

«Si Hess hubiera estado en posesión de secretos explosivos, nunca habría salido vivo de Gran Bretaña. Sencillamente, el hombre, si puede decirse, tuvo éxito en su cuarta tentativa de suicidio. Efectuó su propia «eutanasia» cuando su salud declinaba cada vez más», aclara Servent.

Así terminó la vida de un hombre que, a su modo de ver, siempre le fue fiel a Hitler, el «único amor verdadero de su vida». Le había traicionado en lo que él pensaba que sería el salvoconducto para un Reich que debía durar mil años. Cuando falleció, su familia hizo grabar la siguiente frase en su lápida, no sin un gran revuelo social previo: «Me atreví».

Origen: La íntima relación entre Adolf Hitler y la «señorita» Rudolf Hess que escandalizó a los nazis

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