22 junio, 2024

El secreto nuclear tras la búsqueda del Titanic que EE.UU. ocultó treinta años

El Titanic sale de Southampton durante su viaje inaugural ABC
El Titanic sale de Southampton durante su viaje inaugural ABC

En 2017, el oceanógrafo Robert Ballard admitió que la búsqueda del transatlántico fue una cortina de humo orquestada por la Casa Blanca para ocultar a la URSS la exploración de dos submarinos atómicos hundidos

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El primer golpe le pilló desprevenido en el ring. «¿Encontrar el Titanic? Eso es imposible». De esta guisa fue recibido en los años ochenta el que hoy es el oceoneógrafo más popular del globo, Robert Ballard, cuando pidió a la Marina fondos para buscar el pecio del ‘Buque de los sueños’. A partir de entonces comenzó un curioso toma y daca que terminó en pacto: las Fuerzas Armadas le entregarían la tecnología necesaria para hallar los restos del ‘Buque de los sueños’ a cambio de que él investigara los pecios de dos submarinos nucleares hundidos –el USS Thresher y el USS Scorpion– y analizara su peligro atómico.

El Titanic, famoso por haberse hundido tras chocar contra un iceberg el 14 de abril de 1912, fue la mejor tapadera para los servicios secretos de los Estados Unidos. Una cortina de humo cuya finalidad era que la Unión Soviética no se percatara de que se estaban buscando y estudiando los restos de los sumergibles. El destino, no obstante, quiso que el oceanógrafo hallara en el ínterin el premio gordo, el transatlántico de la naviera ‘White Star Line’, a mediados de septiembre de 1985. «El doctor Robert Ballard, jefe de la expedición científica que ha encontrado los restos del transatlántico ‘Titanic’, ha explicado sus hallazgos durante una rueda de prensa celebrada en Washington», explicaba ABC el 13.

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Y que no se escandalicen los más escépticos, porque estas líneas poco tienen que ver con teorías conspiranoicas de objetos voladores no identificados o las áreas cincuentaitantos de rigor. La verdad la desveló el propio Ballard en una entrevista concedida en 2017 y replicada poco después en un documental. Y ahora, un lustro después, vuelve a ubicarse bajo los focos de la actualidad después de que un minisubmarino haya desaparecido mientras descendía por el Océano Atlántico con cinco turistas en su interior; todos ellos, deseosos de disfrutar de primera mano de los restos del ‘Buque de los sueños’.

Entender el origen de esta historia requiere viajar en el tiempo hasta 1982, año en que Ballard, oceanógrafo y comandante de la Reserva Naval, buscaba de forma desesperada financiación para desarrollar la tecnología que le permitiría construir un submarino capaz de sumergirse a una profundidad suficiente para descubrir el Titanic. Ansioso por comenzar a trabajar, decidió reunirse con Ronald Thunman, entonces jefe adjunto de operaciones navales para la guerra submarina, con el objetivo de obtener fondos. «Durante toda mi vida he querido buscar el Titanic», afirmó en su momento el científico.

A Thunman le pareció una locura invertir en el proyecto; demasiados contras y poco que ganar. Aunque sí se percató de que la tecnología que estaba desarrollando Ballard podía servir a la Marina para estudiar los restos de dos submarinos hundidos: el USS Thresher y el USS Scorpion, desaparecidos en 1963 y 1968. Por entonces los pecios ya habían sido descubiertos, pero los Estados Unidos desconocían si sus reactores nucleares podían suponer un peligro o no. El propio oficial desveló al National Geographic que, para él, desde el principio la importancia la tuvieron los sumergibles, y no el transatlántico hundido.

Robert Ballard, el hombre que descubrió el Titanic ABC

Thunman también desveló que, aunque confirmó a Ballard que podía hacer lo que desease cuando estudiara los restos del USS Thresher y del USS Scorpion, no le dio permiso de forma expresa para investigar la tumba marina del Titanic. Aunque, en palabras del oceanógrafo, John Lehman, el secretario de Marina, estaba al tanto. «La armada nunca esperó que encontrase el Titanic y, cuando sucedió, se pusieron muy nerviosos», añadió en su momento el científico. Al final, los militares usaron la atractiva leyenda del ‘Buque de los sueños’ para ocultar el verdadero objetivo de la misión y dar esquinazo a la Unión Soviética.

¿Por qué necesitaban a Ballard? Según desveló el mismo National Geographic tras investigar los hechos, debido a que los restos del USS Thresher y del USS Scorpion se encontraban a 3.000 y 4.600 metros de profundidad, una distancia excesiva para los sumergibles de los que disponía el Ejército. Ambas partes establecieron que los objetivos de la expedición serían dos. En primer lugar, determinar el peligro que suponía para el medio ambiente el que los restos de dos submarinos nucleares se hallasen bajo las aguas. En segundo término, averiguar si la Unión Soviética había participado en el hundimiento de alguno de ellos. Y la respuesta a ambas preguntas fue negativa.

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Los datos recogidos por Ballard desvelaron además que el USS Thresher se había hundido, con total probabilidad, por culpa del fallo en una tubería. En el caso del USS Scorpion el oceanógrafo no logró esclarecer los hechos. Tan solo averiguó que algún desastre imposible de conocer provocó una inundación en la proa del submarino que le llevó hasta el fondo de las aguas. «No vimos indicios de que ningún tipo de que algún arma externa provocara el hundimiento de la nave», añadió en su momento Thunman.

Hallazgo

Mientras estudiaba los submarinos, Ballard aprendió una serie de lecciones sobre los efectos de las corrientes oceánicas en los restos de los navíos que se hunden. Gracias a ello, y a pesar de que solo disponía de doce días para hallar el Titanic, logró rastrear su pecio y llegar hasta los restos. Suponiendo que la nave se había partido por la mitad, buscó cualquier rastro de escombros que pudiese guiarle hasta el premio gordo. «Eso fue lo que nos salvó el trasero», explicó al National Geographic. Su pericia le valió la victoria del hallazgo.

El mismo Ballard recordó, poco después de desvelar su descubrimiento, que no todo el mérito había sido suyo, sino del equipo internacional que le acompañaba. Y así lo recogió el diario ABC aquel día de 1985; «En su conferencia de prensa, el doctor Robert Ballard, que dirigió las exploraciones, no tuvo más que palabras de admiración y aprecio para los colegas franceses que localizaron primero el Titanic con sondas acústicas. Luego, entraron en acción los norteamericanos con el buque oceanográfico Ignorr, desde el que un minisubmarino, totalmente automático, tomó miles de fotos del transatlántico».

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Origen: El secreto nuclear tras la búsqueda del Titanic que EE.UU. ocultó treinta años

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