La vergüenza de Hitler: el secreto inconfesable tras la imbatibilidad de los tanques del Reich

Divisiones acorazadas alemanas en la IIGM
Divisiones acorazadas alemanas en la IIGM

El ideólogo de la guerra acorazada que el Tercer Reich implantó en 1939 tenía nombre inglés: Basil Liddell Hart

Giraban las cadenas en Polonia y temblaba la tierra bajo las orugas de los carros de combate alemanes, los mitificados Panzer. Eso se nos ha contado una y mil veces. Lo mismo que se nos ha repetido hasta enroncar que el genio que forjó la teoría de la ‘Blitzkrieg‘ –la guerra relámpago, el secreto estratégico del Tercer Reich para acabar con las defensas enemigas– tenía nombres y apellidos teutones: Heinz Guderian. Pero ya es hora de caerse del guindo. Por mucho que le escociera a Adolf Hitler, el ideólogo de la guerra mecanizada que estudió un nuevo uso de los blindados bebía té a las cinco de la tarde y entonaba el ‘God save the Queen’. Se llamaba Basil Liddell Hart, era británico y había sido obviado hasta ahora en nuestro país.

Así lo confirma a ABC Ricardo Artola, historiador, estudioso del gran conflicto que cambió el siglo XX y director de ‘Arzalia’, la editorial que, cincuenta años después de la muerte de Hart, ha traducido uno de los libros más destacados del pergeñador de la guerra acorazada: ‘Historia de la Segunda Guerra Mundial‘. Porque era necesario, según desvela, y porque, hasta ahora, no había existido una edición bien traducida, cuidada y actualizada de esta obra. No hay crítica. Y es que, mientras que ‘Achtung-Panzer!’, el ensayo en el que Guderian explicaba los pormenores de la ‘Blitzkrieg‘, fue un éxito de ventas en todo el mundo y mitificó al teutón, no ocurrió lo mismo con este inglés, despreciado en su propio país.

La teoría de la ‘Blitzkrieg’, ese concepto ideado a principios de siglo en Gran Bretaña por Hart, arribó hasta Alemania gracias a Heinz Guderian, posteriormente al mando del XIX Cuerpo de Ejército en Polonia y Francia. Mientras que la mayoría de militares apostaban entonces por las líneas defensivas y las trincheras como forma básica de combatir, este germano ideó una estrategia sustentada en el ataque relámpago. Era partidario de romper el frente enemigo por su zona más débil lanzando contra él cientos de vehículos blindados. Todos ellos, apoyados por bombarderos en picado e infantería.

La teoría de Guderian, conocida como ‘Blitzkrieg’, se sustentaba en tres pilares principales. El primero eran los mencionados carros de combate, que se agrupaban en grandes masas para avanzar a toda prisa y de forma autónoma. Su misión era destruir la línea enemiga por un punto concreto (lo que impedía al contrario enviar refuerzos a la zona) y rodear las posiciones mejor preparadas. La idea: asfixiar a los defensores. Los tanques, con todo, debían ser mucho más ligeros y maniobrables que los utilizados en la Gran Guerra, pesados y mejor armados, pero también lentos. Así explicó el germano sobre el papel esta idea en sus memorias:

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«Sería un gran error -sobre todo disponiendo sólo de medios escasos de combate- emplear tanques allí donde no se quiere atacar con una finalidad concreta, o donde no es posible por las dificultades que presenta el terreno, o donde en consecuencia podríamos conformarnos con unidades débiles de bloqueo para realizar la defensa».

El segundo gran pilar era la aviación. Al apostar por la velocidad, la Luftwaffe se convertía en un elemento clave para sembrar el caos desde el cielo con sus bombarderos en picado Stuka (probados con éxito en la Guerra Civil española ) y acabar con los objetivos más pesados. En tercer puesto se hallaba la infantería, cuya principal característica es que debía desplazarse en vehículos (lo que la convertía en mecanizada) con el objetivo de ofrecer apoyo a los carros de combate. De esta forma resumió Guderian la idea de la ‘Blitzkrieg’ en una de sus obras:

«El atacante [debe llevar a cabo] penetraciones más o menos rápidas y profundas. […] El atacante actuará básicamente empleando sus tanques pesados, a los que seguirán fuerzas blindadas ligeras y fuerzas motorizadas de refuerzo y de todo tipo. La fuerza terrestre y las fuerzas aéreas actuarán simultáneamente; de esta manera se paralizará la potencia aérea del defensor, se retardará el avance de las fuerzas de defensa terrestre […] El efecto de la fuerza blindada y la aérea del atacante será más sensible cuanto más tarde en poner en movimiento el defensor sus fuerzas».

Ya en territorio enemigo, las diferentes armas (aviones, carros de combate e infantería) se sincronizaban mediante las comunicaciones a través de radio para asaltar, a la vez y desde una infinidad de puntos diferentes, las bolsas enemigas de mayor resistencia.

-¿Qué cogió Guderian de Liddell Hart?

