Las turbias mentiras del juicio que llevó a la cárcel a Hitler: «Ha sido una farsa y una burla»

El historiador David King disecciona en su última y magistral obra el proceso que llevó al líder nazi a prisión tras el «putsch» de la cervecería en 1923

Aseverar que el juicio iniciado el 26 de febrero de 1924 contra el entonces anónimo Adolf Hitler se iba a convertir en la crónica de una muerte anunciada puede parecer manido, pero está más que justificado. Al fin y al cabo, cuando el líder del Partido Nacionalsocialista accedió a la improvisada sede del Juzgado en la que debía defenderse del cargo de alta traición, se había jactado ya en varias ocasiones de haber sido el instigador del «putsch» de Múnich; el asalto a la cervecería Bürgerbräukeller perpetrado el 8 de noviembre de 1923 con el objetivo (a la postre fallido) de demostrar su fuerza y marchar sobre Berlín para derrocar al gobierno de la República de Weimar. Una jugada similar a la que el fascista Benito Mussolini había protagonizado en Italia apenas un año antes.

El veredicto estaba claro desde el instante en el que, a las 8.52 h. de aquella fría mañana, el juez Georg Neithardt inició la primera sesión de un proceso que se extendió durante dos meses. El 1 de abril de 1924, la jornada en la que el magistrado dictó sentencia, las sospechas se cristalizaron: «A Hitler se le declara culpable de un delito de traición». Sin embargo, lo que se infiere tras leer «El juicio a Adolf Hitler. El “putsch” de la cervecería y el nacimiento de la Alemania nazi», la última obra del norteamericano David King, es que la historia ha pasado por alto un sinfín de flecos muy reveladores relacionados con aquel fallo.

En la cárcel

Sí, es cierto que el golpista confeso fue condenado a pasar cinco años en la cárcel. Y sí, también lo es que (poco después del golpe de la cervecería) se ilegalizó al partido nazi. Pero lo que se suele obviar es que, según el artículo 81 del Código Penal entonces vigente, debería haber sido castigado con cadena perpetua. Neithardt, no obstante, obvió esta y otras normas en favor del reo, algunas tan determinantes como el artículo 9 de la Ley Para la Protección de la República, la cual establecía que los acusados de traición que no tuvieran la nacionalidad alemana (Hitler todavía no había renunciado a la austríaca) debían ser deportados.

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La frustración quedó patente en los 80 medios acreditados. «El fallo del juicio es una farsa y una burla», explicaba el Frankfurter Zeitung». King indaga en el porqué de estas decisiones y ofrece varias teorías en su obra.

Tampoco se ha hecho especial hincapié hasta ahora en que el proceso catapultó al futuro dictador a la fama. Si el 26 de febrero eran muchos los enviados especiales que escribían mal su apellido (Hittler), al final del mismo ya era conocido por todas las potencias europeas. Sus vehementes discursos en las más de veinte jornadas del juicio consiguieron acercarle a una sociedad dolida por el Tratado de Versalles.

A golpe de gritos, de intimidaciones y de efusividad, el acusado convirtió el estrado en un púlpito desde el que logró posicionarse como un patriota y un defensor de la verdadera nación alemana; la que había quedado destruida después de que, según su alegato final, los Aliados cometieran «alta traición» apoyando la creación de una república fraudulenta.

Análisis concienzudo

King analiza estos y otros tantos sucesos en tres apartados bien diferenciados: el propio «putsch», el juicio y el paso de Hitler por prisión. En los mismos tiene tiempo, además, de diseccionar aspectos determinantes para entender el fallo como la posible participación de la política bávara en el golpe o el miedo del tribunal a que la comunidad internacional conociera que el rearme del ejército germano era un hecho.

Y lo hace mediante documentos de primera mano como la transcripción del juicio o las crónicas periodísticas. El resultado es una obra deliciosa para los profanos y concienzuda para los estudiosos. Por ponerle un pero (todas los grandes textos lo tienen), en la primera parte cuesta un poco discernir dónde se encuentra la línea entre los datos fehacientes y la retórica del autor. Aunque es una molestia ínfima en un libro destinado a convertirse en una referencia de esta olvidada etapa del «Führer».

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Origen: Las turbias mentiras del juicio que llevó a la cárcel a Hitler: «Ha sido una farsa y una burla»

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