Él inventó el concepto de la aproximación indirecta y lo reflejó en su clásico ‘Estrategia’. En sus investigaciones sobre la guerra moderna planeó un uso de los blindados del que luego se valieron los nazis para crear la ‘blitzkrieg’. Además, era partidario del uso de infantería mecanizada que pudiera desplazarse a toda velocidad hacia el frente.

-¿En qué consistía esa aproximación indirecta?

La aproximación indirecta fue el resultado del análisis de quince siglos de historia. Él estudió todas las prácticas de la guerra de la historia de la humanidad y concluyó que, para tomar una posición, la peor forma de hacerlo era frontalmente. No hay que caer en simplificaciones caricaturescas como que es necesario atacar siempre desde la retaguardia, no es eso. La clave es buscar otras alternativas al acercamiento a una posición militar dónde normalmente el enemigo ha ubicado a sus mejores fuerzas.

-¿Qué buscaba?

Reducir las bajas que se habían producido en la Primera Guerra Mundial. Sus teorías militares buscaban la economía de recursos. En todo, tanto en el ataque como en la defensa. Odiaba el derroche sin límites y sin sentido de los recursos militares, materiales y humanos. Durante el periodo de entreguerras investigó lo que había pasado entre 1914 y 1919, el desastre de unos generales que no sabían cómo resolver ese rompecabezas que era la guerra de trincheras táctica y estratégicamente. Él había recibido heridas en el conflicto que le habían incapacitado para ser militar. Eso le frustró mucho y se dedicó a publicar estudios que fueron muy leídos en todo el mundo.

-¿Qué hizo, entonces, Guderian?

Guderian aplicó estas enseñanzas, más que inventarlas. Era un militar de acción.

-¿Fue reconocido por sus pupilos?

Sí. En ‘Estrategia’ incluyó las citas de varios grandes generales (Patton. Guderian y Rommel) que admitieron que la rapidez en el uso de los medios era clave. Los tres afirmaron que lo habían estudiado gracias a Hart. Rommel escribió incluso que, si los ingleses hubieran leído más o hecho más caso a Hart, se hubieran ahorrado muchas derrotas durante la Segunda Guerra Mundial.

-¿Qué opinaba de Rommel, uno de los grandes impulsores de la guerra relámpago en África?

Hart le admiraba. Rommel era la antítesis del derroche. Sabía exprimir sus recursos al máximo para conseguir unos resultados espectaculares. El ‘Zorro del desierto’ se basaba en la economía de fuerzas. Un ejemplo: avanzaba como si hubiera un mañana, por la noche, por el día, cuando hiciese falta. Los británicos, que rechazaron las teorías de Hart, consolidaban posiciones y repostaban antes de seguir.

Hart, en su estudio, tras la IIGM ABC

-¿Le escoció ser rechazado en su propio país?

Hart era un tipo muy elegante que amaba a su país, pero que se sintió herido. Vaticinó que la guerra acorazada debía ir acompañada de infantería mecanizada, y fue obviado. Los resultados los conocemos: cuando empezó la guerra, los alemanes dejaron a los ingleses al borde del desastre en Dunkerque con sus ideas. Al final, fueron de derrota en derrota hasta la victoria final. Grecia es el ejemplo más claro. No ganaron hasta que intervino Estados Unidos.

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-¿Fue crítico con Churchill?

Churchill es un mito hinchado. Tras el desastre de Gallipoli en la IGM, en la IIGM se hizo grande por la batalla de Inglaterra. Es cierto que, cuando se quedaron solos, mantuvo la firmeza. Podría haber negociado con Alemania, pero no se le pasó por la cabeza. Eso galvanizó a su país. Pero Hart le criticó porque obvió el frente de Asia y del Pacífico. Para él, lo peor fueron sus decisiones militares.

-¿Fueron sus decisiones militares pésimas?

La idea de los civiles interviniendo en el mundo militar quedó destruida en la Segunda Guerra Mundial. Stalin, con todo su poder, quería dirigir en el conflicto en principio, pero abandonó sus ideas y dejó las decisiones a la Stavka. Hitler es un ejemplo más catastrófico todavía. A Churchill le pasaba lo mismo. Ser elegido democráticamente no te convierte en un buen estratega.

-Hart mantuvo conversaciones con los generales alemanes tras la Segunda Guerra Mundial

Es una cosa que me sorprende. Pocas veces una persona cuyas teorías han influido de una manera significativa en una guerra es historiador de la misma. Al final de la IIGM, el Gobierno le encargó unas entrevistas con generales alemanes capturados por los aliados occidentales. Daría para una serie ese encuentro con sus discípulos intelectuales; aquellos que habían llevado a cabo sus teorías.

-¿Qué novedades trae esta nueva edición?

Para empezar, una traducción que le hace justicia. En las anteriores ni siquiera se habían cambiado las millas por kilómetros. El libro fue maltratado. Además, hemos redibujado los mapas de la IIGM de Hart manteniendo su concepto. Eran de una calidad increíble, pero necesitaban una actualización. También estoy muy orgulloso del índice de temas y materias, que ya había sido incluido en la última edición inglesa.

Origen: La vergüenza de Hitler: el secreto inconfesable tras la imbatibilidad de los tanques del Reich

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